Opinion · Balagán

Las cenizas del califato

‘Las cenizas del califato’ es el último libro del periodista Mikel Ayestaran, un texto directo y blindado por una redacción ágil e inquisitiva que se adentra por los lugares de Oriente Próximo donde el califato de de Abu Bakr al Bagdadi ha impuesto su ley en los últimos años, en los últimos meses.

Se trata de un libro histórico, pero de una historia reciente, que se ha cocinado hasta ayer, que se sigue cocinando estos días, sobre el delirio del fundamentalismo yihadista que tanto pavor ha causado en Occidente.

Ayestaran nos conduce de su mano por lugares de Irak y Siria sobre los que hemos leído en la prensa, o sobre los que hemos visto imágenes en la televisión, acercándonos a las personas que han sufrido esa insólita experiencia en sus pueblos y ciudades con una violencia inaudita para la mayoría.

Ayestaran es un periodista joven pero cuenta con una gran experiencia. Ha recorrido los países de Oriente Próximo sobre los que escribe durante muchos años y ahora se mueve desde su base en Jerusalén, armado con su bolígrafo y con su cámara, de un lado a otro allá donde la actualidad es más urgente.

El califato ha tenido una breve duración temporal pero ha sido una duración de gran intensidad, especialmente en ciudades como Mosul o Faluya o Tikrit o Alepo, hasta donde llegaron los tentáculos del Estado Islámico.

O Palmira, donde se izó la bandera negra en dos ocasiones causando unos destrozos irreparables en las míticas ruinas de la reina Zenobia, donde los yihadistas arrasaron lugares emblemáticos de la cultura antigua, y de donde fueron expulsados por el ejército sirio dos veces.

El Estado Islámico borró las fronteras entre Siria e Irak pero no logró asentarse con claridad en el vasto territorio que sus fuerzas ocuparon. Hoy en la mayor parte de esos territorios se lucha otra vez por volver al día a día de antes del conflicto.

La huella del Estado Islámico está siendo borrada muy poco a poco para quienes lo vivieron, y “Las cenizas del califato” nos recuerda cuán frágil puede llegar a ser el hilo de la vida de los seres humanos.