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Camisetas con mensaje

30 nov 2007
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El día que vi por televisión a María José Campanario (señora de Jesulín de Ubrique) y a Belén Esteban (ex novia del torero y madre de su hijandrea, así, todo junto) con la misma camiseta de J’adore Dior en strass sobre el pecho, supe que las camisetas de haute couture estaban condenadas.

Conste que lo había empezado a sospechar unos meses antes, al descubrir a la mismísima Esteban con un PdH en pedrería reventona sobre el pecho. “¡Pobre Pedro del Hierro!”, pensé (“¡PPdH!”). Días más tarde, lo desahuciaban de su casa-estudio, cuyo alquiler llevaba meses sin pagar. Su directora de comunicación, Carla Royo Villanova salió a negar la ruina del diseñador en menos de lo que tarda en persignarse un cura loco. Entonces volví a compadecerme de él y a preguntarme para qué sirve gastarse un dineral en contratar a una aristócrata de medio pelo como relaciones públicas de tu marca si la reina del quinquerío televisivo se apuntala las prótesis con tu logo.

El sábado pasado, durante la última manifestación de la AVT, vi en primera fila pancartera a un grupo de devotos alcaraces vestidos con camisetas que rezaban: “Desde la A a la Z, ALCARAZ SOMOS TODOS”. Y supe que lo que llevaban meses anunciando los popes del IN/OUT de la moda era cierto: es el fin de las camisetas con mensaje. Habrá que despedirse. De todas, incluso de la favorita de mi armario: “Michael Jackson did not abuse those children… he made love to them”.

Campañas de popularidad

29 nov 2007
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magazine_cover.jpg La revista masculina Details incluye en su edición de diciembre una lista con los 50 Hombres menores de 45 años más influyentes. Una lista en cuyo séptimo lugar aparece el bailarín de conjunto, modelo ocasional, actor de serie b minúscula y rapero de saldo, Kevin Federline. El hombre que se casó con Britney Spears cuando ella aseguraba ser virgen y con quien tuvo dos hijos por cuya custodia ahora pelean en los tribunales, una custodia que K-Fed solicitó después de que la cantante iniciara su meteórico descenso mediático tras una estela de entrepiernas al aire, sonadas borracheras y demás deslices ultrapublicitados. Incluso por mí. Aquí.

Details asciende a Federline al top de la importancia, aunque no lo pone ahí gracias a sus escasos méritos profesionales, sino por considerarlo “un nuevo modelo de padre americano, que lleva a los niños al supermercado e incluso se encarga de decorar su habitación”. Chúpate esa, Britney. Tú: tan borracha, tan perturbada, tan mala madre, con esas uñas. esos pelos, esas pintas y despreciada hasta por Louis Vuitton, que no quiere ver su monograma cerca de tu imagen… Y ahí tienes a Kevin: buen padre, cariñoso, y tan entregado que ya sólo ve programas infantiles en la televisión. O eso dice. En Details; la revista que edita Condenast –el mismo grupo de Vogue. Donde Vuitton sí quiere verse. Paga por verse. Tanto, que hasta podría pagar por ver a K-Fed elevado a las alturas sobre tus ruinas, Britney. Podría ser.

Chapas y estrellas

28 nov 2007
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Hace algún tiempo el empresario, editor y activo militante por la libertad de expresión, Larry Flynt, contrató un anuncio a toda página en el Washington Post donde ofrecía una recompensa de un millón de dólares para quien pudiera demostrar haber mantenido encuentros sexuales con algún miembro del Congreso de los Estados Unidos.

Después de poco más de seis meses, creo que tenemos el nombre del primer afortunado ganador de esta Operación Tufo: el chapero, bloguero y experto en consejos profesionales on-line para aspirantes a prostitutos, Benjamin Nicholas, cuyos remunerados retozos con el senador republicano Trent Lott parece que van a hacer de él un nuevo hombre del millón de dólares. Una fortuna que –oh– no va a compartir el ultraconservador Lott, uno de los hombres más poderosos del partido republicano y que anunció hace sólo un par de días su abandono de la política para el final de 2007; supongo que antes de que la revista de Flynt, Hustler, haga estallar el escándalo –aún en gestación– con pelos, señales y algo de multimedia.

Aunque en la última entrada de su blog el chulazo lo niega todo, los argumentos con los que justifica su silencio demuestran que, obviamente, conoce el asunto bien: “Lott tiene bastante con lo que le espera ahora y no quiero añadir gasolina a las brasas”.

Benjamin Nicholas lo niega todo, lo sabe todo y no dirá nada hasta que el Hustler lo haga. Perez Hilton y yo nos vamos a divertir.

Perversión testimonial

27 nov 2007
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Cada vez que una celebridad confiesa, tiemblo de miedo. Me aterran las confidencias de esos famosos que miran a su cámara y declaran que padecen una grave enfermedad, han sufrido maltratos o reconocen públicamente sus adicciones al tiempo que publicitan su propósito de enmienda y anuncian que están a punto de iniciar un tratamiento de desintoxicación.

