Opinion · Balagán

Los viajes del príncipe

El príncipe Mohammad ben Salman realizará este mes de marzo tres viajes que tendrán gran repercusión en la política saudí del momento.

El primero es a Egipto, que empezó ayer y durará dos días. Tanto Arabia Saudí como Egipto se hallan en una posición muy débil y dependiente de la influencia de Israel. Arabia Saudí está metida hasta el cuello en la guerra de Yemen, un conflicto que ha generado la mayor crisis humanitaria de los últimos años y al que no se le ve ninguna salida.

Las críticas a la guerra de Yemen son numerosas, pero Ben Salman confía en que Israel frene las importantes, que son las que se dan en Estados Unidos. De hecho, Benjamín Netanyahu viajó el sábado a Estados Unidos para reunirse con el AIPAC, el lobby judío, un poderoso grupo de presión que en ningún momento ha denunciado la guerra de Yemen.

Los saudíes están persuadidos de que Israel está de su lado, máxime si se tiene en cuenta que Israel está claramente contra Irán. Netanyahu destacará justamente su hostilidad hacia Teherán tanto ante el lobby judío como ante Donald Trump.

La situación del presidente Sisi es muy delicada. Las elecciones presidenciales de este mes las volverá a ganar puesto que ha eliminado en la campaña a todos sus rivales, y Ben Salman viaja a El Cairo justamente para sellar la alianza entre los dos países. Como en el caso de Ben Salman, la continuidad de Sisi depende más de que Israel esté a su lado que de las urnas.

El segundo viaje de Ben Salman es al Reino Unido. Este viaje había sido aplazado con anterioridad por temor a las protestas de los activistas británicos, pero finalmente se llevará adelante. No hay que olvidar que El Reino Unido es el segundo exportador de armas a Arabia Saudí, solo por detrás de Estados Unidos, y que esas armas se usan en Yemen y probablemente también en Siria.

Además, tampoco hay que olvidar que Teresa May necesita inversiones saudíes para paliar los efectos del Brexit, es decir, que las dos partes se benefician del viaje.

El tercer viaje será a Estados Unidos. El plan es conseguir la autorización de Trump para comenzar a construir centrales nucleares en Arabia Saudí, un apetitoso negocio en el que están interesados numerosos países, incluida Rusia, pero que todo indica que acabará en manos de Estados Unidos.