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Buzón de Voz

Blog de Jesús Maraña

Incertidumbres sobre el 20-N

29 jul 2011
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1-. Dice Zapatero que adelanta las elecciones para aportar “certidumbre política y económica”. Cuesta entender tal motivo, que habría sido igualmente válido hace dos semanas, cuando Zapatero creía que abrir un proceso electoral podía provocar “inestabilidad política y económica”.

2-. Hace tiempo que se barajaba la fecha del 27 de noviembre. Finalmente se ha elegido el 20-N. Dice Zapatero que para él se trata de “una fecha cualquiera”, y justifica la decisión por el calendario festivo y con la intención de facilitar que el nuevo Gobierno haya asumido plena responsabilidad el 1 de enero. El 20-N no es “una fecha cualquiera” para ningún ciudadano español mayor de 40 años o lector más joven de un resumen histórico del último medio siglo. En noviembre es festivo en todo el Estado el día 1, el 9 en Madrid… pero las fiestas autonómicas no justifican el cambio del 27 al 20. Es loable la pretensión de que el nuevo Gobierno esté formado antes de Navidad, aunque daría exactamente lo mismo que se estrenara después de Reyes. En cualquier caso, no hay margen para la elaboración y aprobación de Presupuestos.

3-. Más allá de la carga simbólica del 20-N, nunca se habían anunciado unas elecciones anticipadas con casi dos meses de antelación sobre la fecha legal de disolución de las Cortes (26 de septiembre). ¿Por qué decide Zapatero anunciarlo hoy y no en septiembre? Tal incógnita abre la caja a múltiples interpretaciones. Hay quien lo adjudica a una cuestión puramente anímica: si da lo mismo a efectos políticos o económicos, al menos Zapatero cierra antes de las vacaciones el ciclo político y cede a las presiones políticas y mediáticas que le exigían acelerar el ‘cambio’. Un mensaje a propios y extraños: “pista al artista”; “todo vuestro”. Después de haber renunciado a parte de sus principios (incluidas las primarias internas), que nadie pueda decir que ha sido egoísta en el manejo de los tiempos.

4-. ¿Es mejor o peor para el PSOE el adelanto electoral? Otro debate ficticio. Tiene pros y contras, como casi todo en la vida política y en la otra. El 20-N estrecha el margen de consolidación de otras opciones en la izquierda, al tiempo que agota el lapsus esquizofrénico de un Gobierno que ha aplicado ajustes duros y presenta un candidato con un programa que pretende ilusionar a los sufridores de esos mismos ajustes.

5-. ¿Y al otro lado del río? La rueda de prensa de Rajoy este mediodía demuestra que nada cambia cuando uno se considera vencedor antes de que arranque el partido. Después de meses reclamando un adelanto electoral como receta mágica para solucionar la crisis financiera, el paro, el endeudamiento… El PP no puede estar en contra de ese anticipo. Pese a haber sido informado con antelación, Rajoy se ha limitado a una introducción de manual y luego ha leído el discurso preparado, sin poder disimular el agobio de tener que soportar (contra su costumbre) una rueda de prensa con preguntas. Dice que gobernará “desde el centro, desde la moderación…”, o sea que se ve en la necesidad de aclarar que no comparte los mensajes extremistas y apocalípticos de parte de su equipo. Ese eterno viaje al centro, interrumpido por su comentario a los periodistas: “Os veo después de las vacaciones”. ¡Qué tensión!

6-. Una vez despejadas las intenciones de Gobierno y PP, no es fácil dilucidar los efectos que el calendario produce en el paisaje político y electoral. Rubalcaba irá a por todas (se juega la opción de Gobierno y el futuro liderazgo del PSOE); Rajoy tendrá que irse si no gana y lo pasará muy mal si no obtiene la mayoría absoluta; las opciones a la izquierda del PSOE pelean contra el reloj del calendario electoral apresurado… y el 15- M estará ahí, como el dinosaurio de Monterroso… esperando a que todos ellos entiendan que ya nada será igual.

