De bulo en bulo

Vivir sin Internet no sería lo mismo. La Red lo ha cambiado casi todo. Nos hace las cosas más fáciles y más cómodas. Pero, ojo, porque igual que se hace un buen uso de la Internet, se puede hacer todo lo contrario. De hecho, Internet es también el mayor mentidero que existe en la actualidad, y lo es a nivel mundial. Así que uno debe saber bien dónde leer y a quién creer y, sobre todo, plantearse que hay usuarios e incluso medios que siempre se lo creen todo y lo publican y comparten sin reparos.

Antes de existir Internet también se propagaban falacias. Pero el boca a boca obviamente no resultaba tan efectivo para diseminar informaciones falsas. Lo que sí es común antes y ahora es que cuanto más se propagan los bulos, más se van decorando con aportaciones espontáneas. Ahora son multitud los que comparten informaciones sin comprobar en absoluto su veracidad, contribuyendo con ello a difundir cualquier cosa y obviando las posibles consecuencias de hacerlo.

Todo empezó con la llegada del correo electrónico. Por email se dieron a conocer las cadenas fraudulentas, las cartas nigerianas, los falsos avisos de cobro de la Agencia Tributaria y otros organismos… Pero son las redes sociales el mejor soporte para los bulos, especialmente Facebook, donde uno puede colocar un cartelito alarmista y del todo falso sin que nadie pida cuentas, o incluso pagar para que Facebook promocione nuestras ocurrencias, independientemente de si son falsas. Hasta el momento, la red de Zuckerberg te cobra por difundir tus inquietudes, pero no se plantea si lo que vendes es cierto o no.

Bien es cierto que Facebook, como otras redes sociales, ha reconocido recientemente al menos que las noticias falsas causan problemas y se ha comprometido a tratar de atajar su difusión. Pretende hacerlo cortando los beneficios económicos que reciben los creadores de estos contenidos por su impacto. FB se ha dado cuenta de que hay quienes se lucran económicamente con los contenidos falsos y ha manifestado su intención de combatirlos. Pero aún no ha hecho públicas medidas concretas de cómo pretende hacerlo. Además, una cosa son las noticias falsas y otra los “contenidos sugeridos” por FB, en demasiadas ocasiones productos presuntamente milagrosos que no obran milagros. Otra de las grandes dificultades para discriminar noticias falsas es que no siempre son fácilmente identificables como tales inicialmente. Y FB no quiere noticias falsas, pero tampoco que sus filtros para impedir su difusión sean excesivos y arrastren consigo contenidos veraces. Será complicado en ocasiones identificar qué es falso y qué no lo es, pero al menos FB ya se ha comprometido a tomar cartas en el asunto, y el pasado abril lanzó una campaña de tres días en 14 países para tratar de enseñar a sus usuarios a identificar noticias falsas.

En general, los bulos que más triunfan son los que se difunden en las plataformas más populares, por eso Facebook, como WhatsApp, es un soporte ideal para tratar de engañar. Es más, los bulos sobre ambas aplicaciones abundan y son siempre de los más compartidos precisamente porque estas app son utilizadas por millones de personas de todo el mundo.

El porqué del bulo

Un bulo es básicamente información falsa. Por eso no suelen estar firmados por nadie, aunque en ocasiones sus autores atribuyen estos bulos de manera fraudulenta a determinadas personas o entidades para tratar de darle a sus asuntos mayor credibilidad. De hecho, no es la primera vez, por ejemplo, que se toma el nombre real de un médico para hablar de determinado estudio científico falso. Y luego al médico en cuestión, que sí existe y no sabe nada del tema, le cae el marrón de su vida, pues queda desacreditado sin comerlo ni beberlo.

Los bulos tienen su origen en cualquier lugar del planeta y conocer su autoría y procedencia resulta casi siempre imposible. Una característica común en ellos es que la mayoría de las veces lo que se cuenta “ocurrió el pasado lunes”, “recientemente” o “hace unos días”. Así se le da a la información un componente atemporal que le hace perdurar en el tiempo y permite que se compartan sin problemas durante años. Y es que si los bulos tuvieran fecha, también tendrían caducidad.

Las temáticas de los bulos son amplias y los objetivos de quienes los hacen, variopintos. En lo que coinciden todos ellos, obviamente, es en la intención de engañar a quien los recibe, bien para obtener dinero o datos, o bien simplemente para que su autor consiga su momento de gloria en forma de compartidos y likes, aunque éste se mantenga en el anonimato.

También abundan otra clase de bulos: las noticias falsas, las fuera de contexto y las desfasadas, que al estarlo y compartirse como actuales pasan a ser bulos. Lo sorprendente de las noticias falsas es que muchas vuelven sin problemas cada cierto tiempo y cientos de medios de comunicación de todo el mundo se las comen nuevamente, señal de que poco o nada han contrastado.

Los bulos suelen tener dos clases de público: uno fijo y muy fiel que lo comparte todo en redes sociales sin plantearse nada, que incluso se sorprende si alguien le menciona que eso no es cierto, y que seguirá compartiéndolo todo porque le gusta hacerlo y cree que así va a ser más popular… Y otro público más reducido en número, que hace compartidos únicamente de manera ocasional porque piensa que compartiendo está haciendo un favor a los demás usuarios.

Para identificar los bulos muchas veces basta con el sentido común, aunque no funciona con ese grupo de personas que todo lo comparte “por si acaso”. La verdad es que, con ellos, la causa está perdida de antemano. Porque parece que el sentido común tiene grados.

Los bulos suelen ser alarmistas y, aunque algunos están muy trabajados, aún predominan los mal redactados, con faltas de ortografía incluso, docenas de exclamaciones y frases insistiendo en que se compartan. Pero hay de todo, también esos bulos que llegan de allende los mares en un castellano diferente al de España, que en principio son fácilmente identificables porque hablan de cuadras en lugar de manzanas, de celulares en lugar de móviles o de balaceras en lugar de tiroteos. El tono alarmista es una constante, pero ninguna entidad seria comunica alertas con un letrerito de Internet lleno de erratas, sin fechas y sin firmas.

Para evitar caer en engaños, basta con no facilitar nunca nuestros datos personales y eliminar cualquier información sospechosa. Para evitar propagar bulos, lo mejor es obviarlos, y no compartir ni para advertir de lo que son, porque habrá quienes los compartan como veraces pese a la advertencia de que se trata de informaciones falsas. Seguro.