Publicidad

Buzón de Voz

Blog de Jesús Maraña

La niña del exorcista aún tiene futuro

29 feb 2008

A los cuatro días de su nacimiento, la niña del alegato final de Mariano Rajoy en su primer debate con Zapatero ya reina en YouTube y en los teléfonos móviles. Recibe mil apodos, desde Rajoydi hasta Esperanza pasando por la niña del exorcista. No es seguro que el padre de la criatura haya sido Pedro Arriola, gurú demoscópico del PP, o Antonio Solá, asesor personal de Rajoy. O los dos juntos, porque la historia guarda muchas semejanzas con otras dos: la que incluyó el candidato demócrata norteamericano Barak Obama en su ya célebre discurso de New Hampshire, y un spot electoral de Cristina Fernández de Kirchner durante la campaña que la llevó el año pasado a la presidencia de Argentina. Obama hablaba de “las esperanzas de la niña que va a una escuela que se cae a pedazos en Dilon” y doña Cristina narraba el nacimiento y evolución de Dolores Argentina, una pequeña que llega al mundo durante la peor crisis económica de ese país, en 2001, y va observando cómo a lo largo de su niñez se van resolviendo todos los problemas gracias a la gestión de Néstor Kirchner, el marido de la susodicha.

Ya no sorprende que el PP haya bebido de diversas fuentes para alumbrar ese tragicómico relato en el que su candidato, mirando a la vez a los papeles, a la cámara y a un reloj colgado a su izquierda, dice que quiere que esa niña nacida en España “tenga una familia, una vivienda y unos padres con trabajo. Que se pueda pasear por todo el mundo sin complejos, porque sabrá idiomas…”. Y no extrañan las semejanzas porque también han copiado propuestas de Sarkozy y de Merkel y hasta vídeos mexicanos. Lo que se llama un talento natural para la originalidad en el marketing político.

De miedo

Sin embargo, en el contexto del primer cara a cara entre Zapatero y Rajoy, parece más adecuado el paralelismo con aquel terrorífico personaje interpretado por Linda Blair en El exorcista. De la película dirigida en 1973 por William Friedkin, nominada a diez Oscar y basada en hechos reales, todos tenemos grabada en nuestro disco duro de la memoria la escena en la que la niña Regan, presuntamente poseída por el diablo, hace girar su cabeza como una peonza al margen del resto del cuerpo, con los ojos inyectados en sangre, brazos y piernas temblando espasmódicamente… Vamos, un horror absoluto. Como absoluto era el suspiro de toda la sala cuando la niña se quedaba ya tranquila y cada miembro del cuerpo regresaba a su posición natural. Así de relajado se quedaría un espectador poco avisado después de ver a Rajoy acusando a Zapatero durante hora y media de todos los males que en España han sido, incluso de algunos otros en el extranjero. La historia de la afortunada niña permitía irse a la cama con la idea de que el demonio había sido por fin expulsado del plató.

En el PP, consideran que el debate fue un éxito, a pesar de que esos noventa minutos fulminaran los tímidos intentos de Rajoy en los primeros días de campaña por aparecer como un líder moderado y centrista. El lunes, Rajoy salió a ganar pertrechado con el mismo armamento que ha utilizado durante toda la legislatura. En el PSOE, reconocen que Zapatero debió mostrarse más contundente en las respuestas, pero también confían en los sondeos que auguran una alta participación y una tendencia al alza del voto útil en la izquierda.

Lo cierto es que los mítines han perdido interés y la campaña gira casi exclusivamente en torno a los debates. Nadie cree que hagan cambiar el voto, pero sirven para algo fundamental: reforzar o dilapidar la credibilidad de un candidato ante los indecisos o los perezosos. El próximo lunes, Rajoy está obligado a compensar los excesos del debate anterior y a comportarse como hombre de Estado, capaz de plantear propuestas de futuro. Esta vez, será Zapatero quien abra cada bloque de contenido, y por tanto puede marcar la iniciativa en el tono y los asuntos concretos. Rajoy cerrará el debate sin  variar el fondo de su mensaje: “Yo o el caos”.

Las películas basadas en hechos reales suelen fallar precisamente en la exageración absoluta de lo ficticio. Ese truco sólo da resultados en el género de terror. Y los ciudadanos, ante un aluvión de malos augurios, tienden a hacerse algunas preguntas sencillas: ¿pero yo vivo mejor o peor ahora que hace cuatro años? ¿Y este candidato me inspira confianza o no? Sus propias respuestas influyen mucho más en el voto que un mareo de cifras mejor o peor maquilladas. La mayoría de los ciudadanos vota, como proclama el PP, con cabeza y corazón, y en los momentos más trascendentales que hemos vivido en democracia la gente ha votado con todas sus fuerzas, como sostiene el PSOE, y con toneladas de sentido común. La niña del exorcista puede dormir tranquila. Aún tiene futuro.

Penúltima versión del 11-M

03 nov 2007

Lo que usted va a leer a continuación es un resumen del amplio análisis trasladado por un ex agente del CNI al arriba firmante en abril de 2006. Se omiten algunas fechas, datos y, sobre todo, nombres propios de funcionarios y cargos políticos por respeto a su
buena imagen.

