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Buzón de Voz

Blog de Jesús Maraña

La ‘Gürtel’ no deja mancha

02 may 2011
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Los Publiscopios sobre las autonómicas del 22-M realizados en el País Valencià y en Madrid ofrecen hasta el momento una conclusión clara: el escándalo de la Gürtel pasa una mínima factura a Francisco Camps y le sale completamente gratis a Esperanza Aguirre. El primero, imputado por cohecho, sigue siendo el líder preferido por la mayoría de los votantes, un 77% de los cuales cree que va a ganar. La segunda preside la comunidad en la que la red corrupta consiguió firmar un mayor número de contratos troceados con la Administración.

La Justicia investiga también los indicios de financiación irregular del PP madrileño a través de Fundescam y de empresas de la Gürtel. Aguirre presume (frente a Camps) de haber cambiado a Don Vito por Don Limpio para no dejar ni rastro de suciedad. Una amplia mayoría, según el Publiscopio de hoy, sigue apoyándola en la presidencia madrileña y nada menos que un 80% pronostica que repetirá mandato. Pese a la influencia que en estos resultados pueden tener las debilidades de los candidatos alternativos, lo cierto es que de confirmarse darían la razón a quienes dentro del PP consideran que los casos de corrupción no perjudican al partido electoralmente. La indiscutible legitimidad de las urnas permitiría por tanto utilizarlas como una especie de lavadoras de cualquier tipo de responsabilidad. El 22-M puede ser un día grande para cierta concepción de la política. No tanto para la salud democrática.

Preston, Child y el profesor de pádel

20 mar 2009

Tengo que ir al médico. A un buen psicólogo. Últimamente, no sé si las cosas más extrañas son normales o las cosas más normales me resultan a mí extrañas. Por ejemplo, voy conduciendo y diviso desde el coche centenares de molinos de viento. No veo gigantes, como le pasaba a Don Quijote. Veo torres de maletines llenos de billetes de 500 euros y alcaldes y concejales atados a las aspas, girando y girando. Y al juez Garzón saliendo de una de las torres rodeado de escoltas, en plan Elliott Ness con gafitas. Atravieso uno de esos páramos sembrados de paneles solares y, en lugar de pensar que tengo que cambiar la calefacción de casa por algún sistema de energía renovable, se me instalan en el coco recibos de la luz manipulados y facturas falsas de kilovatios/hora. Todo esto puede ser por leer muchos periódicos y pocas novelas de caballerías.

Lo peor fue una de estas últimas noches. Daba vueltas en la cama con dos nombres bailándome en el cerebro: Preston, Child; Preston, Child… Habían aparecido aquí, en Público. Preston & Child S.L. Así se llama una empresa del profesor de pádel de Ignacio González, vicepresidente de la Comunidad de Madrid y todopoderoso número dos de Esperanza Aguirre. Jugar al pádel no es una cosa extraña. Por mucho que culpen del invento a Aznar y a Pedrojota, el pádel es un juego entretenidísimo que ya se practicaba a mediados de los ochenta, importado por unos argentinos guapos y morenos. Algunos con coleta. Eso tampoco es extraño.

Cosas normales

Ignacio González también es moreno y lleva una coletita, pero blanca, canosa. Su profesor de pádel no es argentino, sino de por aquí. Se llama Carlos Martín y tiene muchas cualidades. Además de enseñar a jugar al pádel a los clientes de un hotel de lujo de Madrid, monta empresas inmobiliarias y hace cosas que a mí me parecen extrañas pero que –insisto, ¿eh?– a lo mejor son normales. Por ejemplo, el profesor de pádel entra y sale de la sede de la Comunidad para acudir a reuniones con Ignacio González o con altos cargos de alguna consejería. O queda con Jesús Sepúlveda, amigo de Aznar y por entonces alcalde de Pozuelo, para hablar de la explotación de un megapolideportivo. O envía un correo electrónico en el que reprocha a su jefe: “Si hubieras soltado lo que tenías que soltar…”, al hilo de alguna adjudicación en un concurso público. O, lo que ya es el colmo de la normalidad absoluta, el profesor de pádel consigue que la sociedad Ingesport, para la que trabaja, sea una de las 13 afortunadas entre un total de 500.000 empresas para recibir una inversión de 1,3 millones de euros de la Comunidad de Madrid.

