Opinion · Balagán

Irak y ahora Irán

El nuevo consejero para la seguridad nacional de Donald Trump, John Bolton, es un conocido extremista que como tal actuó cuando fue embajador ante las Naciones Unidas, durante el gobierno de George Bush hijo.

El domingo, Shaul Mofaz, que fue ministro de Defensa de Israel coincidiendo con la estancia de Bolton en las Naciones Unidas, dijo que Bolton trató de persuadirlo para que Israel atacara a Irán.

En opinión de Mofaz, el ataque a Irán solo debería producirse si Irán realmente se dispone a acceder a la bomba atómica, no antes, mientras que la opinión de Bolton es que el ataque debería producirse de cualquier manera.

Desde su nuevo cargo, tan cercano a Trump, Bolton sin duda empujará al presidente en las direcciones que él considera oportunas, y desde luego en la dirección de la guerra contra Irán.

Bolton no está solo. En la administración hay un buen puñado de extremistas, empezando por el nuevo secretario de Estado Mike Pompeo. Todos estos extremistas son más sionistas que Netanyahu, de manera que si hacen piña podrán empujar al presidente.

Esta semana, el New York Times ha publicado un artículo que menciona la situación que se creó con la intervención de Estados Unidos en Irak para acabar con el régimen de Saddam Hussein en 2003.

El autor del artículo, Nicholas Kristof, comienza a escribir recordando que Bush hijo prometió a los estadounidenses que sus soldados serían recibidos como “libertadores”. Pero ahora, quince años después, se puede ver que fue un conflicto muy costos e idiota.

Aquella guerra, que se prolongó indefinidamente costó 3 billones de dólares, según las estimaciones de los economistas Joseph Stiglitz y Linda Bilmes, es decir 24.000 dólares por cada hogar estadounidense.

Unos 4.400 estadounidenses murieron en el conflicto. La guerra ayudó a lanzar la guerra de Siria. Los cristianos y los yazidíes de la zona han sufrido un genocidio, dice Kristof. La guerra de Irak también reforzó el papel de Irán y los conflictos entre suníes y chiíes, que todavía traerán muchos muertos más.

Estas consideraciones deberían tenerlas presentes en la Casa Blanca, pero el camino que ha emprendido Trump señala que no será así, y que las amenazas contra Irán probablemente no se quedarán en meras palabras.