Prácticamente no hay día que pase sin que la cuestión iraní, o mejor dicho, la cuestión israelo-iraní, salte a las portadas de los periódicos hebreos. Ayer el Yediot Ahronot se hacía eco de un informe que ha publicado la agencia estadounidense Bloomberg.
El informe atribuye a la administración norteamericana una evaluación de un posible ataque de Israel a Irán diciendo que el bombardeo de sus instalaciones nucleares apenas retrasaría unos seis meses, como máximo, el programa de Irán para construir la bomba, aunque hay que recalcar que tanto la CIA como el Mosad dicen que Irán no ha decidido construir la bomba.
Los israelíes se suben por las paredes puesto que en Estados Unidos están saliendo informes, uno detrás de otro, en el sentido de que un ataque de Israel contra Irán es una mala opción y tendría graves consecuencias. Netanyahu piensa que detrás de estas filtraciones está la mano del presidente Obama que quiere contrarrestar la fuerte campaña que ha lanzado Israel en sentido contrario a nivel nacional e internacional.
Otro informe de este mismo tipo se publicó ayer en Foreign Policy y se atribuye a fuentes oficiales americanas. Diplomáticos estadounidenses y miembros de los servicios de inteligencia sostienen que existe una fuerte presencia militar de Israel en Azerbaiyán, y consideran que Israel está complicando los esfuerzos de Estados Unidos para resolver la cuestión nuclear iraní de manera pacífica.
En febrero, Israel firmó con Azerbaiyán un sospechoso acuerdo por el que vendió a ese país limítrofe con Irán armas por valor 1.600 millones de dólares.
Es muy probable que Israel no descanse hasta lanzar a Occidente contra Irán.
El ministro de Defensa alemán, Thomas de Maiziere, declaró ayer al diario Bild que después de reunirse la semana pasada con su colega israelí, el belicoso Ehud Barak, está “más preocupado” en lo que concierne a un posible ataque israelí contra Irán.
El discurso militarista de Israel preocupa a de Maiziere, pero se trata de una preocupación cínica ya que en ese encuentro Alemania firmó con Barak un acuerdo por el que se compromete a fabricar y entregar a Israel un sexto submarino con capacidad nuclear del tipo Dolphin. Es muy probable que alguno de los tres submarinos que Alemania ya ha entregado a Israel se encuentre ahora mismo en el Golfo Pérsico, frente a las costas iraníes, y esto es lo que realmente debería preocupar a de Maiziere.
El ministro alemán dijo a Bild que Alemania ha recomendado a Israel que no tome grandes e inciertos riesgos y, por lo tanto, que no ataque a Irán, pero es difícil que las palabras de de Maiziere convenzan a los dirigentes israelíes, quienes parecen estar más interesados en arrastrar a Occidente a la guerra, lo que podrán hacer gracias precisamente a los submarinos alemanes y a la inestimable ayuda de Estados Unidos.
Los próximos meses serán decisivos al respecto, ya que el primer ministro Netanyahu con toda probabilidad tratará de interferir en la campaña electoral de Estados Unidos con el objetivo de arrastrar al presidente Obama.
Es realmente penoso pasear por Cisjordania y ver que Israel sigue expandiendo las colonias judías que ha establecido en los territorios ocupados sin que nadie haga algo para detenerlo. Nada de negociación y nada de retirada israelí de Cisjordania. Mes a mes, semana a semana y día a día, el gobierno de Netanyahu no para de construir en los territorios ocupados.
Y ahora resulta que cuando el Consejo para los Derechos Humanos de la ONU decide establecer una comisión internacional para investigar los excesos de Israel en los asentamientos, Netanyahu pone el grito en el cielo y decide imponer más sanciones contra los palestinos.
El ministro de Exteriores Avigdor Lieberman, uno de los más extremistas del gobierno, en un gobierno lleno de extremistas, ha llamado “terrorismo diplomático” a las protestas contra la ocupación del presidente Abás. Es decir, que los palestinos ni siquiera tienen derecho a quejarse de la feroz ocupación.