Ingesport se dedica a gestionar  instalaciones deportivas y centros de belleza, actividad esta última muy respetable pero que un servidor desconocía que figurase entre las preferencias inversoras del capital público de Madrid. Como uno es calvo y por tanto no tiene canas ni coleta pues no se me había ocurrido que el dinero de todos los contribuyentes se invirtiera en centros de belleza. Pero es que Ingesport “le interesaba al vice”, según dejó escrito Martín.

Total, que venga a darle vueltas a Preston y a Child; a Child y a Preston. Porque Carlos Martín, aparte de jugar al pádel, pasear a su perro boxer, conducir su Porsche Cayenne y conseguir contratos hasta del Ayuntamiento de Ruiz-Gallardón, también tiene Preston & Child, S.L. Antes, las empresas se bautizaban “Fulanito, viuda e hijos” o “Famaztella” (de Familia Aznar Botella). Ahora hay un registro infinito de marcas que uno puede comprar por muy poco dinero. Martín es más original… Preston & Child.

De repente caí. Me acerqué a esa estantería donde se guardan los libros que no se enseñan a las visitas, para que piensen que uno sólo lee a Paul Auster, a Borges, a Joyce y a Javier Marías. Allí estaban: Douglas Preston y Lincoln Child, coautores de al menos once best-seller de misterio. Allí estaba la novela, con los nombres en blanco sobre fondo negro y una horrible calavera. El libro de los muertos, se titula. Nada menos.

Tengo que dejar las pastillas que tomo para dejar de fumar, porque antes no recordaba los sueños y ahora, incluso despierto, sufro pesadillas. ¿Quién estará detrás de Preston & Child?

¡Disuélvanse!

13 mar 2009

Madrid ya no es una ciudad de más de un millón de cadáveres, según las estadísticas que manejaba Dámaso Alonso en su poema de posguerra. La Comunidad de Madrid es hoy un cortijo de más de seis millones de súbditos, o al menos ese es el dibujo que aparentan tener de ella los gobernantes del PP. No cabe otra explicación al fabuloso escándalo que supone la disolución decretada, con publicidad y alevosía, de la comisión de investigación sobre el espionaje político. En total, los trabajos parlamentarios han durado ¡cuatro días!, en su mayor parte dedicados a hablar de la prehistoria y del toro que mató a Manolete. Esperanza Aguirre y sus mariachis no han permitido siquiera que en la Asamblea se escuchen los testimonios de sus propios compañeros espiados, es decir, de las víctimas. O sea, esto es como si un joyero es atracado y la Policía sólo interroga al presunto ladrón y a los tatarabuelos del anterior dueño de la joyería.

La cosa admite pocas bromas, porque lo que retrata en el fondo  (y en la forma) es un desprecio absoluto a la ciudadanía y a los controles imprescindibles en un régimen democrático. Aquí se está jugando algo más que una reyerta entre miembros del mismo partido político. Las fuentes más imparciales y fiables confirman lo que el sentido común ya dejaba intuir: los seguimientos y dossiers detectados en el PP tienen una relación más directa que indirecta con la trama de corrupción destapada por el juez Garzón. Lo cual no quiere decir que el dúo “trigo limpio” formado por Francisco Correa y Alvaro Pérez esté implicado también en el espionaje. La relación entre ambos escándalos radica en lo que mueve los peores instintos del ser humano: la pasta. Los dossiers que han circulado como conclusiones de ciertos seguimientos profesionales (y no de esas persecuciones chapuceras a las que se agarran Aguirre y su consejero Granados) no se centran en líos de faldas ni en asuntos de sexo, por mucho que eso preocupe a algunos personajes que no se pierden una manifestación del Foro de la Familia. La esencia de esas investigaciones apunta a una guerra interna por el manejo de las adjudicaciones de dinero público. Alguien en la dirección del PP madrileño sufrió un ataque de ética política o bien estaba ya muy harto de que siempre fueran los mismos los que decidían los contratos millonarios.