7-.  ¿Y los mercados? Tienen calendario propio. Y ese es el problema más grave. No están tan pendientes de la política como de las oportunidades de negocio a corto plazo. Ellos manejan aquella máxima de Pío Cabanillas (padre): “Ganaremos, aunque todavía no sabemos quiénes”.

Zapatero se ahorra un mal trago

19 jul 2010
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Cuando dos hermanos adultos se pelean, procuran no coincidir durante un tiempo en la mesa; así le ahorran la tensión a la familia. Zapatero y Cándido Méndez no coincidirán en septiembre en el escenario de la campa de Rodiezmo, como cada año, porque el presidente del Gobierno ha decidido evitar ese mal trago a la familia socialista. Quizás antes de tomar la decisión supiera que el secretario general de UGT pensaba no acudir al acto si Zapatero anunciaba su presencia. Los dos son militantes del PSOE y del sindicato, y para ambos es ya una tradición inaugurar el curso tras el verano en la localidad fronteriza donde se congregan socialistas y mineros de León y Asturias. Las razones que aconsejan evitar la cita de Rodiezmo, pese a la singularidad de que este año se celebre el centenario del Soma-UGT, son obvias. Zapatero aprovechaba esa cita desde 2004 para anunciar la subida anual de las pensiones y del salario mínimo. Este año habría tenido que dedicar el discurso a explicar a sus compañeros los motivos que lo han llevado no sólo a congelar pensiones sino a tramitar en el Congreso una reforma laboral rechazada por las organizaciones sindicales. A pocas semanas de la huelga general del 29 de septiembre, su presencia en el acto podría haberse interpretado como una provocación. Zapatero es consciente de que su giro económico decepciona e irrita a los sindicatos. Cualquier gesto capaz de atizar esa irritación sería un error político.

Gritos y abucheos con premeditación y alevosía

12 oct 2009

Los sindicatos y la izquierda no tienen tradición de acudir a celebrar la fiesta nacional. Mamaron en la adolescencia aquello que cantaba Paco Ibáñez: “A mí la música militar, nunca me supo levantar”. De modo que no parece fácil adjudicarles los abucheos que año tras año se producen contra el Gobierno, y muy especialmente contra el presidente Zapatero, al principio, al final e incluso durante el desfile de las fuerzas armadas. Salvo en el año 2003, cuando muchos silbidos procedían de las tribunas reservadas a familiares de militares, desde entonces esos silbidos e insultos surgen de unas filas cercanas a las gradas oficiales. En aquel año se produjo el accidente del Yak- 42, que costó la vida a 62 soldados y demostró la desvergüenza del ministro de Defensa Federico Trillo. Con esa excepción, cabe concluir que son grupos de la derecha más recalcitrante quienes protagonizan todos los 12 de octubre una especie de rito anti-gubernamental.

Hasta ahora, Zapatero se llevaba la peor parte, pero ayer quedó aún más claro que este “movimiento nacional” no es espontáneo. La vicepresidenta primera, María Teresa Fernández de la Vega, que casi siempre gana en las encuestas en valoración a todos sus compañeros de gabinete, fue insultada por llegar la primera a la tribuna oficial. Es decir, apareció un rostro del Gobierno y, pese a ser presuntamente el más “popular”, se llevó las tortas de quienes sólo acudieron al desfile para eso: para dar tortas.

Zapatero restó importancia al asunto. La familia real también, aunque no pudo disimular su malestar en los corrillos del cóctel de palacio. Lo sorprendente es la reacción de Mariano Rajoy. Por más que se le insistiera, fue imposible sacar de sus labios una condena al boicot. Es lo que se viene a llamar “sentido del Estado”.

Un mensaje dirigido a los “pollos sin cabeza”

01 jul 2009
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Corren últimamente océanos de tinta y torrentes de oratoria sobre una solemne obviedad: el Gobierno está en minoría en el Parlamento. Incluso un sesudo analista que aspiraba a altísimos honores en la Administración de Zapatero describía hace tres días en El País la soledad gubernamental con la muy diplomática metáfora del “pollo sin cabeza”. En un alarde de originalidad, copiaba la argumentación de la derecha para denunciar que “ha fracasado la pretensión de desarrollar una política de comunicación con mucha comunicación y ninguna política”. Este pollo (¿con cabeza?) no mencionaba en ningún momento el origen de esa debilidad parlamentaria, que no se ha producido por esporas ni por los resultados de las elecciones europeas.