La semana pasada el Consejo para los Derechos Humanos de la ONU votó una resolución que insta a investigar las violaciones de Israel en los territorios ocupados, concretamente en lo relativo a la construcción en los asentamientos.
El gobierno israelí celebrará a lo largo de esta semana varias reuniones en las que discutirá un paquete de sanciones contra los palestinos entre las que se incluye suspender la transferencia de impuestos que Israel retiene de los bienes y productos que se venden en los territorios ocupados.
La pasividad de la comunidad internacional respecto a los abusos cotidianos que Israel comete en los territorios ocupados permite que Israel siga expandiendo las colonias en Cisjordania, incluida Jerusalén. En la votación que tuvo lugar la semana pasada en el Consejo para los Derechos Humanos de la ONU, España se abstuvo.
La reciente filtración en el New York Times de una información de alcance sobre Israel ha suscitado un gran malestar en el gobierno de Netanyahu, y principalmente en el primer ministro.
Netanyahu se está subiendo por las paredes desde que el pasado domingo el Times publicó que el Mosad israelí y la CIA americana están de acuerdo en que Irán no ha tomado la decisión de construir ojivas nucleares.
Después de una activa campaña contra Irán que ya dura más de dos décadas, y en la que Israel ha metido a Estados Unidos y a la UE, resulta que el Mosad dice que Teherán no está construyendo la bomba.
Se entiende que Netanyahu se haya puesto nervioso. En su oficina acusan a la administración americana, y más en concreto al entorno directo del presidente Obama, de haber filtrado la noticia con la intención de ganarse el favor de la opinión pública israelí, que está sufriendo un bombardeo informativo constante de su gobierno contra Irán desde hace muchos años.
Aun más, Netanyahu cree que la publicación de la noticia está dirigida contra él de una manera personal, así como contra sus avanzados planes para atacar a Irán. El primer ministro quiere que Obama se meta en la operación cuando antes y en Israel no se descarta que se ordene un ataque de tal manera que arrastre a Estados Unidos a la guerra.
Ya en 1992 el joven Netanyahu amenazaba con que Irán estaba a punto de conseguir la bomba, y ahora resulta que veinte años después el Mosad dice que no hay ni rastro de ella. Sin embargo, los planes de ataque siguen adelante.
Israel y Alemania firmarán hoy un acuerdo que prevé la entrega a Israel de otro submarino nuclear Dolphin, el sexto que los alemanes fabrican para el Estado judío, así como una ayuda al efecto de 135 millones de euros con la que se financiará el submarino.
La absoluta superioridad militar de Israel sobre sus vecinos ha conducido a la arrogancia con la que Israel obra en la región, y debería ser un motivo de preocupación para Occidente. La entrega de submarinos con capacidad nuclear garantiza la superioridad aplastante de israel y no facilitará ningún progreso en el inexistente proceso de paz. La historia muestra que cuanto más poderoso es Israel también es más arrogante.
Que Israel pueda tener submarinos nucleares en el Golfo Pérsico, como parece que ocurre ahora mismo, es otro motivo de preocupación, máxime cuando a Israel y a Estados Unidos les consta que Irán ni tiene armas nucleares ni se ha planteado fabricarlas, según las filtraciones de la CIA y el Mosad publicadas el pasado domingo en el New York Times.
La actitud de Alemania en este asunto es penosa, como su dependencia política de Israel. Los alemanes se limitan a seguir las directrices israelíes en todos las cuestiones importantes y contribuyen de una manera controvertida a que los israelíes hagan lo que quieran en la región sin que la Unión Europea intervenga de ninguna manera.
En 1999 Amos Oz publicó El mismo mar, una novela lírica y breve en la que describía un episodio de la vida cotidiana de Israel al margen del conflicto con los palestinos. Estuve con él en su casa de Arad, en el desierto del Neguev, y puso mucho énfasis en subrayar que existía un Israel normal, alternativo al que habitualmente presentaban los medios de comunicación occidentales.