Sin resquicios

La máxima prioridad de Aguirre era dar carpetazo a este asunto sin dejar resquicio a que los testimonios pusieran al descubierto  esa más que probable relación, sin importarle lo más mínimo el escándalo subsiguiente. Tácticas como culpar al mensajero o a la oposición, o presentar querellas contra medios de comunicación no afines, creen en el Gobierno madrileño que son las pócimas adecuadas para adormecer al contribuyente y meter miedo al periodista. O al menos para sembrar la confusión. Sólo se trata de que el votante, cuando comenta el asunto en la cafetería, pronuncie esas terribles sentencias de “al fin y al cabo todos son iguales”, o “¡cualquiera se fía de los periódicos!”. ¡Ojo!, tanto políticos como periodistas (no todos) tenemos la culpa de que esas tonterías se instalen en el colectivo para desgracia de la higiene democrática.

En un par de días se redactarán las conclusiones de este simulacro de comisión de investigación. Se admiten apuestas: ¿Reabrirá Rajoy el expediente interno por muy alucinógeno que sea el dictamen de la mayoría absoluta del grupo parlamentario del PP madrileño? La respuesta es no. Bastante tiene con evitar las salpicaduras del caso Gürtel en su propio entorno.

En el territorio valenciano, Francisco Camps ha venido a emplear similares armas de defensa. Casualmente, Aguirre y Francisco Camps utilizaron los mismos versos atribuidos (sin pruebas) a Bertol Brecht al enfrentarse al estallido de sus respectivos escándalos: “Un día vinieron por mi vecino porque era comunista, como yo no era comunista no hice nada por él. Un día vinieron por mi otro vecino el judío, como yo no era…” O sea, las víctimas son ellos. A la vista de la falta de pudor con la que ambos han despreciado las funciones del Parlamento y de la prensa libre y la inteligencia de los ciudadanos, les podría resultar más útil lo que Brecht escribió en 1953, con motivo de algunos levantamientos populares en Berlín: “El pueblo ha perdido la confianza del gobierno. ¿No sería más sencillo, en estas circunstancias, que el gobierno disolviera al pueblo y eligiera a otro?”

«¡Mire cómo tiemblo!»

06 feb 2009

La comisión de investigación sobre las tramas de espionaje en la Comunidad de Madrid ya ha iniciado su andadura hacia ninguna parte. El pasado jueves, la portavoz de Izquierda Unida, Inés Sabanés, reprochó con absoluta claridad a Esperanza Aguirre en el pleno de la Asamblea el hecho de que pretenda limitar las pesquisas parlamentarias a un simple juego de espías sin trasfondo político. Apuntó certera hacia lo verdaderamente importante: el Gobierno del PP en Madrid debe aclarar no sólo quién y con qué dinero se ha dedicado a espiar al prójimo, sino por qué y para qué lo ha hecho. ¿Contienen los ya famosos dossiers indicios de corrupción que apuntan a lo más alto del PP madrileño y del gobierno autonómico? Esperanza Aguirre levantó la mano, interrumpió el discurso de Sabanés y espetó un sonoro «¡mire cómo tiemblo!».

Efectivamente, la dama más liberal de las filas del PP no teme en absoluto los resultados de una comisión de investigación que está presidida por un diputado del PP y cuya secretaria será nada menos que Gádor Ongil, ex consejera del gobierno de Aguirre y estrechamente relacionada con otro nombre clave en la compleja red del PP de Madrid, Mario Mingo, médico de Aznar y especialista en poner y quitar alcaldes en esa zona noroeste de la comunidad que ayer mismo el juez Garzón empezó a peinar con el objetivo de aclarar las oscuras relaciones entre determinados constructores y ciertos personajes (¡oh, sorpresa!), también vinculados al PP.

Esperanza Aguirre temblaría un poco más si hubiera aceptado el mínimo gesto de higiene democrática de formar una comisión presidida por un representante de otro partido, como es costumbre en el Congreso de los Diputados. Pero, claro, si esa comisión no tuviera mayoría absoluta del PP y estuviera presidida, por ejemplo, por Inés Sabanés (como proponían PSOE e IU), a lo mejor pondría la lupa en todas y cada una de las decisiones tomadas por el todopoderoso vicepresidente de la Comunidad, Ignacio González, cuya habilidad para conceder adjudicaciones millonarias a empresas relacionadas con amigos y parientes es impresionante.