Como hasta los pollos sin cabeza saben, el Gobierno podría tener un apoyo estable para toda la legislatura si los socialistas hubieran aceptado pactar en Euskadi con el PNV, que consiguió más votos en los últimos comicios autonómicos. Zapatero respetó la decisión del PSE de mantener la coherencia de su discurso en el País Vasco, aun a sabiendas de que se complicaba muchísimo la acción de Gobierno en mitad de la crisis económica.
Sólo el tiempo dirá si esta apuesta política da los frutos deseados para el PSOE en Euskadi y para todos los ciudadanos en el objetivo de una paz definitiva. Lo que desde luego no había hecho el Gobierno es “mucha comunicación” sobre el origen de su soledad parlamentaria. Hasta ayer. Sin previo aviso, Zapatero decidió dar a su encuentro con el lehendakari Patxi López una escenografía cercana a la que se ofrece a un jefe de Estado. A lo mejor de esta forma hasta los pollos se enteran de las razones de la debilidad parlamentaria.

¿Por qué ha perdido el PSOE?

07 jun 2009
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Si un Gobierno que se desayuna cada mañana con el dramático récord de cuatro millones de parados hubiera ganado ayer los comicios europeos, lo mínimo que cabría exigir es el despido inmediato del líder de la oposición. Sin embargo, harían mal los socialistas si interpretan su derrota en la línea que anoche insinuó la secretaria de Organización, Leire Pajín. El PSOE ha salvado los muebles. Cierto: pudo ser mucho peor. Es el partido socialista que mejor resultado ha conseguido en toda Europa. Cierto, lo cual también significa que la UE gira a la derecha y Zapatero empieza a tener más sintonías socialdemócratas con Obama que con socios y vecinos. ¡Qué soledad!

El PSOE tendrá que analizar con detalle la sangría de votos que ha sufrido en los territorios que le han llevado al poder, muy especialmente Catalunya y Andalucía. Zapatero ha decepcionado a muchísimos catalanes y su partido parece aburrir ya a muchos andaluces. El éxito de la derecha en Valencia y Madrid, donde se ha volcado para movilizar a sus bases tanto contra el Gobierno como contra las múltiples sospechas de corrupción del PP, demuestra que el PSOE sigue teniendo en esos feudos dos enormes asignaturas pendientes. Ahora dispone de tres años para aprobarlas.

El contrato de Rajoy tiene pinta de temporal

12 may 2009

En circunstancias normales, un debate sobre el Estado de la Nación supone un examen a la gestión del Gobierno. Primer error de cálculo de Rajoy. Ni España ni el mundo atraviesan circunstancias normales. Zapatero tendrá muchos defectos, pero domina el arte de la táctica política. Convirtió un debate anunciado como simulacro de moción de censura en una especie de sesión de investidura. Y dejó a Rajoy mirando a Cuenca. ¿Quería usted huevos? Tres docenas.

Casi todos pensaban que el presidente intentaría salir del paso “vendiendo ideología” o algún mensaje sonoro como prorrogar el subsidio del paro. Y se encontraron con el anuncio de un paquete de medidas concretas destinadas a las pequeñas empresas, a los autónomos, a quienes dudan si es o no el momento de comprar casa… pero sobre todo dirigidas a poner las bases de un nuevo modelo de economía sostenible, que no vuelva a depender de la especulación del ladrillo. El tiempo mostrará si acierta o no.

Rajoy tenía la oportunidad de proponer alternativas creíbles. Cero patatero. Dijo que los socialistas “no saben leer”, pero fue incapaz de leer o pronunciar una sola propuesta. Se agarró, desesperado, al drama de los cuatro millones de parados. El contrato de Rajoy como líder del PP tiene hoy más carácter temporal que anteayer.

