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Tendencias en accesorios

11 abr 2008
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Lo último en complementos femeninos para la mujer japonesa se llama Taikomochi. Y son humanos. Algunos los definen como una versión masculina de las geishas medievales, y muchas altas ejecutivas de speedy Louis Vuitton ya han empezado a solicitar sus servicios de compañía por un precio que va desde los mil hasta los cincuenta mil dólares por noche. No hay sexo, dicen. Solamente intercambio de atenciones y -según ha contado uno de estos muchachos a la CNN japonesa- “cosas que los hombres normalmente no hacen, como elogiar su aspecto. Yo hago felices a las mujeres”.

Hasta ahí, ninguna sorpresa. El clásico gigolerío que cambia de nombre y se pliega al signo de los nuevos tiempos: lo japonés como denominación de origen le ha comido el cool a lo italiano. Lo impresionante llega cuando el taikomochi parlanchín, de peluquería diaria, trata de explicar las razones del éxito del nuevo fenómeno que a él le reporta unos 200.000 dólares al año: “Las mujeres nos ven como accesorios. Les gusta llevar cosas bonitas, y por eso yo trato de arreglarme al máximo”. Ahí es cuando Darek y yo nos quedamos muertos. Entonces lo entiendo todo. Y pienso que a Anita O. nunca le habían alabado tanto el gusto en complementos como durante la etapa en la que decidió lucir stripper ario. Y que este fenómeno no tiene nada de nuevo: los señores de posibles y los anunciantes de cochazos lo entendieron hace bastante tiempo.

Besos para Oscar Wilde

10 abr 2008
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Gyles Brandreth, que publica el primero de mayo ‘Oscar Wilde and the Ring of Death’, visitó hace unos días la tumba del escritor en Père Lachaise y se sorprendió al descubrir sobre el mármol de su lápida cientos de marcas de besos estampadas.

Boquitas pintadas –este es mi propio beso sobre la memoria de Manuel Puig– que llegan de todo el mundo hasta París para rendirse ante Wilde, su símbolo y su recuerdo.

Ante Wilde como ‘uno de los nuestros’, tal y como alguien lo definió ante Brandreth frente a sus restos cubiertos de carmín.

Resulta curioso, pero Oscar Wilde sigue siendo una celebridad después de tantos años. Una celebridad victoriana, un referente en la cultura de la fama, la capacidad de creación de un personaje propio, la devoción por la juventud y el ingenio apócrifo.

Una marca registrada, según su último biógrafo, que en un reciente artículo en el Times lo imagina como un enorme animal televisivo. Algo que me lleva a pensar que el señor Brandreth sabrá mucho de literatura victoriana, pero muy poco de televisión.

Wilde es quien es porque vivió entonces. Hoy, Oscar –”Dentro de un siglo, mis amigos me llamarán Oscar y mis enemigos, Wilde”–  no sería nadie. Porque todo va demasiado deprisa, no queda tiempo para frases complejas y la disidencia ya no conduce a la cárcel de Reading, sino al silencio (de otra prisón mucho más lúgubre: la de Writing). Con perdón.

Las 50 mejor vestidas

09 abr 2008
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La pobre Kylie Minogue, que en los últimos tres años había sido la mejor vestida según la revista Glamour, acaba de perder su trono y precipitarse escaleras abajo hasta el número 19 de una nómina que este año ha coronado a Kate Moss como la más, y cuyos 18 primeros escalones ocupan algunas ilustres mamarrachas internacionales del calibre de Jessica Alba (en el 8), Victoria Beckham (en el 10) o ¡Beyoncé! (en el puesto 17). Insisto: pobre Kylie Minogue.

Y pobre Penélope Cruz, que aparece en el número 47 de la lista, por debajo de varias famosas que merecerían una acción inmediata y contundente por parte de la Policía Estética. A saber: Mary-Kate Olsen y Christina Aguilera (puestos 26 y 27) –dos mujeres que han hecho del horror vacui su seña de identidad–, Jennifer Lopez (agazapada en el hueco 37 de la lista y dispuesta a saltar en cuanto nos descuidemos para destrozarnos ambas corneas con un Cavalli multicolor) o Lindsay Lohan, apostada en la barra del 42 mientras le hace ojitos a un taburete que ha confundido con Tom Cruise.

Aunque las auténticas víctimas de este ejercicio participativo de las lectoras de Glamour han sido las que han quedado entre las 10 peor vestidas: Britney Spears, primera, Paris Hilton, cuarta, Amy Winehouse, quinta y Naomi Campbell, séptima. Que ahogan sus penas en un reservado donde se les oye gritar al teléfono: “¡Kate, tía, vente a éste, que en el tuyo ponen garrafón!”