Prepotencia infinita

Ignacio González, mano derecha e izquierda de Aguirre desde hace años, tampoco tiembla. Es más, está muy acostumbrado a hacer temblar a los demás. Ahora se dedica a enviar burofax a los medios que han publicado datos sobre esas sospechosas adjudicaciones amenazando al mensajero con todos los infiernos judiciales si se atreve a seguir desvelando las exitosas aventuras económicas de algunos familiares. Utiliza para ello a uno de los bufetes de abogados más caros de España en el que (¡oh, sorpresa!) también trabaja una cuñada del propio González. Confunde con absoluto desparpajo el derecho a la intimidad de sus parientes con el derecho de los ciudadanos a conocer cualquier información relacionada con el manejo que los servidores públicos hacen del dinero de los contribuyentes. González no tiembla porque lleva años dirigiendo todos los hilos de la política madrileña mientras su jefa, Esperanza Aguirre, se entretiene en disputar a Ruiz-Gallardón la sucesión de Mariano Rajoy. González y Aguirre se aportan mutuamente una tranquilidad absoluta, porque comparten la satisfacción de haber convertido Madrid en un cafetal dirigido con mano de hierro bajo guante liberal. Yo pongo aquí a mi prima y tú le puedes dar esa concesión al socio de tu cuñado. Si el nepotismo, la prepotencia y la sensación de impunidad se perpetúan en el tiempo, llega un momento en el que uno llega a convencerse de que no hay límite, incluso puede creer que esa es la forma más eficaz de hacer política.

Como apuntaba Torres Mora en estas mismas páginas hace unos días, no se espían unos a otros para averiguar qué hacen, sino “porque se conocen demasiado bien”. Después de las extrañas y casi olvidadas visitas de Montserrat Corulla al Ayuntamiento de Gallardón, alguien en la Puerta del Sol pensó que merecía la pena vigilar al adversario.

Lo que hasta el momento se conoce públicamente de la trama de espionaje es una broma si se compara con lo que queda por demostrar y con lo que quizás sea el objetivo del siempre oportuno u oportunista juez Garzón: Madrid no es un cortijo. El PP no puede escudarse en el cinismo del “hoy por ti, mañana por mí”. No todos son iguales. El “¡mire cómo tiemblo!” de Esperanza Aguirre suena a impunidad y a prepotencia.

Todo por la pasta

01 feb 2009
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El malvado César González Ruano solía decir de la familia Sánchez Mazas: “En esa casa, todos hablan mal de todos y todos tienen razón”. Hace ya tiempo que en el Partido Popular ocurre lo mismo, con la diferencia de que unos cuantos no se han conformado con hablar mal de los demás. Han empleado fondos públicos o del propio partido para espiar a los contrincantes. ¿Con qué objetivo?

Hay medios de información y altos cargos de la derecha empeñados en limitar el escándalo a una trifulca de poder político interno entre Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón, con el objetivo de eliminar al otro en la carrera por la sucesión de un Mariano Rajoy al que todo dios da por finiquitado. ¿Acaso buscaban en sus seguimientos y grabaciones ilegales demostrar una traición a los principios del liberalismo conservador?

Al fondo de todo el entramado, se divisa más bien otro fundamento: la pasta. Ignacio González, vicepresidente de la Comunidad de Madrid, (Nachete para los amigos), es el Rasputín de Aguirre, el hombre que lo mismo negocia la concesión de licencias de televisión digital que la construcción de un polideportivo en la periferia de Madrid. Acostumbrado a actuar como el dueño de un cafetal, le importa un comino firmar adjudicaciones a una empresa participada por un socio de su hermano y de su cuñado.

Aunque sólo fuera por una cuestión de higiene democrática, va siendo hora de que alguien frene el pestilente intento del PP de matar al mensajero.

La Fiscalía Anticorrupción tiene la obligación de no perderse en el ejercicio de la confusión política, mediática y crematística. Hay datos sobrados para iniciar una investigación judicial que no dependa, por cierto, de un Tribunal Superior de Justicia de Madrid, al que también alcanza la mágica mano del ínclito Nachete.

