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Ranking de felicidades

02 jul 2008
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Una fundación internacional acaba de publicar los resultados de su encuesta anual sobre el reparto de la felicidad en el mundo. En esta ocasión, aparece Dinamarca como el lugar más feliz, en brutal contraste con Zimbabue, cuyos habitantes –¡panda de aguafiestas!– parece que no respondieron con mucho entusiasmo a las dos únicas preguntas que plantea el cuestionario con el que se elabora ese informe de felicidad: “Considerando todos los elementos en conjunto, ¿diría usted que es muy feliz, bastante feliz, no muy feliz o nada feliz?” y “Considerando todos los elementos en conjunto, ¿cuán satisfecho está de su vida en estos momentos?” Hasta Zimbabue se fueron a preguntar esto. ¡Chúpate esa, Teresa (de Calcuta)!

“Sospecho que existe una fuerte correlación entre la paz y la felicidad”, afirma sin sonrojo Ronald Inglehart, director de la National Science Foundation, patrocinadora de este apasionante proyecto científico.

Yo, señor Inglehart, sospecho que usted es idiota. Pero un idiota con posibles. Por eso me cae tan bien. Por eso, y porque usted, a través de su fundación, es capaz de llevar la felicidad a todos los rincones del planeta. Aunque sea de palabra (y entre interrogantes), y sólo vaya a servir para que los departamentos de comunicación de las multinacionales de refrescos sepan si lo feliz mueve resortes de consumo en sus pegadizas cancioncillas publicitarias. Confiéselo.

Vender una falsificación

01 jul 2008
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Un tribunal francés ha condenado a la web de subastas eBay a pagar casi 40 millones de euros al grupo Louis Vuitton por permitir la venta de productos falsificados de algunas de sus marcas de perfumes (Kenzo, Dior, Givenchy y Guerlain). Una condena que llega sólo un mes después de que otro tribunal francés impusiera una multa de 20.000 euros al sitio de subastas online por consentir la venta de falsificaciones de bolsos Hermès.

Un par de condenas que coinciden con la noticia del fin de la puja, también a través de eBay, por la vida de Ian Usher, que tras ser abandonado por su mujer decidió poner toda su vida en venta: sus muebles, su casa, su coche, su trabajo, sus aficiones y sus amigos. Un pack por el que nadie quiso ofrecer más de los 242.000 euros por los que Usher se desprende de su vieja vida y gracias a los cuales pretende inaugurar otra nueva.

No escarmientan en eBay. No saben la que se les viene encima. Porque si hay algo más falso que un bolso Kelly de Hermès en plástico o un Samsara de Guerlain con aromas cítricos, eso es una vida. La de cualquiera. Repleta de frases hechas por otros, ideas del amor sacadas de libros, deseos aprendidos en eslóganes, vocaciones de rebote y una personalidad forjada en la imitación. La vida de Ian Usher es una copia. De muchos originales. Como las nuestras, que no subastamos en eBay: preferimos las hipotecas inversas.