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Buzón de Voz

Blog de Jesús Maraña

Hipotésis malévolas pero no imposibles

26 sep 2009
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Aunque parezca mentira, aún quedan voces independientes en la sede nacional del Partido Popular. Una de ellas trasladaba al mediodía de ayer el siguiente mensaje a este buzón de voz: “Ojalá todo lo que nos está pasando responda a una maquiavélica estrategia de afianzamiento en el poder ideada por Mariano o por alguno de sus asesores”. ¿Ehhh? Al parecer, las últimas charlas telefónicas mantenidas por Rajoy con Francisco Camps han sido de todo menos amigables. Esa misma voz jura sobre el bigote de Aznar que el PP de Valencia había ocultado al presidente del partido la existencia de un informe policial que detalla las pruebas de la presunta financiación ilegal a través de las empresas de la trama Gürtel. ¿Ehhh? Cuesta más creer en esta hipótesis que en la resurrección de Lázaro.

Pero la voz continúa: “Ese informe llegó al Tribunal Superior de Valencia el 31 de julio, cuando su presidente, Juan Luis de la Rúa, ya había decidido anunciar tres días después el archivo del escándalo de los trajes. Las pruebas de una posible red de financiación ilegal del PP valenciano se devolvían a Madrid prácticamente sin desenvolver, como si no existieran”. O sea, se trataba de reenviar a Madrid el muerto de la Gürtel. “Total, por cuatro trajes…”. ¿Qué importaba que en el propio auto de exculpación de Camps quedase claro que el honorable presidente de la Generalitat hubiera mentido en sede parlamentaria y en sede judicial? Eso ya es cosa de la política, que acostumbra a jugar con la desmemoria colectiva. Lo importante era que el escándalo no salpicara a las finanzas del partido. Camps, Ricardo Costa y compañía, con la inestimable ayuda del amigo De la Rúa, situaban el problema de nuevo en el tejado de la mismísima sede nacional de la madrileña calle Génova. Eran Rajoy y su equipo de confianza quienes debían dar explicaciones de las aventuras crematísticas del tesorero del PP, Luis Bárcenas.

Es cierto que Rajoy, contra su costumbre diletante de “echar una pensada” a cada movimiento, no perdió un minuto tras el archivo de la causa de los famosos trajes. Anunció públicamente que Camps, Esperanza Aguirre y Ruiz-Gallardón repetirían como candidatos en sus territorios respectivos en las futuras elecciones autonómicas y municipales. ¡Qué curioso! Los tres nombres más coreados como posibles alternativas al propio Rajoy para encabezar la candidatura a la presidencia del Gobierno en las elecciones generales de 2012 quedaban amarrados a los mismos sillones que hoy ocupan. Los tres aludidos agradecieron entonces la confianza del líder. ¡Qué remedio!

Candidatos marcados

Por increíble que parezca, la hipótesis no resulta descabellada. Eso sí, siempre que el análisis parta de la base de que al PP le importan un bledo la higiene democrática, la separación de poderes o el respeto al electorado. Hasta el momento, la única rama del caso Gürtel que afecta directa y personalmente a Rajoy es la que protagoniza Luis Bárcenas, nombrado tesorero por el propio presidente del PP. Los otros brazos del pulpo manejado por Francisco Correa y El Bigotes ahogan fundamentalmente a Francisco Camps y al equipo de Esperanza Aguirre. Para tapar lo de Bárcenas, se ideó la surrealista historia del espionaje telefónico al PP, lanzada por De Cospedal sin la menor prueba. Pero ha funcionado durante dos meses. Hasta el punto de que ahora Camps, Costa y todo el califato de Valencia han aplicado la misma medicina: “Ese informe es falso y ha sido instigado por Rubalcaba”. Y anuncian una querella “contra la Policía Nacional”, que equivale a querellarse contra el G-20 o contra los Cien Mil Hijos de San Luis.

Lo cierto es que hace poco más de un año Rajoy salió elegido con alfileres de un congreso del partido que no daba un euro por su liderazgo. Hoy, dos de los tres aspirantes a quitarle la silla están marcados por escándalos de corrupción. Y Gallardón sigue a la espera, como siempre. Presto a ser número dos por si el uno revienta.

La misma voz de la calle Génova insinúa otra maldad: “¿Qué mejor contrincante para Zapatero que un Rajoy incapaz en una sola encuesta de ganar puntos entre su propio electorado?”. Lo cual explicaría esa paciencia infinita del Gobierno ante calumnias del tamaño de la Malvarrosa.