Me asusta la glamourización del sufrimiento, me espanta la banalización de la tortura y me escama ese equilibrismo perverso sobre la cuerda floja que ejecutan algunos de esos personajes con los brazos bien abiertos en el aire mientras sostienen en sus manos una vela para dios y un cirio pascual para el diablo. Una,  para denunciar y dar ejemplo sobre la cuestión de su padecimiento y el otro, para humanizarse, hacerse carne y tocar el suelo. Tiene algo muy cruel y muy  perverso. Porque ofrecerse como ejemplo y símbolo al tiempo que se asume la propia mortalidad es temerario. Asumir que un testimonio posee un especial valor al provenir de alguien conocido tendría que implicar también la conciencia del peligro que supone eso. Claro que es muy emocionante y muy conmovedor que un famoso aparezca en televisión y confiese que padece una grave enfermedad, que asegure que puede vencerse y se convierta en punto de referencia para quienes comparten diagnóstico y se aferran a lo que sea.  Hasta que un día asisten a su agonía casi en obsceno directo. Me asusta pensar qué pasa entonces.

Saber a qué jugamos

26 nov 2007
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Yo no sé qué parte del negocio no han entendido esas estrellas internacionales, tipo Charlize Theron, que se quejan del acoso al que les somete la prensa cada vez que intentan hacer algo con su vida normal; cuando salen a comprar al supermercado, acuden a la consulta del ginecólogo o acompañan a una prima suya a una chocolatada parroquial.

No me creo que de verdad piensen que no hay ninguna necesidad, que a nadie le interesa y que eso no tiene nada que ver con su profesión. Mentira. Y gorda.

Una estrella de Hollywood, o de la MTV, no es sólo cantante, actor o actriz. Es otra cosa. Es una factoría de entretenimiento, un proveedor de contenidos, una marca registrada, un producto de consumo, tal y como intentó explicar sin mucho tino el publicista Risto Mejide durante una temporada completa de OT. Una estrella –y ésto no es nada nuevo, ésto se lo inventaron hace décadas los grandes estudios de Hollywood– es un reclamo. Es un modo de establecer un vínculo emocional con una masa de espectadores/consumidores que deciden en quién se gastan el dinero, quién merece el precio de una entrada, de un CD o de un DVD. Y esa decisión se toma a partir de elementos tan subjetivos como la simpatía que puede generarnos ver en una revista la imagen de cualquiera de esas superstars al salir del supermercado, como si fuera real. Yo creía que todos lo teníamos claro. Por eso me ha sorprendido que Charlize no lo tuviera. Que ahora juegue a ser actriz.

Imágenes de mar(i)ca

23 nov 2007
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Hacer bromas sobre la presunta homosexualidad de Tom Cruise es divertido. Tanto como hacerlas sobre la de John Travolta, o sobre sus prótesis capilares.

Deja de serlo cuando se transciende el chascarrillo y el chisme, y pensamos en la ferocidad con la que ambas estrellas de la Cienciología defienden ante los tribunales su heterosexualidad, para cuya exhibición ponen en marcha enormes campañas de relaciones públicas, paternidades y bodas.

A ver si lo entiendo, ¿no era que lo gay estaba de moda y que en los armarios ya no quedaba nadie, sólo boas de marabú y trajes de lentejuelas? Pues no va a ser así, me temo. Todos los que llevan años amenazando con el desembarco del “dinero rosa” y los trapicheos del “lobby gay” tendrían que plantearse que tal vez no sea para tanto. Que una gran empresa del entretenimiento como es Tom Cruise tiene que mantener una imagen de marca apta para el público masivo (heterosexual); ése que va a ver sus películas a los centros comerciales de la América profunda. Y, por supuesto, adecuarse a los principios de la secta para la que trabaja como mascota. Una secta que, al igual que algunas locutoras radiofónicas adictas a la grasaza verbal, promete la cura de la homosexualidad y hasta se atreve a mencionar casos de éxito: como el de John Travolta, por ejemplo, tal y como aseguró en un reciente juicio un ex cienciólogo que los demandó. Cruise, Cienciología y COPE: los extremos me tocan. Claramente.

Versiones originales

22 nov 2007
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Tomo el sol tumbado junto a una piscina de Hockney mientras pongo a secar el libro de relatos de Cheever que había dejado junto al bordillo y que Burt Lancaster me empapó cuando saltó al agua desde el trampolín.

Miro al cielo y descubro una nube con forma de pájaro, de canario, de Piolín; ese diminuto canalla que alcanzó el éxito a costa de años de torturas a un lindo gatito que un día se hartó de todo y contrató a una panda de sicarios que apalearon al pajarito en un parque de Madrid; esa postal de Antonio López que Ceesepe había llenado de gente para que Amenábar la volviera a vaciar.
Cierro los ojos. Me duermo arrullado por el ruido del motor de la cámara con la que Andy Warhol me filma con una mano, mientras con la otra va anotando mis sueños de Liz Taylor en colores planos, Marilyn en monocromías sucesivas, Elvis fotocopiado en color… Son irreales, réplicas, reproducciones imposibles e industriales que acabarán imponiéndose a los originales, no habrá más originales. Sólo reprografías en series más o menos limitadas. Figuras de cera de galletas de jengibre que fueron dibujos animados. Papás Noel de oro y diamantes que cuestan más dinero del que valdría hacer realidad la leyenda y establecer un servicio anual de entrega de regalos a domicilio en Navidad. Dibujos que cobran vida y son apaleados, se apuntan a la causa sindical o asisten a ceremonias religiosas.
Abro los ojos. Llueve.