Producciones Aguirre

08 oct 2008
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Esperanza Aguirre acaba de “destapar” que cuatro sindicalistas liberados se dedican a protestar. Esta exclusiva de carácter mundial ha costado un esfuerzo ímprobo, pero merecía la pena. Aunque sea a costa de saltarse a la torera el derecho a la intimidad o el de libertad sindical. El vídeo difundido por la Comunidad de Madrid demuestra que las manifestaciones contra su gestión de la sanidad pública no están organizadas por islamistas radicales, narcotraficantes ociosos o banderilleros en paro, sino, ¡oiga!, por sindicalistas representantes del colectivo sanitario. ¿Cómo es posible, por Dios, que sindicalistas sanitarios se dediquen a protestar contra el consejero de Sanidad?

Los liberados sindicales de la sanidad madrileña tienen mucho que aprender de otros funcionarios a las órdenes de Esperanza Aguirre. En lugar de cumplir sus funciones públicas correspondientes, estos últimos ocupan su tiempo en asuntos importantes de verdad, como hurgar en los archivos de personal, grabar vídeos de manifestantes, pintar flechas rojas sobre sus cabezas y difundirlos.

Esperanza Aguirre no puede abandonar ya este innovador servicio público que acaba de inaugurar. Debe crear un Departamento de Producciones Audiovisuales de la Comunidad de Madrid, mucho más barato para los contribuyentes que la última película de Garci.

Ahí va una sugerencia: envíe una cámara a cualquier centro de salud –por ejemplo, el de Carabanchel– y que retrate cómo los médicos de atención primaria se ven obligados por orden de su Consejería de Sanidad a efectuar los controles de sintron que hasta hace poco solo podían hacer los hematólogos. O el “taller” convocado para enseñar a esos mismos médicos en unas horas a realizar eco-doppler, hasta ahora especialidad de cirujanos cardiovasculares.

Difunda la verdad sobre ese gran modelo sanitario que esta panda de rojos sindicalistas no entiende.

La rima que busca Esperanza

27 jun 2008

Aquí ni dios lee poesía, pero a todos les ha dado últimamente por la lírica. Esperanza Aguirre se apropia irónicamente de la definición de “verso suelto” del PP que en su día acuñó para sí mismo Ruiz-Gallardón. Rajoy hace rimar Gallardón con “ambición” y con “ilusión”, y a José María Aznar con “no estar”. Góngora y Quevedo le echaban más talento a la hora de cruzarse varapalos en verso, pero tampoco se puede exigir a los políticos un ingenio literario por el que no se les paga. A Rajoy se le ha insistido para que analice la última jugada de Esperanza Aguirre en el Gobierno de la Comunidad de Madrid. Ya en prosa, el reelegido presidente del PP ha contestado que lo único que interesa estos días en España es lo que haga nuestra selección en la Eurocopa. Y no le falta razón. Ya quisieran Rajoy o Zapatero captar a 17 millones de telespectadores en un debate parlamentario, pero tendrán que conformarse con una audiencia cada día más similar a la de la poesía.

Una vez que salgamos de la feliz resaca futbolera, Rajoy no tendrá más remedio que seguir haciendo rimas en el calvario de la oposición. Porque el último golpe de efecto de Esperanza Aguirre supone el más evidente aviso de que la crisis en el PP no está cerrada tras el congreso de Valencia. Es cierto que el cambio de Gobierno lo tenía decidido desde hace casi dos meses. Había consejeros con menos notoriedad pública que algunos ganadores de juegos florales. Pero también es evidente que Aguirre ha aprovechado esos cambios para liquidar a aquellos consejeros que ya no son de su confianza. Al lector de Málaga o de Castelldefels le importará una higa lo que Aguirre decida sobre el Ejecutivo madrileño, pero debe saber que esas decisiones tienen mucho que ver con los destinos del principal partido de la oposición en toda España.