Los tienen cuadrados (los argumentarios)

30 may 2009
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Los tienen cuadrados, sí, pero se equivoca quien piense que se trata de una improvisación o un ataque de indignación democrática. Los estrategas del Partido Popular no se fían de que la recesión económica y el paro sean motivos suficientes para una victoria contundente el próximo domingo. Confían, sí, en una abstención cercana al 60% del censo, y en una mayor movilización de sus huestes que de las bases socialistas. Pero las últimas encuestas van estrechando la diferencia, y a estas alturas no se puede consentir que la cosa termine en empate técnico. ¿Qué sería entonces de Rajoy, cuando sus “aliados” mediáticos y hasta Esperanza Aguirre han situado nada menos que en diez puntos el margen que exigen para no defenestrarlo?

Los tienen cuadrados, sí… los argumentarios de campaña. En la primera fase se trataba de convencer al votante de que Zapatero es el único responsable de la crisis económica, además de un mentiroso compulsivo que ganó las últimas elecciones generales prometiendo el pleno empleo a sabiendas de que la economía española se despeñaba por el precipicio. Por aquellas mismas fechas, el PP prometía en su programa crear 2.200.000 empleos, pero no mentía. Obviamente, de haber ganado las elecciones, entre Manuel Pizarro y Cristóbal Montoro hubieran evitado el estallido de la burbuja inmobiliaria y la quiebra de Lehman Brothers. Esa primera fase incluía el debate del estado de la nación, en el que no hacía ninguna falta ofrecer alternativas para salir de la crisis. Bastaba con restar toda credibilidad a las medidas que propusiera Zapatero y aprovechar la soledad parlamentaria del PSOE haciendo cuña con esos malvados nacionalistas empeñados en romper España.

Los tienen cuadrados, sí… los argumentarios que le dan a Mayor Oreja para entrevistas y debates. En unas declaraciones a TVE que duraron cuatro minutos largos, mencionó en 29 ocasiones los “cuatro millones largos de parados”. Más largo fue el debate del martes pasado con el candidato socialista, López Aguilar, así que ya no hubo forma de contabilizar las veces que Oreja se erigió en voz de los cuatro millones de parados.

Triple salto mortal

Los tienen cuadrados, sí… quienes preparan los argumentarios de los dirigentes socialistas. Ni Zapatero en el debate sobre el estado de la nación ni López Aguilar en su cara a cara con Oreja hicieron una sola mención del caso Gürtel, los trajes de Camps, las tramas de espionaje en la comunidad de Madrid, el desfile de imputados por presuntos cohechos, las sospechas judiciales sobre el mismísimo tesorero del PP… Nada. Sobre el escándalo absoluto que afronta con una prepotencia insuperable el PP de Madrid, lo más ingenioso que se ha escuchado desde las filas socialistas se lo escribió algún asesor sabio al secretario general del PSM, Tomás Gómez: “El Titanic se hunde y Rajoy toca la lira”. Lo mismo un día Roma vuelve a arder y Nerón toca el violín.

Los tienen cuadrados, sí… porque alguien en el PSOE se ha empeñado en copiar a Obama como Obama copiaba a los guionistas de “El Ala Oeste…”, así que ahí va una campaña “en positivo”, “ilusionante”, “optimista”, de “brotes verdes”… Se trata de movilizar a las bases de la izquierda lo justo para obtener un resultado digno el
7-J pese a la que está cayendo. Y confiar en que el dato de paro que se conocerá esta semana demostrará que “lo peor ya ha pasado”.

Y entonces aparece la segunda fase de la campaña del PP, cuyo eje consiste en dar la vuelta a la tortilla, hacer añicos el espejo, poner el mundo al revés. Rajoy se planta en Castellón; a su derecha Camps, el de los trajes; a su izquierda Fabra, el de las gafas negras imputado por seis delitos. Parecían los tres crucificados silbando en la escena final de La vida de Brian.
Los tienen cuadrados, sí… porque Rajoy acusa a Zapatero de nepotismo y derroche por usar para actos de partido el mismo avión militar que Aznar usaba para actos de lo que fuera. Soraya Sáenz de Santamaría hace además las cuentas: cada viaje de campaña de Zapatero “nos cuesta a los españoles 3.000 euros”. Qué razón tiene. A partir de ahora, en cada campaña, sea quien sea el presidente, ya puede reservar por Internet con antelación billetes en Ryanair para él y para toda la escolta. O, mejor, que El Pocero le preste su avión privado. Ya se le devolverá el favor.

