La pasarela de moda hombre de París de este fin de semana vino a confirmar lo que Milán nos avanzara hace unos días: una nueva masculinidad estética estival que pierde rigidez, gana en atrevimiento e incorpora múltiples opciones al catálogo de hombrías. No (fashion) country for old men, tituló ayer Suzy Menkes –todo un referente en la crítica de moda– su crónica de los últimos desfiles parisinos en el International Herald Tribune.
Pero el cambio de ciclo no se limita a una nueva y libérrima concepción del atuendo como marca de género, sino que ofrece una lectura más interesante; la de las influencias y los usos. Si las pasarelas de moda femenina funcionan como un oráculo de lo que nos encontraremos al cabo de unos meses en las alfombras rojas, las de moda masculina avanzan nuevas maneras que, raramente, veremos adoptar a actores de Hollywood. El hombre de las pasarelas es callejero, de club, de estrenos sin photocall y carece de nombre propio en los pies de foto. La moda del hombre que viene es de ida y vuelta, recoge su inspiración del mismo espacio al que la devuelve: la calle (aunque no cualquiera). Es más: mientras que el prêt-à-porter y la alta costura femeninas visten a mujeres que ostentan el poder (en sus múltiples variantes), las creaciones para hombre que hemos admirado en Milán y París se mantendrán muy lejos de esa esfera. De momento.

Leo las crónicas de moda sobre los desfiles del Uomo de Milán con la moda masculina para el próximo verano y tiemblo. Asisto estupefacto a las críticas de supuestos expertos que afirman jocosos que los modelos de tal o cual desfile (Prada o McQueen, por ejemplo) parecen haber saqueado los armarios de sus novias. Me deprime darme cuenta de lo rancio que resulta todo todavía, incluso en aquellos espacios donde uno esperaría hallar húmedos oasis entre las dunas de caspa.
A pocos días de la celebración del Día del Orgullo Gay, los autores (maricas) de varios blogs de cotilleos se entretienen con un nuevo concurso para probar nuestro ingenio: “¿Qué famoso actor recién divorciado pasa sus noches en antros gays?” Y ofrecen varias opciones de respuesta. Me da igual.
Seguimos igual. Lo masculino y lo femenino sigue siendo singular, y columnistas nada sospechosos se hacen eco de las similitudes entre “el cerebro de las lesbianas con el de los hombres, y el de los gays con el de las mujeres”, como si maricas y lesbianas no fuéramos hombres y mujeres. Que suena a la eterna aclaración pejiguera. Y lo es. Ante el mismo tic de siempre, qué le vamos a hacer. Insistir.

A todo esto, Vivianne Westwood sube a la pasarela modelos velludos con kilos de más: osos. Que hace años que dejaron de representar una estética liberadora en el mundo gay para erigirse en un estándar opresor más. Seguimos igual.
Histórica portada del ¡HOLA! de esta semana, que ha decidido usar como reclamo quiosquero el retrato estilo imperio de la familia ex presidencial española en la boda del millonario italiano (con gafas de cristales tintados y pantuflas) celebrada en Roma el fin de semana pasado.
Estremecedora imagen, donde ambas anas (A. y B.) lucen blancas y radiantes como la novia (ese clásico no–lo–hagas para bodas) y flanquean sonrientes al recién casado, que rodea las cinturas de La Dama de la Macedonia y de su pizpireta hija con las mismas manos que acariciaran lúbricamente hace no tantos años a Naomi Campbell o a Heidi Klum, entre otras, lo que no deja de ser un interesante recorrido.
Mientras, José María y Alejandro (A. y A.) ocupan el extremo derecho de la imagen, desde donde nos regalan sus seductores rictus para grandes ocasiones.
Una imagen que comparte muchos códigos con las clásicas portadas de la biblia del colorín por donde hemos visto desfilar a lo largo de los años a las distintas realezas europeas como estrellas invitadas de múltiples celebraciones y que hace pensar en un nuevo intento de los Aznar por ocupar espacios tradicionalmente reservados a familias reales. Como si, después de haber ocupado El Escorial con aquel bodorrio, ahora quisieran conquistar otro símbolo: ¡EL HOLA!

(Aznar Botella Briatore Agag)

¡MAMMA MIA!

