Esa manía de ocupar

12 sep 2012
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Almería, la tierra de los cultivos bajo plástico, la California de Andalucía… de la que se jactaba la Junta, la Meca de las pateras y de los inmigrantes, tiene hoy el 33 % de paro y sigue subiendo. Allí se ha reiniciado la última fase de la marcha obrera que llevó a los jornaleros por media Andalucía durante el mes de agosto, mientras las otras protestas sociales se habían ido vacaciones.
La marcha, rigurosamente vigilada por la Guardia Civil, como viene siendo habitual, anuncia nuevas acciones sorpresa. Ya saben, toma simbólica de sucursales bancarias, porque lo de los supermercados y la “expropiación “de carros de la compra hay que descartarlo. Desde lo de Mercadona los supermercados son una fortaleza blindada por la policía cuando aparece por el horizonte algún jornalero. El carrito de Mercadona enfadó mucho al Gobierno porque esa foto de la gente llevándose comida desprestigiaba- dijeron- la imagen de España en el exterior. El carrito, si señor… Bankia no, Urdangarín tampoco, la Gurtel en absoluto y los elefantes de Botsuana mucho menos. Así que la Guardia Civil está ahora concentrada en los supermercados del Levante almeriense.
El carrito cabreó a la exquisita marquesa de Salvatierra, que por una de esas burlas sádicas del destino, tiene el cargo de Defensora del Pueblo, ni más ni menos. También levantó la ira (cuarto pecado capital según el catecismo del padre Ripalda) del muy piadoso ministro del Interior Jorge Díaz, que lleva muy mal eso de las “acciones sorpresa”. Aunque el fenómeno no es nuevo y si se pone a hacer memoria recordará cuando les entró a los jornaleros esa manía de las acciones sorpresa.
Veamos. Allá por febrero del 78, cuando el ministro militaba en la UCD, acababa de aprobar las oposiciones de inspector de Trabajo y ya coqueteaba con el Opus Dei, los jornaleros hicieron la primera gran ocupación de tierras. Toda una sorpresa para el Gobierno de su jefe de entonces, Adolfo Suarez. Los trabajadores del campo estaban por aquellas fechas empeñados en pedir la reforma agraria, feo asunto, del que no se había vuelto a hablar en Andalucía desde que Queipo de Llano ahogara en sangre a las organizaciones campesinas que, durante la Republica, se habían dedicado a cultivar las tierras de los latifundios.
Lo cierto es que en aquel 28 de febrero cientos de jornaleros entraron en las marismas de Lebrija y las tomaron. Eran cientos de hectáreas que pertenecían al Iryda y que estaban abandonadas a su suerte. No fue fácil porque el Servicio de Inteligencia Militar y la Guardia Civil conocían que se preparaba una ocupación de fincas y el entonces ministro del Interior, el inolvidable Martín Villa, estaba empeñado en evitarlo. En realidad los servicios secretos conocieron el plan un día antes de la acción, pero les habían filtrado un plan falso y el resultado fue que los jornaleros tomaron las tierras de Lebrija, mientras la Guardia Civil estaba “en posición de prevengan” en otros pueblos. Una cagada.
Eso se lo hicieron al mismísimo Martín Villa (que lo mismo administraba la policía neo franquista que algún grupo de comunicación de la democracia) así que no es para cabrearse porque ahora los jornaleros tomen bancos, palacios y supermercados…simbólicamente… y la policía siempre se entere a posteriori.
Desde aquellos oscuros años de la década de los setenta hasta ahora, los jornaleros han tomado muchas tierras. Públicas y privadas y han sido un dolor de cabeza para los amigos de nuestra Defensora del Pueblo y marquesa de Salvatierra, que cómo es de Sevilla, conoce muy bien el paño. Que se lo pregunten a la duquesa de Alba, aburrida de tantas “ocupaciones”. La última hace 8 meses, cuando cientos de jornaleros entraron en “La Arroyuela” propiedad del hijo de la casa de Alba y conde de Salvatierra, Cayetano Martínez de Irujo, porque dijo en un programa de TV que los jornaleros andaluces no querían trabajar. Que se lo pregunten al duque del Infantado, al que los jornaleros de Marinaleda ocuparon durante 8 años consecutivos su latifundio de Los Humosos, del que hoy viven los vecinos del pueblo, sin que haya prácticamente paro. Con tantos condes marqueses y duques afectados, no es extraño que la susceptible sensibilidad de nuestra Defensora del Pueblo se irrite cuando una cajera sufre un empujón. Siempre pasa lo mismo… primero te empujan y luego te ocupan el cortijo.
Esa manía de “ocupar” llega incluso a la música de los jornaleros. Si, también tienen su propia música. El grupo de cantaores de Morón “Gente del Pueblo “ha escrito una insólita canción titulada “Toma tu tierra” que los del SAT tatarean hasta cuando están dormidos. El estribillo dice:” Las tierras que son cotos/ hay que labrarlas/ si los ricos no quieren/ hay que tomarlas.(http://www.youtube.com/watch?v=hJsUgS8ZT6A) .Una falta de respeto a la propiedad privada que con tanta bravura defiende la Defensora. Esta canción es ahora el himno de Somonte, una finca pública en Palma del Río (Córdoba) que mantienen ocupada los jornaleros y que están cultivando familias en paro.
La inquietante noticia para nuestro fervoroso ministro de Interior es que las huestes del SAT, con los mismos argumentos con los que toman tierras, amenazan ahora con ocupar casas vacías. Hay muchas más casas cerradas que hectáreas abandonadas. Tres millones y medio de casas vacías nos ha dejado la burbuja, mientras -paradojas de la política- se generalizan los desahucios y el personal se queda sin techo. ¿Y la Defensora del Pueblo?… Pues de esto no ha dicho nada todavía, está dándole vueltas al empujón de la cajera de Mercadona. Es muy peculiar la marquesa del pueblo…


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