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Embarazos deseados

29 abr 2008
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Todo empezó cuando Demi Moore se atrevió a desnudarse embarazadísima en aquella portada histórica del Vanity Fair que inauguró el género. Después vinieron las demás.

Christina Aguilera no se conformó con seguir la estela Moore en sugerentes poses sin ropa en avanzado estado de preñez para la revista Marie Claire. Ella quiso ir más allá –tal y como hiciera años atrás con la graduación de su tinte– e imponer el canalillo salvaje post–parto en su primera aparición como neomamá. A continuación, vendrían Jennifer López, Nicole Ritchie, Salma Hayek o Halle Berry a exhibirse despampanantes y escotadas en sus reentrés. No sé si para demostrar que lo cortés no quita lo caliente, o para destruir el mito que asociaba maternidad con el fin del sex appeal.

Quizás sus imágenes compartieran intención con las de la ministra de Defensa, Carme Chacón, embarazada de ocho meses y de viaje por el mundo de visita a las tropas. Una sana intención desmitificadora del estado de gravidez, de un proceso que para mí, como para tantos, sigue siendo un misterio. Puede ser. Aunque no lo tengo claro.

A veces se me ocurre que todo forma parte de un perverso plan de fomento de la natalidad occidental, de una orquestada estrategia de reivindicación del instinto maternal como elemento amansador. De un afán por regresar a la vieja idea de madre nutricia y mujer reproductora. No lo sé.

La nueva ‘esnobleza’

25 abr 2008
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El billonario ruso Mikhail Prokhorov acaba de anunciar el próximo lanzamiento de una nueva revista para ricos y aspirantes a ello: ‘Snob’. Un adjetivo que él mismo ha decidido redefinir desde su posición de especulador ventajista postcom. Reventar el significado tradicional y despectivo del término, desvincularlo de la esnobleza y cebarlo con su propia idea de la opulencia no vergonzante, lograda a costa del trabajo –o de lo que sea– propio, no fruto de la herencia familiar.

Así, lo esnob a lo ruso pierde su aura aspiracional y se transforma en una licencia para la ostentación de nuevos ricos, muy alejada de esas ‘fortunas sin crimen’ sobre las que hace poco escribía en su estupenda columna Isaac Rosa.

El esnobismo que Prokhorov anuncia como línea editorial de su futura revista supone una brutal demolición del concepto tradicional que lo definía como una constante y excesiva admiración hacia quienes se consideraba superiores. El nuevo esnob de portada a todo color es lo inverso de lo que fue: abandona la envidia para instalarse en el exhibicionismo extravagante de su riqueza. Rechaza la tentación de ser otro y asume sus privilegios como un referente para los demás, que desean su opulencia. Tira del tópico del hombre hecho a sí mismo y lo legitima a cualquier precio. Al del horror.

Aunque yo prefiero la vieja acepción, y canto por Boris Vian: J’suis snob… J’suis snob. J’m'appelle Patrick, mais on dit Bob.

Otro pollo a la Pantoja

24 abr 2008
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La entrevista de Chelo García Cortés a Isabel Pantoja en exclusiva para el ¡Hola! de esta semana no es un documento periodístico, sino un largo publirreportaje sobre las bondades de la Virgen del Rocío, una revisión a lo cañí del clásico Bonnie y Clyde a lo cortijo garbancero y una copla con recluso cantada por su amante sufridora en formato fotonovela. Todo eso a la vez. Qué maravilla.

La tonadillera, que se arremanga la falda para posar con el agua hasta las canillas en baja mar, le abre su corazón, el paquete de tabaco y de los kleenex a la intrépida reportera corazonera para hablar sobre los días de permiso de su novio el delincuente, acerca de los misterios de su amor por él y de lo que piensa del futuro que le espera. Todo ello, Dios menguante. La Pantoja se arremanga y se deja al aire los dobladillos de la pena, el rencor, la rabia y los flecos del “qué sabe nadie, Chelo”, que a punto está de llevarse una ola.

Es imposible saber lo que es verdad y lo que es mentira en la conversación entre Chelo e Isabel, lo que tiene de fingimiento ese juego confesional de amigas profesionales, las partes que pretenden que subraye un juez de Málaga o las que sólo buscan mejorar las condiciones del contrato con una casa de discos. Todo es aliño, apaño y moño. Un reportaje de decoración de espacios rústicos con algodones y pluma meliflua, ideal tanto para fincas andaluzas de recreo como para palacetes en Suiza. Perfecto.

Les gusta la prensa rosa

23 abr 2008
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Acaba de nacer la Asociación Nacional de Telespectadores Independientes por una Televisión Española Libre de Manipulaciones y Ataduras: ANTITELMA, si se lee como una sigla. Un grupo de personas con tiempo libre suficiente como para lanzar una web (Nosgustalaprensarosa.com), redactar un manifiesto donde proclaman su independencia al tiempo que defienden el acoso cotilla a los famosos como un pilar fundamental de la libertad de expresión, y organizar una visita “a los juzgados de Toledo para apoyar a los periodistas denunciados por la señorita Telma Ortiz.”