La lideresa no ha cometido el error de despedir simplemente a los que apoyaron a Rajoy en Valencia o aceptaron formar parte de la nueva dirección del partido. Eso sería una pura vendetta. Dicen en su entorno que Esperanza rima con “confianza”. Ha querido que el mensaje recibido por la dirección fuera un poco más sutil y directamente relacionado con la lealtad y con la alta política.
Por un lado, Aguirre ha diferenciado entre quienes le consultaron previamente qué debían hacer en el caso de que Rajoy les ofreciera sumarse a los órganos de dirección y quienes lisa y llanamente la “traicionaron”. En esta última especie se ubica sobre todo el vicepresidente cesado, Alfredo Prada, adversario declarado de Ignacio González –el otro y ya único vicepresidente y mano derecha de Aguirre–. Prada se sumó al cambio impulsado por Rajoy sin haber informado siquiera a su jefa. Hechos consumados. El otro peso pesado, Manuel Lamela, conocido en toda España por su persecución a los médicos del Hospital de Leganés entre otras gestiones disparatadas, no actuó con deslealtad y ha sido premiado con un sillón en Caja Madrid.

De modo que el primer mensaje para Rajoy consiste en que la Comunidad de Madrid es la Numancia del PP. No es lo mismo ser crítico como diputado raso que ejercer la divergencia con un boletín oficial en la mano, un presupuesto multimillonario,  cámaras de televisión disponibles y un cargo que presupone aparecer a menudo a la izquierda del rey y a la derecha del presidente del Gobierno. Ese presupuesto permitió en 2004 recolocar a un montón de gente del PP que se quedó en el paro tras la derrota electoral del 14-M. Si lo hubieran aceptado, Juan Costa y Manuel Pizarro podrían pertenecer hoy también a ese castillo de las esencias liberales en el que se ha convertido el Ejecutivo de la Comunidad de Madrid.

Liderazgos paralelos

El segundo mensaje trasciende las rencillas internas del partido sobre los órganos de dirección. Anteayer, cuando Aguirre explicó los cambios, intentó justificarlos –sin ningún éxito– como una medida coherente con la austeridad necesaria en tiempos de crisis. De hecho se colocó a sí misma como ejemplo de lo que debería hacer Zapatero. O sea, ejerció lo que pretende: un liderazgo paralelo al de Mariano Rajoy.

De modo que, una vez que superemos el ataque colectivo de orgullo nacional por la Eurocopa, Aguirre procurará no desperdiciar una sola oportunidad de aparecer como referencia en la oposición al PSOE. Tiene previsto hablar poco o nada, ni en verso ni en prosa, sobre las interioridades del PP. Pero se despachará a menudo sobre la política económica, la inmigración, la sanidad o el terrorismo. Mientras Rajoy tendrá que ir superando una tras otra las pruebas electorales, la lideresa observará el panorama desde su privilegiada atalaya y rodeada de fieles.

Aguirre y la resignación

11 abr 2008

Ahora que de casi todo hace doscientos años, y que la guerra antifrancesa parece ser la madre de todas las virtudes nacionales, Esperanza Aguirre ha lanzado su discurso liberal como armamento ideológico de un ejército dispuesto a dar la batalla del liderazgo en el carajal interno de la derecha. No se le ocurrió mejor fecha para tal menester que la mismísima víspera del debate de investidura, cosa que en el PSOE le agradecen, porque lo normal habría sido que todos los focos estuvieran puestos esta semana en José Luis Rodríguez Zapatero, primer presidente democrático que accede al cargo en segunda votación sin un golpe de Estado por medio. Aguirre convirtió la semana en una cruz de navajas entre barones y fontaneros del Partido Popular. Todo muy entretenido. Pista al artista y, mientras tanto, Zapatero dedicado a cuadrar una formación de Gobierno más compleja que el recorrido de la antorcha olímpica.

Sostiene doña Esperanza que su intención es abrir un debate ideológico, colocar un pan de miga donde sólo parece haber tortas. Le llueven críticas cargadas de topicazos: que si es una soberbia, que si se mueve por una ambición desmedida. ¡Qué novedad! Ambiciones en política. Como si Gallardón o Camps se movieran por impulsos extrasensoriales. De hecho, uno de los mayores defectos de Mariano Rajoy es seguramente su aparente falta de ambición, como si cada tres horas el cuerpo le pidiera fumarse un puro y regresar al registro de la propiedad. Para movilizar al personal hay que transmitir pasión en lo que uno hace. Y no se puede negar que Aguirre le echa pasión al empeño. Si además se trata de competir con su íntimo enemigo Gallardón, entonces doña Esperanza no sólo pone pasión, sino instinto criminal.

