No puede ser una cuestión de ignorancia. María Dolores de Cospedal es licenciada en Derecho y abogada del Estado, así que cabe asegurar que sabe perfectamente lo que dice. Y lo que dijo ayer, preguntada por las pruebas de su acusación contra el Gobierno por utilizar supuestamente a jueces y policías para espiar y perseguir, con más ahínco “que a la propia ETA”, a dirigentes del Partido Popular, es de traca. Sostiene Cospedal, apoyada “al cien por cien por el PP”, que su denuncia de escuchas ilegales se basa en “muchas conversaciones publicadas en los medios de comunicación que no están siendo investigadas ni forman parte de ningún sumario”. La secretaria general del PP no especifica a qué conversaciones se refiere, si a las de Camps con El Bigotes o a las de Correa con su socio o a las de El Albondiguilla con… Eso sí, exige la comparecencia parlamentaria de la vicepresidenta De la Vega y del ministro Rubalcaba por las “presiones” a los fiscales y por las “filtraciones” a la prensa.
El juez del caso Gürtel ha prorrogado el secreto del sumario hasta septiembre. ¿De dónde saca entonces Cospedal que hay conversaciones publicadas que no forman parte del sumario? O recibe filtraciones que debería explicar en el Parlamento, o miente (por táctica política) con absoluto desparpajo.
El ilustrísimo Fernando de Rosa, vicepresidente del Consejo General del Poder Judicial, confirmó ayer sus nulas cualidades para ocupar ese alto cargo que entre todos los ciudadanos pagamos. En lugar de defender la independencia del juez que investiga las tramas de corrupción en el PP, De Rosa marcó públicamente a Baltasar Garzón lo que tiene y no tiene que hacer. En cuanto se restablezca de su crisis de ansiedad, Garzón debe levantar el secreto de sumario e inhibirse del caso, porque si no lo hace “podría pasar la línea roja de la prevaricación”.
Según De Rosa, ex consejero de Justicia del gobierno valenciano de Francisco Camps y número dos del Poder Judicial a propuesta (obviamente) del PP, hasta el momento lo único que hay en este proceso son “elucubraciones y juicios paralelos”. Eso le da pie para apuntarse al juicio paralelo, al sostener que su ex jefe Francisco Camps es una persona “absolutamente honrada”. Le importa un rábano si los fiscales consideran que hay que investigar quién paga los trajes
del señor Camps.
Efectivamente, Garzón tiene que inhibirse de esta investigación, como le ha solicitado la fiscalía, puesto que existen indicios contra individuos aforados. Y Fernando de Rosa, por un mínimo decoro y dignidad, debería inhibirse de opinar sobre sumarios que desconoce y sobre el dirigente político que le aupó hasta el alto cargo que hoy ocupa.