Comienza la Operación

08 abr 2008
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Esta noche, primera gala de Operación Triunfo 2008. Después de meses de unos castings que hemos visto despiezados durante esta última semana, los aspirantes a ex-concursantes de OT entran a La Academia. Así, como suena de estremecedor.

Esta noche escucharemos decenas de veces como, para esos candidatos a intérpretes de tonos/politonos, “La música es mi vida” y “Éste es mi sueño”. Y a mí se me pondrán los pelos como escarpias y gritaré, a lo Amy Winehouse despeluchada “NO, NO, NO”. Lástima que ya no esté Nina como madame de aquello y no me pueda lucir a ritmo de Javier Alvarez: “No es un triunfo superar la operación a corazón latino abierto para ser Celine Dion. No, mira, Nina, no, Nina, mira, Nina, no… ¡que no!”

Aunque lo más terrible del asunto es que OT ya no es ni siquiera una rentable cantera de cajas de resonancia frígidas, cantantes del verano, fracasos eurovisivos o carne de teatro musical (con todos mis respetos… hacia el teatro). Ya no. OT es ahora un criadero de participantes en futuros realities, tertulianos en programas de la cadena amiga (de sus amigos), y protagonistas de páginas a todo color en la intimidad de los entierros familiares o los romances interruptus.

La música es su vida y cantan por Bisbal. Que es como confesarse letraherido y emular a Ana Rosa Quintana y su talento para plagiar capítulos completos de Danielle Steel.

En busca de Terenci Moix

07 abr 2008
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“Abril es el mes más cruel”. Y la culpa la tienen T. S. Elliot y Terenci Moix, que fue a morirse hizo ya cinco años hace cinco días; la semana pasada –el 2 de abril– se cumplió el quinto aniversario de su muerte mientras yo, sin conocer la efeméride, terminaba de leer Detrás del arco iris. En busca de Terenci Moix, el libro donde Juan Ramón Iborra recogió la crónica de sus últimas conversaciones con el autor para completar la construcción del personaje con una serie de entrevistas, algunos meses más tarde, con quienes estuvieron cerca de él y más lo quisieron (su hermana Ana María, Antonio Gala, Núria Espert, Enric Majó, Maruja Torres o Josep María Benet i Jornet, entre otros).

Un lustro sin Terenci, cuya vida superó con creces la calidad de su olvidable obra. Cuya mejor literatura estuvo en sus memorias –El peso de la paja–,  y que en su últimos años, ya desahuciado, víctima de un enfisema pulmonar y un cáncer de huesos, decidió darle la espalda a la literatura, dejar de leer y dedicarse a colorear fotos de estrellas del cine de Hollywood.

Meses antes de morir, con el cigarrillo entre los dedos, Terenci se abandonó al limbo que ocupa un lugar intermedio entre escritura y realidad; al de las fotografías  de ficción. Como todas las que aparecen cada día en mi vitrina a todo color.

“Detrás del arco iris, los cielos son azules y los sueños que te atreves a tener, realmente se cumplen.”

La dignidad del cuerpo

04 abr 2008
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Yo tampoco he visto ‘Clandestinos’. Esa película minoritaria de la que todo el mundo habla a raíz de una imagen promocional en la que aparece “el joven protagonista encañonando a un hombre con tricornio que simula estar haciéndole una felación.”

¿A un hombre con tricornio? ¿Por qué? Quiero decir que, ya puestos a inventarse el argumento de la película a partir de una imagen, ¿no podrían haber concluido que quien se encargaba del trabajito oral era una guardia civil con el pelo recogido en un moño bajo?

Es más, ¿qué hubiera pasado si la propietaria del tricornio hubiera sido una guardia civil? ¿Hubiéramos asistido al mismo fuego en el cuerpo? No.

¿Acaso alguna asociación policial manifestó su profunda repulsa corporativista tras el estreno de las tres entregas de Torrente; ese policía sucio, corrupto, fascista, violento y putero? Tampoco.

Me irrita muchísimo el tufo homófobo de este asunto. Aunque lo que peor llevo, sinceramente, es digerir la decepción que me provoca haber descubierto que ‘Clandestinos’ no es esa película donde aparecen “guardias civiles con apretones fáciles en busca de chaperos baratos por las herriko tabernas”. Con lo Fassbinder que sonaba. Tanto que hasta me había imaginado una escena de bar donde Jeanne Moreau volvía a cantar Each man kills the thing he loves, lo mismito que en Querelle.

