Opinion · Bulocracia

La borrasca Ana y otros fenómenos

Lo de ponerle nombre de persona a los fenómenos meteorológicos potencialmente temibles para nosotros es nuevo. Lo relacionamos más con otros lugares distantes del planeta, como el Caribe o el Pacífico, donde terroríficas tormentas tropicales, huracanes o ciclones han recibido nombres como Emilia, Gil, Rosa o Tobías.

Pero ahora que nos ha visitado nuestra primera inclemencia con nombre propio parece que nos interesa más el tema. Y eso que ésta no ha sido una tormenta tropical o un huracán, ha sido algo mucho más nuestro, una borrasca, la borrasca Ana, que nos ha dejado en algunas zonas más agua en dos días que en los últimos dos meses, y que crea un precedente. Porque desde ahora nuestras borrascas tendrán nombre, y después de Ana llegará Bruno, y tras Bruno vendrá Carmen. Alternando nombres de mujer y de hombre. Así lo han decidido las agencias meteorológicas de España, Francia y Portugal para que “la población esté más concienciada”, siguiendo el ejemplo de Gran Bretaña, que empezó a bautizar sus borrascas hace dos años.

Con esta nueva medida, se confirma también que las borrascas son más poderosas que los anticiclones, porque cada una va a tener nombre, mientras que un anticiclón parece condenado a ser siempre el de las Azores.

Alberto, Blas o Ernesto

No es fácil entender que a un fenómeno meteorológico previsiblemente devastador se le llame Teddy o Nora. Pero sobre los nombres de estas cosas también hay mucha confusión, mitos y bulos. Por ejemplo, no se les pone siempre nombre de mujer. Sin ir más lejos, ahí están las inclemencias Alberto, Blas o Ernesto para dar fe de ello. Pero fue así desde finales del siglo XIX hasta 1978. Desde ese año se decidió alternar nombres masculinos y femeninos por orden alfabético según se fueran produciendo los fenómenos.

Tampoco es cierto que la Iglesia pusiera el nombre a las tormentas tropicales en los tiempos en que sus temibles consecuencias eran casi imprevisibles, aunque sí es verdad que durante años a tormentas y huracanes se les daba el nombre del santo del día en que irrumpían. No antes, como ahora. Por eso el huracán del 26 de julio de 1825, que azotó Puerto Rico, recibió el nombre de Ana, como nuestra primera borrasca con nombre.

No se inventan al azar los nombres de estas inclemencias. Están predefinidos. La Organización Meteorológica Mundial (OMM), de las Naciones Unidas, elabora unas listas con nombres femeninos y masculinos en distintas lenguas ordenados alfabéticamente. Hay seis listados de nombres que se usan desde 1979 y así cada seis años la lista se reutiliza. Aunque cada país puede confeccionar sus propias listas, como hace el Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos, que da nombre a las tormentas tropicales del Atlántico Norte y que, en la práctica, decide también los nombres de los fenómenos propios de cada zona del planeta junto con la OMM.

Una vez establecido el nombre en el idioma que más se ajuste a la zona de la inclemencia, no debe traducirse a ninguna otra lengua para evitar confusiones. Por eso hay tormentas o huracanes con el mismo nombre en diferentes idiomas. Mery y María son huracanes distintos. Que se les den nombres así de sencillos es solo para que sean fácilmente identificables por todos, algo que no se lograría con un nombre técnico.

Sí es cierto el mito que dice que cuando uno de estos fenómenos meteorológicos es especialmente devastador se retira su nombre de las listas durante al menos diez años o para siempre, y se sustituye por otro del mismo género que empiece por la misma letra, a solicitud del país donde acontezca. Así ocurrió, por ejemplo, con Carol, Hilda o Katrina, pero no con Gordon porque desde Haití no se pidió.

Torpes, pero no tanto

Ana, nuestra primera borrasca con nombre, ha calado también en las redes sociales, como no podía ser de otra manera.

Dan fe de ello en el diario La Rioja, que ha servido de soporte para el montaje de un entusiasta del Paint, como vemos en las imágenes. Así que desde este medio han salido al paso de “la borracha Ana”: “Lo reconocemos. Habéis estado graciosos. No le habíamos dado demasiada importancia pero nos ha llegado ya por varios grupos de Whatsapp, así que hemos decidido aclararlo. Que somos torpes, pero no tanto”.