¿Y a mí? ¿Me gusta la prensa rosa? Mucho. Aunque prefiero los posados a los robados; tienen más miga y, con suerte, un estilismo obra de Nati Abascal. Claro que también me encantan las truculentas biografías de asesinos en serie y no me manifiesto para exigir su libertad. Ni me pongo a Thomas de Quincey por montera para reinvindicar ante el Ministro de Cultura el asesinato como una de las Bellas Artes y denunciar las condenas a los criminales como un ataque a la creatividad. Ni creo que perseguir a alguien con una cámara tenga que ver con la libertad de expresión, sino con la de mercado.

Ni, por supuesto, pienso viajar a Toledo a defender a esa panda de vecinos que pretenden plantarse ante el portero del bloque para protestar porque la buenorra del quinto acaba de poner cortinas en su dormitorio. Hasta ahí podíamos llegar.

Las ideas y las cosas

22 abr 2008
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Philippe Stark confesó hace algunas semanas en una entrevista a un periódico alemán que ha perdido todo interés por los objetos. Según el diseñador, nos dirigimos hacia la era del post-materialismo y, salvo un instrumento para hacer fuego, un buen colchón y una buena almohada, el resto de lo material es prescindible. Lo importante, según él, es el amor, una ética de diseño, la inteligencia y el humor.

Eso es lo que le dijo Stark a un periodista del Die Zeit. Y tiene más razón que un santo con una aureola de plástico morado que sirve como abrebotellas y brilla en la oscuridad. Porque una vez que se ha acumulado una fortuna como la suya, ya nada es necesario. Lo objetual pierde su gracia y se convierte en un lastre chabacano cuando se empieza a entender el mundo en los términos abstractos del dinero: el ser reemplaza de nuevo al tener. Sublimar los deseos a través de las cosas y marcar las apariencias a través de símbolos de estatus pierde su sentido. No hace falta aparentar lo que ya se es: rico total. Rico sin miedo a un mal revés. Menos es más cuando se tiene todo.

Stark no quiere cosas, quiere ideas, conceptos abstractos de diseño. La no materia. Nada tridimensional. Y, aunque no lo dice, sospecho que sueña con la nada absoluta, con un agujero negro, una espiral absorbente de no color que suspenda espacio y tiempo. Una fina línea de plástico negro, el Aleph en un chip prodigioso: su tarjeta de crédito.

Mami se puso tetas

18 abr 2008
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Un cirujano plástico californiano está a punto de publicar un libro titulado My Beautiful Mommy donde, con sencillas explicaciones, bonitos dibujos a todo color y la ayuda del personaje de un cirujano bueno y musculoso, el Doctor Michael, se enseña a los niños entre cuatro y siete años a entender el milagro del nuevo vientre plano de mamá tras la liposucción, su nueva naricilla respingona o ese clásico momento en que un infante descubre, tras un entrañable abrazo maternal, que dos tetas como dos carretas (de silicona) le separan de su progenitora.

My Beautiful Mommy es un libro de autoayuda infantil, del estilo de aquellos que enseñan de dónde vienen los niños, lo maravilloso que es tener un nuevo hermanito, a dejar de cagarse y mearse en el pañal – ¡Tengo pis! y Adiós, cacas, adiós son dos clásicos del género– o a compartir con los demás.

He aquí un párrafo de esta joya literaria, traducido del extracto que publica la versión digital del Newsweek: “Ya ves, según me hago mayor, mi cuerpo se ensancha y ya no me cabe la ropa. El Dr. Michael va ayudarme a arreglarlo y a hacer que me sienta mejor”. ¿No es encantador?

El libro sale a la venta el próximo Día de la Madre en EEUU y promete convertirse en un bestseller internacional. Al que espero que sigan otros títulos tales como ¿Por qué los pobres son tan feos y gordos, Dr. Michael? o Los Pitufos no existen, lo que pasa es que te has tragado una de las viagras de papá.

El corazón entre los dientes

17 abr 2008
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 El Instituto Italiano de Publicidad acaba de vetar la última campaña gráfica que anuncia unas gafas de sol Tom Ford  y donde aparece una modelo que muerde suavemente, y con expresión extática, un apetecible dedo corazón masculino que trata de introducirse entre sus labios pintados de rojo. Según el organismo censor, se trata de una imagen “explícita y de carácter provocativo. Va más allá de los límites aceptables para un anuncio.” Pues fenomenal.

La noticia aparecía ayer en varios medios online; en el Vogue inglés, el Daily Telegraph o en la edición digital de la revista norteamericana Radar. Y, por supuesto, en todos se mostraba una imagen en pequeño tamaño del anuncio en cuestión. Gratis total.

