Literatura de mentira

Comprobábamos en la entrada anterior que existen bulos hasta en la lengua. Y si los hay en la lengua, por qué no iba a haberlos en la Literatura. Siempre ha habido, pero gracias a Internet y a las redes sociales es más fácil atribuirle a otro algo que no ha escrito. Y viceversa, es fácil que cualquiera puede verse con un texto a cuestas que no es suyo.

Por ejemplo: Pepe se despierta una mañana con una frase brillante en mente y siente deseos irrefrenables de lanzarla al mundo. Una frase que podría ser como ésta, que se me ocurrió a mí un día, por poner un ejemplo:

Si en los paquetes de tabaco, en lugar de poner “Fumar acorta la vida”, pusiese “Fumar acorta la picha”, no fumaría ni un hombre.

Pero, claro, cómo ofrecer tan locuaz argumento al mundo siendo Pepe. No le va a interesar a nadie. Así que Pepe pone su frase como ésta en Facebook con un fondo colorido o una foto y se la firma a Paulo Coelho o Alejandro Jodorowsky. Y eso ya va a misa y se comparte en masa diga lo que diga el texto. Facundo Cabral también serviría.

La Marioneta

Le ocurrió a Gabriel García Márquez, al que se le lleva atribuyendo en Internet desde hace más de una década un poema que es obra de un cómico méxicano llamado Johnny Welch. Se titula La Marioneta y se dijo que era el “poema de despedida de Gabriel García Márquez, que está enfermo y se despide así de sus amigos”. Así lo publicó el periódico peruano La República, asegurando que se trataba de una obra póstuma.

Cuando el escritor colombiano supo de la existencia del texto que se le atribuía y que además le habían matado en un diario, estaba en tratamiento de un cáncer linfático en una clínica de Los Ángeles. Pero desmintió personalmente que el poema fuera suyo y se mostró indignado: “Señores, yo quiero decirles que estoy vivo y que lo único que me podría matar es que digan que yo escribí algo tan cursi”.

Johnny Welch también ha salido al paso del asunto en varias ocasiones. El legítimo autor de La Marioneta ganó mucha popularidad gracias a su poema y acabó conociendo personalmente a Gabo -como llamaban a García Márquez- por expreso deseo de éste. Gabo falleció de cáncer hace más de tres años, mucho después de que se le atribuyera por primera vez el escrito de Johnny Welch, que continúa habitando en Internet firmado por Gabriel García Márquez.

Crónica de una muerte anunciada

No fue la única vez que mataron a García Márquez. Al maestro le asesinaron en Twitter en 2012, un par de años antes de su fallecimiento. Tommasso Debenedetti, un periodista italiano que unos días antes ya había suplantado a Umberto Eco en Twitter, anunció la muerte del escritor colombiano “para demostrar que los periodistas no confirman las noticias de las redes sociales”.

“El anuncio de una muerte en boca de una celebridad funciona muy bien en Twitter. Da la vuelta al mundo en unos minutos”. En eso no le falta razón al periodista romano, que en un alarde de ética profesional no dudó en matar a un enfermo para comprobar cuántos se comían su falsa noticia.

Con ese mismo objetivo, que los demás comprueben sus sandeces, Debenedetti ha creado y gestionado en Twitter y Facebook otras cuentas falsas, como las de los ministros Luis de Guindos y Cristóbal Montoro; de Mario Vargas Llosa, Almudena Grandes, Günter Grass, o la del mismísimo Fidel Castro.

Obras completas

El chileno Pablo Neruda tiene también varios falsos textos circulando con su nombre, desmentidos a través de su Fundación, como Muere lentamente, que en realidad es obra de la brasileña Martha Medeiros.

Es otro bulo que Jorge Luis Borges escribiera un poema titulado Instantes, cuya autora es la escritora estadounidense Nadine Stair. Pero fue incluso leído como parte de la obra del autor argentino en el homenaje del 25 aniversario de su muerte.

Son solo algunos. Ernest Hemingway, Oscar Wilde, José Saramago o Eduardo Galeano son otras de las víctimas de los bulos literarios.