Opinion · Bulocracia

Falsos penes

Las cosas sobre los penes llaman más la atención. Sobre los genitales en general. En especial a algunos cuñados a los que les hacen mucha gracia esos temas, seguramente porque para ellos presumir de páncreas grande, grueso o juguetón no sería lo mismo. Y sobre los penes también hay bulos, y no me refiero a lo que dicen los cuñados del suyo, que tampoco suele sostenerse de ninguna manera; sino a que Internet está repleto de mitos sobre los penes, sobre todo los de algunos personajes ilustres.

Uno de esos penes célebres es la gran atracción de un museo del erotismo que hay en una clínica de urología de San Petersburgo, que alberga más de 12.000 objetos eróticos. Entre miles de falos de cerámica, surge un tarro de cristal grande, muy grande, que contiene el presunto pene del mítico monje Rasputín, de 30 centímetros, sumergido en alcohol. Su dueño dice que se lo compró a un anticuario francés, que es el auténtico pene del monje Rasputin y que tiene propiedades mágicas. Pero hay otra teoría más extendida que afirma que el supuesto miembro del consejero del último zar de Rusia fue analizado y se comprobó que ni siquiera es un pene, sino que se trata de un pepino de mar.

Lejos de Rusia y de las medidas del pepino de mar de Rasputin, otro miembro estelar es el de Napoleón, que le fue amputado tras morir y desde entonces ha pasado por muchas manos. Parece ser que el emperador de Francia tenía un micropene. El urólogo estadounidense que lo compró por 8.000 dólares en 1999 decía entonces que “mide 4,1 centímetros y en erección llegaría a un máximo de 6,6”, escasas medidas que a muchos les llevan a cuestionarse que la fama de gran amante de Napoleón pudiera estar justificada. Este pene al menos estuvo siempre localizado, a diferencia del de Tutankamón, que se perdió porque fue vendado al margen del cuerpo, como las manos y los pies, y no lo encontraron hasta 2005.

Fake news del asunto

Penes históricos al margen, actualmente surgen de vez en cuando noticias falsas en las que el protagonista es un pene, como el de ese pobre desgraciado al que su novia se lo tronchó copulando, que es un clásico, o como el de Donald Trump. Después de que hace dos años el presidente estadounidense presumiera del tamaño de su miembro durante un debate republicano, su pene ha marcado tendencias. Prueba de ello es el bulo de la escolta de Trump en moto desfilando en forma de pene, que antes fue la guardia que acompañaba a Putin. Lo cierto es que la imagen que presuntamente atestigua que la escolta de Trump (y Putin) forma un pene para acompañar al coche del presidente está más manipulada que el currículum de algunos políticos. Ahí han copiado y pegado motos a su antojo hasta dibujar un pene.

Pero si de noticias falsas sobre penes se trata, en España parece tener el monopolio una página que no hay semana que no publique alguna información (falsa) cuyo protagonista es un miembro viril. Se trata, una vez más, de Hay Noticia, una web muy de cuñados, que solo publica fake news y ha convertido los penes en su dogma de fe.

Esta página ha convencido en ocasiones a medios supuestamente serios con sus argumentos inventados, y sus patrañosas noticias sobre penes están o han estado en boca de todos. Suya es la noticia falsa del camarero despedido por dibujar penes “en la espuma del café de sus clientes” y la de otro camarero que introdujo su pene en un gin tonic porque le pidieron más pepino.

Pero en su nómina hay muchas más: “Ingresado tras intentar lavarse el pene con legía”, “Ingresado por usar anestesia en el pene para retrasar la eyaculación”, “Le reducen el pene en lugar del estomago por error”, “A Urgencias con la mano pegada por el frío al pene de su novio tras “juguetear” en un parque” o “Expulsado de un McDonald’s por meter el pene en la hamburguesa gritando ‘esto sí que es carne'”.

También hay una página llamada Targetmap, que elabora todo tipo de encuestas raras, donde gustan mucho los penes. Su Mapa mundial del tamaño del pene por países confirma que los franceses tienen el miembro más grande que los españoles. Pero tranquilos, porque la página guarda tanto rigor como el máster de Cifuentes. Lo que está claro es que las historias sobre penes, aunque sean inventadas, tienen su público. Pregúntadle a un cuñado.