Se mostró sorprendentemente optimista con repecto al “proceso de paz” y al futuro de Israel. Ignoró esa tendencia cada vez mayor del país al ensimismamiento y esa oposición a la paz que en los trece años transcurridos desde entonces han ido creciendo en Israel.
Oz acaba de publicar en hebreo un nuevo libro de relatos y ha concedido una entrevista a Haaretz. Esto es lo que tiene que decir hoy respecto a la situación interna de Israel. “¿Me pregunta si estoy preocupado? No solo estoy preocupado sino que tengo miedo. Estoy viendo procesos y tendencias que amenazan todo lo que yo aprecio. También la existencia del Estado de Israel”.
Denuncia así mismo la demagogía que usa a diario la clase política israelí contra Irán y las comparaciones baratas que se realizan entre Irán y el Holocausto. “Cualquiera que compara el Irán de hoy con Hitler, e Israel con Auschwitz, perpetra un acto que es antisionista y demagógico, que alienta a la gente a marcharse de Israel y que siembra la histeria”, dice en una alusión clara a Netanyahu, pero no solo al primer ministro. Es lamentable que Occidente alimente esta posición a veces con más fervor incluso que Israel.
Los líderes israelíes y los medios de comunicación hebreos no paran de amenazar a Irán. El primer ministro Netanyahu habla de Irán en cada una de las alocuciones que pronuncia, sea con el motivo que sea, tanto si está en Israel como si está en el extranjero.
En Israel se dice que el ataque contra Irán ya cuenta con el apoyo de la mayoría del gobierno, y que se producirá con independencia de las consideraciones de Estados Unidos. Después de todo, los americanos están bailando al ritmo que les marca Israel. El presidente Obama ha dicho que la oportunidad de resolver el conflicto por vía diplomática se desvanece, y para abril se prepara un encuentro de los cinco miembros del Consejo de Seguridad, más Alemania, que puede ser decisivo.
Netanyahu ha asegurado que Israel cuenta con el apoyo del Congreso americano, lo que es completamente cierto, y con el respaldo del pueblo americano, lo que no es cierto. Según una encuesta de la Universidad de Maryland, una cuarta parte de los americanos está a favor de un ataque de Israel contra Irán, mientras que el 69 por ciento desea que Washington siga dialogando con Irán. Israel nunca ha tenido una gran sensibilidad por la opinión pública occidental y a estas alturas no va a cambiar.
Netanyahu insiste además en que Israel se “defenderá” sola si no cuenta con el apoyo militar americano, como ya hizo en el pasado, por ejemplo a principios de los ochenta, cuando bombardeó una planta nuclear en Irak, o cuando lanzó la guerra de 1967, en la que ocupó Cisjordania, Gaza, el Golán y el Sinaí. Los primeros ministros de entonces ignoraron los consejos de Estados Unidos.
Con todo, parece que la cuestión iraní es más compleja y peliaguda, y muchos analistas consideran que Israel no podrá llevar a cabo un ataque eficiente sin el apoyo de Estados Unidos.
El exjefe del Mosad Meir Dagan vuelve a la carga contra la clase política israelí que no deja pasar ni un día sin amenazar a Irán, (y de pasada a Estados Unidos, al menos de una manera implícita en este año de elecciones), con un ataque contra sus plantas nucleares, a pesar de que está claro que Teherán no ha tratado, que se sepa, de fabricar armas nucleares.
Hace solo unos meses Dagan advirtió que estando la seguridad de Israel en manos del primer ministro Netanyahu y del ministro de Defensa Ehud Barak, será muy difícil frenar a estos dos políticos que de continuo expresan intenciones agresivas.
Dagan ha dicho que la decisión de atacar a Irán ahora sería “precipitada e irresponsable”, coincidiendo en este asunto con las declaraciones que ha formulado repetidamente el presidente Obama.