 
“Tanto los asesores demoscópicos del Partido Popular como los del PSOE afirman que, a dos semanas de las elecciones del 14 de marzo de 2004, sus sondeos pronosticaban una mínima diferencia de votos entre las dos opciones (los datos que se manejaban en las sedes de los dos partidos situaban ese margen en torno a 1,5 ó 2 puntos a favor o en contra).
Para esa fecha, el PP lleva ocho años en el poder, con una gestión económica exitosa y una política antiterrorista propuesta por el PSOE, asumida por el Gobierno y cuyo principal logro se supone que es haber puesto contra las cuerdas a ETA. ¿Qué falta entonces para garantizar un resultado electoral ampliamente favorable al partido gobernante? Un atentado terrorista etarra en fechas previas a la cita electoral. Todo el mundo sabe que cuando se produce una conmoción nacional provocada por el terrorismo, la inmensa mayoría de la gente de bien se pone del lado del Gobierno, más aún cuando ha demostrado una gestión eficaz para acabar con ETA.

Algunos responsables de las Fuerzas de Seguridad, nombrados por el Gobierno del PP y de su absoluta confianza, tienen controlados a una serie de moritos camellos, delincuentes comunes, confidentes de las propias Fuerzas de Seguridad que, por un puñado de euros, drogas o a cambio de no ser expulsados directamente a las cárceles marroquíes, son capaces de ejecutar cualquier encargo de sus jefes. ETA ha intentado meses antes trasladar explosivos a Madrid para organizar un atentado precisamente en la zona sur industrial. A punto estuvo también de cometer un atentado con mochilas-bomba en trenes durante la Navidad anterior.

El encargo

Como es evidente que no se puede esperar un gran atentado de ETA (acorralada y a punto de firmar la rendición), nada más fácil que usar a una panda de incautos, percebes y confidentes de la Policía y la Guardia Civil para cumplir un encarguito. Se colocan las bombas y, una vez estalladas, es fácil argumentar con los antecedentes citados que la autoría es de ETA. En ningún caso se espera que la potencia de las bombas y el número de víctimas ascienda al que finalmente se produjo. En operaciones criminales y mafiosas, una vez que la maquinaria se pone en marcha, es casi imposible controlar su desarrollo hasta las últimas consecuencias.

La cooperación desde arriba explicaría perfectamente el hecho de que la furgoneta cargada de explosivos que viajó desde Asturias fuera detenida tres veces en la carretera sin que los agentes comprobaran su contenido. Y explicaría también por qué algunas pistas encontradas posteriormente (Skoda Favia, tarjeta de un empresario ultraderechista en el salpicadero de la Renault Kangoo, muestras sobre distintos explosivos presuntamente utilizados, una mochila que primero no estaba pero que luego sí y que fue paseada por medio Madrid…) sólo se entienden desde la óptica de la descoordinación entre servicios de seguridad implicados y desde la chapuza de los errores humanos.

Pedro Arriola, gurú electoral del PP, le dijo a Mariano Rajoy el mismo 11 de marzo: “Si ha sido ETA, tenemos mayoría absoluta; si han sido los islamistas, estamos jodidos”. Al  margen del cálculo electoral, sólo la seguridad de algunos altos cargos de que se está cumpliendo un plan previamente trazado explicaría el empeño del Gobierno de Aznar desde el primer minuto hasta el último de culpar a ETA cuando todos los servicios de información extranjeros (desde la CIA hasta el Mossad, pasando por el rey de Arabia Saudí, el de Jordania o el hermano marroquí) avisan desde la misma tarde del 11-M de la implicación de islamistas en la masacre.

La filtración

Esta hipótesis encaja incluso con la de quienes alimentan la contraria. Efectivamente, después de catorce años de gobierno socialista y de experiencia en la lucha antiterrorista (incluyendo a los GAL), a algunos sectores del PSOE les quedan fuentes en la Policía y la Guardia Civil de suficiente confianza para que les avisen de lo que está ocurriendo. Y lo que está ocurriendo es que el Gobierno del PP tiene decidido que los atentados son obra de ETA (a pesar de que ETA niegue cualquier relación con la masacre y a pesar de que por la tarde ya ha aparecido la Renault Kangoo), de modo que no hace falta ni convocar a los líderes de los demás partidos para hacer frente común, ni pactar el eslogan de la manifestación del 12-M ni nada de nada. “Nosotros somos el Gobierno legítimo, atacados por una banda terrorista con la que vamos a acabar definitivamente y los españoles nos respaldarán para conseguirlo”.

En el PSOE, avisados por sus fuentes policiales de la realidad de lo que ocurre y de las primeras pistas de la investigación, filtran a todo el mundo las mentiras del Gobierno. Y circulan los SMS, los emails y las exigencias públicas de que se cuente “toda la verdad”.

Una vez producido el resultado del 14-M, lo importante para quienes ven frustrados sus planes es borrar todas las pistas posibles de la conspiración. Así que, sabiendo que los principales ejecutores de los atentados se esconden el 3 de abril en un piso de Leganés vigilado por la Policía, se decide eliminarlos para que no puedan contar el origen real de los atentados. Si no hay testigos directos que puedan dar su versión, no habrá modo de saber realmente lo que ocurrió”.
(Esta versión de lo ocurrido el 11 de marzo de 2004 responde a una lógica tan disparatada como tantas que se han sostenido durante los últimos tres años y cuya falsedad ha quedado evidenciada en la sentencia. El receptor del análisis realizó gestiones suficientes para comprobar que el conjunto de la tesis era exactamente eso: un dislate. Otra pura falsedad. Conocido el fallo, y ante el interés expresado por dirigentes del PP y por algunos medios en “seguir investigando hasta descubrir toda la verdad del 11-M” y a sus “autores intelectuales”, parece moralmente obligado compartir este disparate con el único fin de que no pueda quedar el más mínimo cabo suelto. “Queremos saber”.)