Los tienen cuadrados.

Mentiras, cacerías y dimisiones

27 feb 2009

Ha llegado ya la hora de preguntarse si la trama de corrupción en el Partido Popular consiste en la picaresca de unos cuantos golfos o si esa red estaba organizada también para financiar ilegalmente al PP. La posible imputación del tesorero nacional nombrado por Mariano Rajoy, el senador Luis Bárcenas, apunta claramente en esa dirección. Pero no es, ni mucho menos, la única pista.

Desde el mismo momento en que estallaron los escándalos de las tramas de espías en el PP de Madrid y de las adjudicaciones irregulares que recibían las empresas ligadas a Francisco Correa, la dirección “popular” ha hecho infinitos esfuerzos por limitar los daños a la actividad de unos individuos que “no eran trigo limpio”, y que supuestamente fueron apartados de la sede nacional de la madrileña calle Génova en cuanto Rajoy asumió el liderazgo. Así al menos lo proclamó el propio presidente del PP, desmentido después por su portavoz Esteban González Pons, que reconoció la existencia de algunos contratos firmados con la trama de Correa al menos hasta 2005. Incluso pasando por alto aquella mentira de Rajoy, el argumento utilizado es realmente curioso. ¿Apartados porque no eran “trigo limpio”? Desde marzo de 2004 el PP está en la oposición, de modo que lo que se hizo fue “apartar” a Correa y sus secuaces hacia territorios en los que el PP sí manejaba poder y grandes presupuestos públicos. Esta panda empezó a llevarse todo tipo de adjudicaciones millonarias en la Comunidad de Madrid y en algunos de los ayuntamientos más boyantes gobernados por el PP. Lo mismo en Valencia, y ya se verá en qué otras autonomías en manos de la derecha. O sea que Rajoy y su gente hicieron lo que cualquiera haría en su lugar. ¿Que uno descubre a un ladrón en su propia casa? Pues nada, en lugar de llamar a la Policía y denunciarlo en el juzgado, facilita al ladrón las direcciones de los amigos y vecinos más ricos para que no se canse de robar. Lo normal.

Los nombres y el método

El PP ha llegado a perder los nervios en su obsesión por conocer los nombres que aparecen en los papeles y cintas de la fiscalía anticorrupción. Hasta el punto de abrir expediente a los dos únicos imputados militantes del PP hasta ahora confirmados judicialmente, lo cual contradice los propios estatutos del partido, donde se dice que mantendrá la presunción de inocencia mientras no haya una sentencia condenatoria firme. Claro, ese punto estatutario estaba redactado para proteger al poderoso Carlos Fabra, eterno presidente de la Diputación de Castellón imputado por nueve delitos. En cuestión de horas o días, el PP tendrá oportunidad de demostrar de una vez alguna coherencia si expulsa de inmediato a los altos cargos y aforados que aparezcan en el sumario de Garzón.

Lo cierto es que al PP le obsesionan los nombres, pero no parece preocuparle el método, que es lo más sospechoso de este asunto. Los datos hasta el momento conocidos indican que en distintos gobiernos municipales y autonómicos se manipulaban concursos públicos para favorecer a determinadas empresas, que a su vez pagaban comisiones millonarias por esos favores. A partir de ahí, el método tiene la complejidad que exigen los vericuetos necesarios para esquivar la ley: dinero negro, sociedades instrumentales, hombres de paja, testaferros, cuentas en paraísos fiscales, facturas falsas, etcétera.

Al carajal del principal partido de la oposición le vino de perlas la impresentable cacería en la que coincidieron Garzón y Bermejo. Rajoy se divirtió unos días mirando el reloj en los mítines de Galicia y el País Vasco y proclamando: “Son las doce y media y todavía no ha dimitido el ministro de Justicia”. El lunes se acabó la diversión. Cayó esa pieza con todo merecimiento. Sólo les queda acusar a su antaño héroe Garzón de prevaricador. Pero no dicen ni mu de la otra cacería, la que organizaron en Valencia Camps, Michavila y otros fieles con el vicepresidente del Consejo General del Poder Judicial, Fernando de Rosa, quien después de una larguísima sentada con bolígrafos y folios en lugar de escopetas se lió a tiros jurídicos contra Garzón. Pues son las diez de la noche del viernes y De Rosa no ha dimitido.