«No me resigno»

El lunes pasado, la presidenta desgranó un “no me resigno” que pretendía hilvanar un discurso ideológico y también, meter el susto en el cuerpo al debilitado líder y a su entorno. “No tengo intención de competir por la presidencia del PP, pero si cambio de opinión, tú, Mariano, serás el primero en saberlo”. Música de Psicosis. Los cuchillos habían empezado a volar la misma noche del 9 de marzo, con aquel gesto de Elvira, la esposa de Rajoy, que todos interpretaron como un “vámonos a casa, Mariano, y olvídate ya de la política”. Pero el acto del lunes fue la confirmación de una amenaza. Si Pedro Arriola, el eterno gurú de don Mariano, confiaba en tener todo atado y bien atado, de nuevo equivocó el pronóstico.

Lo cual no significa que Aguirre tenga como único objetivo disputar el liderazgo en junio. Sus huestes interpretan la sorprendente continuidad de Rajoy como una operación en la que el propio líder se ha dejado enredar de modo transitorio. Se trataría, precisamente, de cortar el paso acelerado de doña Esperanza desde la misma derrota del 9-M, afrontar una especie de travesía del desierto durante dos o tres años y, hacia principios de 2011, los mismos que ahora sostienen a Rajoy en las alturas le pedirían que diera el relevo a una candidatura con más punch, un ticket formado, por ejemplo, por Camps y Gallardón. Esa es la conjura arriolista que sospechan desde las trincheras de la Comunidad de Madrid.

Los estatutos del PP exigen un 20% de los compromisarios de un congreso para poder presentar una candidatura, y Aguirre no cuenta con esos votos. Sin embargo, tiene a su favor una eficaz artillería. Prácticamente toda la derecha mediática se ha liado a dentelladas con Rajoy
al tiempo que canta loas interminables a doña Esperanza. Hoy das una patada en Madrid y salen quinientos mil genuinos liberales, algunos además agradecidísimos a la presidenta por las arbitrarias concesiones de licencias de televisión digital y otros negocios paralelos. Por no citar la televisión autonómica, al servicio absoluto de la señora.

De modo que, se presente o no al congreso de junio, doña Esperanza ha conseguido ya uno de sus principales objetivos: convertirse en la única referencia de peso en el PP como alternativa a Rajoy o a cualquier tapado que pueda asomar en el futuro. Entre tanto, se dedica a vender un armazón ideológico inspirado en el Camino de servidumbre de Friedrich A. Hayek, libro que doña Esperanza regala a amigos y enemigos por Navidad, convencida de que esa respuesta escrita en 1944 contra el nazismo y el colectivismo sigue vigente en el siglo XXI. Y, para entretener la espera, se dedicará a conmemorar el 200 aniversario de la Guerra de la Independencia y a reivindicar la etapa liberal del siglo XIX, cuando, por cierto, la derecha española era otro carajal en el que se atizaban sin compasión los moderados, los puritanos, los cangrejos, los realistas y los militares del espadón. ¡Vaya tropa!

Guateque para dos

17 nov 2007

La escena es perfectamente imaginable. Mañana domingo, a las doce del mediodía, Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón suben al escenario del pabellón Madrid Arena como teloneros del líder, Mariano Rajoy, en la clausura de la Conferencia Política del Partido Popular. Y en lugar de ceñirse al guión previsto, les da un ataque de sinceridad ante el micrófono. Entonces podríamos escuchar un par de lindezas al estilo de las que se dedicaban lady Astor y Winston Churchill en los años treinta. La diputada conservadora le gritó un buen día en el Parlamento al primer ministro: “¡Si yo fuera su mujer le pondría arsénico en el café!”. A lo que él, con sus mofletes sonrientes color coñac, respondió: “¡Si yo fuese su marido, me lo bebería!” .