Cuenta el Us Magazine que ayer Amy Winehouse se desmayó en su casa y tuvieron que ingresarla en el hospital. Suerte que su manager estaba allí y evitó que se dejara el diente de cenefa en la pared del descansillo enmoquetado.
Yo sospecho múltiples motivos del desvanecimiento, y ninguno de ellos tiene que ver con las drogas duras o el alcohol de quemar, no os vayáis a creer que ando tan falto de imaginación a estas alturas. Más bien, pudo ser cosa de las cervicales, que son muy traicioneras, y más cuando cargan con tal peso en la cabeza tras haber decidido abrazar el Síndrome de Diógenes como estilo capilar (lo que guarda Wino en ese pelo daría para llenar uno de los Birkin buenos de Vicky Beckham). Claro, que también le pudo haber dado el alipori después de ver en la televisión a Liza Minnelli con sostén a la vista en la ceremonia de entrega de los Tony. Un sujetador negro de encaje que le gritaba desde la pantalla del televisor: “Amy, bonita, mírame y acéptalo: a mi lado tú eres sólo una aficionada. Una diva politoxicómana amateur”. Y claro, le dio el bajón.
Aunque enterarse por el Daily Mail de que su novio encarcelado le había pagado veinte mil libras a un simpático colega del trullo para que apaleara a Pete Doherty – según las malas lenguas, entre ellos hay algo más que una nube tóxica- tampoco me parece una mala razón para hacer cataplof y acabar ingresada de urgencias en un hospital con hematomas de cardado .

Anoche, dos fiestas en Barcelona. Una, en el Museo Nacional de Arte de Cataluña para la entrega de los Premios Elle, que se ha hecho Eco Blue -o lo que sea- y ha vuelto a desnudar a Pataky para la portada (y a Mónica Cruz, Patricia Conde, Blanca Romero, Leonor Watling, Laura Sánchez, Bimba Bosé, Natalia Verbeke y Eugenia Silva). Y de paso, le ha pedido a Tous que le diseñe unas joyitas solidarias.
Fiestón Elle con invitados de postín: Stella McCartney, Paulo Coelho, Amber Valetta, Jean Paul Gaultier, Rosario Flores, Cayetano Rivera Ordóñez, Elettra Wiedemann, Rafael Medina, Alexandra Cousteau, Alejandro Zaera, Gemma Mengual, Alejandro Agag, Natalia de la Quinta Estación, Andrés Sardá, Almudena Fernández y Cameron, la Señora de Bono y su hija.
Y en mi correo electrónico, notas de prensa con varios quién-llevará-qué:

No fui. Preferí la otra fiesta. La presentación de Urban Junkies en Barcelona. Porque los conozco y me gusta su proyecto. Porque ellos nunca han practicado el mobbing homófobo y porque pinchaba la DJ travesti Jodie Harsh. La auténtica Reina de Inglaterra.

Hace más de treinta años, YSL confesaba usar cock ring y se mostraba encantado ante la posibilidad de que los hombres se inyectaran silicona en la polla para mantenerla en una erección permanente: “ojalá todo el mundo lo hiciera; así podría diseñar nuevos pantalones”. Lo cuenta Andy Warhol en sus Diarios.
Hace diez años, YSL quiso dejar la dirección artística de su línea de pret-à-porter en manos de Alber Elbaz, pero Gucci compró la compañía y fue Tom Ford quien se hizo cargo de la Rive Gauche, tras una sonada patada en el culo del divino Elbaz, actual diseñador estrella de Lanvin y creador de la mayoría de los fabulosos vestidos con los que Natalie Portman nos fascinó este año en Cannes.
Hace poco más de un mes, Tom Ford escribía un artículo sobre la desnudez masculina para la edición de primavera del GQ Style: “Imaginemos que la moda contemporánea demandara que nos dejáramos el pene colgando fuera de los pantalones, quizás con la punta cubierta por un retalito, como un sujetador de polla. Todo el mundo vería nuestras pollas todo el tiempo, de la misma manera en que la moda destaca el pecho femenino.” E incluso fantaseaba con diseñar él mismo esa nueva prenda.
Catherine Deneuve dijo –no sé cuándo– que YSL diseñaba para “mujeres que llevan una doble vida”. Es la definición que más me gusta de su moda. Y algo que nunca podrá copiarle esa arpía de Tom Ford.

He aquí la fotografía del cartel que Alaska -retratada por Juan Gatti- ha hecho para la asociación en contra del maltrato animal y que denuncia las corridas de toros como barbarie.
Entre portada de libro pulp softcore sadomasoquista y estampa de fotonovela mexicana. Una belleza pezón-free que, probablemente, se va a convertir en la imagen de la semana.
(Muchísimas gracias al divino Abel Arana por hacérmela llegar).