¡HOLA! ¿Qué tal estás? OK

03 abr 2008
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Aunque España está repleta de revistas, programas corazoneros y secciones tan infames como ésta mía, hay que reconocer que ninguno –y yo menos que nadie– tenemos ni la mitad de categoría que el ¡Hola! –o la ¡Hola!, como dicen mis amigas colombianas–.

En circunstancias normales, ¡Hola! es una maravilla, que se convierte en el mismísimo acabose cuando aparece otra publicación que pretende hacerle la competencia, tal y como está sucediendo desde hace unas semanas con el lanzamiento de OK en España.

Entonces, la madre de todas las revistas no sólo se lanza a anunciarse en televisión, sino que se lo trabaja a fondo para cumplir con las expectativas. Y arrasa.

Mucho ojo a lo que me he metido en vena esta semana: bautizo del petit Thyssen en Suiza con Tita von Thyss en el lote. La boda neoyorquina de Celilia ex Sarko con otro señor bajito (pero muchísimo más forrado), el tour inglés de Carla Bruni a todo color y con zapatito plano, la crónica del Baile de la Rosa escrita por Boris Izaguirre –que debe de haber visto cumplidos dos sueños a la vez: ir al baile monegasco y firmar en el ¡Hola!–, una hilarante entrevista en exclusiva con la gran Anita O. –que aprovecha para lucir bikini y nos compensa por su ausencia de este verano– y la primera de las crónicas de moda que Tamara Falcó Preysler –¡oh, es ella!– ha empezado a escribir desde esta misma semana (Chanel). Yo a esto lo llamo abuso de poder.

Inocencia internacional

02 abr 2008
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Ayer, primero de abril, fue el April Fools Day; una versión primaveral anglosajona del Día de los Inocentes.  Uno de esos días aciagos en los que nuestra tía de Bristol, solterona y octogenaria, telefonea a toda la familia para contarles que está embarazada de trillizos mientras los medios se llenan de noticias disparatadas que, tal y como anda el patio, cada año son más difíciles de cazar.

Como, por ejemplo, que Johnny Depp firmará un contrato por cinco millones de libras esterlinas con la firma de condones Trojan para convertirse en su imagen de marca. Eso sí, disfrazado de pirata.

Que Carla Bruni se instalaría en Londres para mejorar el estilo de los británicos, tal y como publicó ayer The Guardian.

Que la asociación de defensa animal, PETA, le ofrece a Britney Spears trabajo como recepcionista en sus oficinas, después de haber visto su interpretación de telefonista en una serie de televisión.

O la propuesta de Roberto Cavalli –aconsejado por Vicky Beckham– a la cantante Amy Winehouse para que se convierta en la imagen de la nueva colección del diseñador.

Un tristísimo festival del humor que no se diferencia demasiado del resto de los días. Si acaso en que estamos algo más incrédulos. Como aquel 28 de diciembre en que leímos que Sánchez Dragó presentaría el informativo de Telemadrid. Y anda que no aguantaron tiempo con la inocentada.

Max Mosley y el nazismo

01 abr 2008
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Max Mosley –ese señor que preside la Federación Internacional de Automovilismo y se lo monta con putas en sótanos que simulan campos de concentración– quizás sea una víctima. No sólo de la prensa sensacionalista, la mojigatería y las nuevas tecnologías. También de su rebeldía, y quién sabe si asco, hacia su tremenda historia familiar.

Su padre –Oswald Mosley– fundó un partido fascista en Inglaterra. Su madre –Diane Mitford– era una devota admiradora de Hitler, adoraba su retórica, lo consideraba un señor educado y cultísimo con quien mantenía encantadoras conversaciones a la hora del té. Aunque fue su tía, Unity Mitford, quien llevó al extemo su pasión por Adolf y se disparó en la sien (con una pistola que él mismo le había regalado) cuando supo que Gran Bretaña había declarado la guerra a Alemania. Incluso hubo quienes afirmaron que Unity había parido un pequeño Hitler que había dado en adopción, aunque nadie haya podido demostrarlo.

Ahora, acabamos de ver con nuestros propios ojos que a Max le pone atómico jugar a las guardias SS y a los prisioneros en un burdel temático. Y lo hemos flipado. Sin pensar que, tal vez, lo suyo no tenga nada que ver con un ramalazo filonazi, sino con todo lo contrario. Que tal vez lo que a Mosey le excita es negar el sexo de sus padres y trasladarlo a la réplica de un lugar que ellos negaron. Joder con dolor y con miedo. Eyacular sobre su herencia.