No puede disimular Esperanza Aguirre el regocijo que circula por sus liberales venas cada vez que ve a su íntimo adversario Alberto Ruiz-Gallardón metido en un charco. Y el escándalo de corrupción destapado esta semana en el Ayuntamiento madrileño no es un charco pequeño, más bien un pantano de aquellos que inauguraba su suegro, Utrera Molina, acompañando a Franco para salir en el Nodo.

Porque alguien, ingenuamente, podría pensar que no es para tanto. Visto lo de Marbella, parece poca cosa una trama de funcionarios del Ayuntamiento, técnicos, abogados y arquitectos dedicados a cobrar comisiones por acelerar o atascar licencias de apertura, reapertura o reforma de locales de copas. Tres mil euros por aquí, 18.000 por allá… Si alguno se resiste, se le envía cada noche una patrulla bien escogida de la Policía Municipal a incordiar. Una actividad de aromas sicilianos, pero… ¿qué es eso en comparación con la Operación Malaya de los Roca, los Muñoz, los trampantojos y las Corullas? Calderilla.

Pues no pinta tan minúsculo el asunto. Más bien al contrario. Ruiz-Gallardón, sin duda uno de los políticos con mejor cabeza del lado diestro del paisaje, superó hace unos meses con astucia (y con la inestimable ayuda de un torpe Miguel Sebastián),  la pestilenta historia de las visitas de Montserrat Corulla a determinados funcionarios del consistorio capitalino. Esta matahari de las finanzas se movía por los despachos y por los restaurantes de lujo con la soltura de la Pantoja en los tablaos. El caso es que Gallardón no es que saliera impoluto de aquel asalto, sino que incluso salió reforzado.

Ahora lo tiene un poco más difícil. La Operación Guateque (ni a Rubalcaba se le habría ocurrido bautizar con tan mala leche un caso relacionado con Gallardón) tiene consecuencias políticas por mucho que el alcalde se empeñe en negarlas. Hasta donde sabemos a día de hoy, es cierto que el Ayuntamiento ha colaborado en la investigación de la trama de corrupción. Pero esta banda no llevaba cuatro meses actuando, sino años. Va oliendo a ladrillo, más que a bar de copas. Y, en cualquier caso, existe algo que Gallardón, número uno en sus oposiciones a fiscal, conoce perfectamente: la responsabilidad in vigilando. El mayor compromiso de un cargo político es el servicio público, el estricto cumplimiento de la ley y la defensa de los derechos y el bienestar de quienes lo han elegido. Si desde su puesto de mando no se entera de algo así, obviamente tiene por debajo concejales y altos cargos municipales nombrados a dedo con la obligación de enterarse, de no mirar para otro lado y de cortar la mano que toque la caja. Las prisas de Gallardón en negar cualquier responsabilidad política no tienen pase. Anunciar que el Ayuntamiento se presenta en el proceso como acusación particular o aceptar una comisión de investigación “cuando se levante el secreto del sumario” son medidas de puro marketing, pero difícilmente van a colar.

Llegó la hora

Todo el mundo sabe (y Gallardón no lo oculta) que en el PP hay una larga lista de espera de voluntarios para partirle la crisma políticamente en cuanto se vea obligado a doblar la cerviz. Y alguien ha enviado invitaciones para este siniestro guateque en el peor momento posible. A dos meses escasos de la presentación de las listas electorales del PP, donde insiste en figurar lo más cerca posible de Mariano Rajoy. Lo más cerca posible, por tanto, del vacío que deje Rajoy en el supuesto de que salga derrotado. Para ese hueco hay más bultos, y la fina estampa de Esperanza Aguirre no es precisamente el que menos se mueve en la misma dirección. La semana anterior, era Gallardón el que reía (“¿de verdad ha dicho eso?”) cuando Aguirre presumía de ser considerada “lideresa” en el PP.  Ahora le toca a ella.

Mañana, al mediodía, ambos apostarán por el triunfo y escoltarán a Mariano Rajoy en la traca final de la convención. Quizás salte alguna sorpresa. Lo seguro, seguro, es que no habrá guateque de domingo por la tarde.