Dagan ha puesto en duda que Israel pueda destruir las “decenas de objetivos” que hay a lo largo y ancho de la geografía iraní, y lo más que conseguiría sería provocar un retraso en el programa nuclear, pero no erradicarlo.
“Un ataque contra Irán ahora es la cosa más estúpida que he oído en todos los días de mi vida”, y “no sería eficaz”, ha dicho Dagan al programa de televisión americano 60 Minuts. “Con una acción así Israel pondría en marcha una guerra, y todo el mundo sabe cuándo empiezan las guerras pero nadie sabe cómo terminan”, ha añadido.
Dice el Washington Post que Estados Unidos y sus aliados mantienen “serias discusiones” acerca de una posible intervención militar aliada en Siria. Las opciones que se debaten incluyen el envío de armas a la oposición, una iniciativa que cuenta con el respaldo incondicional de numerosos países sunníes, con Arabia Saudí y Qatar a la cabeza.
Otra opción, según el rotativo, consistiría en enviar tropas occidentales que salvaguarden un “pasillo humanitario o zona segura” para los rebeldes. Esta opción, humanitaria en principio, prepararía el camino para una intervención militar. Por último, también se baraja destruir las defensas aéreas sirias.
Funcionarios americanos consideran que la oposición siria no forma un bloque compacto, más o menos integrado, que pueda ser reconocido por Occidente de la misma manera que fue reconocida la oposición libia.
Es cierto que los Hermanos Musulmanes hasta ahora han preferido estar en una segunda fila, algo parecido a lo que ocurrió en Egipto durante la revolución contra Mubarak, pero no es posible ocultar que los islamistas constituyen la fuerza más poderosa también en Siria.
Precisamente esta fuerza latente de los islamistas es la que está facilitando, como reacción, que el Ejército y el régimen no se desmoronen. Muchos sirios de todas las condiciones temen una irrupción islamista y ante esta perspectiva mantienen su apoyo al régimen.
Asad ha dicho al enviado de la ONU y de la Liga Árabe Kofi Annan que mientras haya “terroristas” no podrá haber un diálogo fructífero con la oposición.
Todos los indicios apuntan a que el enfrentamiento entre régimen y oposición, la guerra de desgaste en curso, se mantendrá indefinidamente cuando está a punto de cumplirse un año del inicio de la revuelta, salvo que se produzca una intervención extranjera.
El veterano periodista del Maariv Ben Caspit, que suele estar bien informado, dice que en el encuentro que esta semana mantuvieron Obama y Netanyahu en la Casa Blanca terminó con un curioso compromiso.
Netanyahu prometió no atacar este año a Irán con el fin de no crear problemas a Obama durante el año electoral en Estados Unidos. A cambio, Obama prometió a su interlocutor suministrar a Israel el sofisticado armamento que necesitará para atacar a Irán, incluidas bombas que son capaces de perforar búnkeres profundos y aviones nodriza capaces de recargar el depósito de los cazas en pleno vuelo en una operación de largo alcance, como la que sería si Israel ataca Irán.
Maariv deja claro que Netanyahu solo se ha comprometido a “aplazar” el ataque contra Irán hasta después de las elecciones americanas.
El periódico de Tel Aviv también indica que Obama no ha dado “luz verde” a Netanyahu, pero tampoco “luz roja”, sino más bien una “luz amarilla” intermedia. No obstante, Obama ha dejado claro que espera que Israel no ataque a Irán antes de las elecciones. Obama vería muy mal una operación militar no coordinada con Estados Unidos en el transcurso de este año.
Hay analistas, sin embargo, que sostienen que Israel no tiene capacidad militar suficiente para destruir el programa nuclear iraní, que Teherán dice que es exclusivamente civil, y que para ello necesitaría la ayuda de Estados Unidos. En algunos medios no se descarta que Israel lance un ataque de tal manera que arrastre a Estados Unidos.