La pregunta que me hago, en mi enorme ingenuidad, es cómo llegó la información hasta esos medios. Si vino del gabinete de prensa de los publicistas italianos, que decidideron demostrar al mundo su poder –y de paso, vengarse del traidor que abandonó su puesto en uno de sus tesoros nacionales, Gucci– o si todo se fraguó en las oficinas de la Tom Ford Corporation, que  aprovechó la ocasión para mostrarse como una víctima de la nueva inquisición.

Sea como fuere, no nos lo van a contar. Nos quedaremos con su dedo entre los dientes, con cara de goce y sin apretar. Aunque, si mordiéramos fuerte, por el sabor de su sangre sabríamos quién está detrás. Podríamos intentarlo.

El canalillo de la canciller

16 abr 2008
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Angela Merkel estuvo el pasado domingo en la inauguración del nuevo Teatro de la Opera de Oslo vestida de gala y con un escotazo vertiginoso que nos ha vuelto locos. Al Bild, al Die Welt, al Rheinische Post y a mí, que no pude resistirme a hacerle sitio en mi vitrina del lunes.

Loco de amor puro. Porque ese canalillo níveo de la señora Merkel lejos de erótico me ha resultado profundamente hipnótico y maternal; una línea de sombra entre esplendor, un camino hacia la memoria de otros tiempos ajenos. Hacia la confortable sensualidad de los recuerdos de las amas de cría bávaras, de la tía solterona y el escondite de su pañuelo de hilo, la estanquera felliniana de Amarcord, la enorme ternura descarnada de Marianne Sägebrecht en Sugarbaby, las orondas madames de burdeles con olor a lavanda o la risa aguda de las prima donnas que convertían en gelatina su exhuberante mostrador para el collar robado de la Castafiore.

“¿Cuánto escote puede mostrar una canciller?”, se preguntaba el lunes el Die Welt. Cuanto le dé la gana. Otra cosa es a cuánta longitud de onda de canalillo nosotros perdemos la cobertura adulta y nos ponemos caústicos o solemnes para disimular nuestra insignificancia ante esa carne prometida, ese cálido espacio protector que nos hace freudianos a nuestro pesar y nos incapacita como adultos.

Y no nos llaméis machistas. Somos demasiado pequeños como para saber qué significa éso.

El vídeo sexual de Marilyn

15 abr 2008
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Según cuenta la edición de ayer del New York Post, un hombre de negocios neoyorquino acaba de hacerse con una película de 16 milímetros, muda y en blanco y negro, donde aparece Marilyn Monroe de rodillas ante un caballero a quien le está practicando una felación.

Un millón y medio de dólares ha pagado por la cinta el anónimo hombre de negocios –muy rentables, intuyo–, cuya intención es guardársela para su colección particular y no permitir que el mundo contemple a Marilyn en plena faena oral. Todo un detalle.

Según el coleccionista que descubrió esta joya y la puso a la venta, Keya Morgan, la película se rodó en los 50 y, años después, pasó algún tiempo en manos del equipo del inquisidor del FBI J. Edgar Hoover, obsesionado por averiguar si el caballero agasajado por los juegos bucolabiales de la Monroe podría ser alguno de los Kennedy John F. o Robert. Aunque el intento fue inútil: el rostro del hombre no aparece en ningún momento. La supuesta Marilyn tampoco mira a la cámara, si bien para el experto “se ve claramente que es ella por su famoso lunar”.

Un millón y medio de dólares por una mamada en cine de Marilyn. Por un cuarto de hora de su intimidad en conserva.

Yo prefiero sus poemas:

“Soy tus dos recorridos

de algún modo me sostengo casi siempre boca abajo

mientras tus dos direcciones tiran de mí.”

Al menos están vivos.

¡No lo llamen matrimonio!

14 abr 2008
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Mis amigos gais casados, mi marido y yo hemos decidido lanzarnos a las calles en las próximas semanas para manifestar nuestra profunda indignación frente a los últimos anuncios de futuros enlaces matrimoniales de celebridades. De bodas que van en contra del verdadero sentido del matrimonio como unión burguesa de dos personas de clase media.

Queremos dejar claro que no estamos en contra de que Shaila Durcal se case y se pague el Rosa Clará, el convite y el viaje de novios con la exclusiva, ni que Ivana Trump utilice a su cuarto y macizo marido para volver a vengarse de la remota infidelidad de Donald que acabó con su matrimonio y puso veinte millones de dólares en su cuenta corriente. No nos oponemos a que Johnny Depp y Vanessa Paradis vayan a darse el sí quiero tras diez años de amor el próximo junio y así promocionar su película y su disco. Tampoco a la boda entre Penélope Cruz y Javier Bardem que aventura el National Enquirer.

Nuestra manifestación no pretende impedir que Belén Esteban siga contribuyendo a proveer de contenidos el programa de AR gracias a los líos de vestimenta para su futuro casamiento.

Nosotros no nos enfrentamos a ellos, ni pretendemos aguarles las fiestas. Sólo queremos que lo suyo no se llame matrimonio. Matrimonio es lo nuestro, que tenemos hipotecas y piso compartido. Lo suyo es otra cosa. ¡Un respeto!