Los desnudos y los vivos

21 nov 2007
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Marc Jacobs, diseñador de Vuitton y de sí mismo, empezó su carrera flaquito, gafotas y guapo, de maneras y peinado de cómic de Daniel Clowes. Y tras alcanzar el reconocimiento de su obra decidió lograr el de su propio cuerpo, por lo que además de presentar varias colecciones al año, últimamente se fotografía desnudo una vez al mes; muestra las tetas musculadas en revistas muy yeyés, o las nalgas prietas en el último libro ilustrado de Vuitton (VISIONAIRE).

La semana pasada, Eric Wilson del NYT reflexionaba sobre la relación entre la metamorfosis física del modisto y los palos que le han dado tras sus últimas colecciones. Una mutación que muchos achacan a su narcisismo, a su necesidad de dibujarse el patrón. Y que él reconoce: “Busco una reacción porque quiero atención.”
Te pasas años trabajando duro para triunfar. En lo que sea. En la moda, en el caso de Jacobs. En una mentira. Otra más. Trabajando tanto que no tienes tiempo para pararte a pensar para quién lo haces. Hasta que un día los silbidos te despiertan, enciendes un cigarrillo, aspiras, sueltas el humo y miras alrededor: “La gente no desea la realidad. Quieren una realidad mejorada quirúrgicamente, guionizada. Me fascina lo perversa que es hoy la vida. Es un circo. Es un mundo de dibujos animados.” ¿Y qué haces? ¿Lo mandas todo a la mierda? No. Conviertes tu propio cuerpo en otro elemento de ficción, en una pieza de atrezzo más. Y a correr. Hasta caer.

La defensa, el mejor ataque

20 nov 2007
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El jueves de la semana pasada, Julia Roberts afirmó en una entrevista que los paparazzi le parecían unos parásitos, y que le encantaría poder fundar una asociación para proteger al mundo de esos “seres vergonzosos” cuya presencia le revuelve el estómago.

Ayer lunes, esos “parásitos” le devolvieron el simpático cumplido con la publicación de varias fotografías suyas donde aparecía entrando en su todoterreno, aparcado en un espacio para minusválidos. Para qué queríamos más.

Todos los orfebres de la legaña celebrity, que llevan años divirtiéndose a costa de la pierna ortopédica de Heather Mills, de repente ayer se convirtieron en los más entusiastas defensores de los derechos de los discapacitados y le afearon la conducta a la actriz, cuya falta utilizaron para escribir sobre ella definiciones tan poco ingeniosas como “actriz artísticamente discapacitada”. Poco ingeniosa y bastante más desconsiderada que el hecho de aparcar el coche cinco minutos delante de un kiosco de prensa.

Poco ingeniosa y muy torpe. Tanto como lo suelen ser esas defensas desproporcionadas que últimamente vemos volar como objetos arrojadizos contra quien corresponda, esas lanzas rotas por cualquier causa y cuyas puntas afiladas se acaban clavando en tetas siliconadas, hígados consumidos o gargantas nada prodigiosas. Aunque, eso sí, siempre bajo la hipócrita apariencia de una preocupación sincera por los conductores minusválidos o los huerfanitos adoptados.

Motion, poeta laureado

19 nov 2007
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Mañana algunos ingleses celebran los sesenta años de la boda entre la reina de Inglaterra, Isabel II, y Felipe de Edimburgo. Una ocasión para la cual el príncipe Carlos ha decidido organizar una cena en su casa, un evento del que me han llegado algunos detalles tales como que en algún momento de la velada la actriz Judi Dench recitará un poema escrito para la ocasión por el “poeta laureado”, Andrew Motion.

¿Poeta laureado? Sí. Habéis leído bien. A estas alturas del siglo XXI, la monarquía inglesa todavía cuenta con un poeta oficial:  el señor Motion, que  lleva desde 1999 componiendo sus cositas en rima consonante para las más variadas ocasiones: que si un poema muy sentido sobre la fiebre aftosa y la desolación de los campos (“No Entry”), que si un poema en forma de rap para el vigésimo primer cumpleaños del príncipe Guillermo ( It’s a childhood gone,/A step towards the crown), otro para el centenario de la Reina Madre, casi seguido de una elegía a su muerte, o la letra de un himno para el ochenta cumpleaños de la reina Isabel. Además, por supuesto, del estreno mundial de mañana para el aniversario de boda.

Todo un carrerón el del señor Motion, aunque no sé si tan bien pagado como se merecería un poeta como él, que se ha desollado los codos (y las rodillas) para cantar las penas y alegrías de los Windsor sin llegar a alcanzar nunca ese éxito masivo que consiguió Sir Elton John cuando decidió sustituir “Norma Jean” por “English rose”.