Verdades y mentiras de las rayas blancas del pollo

Me preguntaba por qué multitud de medios de comunicación de nuestro país, también de los considerados serios, vuelven a publicar ahora, a primeros de noviembre, una noticia que ya se popularizó este mismo año a finales de enero en todo el mundo, y antes, que se refiere a las rayas blancas de la carne de pollo.

Confieso de antemano que siempre me huelen a bulo las informaciones que citan estudios de universidades lejanas que literalmente son calcadas por medios de todo el planeta, porque suelen ser falsas. Pero esta vez no es el caso.

La noticia que desaconseja comer carne de pollo con exceso de rayas blancas no puede considerarse falsa. Aunque se ha exagerado y tergiversado montones de veces y, sobre todo, la interpretan unos y otros de diferentes maneras según sus intereses.

Porque lo cierto es que hay una gran controversia sobre las rayas blancas de la carne de pollo. Pero no es nueva, ya dura años. La noticia que vuelven a publicar ahora los medios como nueva no cuenta nada nuevo, eleva el tono con respecto a anteriores oleadas hasta rozar la alarma, pues asegura que las rayas se deben a “manipulaciones genéticas” en granjas de pollos de Estados Unidos para que crezcan más y de manera más rápida. Manipulaciones genéticas que provocan “al 96% de estos animales” una rara enfermedad muscular que les hacen tener más grasa que proteínas, un 224% más de grasa que otros pollos”. Siempre hablando de pollos de granjas de Estados Unidos.

Y para corroborar tales afirmaciones, algún medio alude a un estudio de 2013 de la Universidad de Bolonia (Italia), que yo no he encontrado, pero todos mencionan otro estudio de 2016 “realizado por las Universidades de Arkansas Y Texas A&M”. Estas dos universidades están cerca para lo que es Estados Unidos: 823 kilómetros. De hecho, sus equipos de fútbol americano mantienen una gran rivalidad y disputan el Clásico del Suroeste.

Pero son pocos los medios que han añadido un enlace a ese estudio de 2016 que mencionan de las universidades de Arkansas y Texas A&M, sobre todo en España. Un estudio que, efectivamente, existe. Pero no es tal. El estudio que citan ahora todos los medios recopìla uno de la Universidad de Texas A&M y otro de la Universidad de Arkansas, además de otras aportaciones. Y estos dos estudios fueron publicados en la sección de Ciencia Avícola de la Oxford Academic mucho antes de 2016; en octubre de 2010 y diciembre de 2013, respectivamente.

Por eso se lleva hablando de las rayas de los pollos una década, porque hay estudios similares incluso anteriores a estos dos, al menos de 2008, que entonces ya hablaban de qué eran las rayas blancas. La pregunta es por qué vuelve a saltar esta noticia como nueva cada cierto tiempo y además con tanta efectividad. Y la respuesta es que hay muchos actores interesados en resucitarla, dentro de un sector que en Estados Unidos alberga muchas tensiones entre distintas partes, como las grandes compañías o los productores y asociaciones avícolas. Pero la realidad y la noticia apenas han cambiado en años.

¿Es veraz la noticia?

Para algunos más que para otros, según sus intereses. Es veraz, aunque no es nueva. Es una noticia vieja presentada ahora y cada cierto tiempo como nueva. Y se refiere exclusivamente a pollos nacidos, criados y sacrificados en Estados Unidos. Aunque en el resto del mundo los han hecho suyos.

Lo que es un hecho es que cada estadounidense se come cerca de 42 kilos de carne de pollo al año, y eso, multiplicado por más de 324 millones de habitantes, es un negocio de cientos de millones de pollos con muchos sectores e intereses enfrentados. Y todas las partes tratan de ‘aclararlo’ a su manera. La Compassion in World Farming, organización cuya “misión es terminar con la agricultura industrial”, ya colgó un vídeo explicativo con sus argumentos en enero. No ahora.

Las rayas del pollo son grasa y los estudios desaconsejan comer esa carne si las franjas son demasiado evidentes, pues sería señal de que el animal ha sido sometido a un proceso de crecimiento acelerado.

De izq. a dcha., pollo apto para el consumo, ojo y no te lo comas.

Pero el sector productivo coincide en rebajar lo que afirman las universidades. En la web El Sitio Avícola dicen que “la causa de la enfermedad continúa siendo engañosa pero parece no existir un vínculo entre las franjas blancas y la calidad de la carne cocida”.

En cuanto a si es malo o no comer pollo con rayas blancas, los estudios dicen que la carne es más dura y de peor calidad, aunque no existe un problema real por tomarla más allá de que tiene muchísima más grasa y menos proteínas. Pero a algunos sectores les parece alarmante ingerir tanta grasa y a otros no. Para los productores no es malo, para la ciencia sí. Lo cual no impide que se siga comercializando sin problemas, al menos en Estados Unidos.

Copia/pega

A estas alturas, lo que más delata esta vieja pero nueva noticia de los pollos, poco tiene que ver con los pollos. Lo que queda más claro es que en demasiados medios simplemente copian y pegan. No contrastan nada, un principio básico del Periodismo. A veces tienen suerte y lo que publican no es falso, pero otras no.

El copia/pega esta a la orden del día en la prensa, y es triste; pero el archivo, de haberlo, tampoco se mira mucho, ni Google, puesto que hay medios que han vuelto a publicar ahora como nueva la misma noticia que ya lanzaron al mundo el pasado enero. Y ni se han dado cuenta.

Para bulos de pollos, KFC

Al margen del asunto de las rayas blancas, sí que se han extendido bulos probados sobre el consumo de determinados pollos o las posibles mutaciones que estos animales sufren. Sin ir más lejos, un tribunal de Shanghái condenó el año pasado por difamación a tres compañías por permitir la difusión de rumores y fotos sobre supuestos pollos mutantes en China. La víctima fue, una vez más, KFC, blanco de todos los dardos en lo que a bulos de pollos se refiere.

Al clásico del pollo frito de Kentucky le llevan dando por todos los lados años, pero nunca se han probado las acusaciones que ha recibido, algunas de ellas auténticas sandeces. De KFC se ha dicho que vende pollos enanos con malformaciones, que sus pollos tienen cuatro muslos, que se les hormona a diario en vida, que emplea en sus productos pollos enteros, con cabeza, huesos y patas; que mezcla pollo con rata, mofeta y otros animales y lo reboza todo, o directamente que no es pollo lo que dispensa en sus restaurantes, y por eso la compañía fue obligada a cambiar su nombre de Kentucky Fried Chicken a KFC, para eliminar el “chicken” (pollo).

Y si antes decíamos que multitud de medios solo copian y pegan, otra buena prueba de ello, y esta vez con un asunto falso, la tenemos en los pollos mutantes que el artista Eric Waine ideó en 2014 con Photoshop. Se inventó un bulo con fotos de un falso pollo mutante para probar que KFC no usa pollos normales en sus productos y comprobar cuántos se lo tragaban.

Y montó un pollo a nivel planetario, porque el experimento resultó un éxito. Las fotos de su pollo mutante con cuatro patas y seis alas dieron la vuelta al mundo de diario en diario, para especial regocijo de la prensa sensacionalista inglesa, que adoptó al engendro en sus páginas como si de una mascota se tratara y le hizo más famoso que al oso Teddy.