Opinion · Balagán

Jerusalén como metáfora

Sobre Jerusalén se ha escrito mucho y desde muy distintos puntos de vista. Ahora el tema ha llegado a manos de Meir Margalit, quien acaba de publicar “Jerusalén, la ciudad imposible”, un texto que recientemente fue galardonado con el premio de Ensayo de la editorial Catarata.

Meir Margalit nació en Buenos Aires hace 65 años y reside en Israel desde 1972. Milita en el partido liberal Meretz, de centro izquierda, y ha trabajado para el ayuntamiento de Jerusalén durante tres décadas, incluidos los dos mandatos en que sirvió como concejal de Meretz. Su gran experiencia en la ciudad santa le autoriza a presentar este libro.

“Creo que la comunidad internacional no entiende lo que está ocurriendo en Jerusalén desde hace diez años. No se ha dado cuenta de que el alcalde Nir Barkat viene del mundo de los negocios y se propuso comprar a los palestinos. Esto significa que la política de Israel con respecto a los palestinos de Jerusalén ha cambiado radicalmente en la última década: ya no se pretende sojuzgarlos, como ocurría antes, sino comprarlos”, explica Margalit.

“Barkat ha conseguido convencer a los palestinos de que las cosas van bien en Jerusalén este, y a los palestinos ya no les interesa la liberación, ya no quieren ser parte del estado palestino. En el libro intento analizar cómo se ha llegado a esta situación, averiguar qué está ocurriendo, algo que muchos no han entendido, especialmente en la comunidad internacional”, dice Margalit.

Habiendo sido funcionario del ayuntamiento durante tantos años, Margalit da una gran importancia a los funcionarios de la alcaldía, unas personas que funcionan de una manera peculiar en una ciudad peculiar, y él lo trata de explicar al lector.

“En el libro me pregunto si esto puede ser considerado todavía una “ocupación” y llego a la conclusión de que no es el término adecuado”. En su opinión, en Jerusalén se dan unas circunstancias únicas que hacen que el término “colonialismo” no sirva para definir los sucesivos mandatos de Barkat.

“Creo que Jerusalén es una no-ciudad puesto que no existe un mínimo común denominador que unifique a sus residentes, y sugiero que la ciudad se divida en tres partes: la palestina, la laica y la judía ortodoxa”, comenta.