Faltan guionistas en el ‘Ala Oeste’ de la Moncloa

09 may 2009

A este buzón han llegado en los últimos días los datos de varias encuestas sobre las próximas elecciones europeas. Con ligeras variaciones, todas concluyen que el Partido Popular gana, que el PSOE pierde, que Rosa Díez conseguirá uno o dos escaños y que mucho, muchísimo personal, se quedará en casa. Esta última conclusión es la más peligrosa para José Luis Rodríguez Zapatero, que esta misma mañana dará el pistoletazo de salida a la precampaña electoral en el madrileño palacio de Vistalegre. Zapatero va a dejarse la piel en el envite de las europeas, entre otras razones porque él mismo ha decidido convertirlas en una especie de primarias de las generales. No todo el Ala Oeste de la Moncloa (ni de Ferraz) compartía ese manejo de los tiempos. Lo cierto es que cambió el Gobierno tras la derrota gallega y convocó el debate sobre el estado de la nación para el próximo martes. Esas dos decisiones le pueden dejar sin herramientas de motivación y empuje político en el caso de un mal resultado el 7-J.

Es lo que tiene esa manía presidencial ya citada en este mismo buzón: cuando uno se acostumbra a saltar por la ventana y caer de pie, mientras los demás bajan prudentemente por la escalera, resulta difícil convencerle de alterar el recorrido. Zapatero sale siempre a ganar o a ganar.

El PP intentará movilizar a todas sus huestes utilizando sin pudor la cifra de los cuatro millones de parados, tirándosela a la cara a Zapatero como si este se dedicara a despedir obreros de las empresas. No es que el PP no tenga derecho a utilizar la recesión como arma de oposición política. Por supuesto que puede, como lo harán esta semana en el debate parlamentario todos los demás partidos. Lo que no debería es dar la lata a todas horas con el Libro Gordo de Montoro, que propone bajadas de impuestos, recorte del gasto público y grandes reformas estructurales. Eso sí, sin concretar nunca lo que quiere recortar, las reformas que pretende abordar ni la fórmula mágica que permita mantener los gastos sociales.

Votos y corrupción

El PP utilizará la gravedad de la crisis porque de esa forma tapará también el escándalo de corrupción que afecta a sus propias filas. La desfachatez del PP llega al punto de presentarse como acusación particular en el caso Gürtel mientras mantiene en sus sillones de diputados a tres individuos acusados de haber aceptado sobornos que suman ya 1.500 millones de euros. Dicho de otra forma, el PP simula ejercer de acusación de sí mismo, y así puede conocer antes que nadie cada detalle de la investigación judicial. Sigue convencido (desgraciadamente con cierta razón) de que la corrupción no le resta votos.

Las encuestas anticipan una bajísima participación y muestran que los niveles de valoración de Zapatero y de Rajoy están por los suelos. Lo cual significa que a la tradicional pereza que provocan los comicios europeos en la ciudadanía; al clásico uso de los mismos para ejercer el voto de castigo interno al Gobierno de turno; al desgraciado hecho de que ninguno de los partidos se ha ocupado nunca de divulgar la enorme trascendencia que Bruselas y Estrasburgo tienen para nuestro bienestar… a estos y a muchos más elementos que fomentan la abstención, conviene sumar factores concretos incluso más preocupantes.

Treinta años después de que Margaret Thatcher llegara al poder (3 de mayo de 1979) y empezara a aplicar esas recetas que entusiasman a Montoro, a Aguirre, a Aznar, a Díaz Ferrán… y por ahí todo seguido hasta toparse con los Madoff y Correa, el neoliberalismo ha desembocado en la mayor recesión económica mundial desde los años treinta. El drama del paro parece no permitir a los políticos de izquierda asomarse más allá del muro de esta crisis. Van saltando de medida en medida, de ayuda en ayuda, de titular en titular, pero nadie parece proponer lo que quizás ayudara a recuperar la ilusión de un votante que piensa en su hipoteca y en su puesto de trabajo, pero también en el futuro de sus hijos. ¿Dónde está el sistema alternativo al capitalismo salvaje y al Libro Gordo de la derecha neoliberal? ¿Hay que confiarlo todo al atractivo de Zapatero, al semestre de presidencia europea, a los tuteos con Obama, a los brotes verdes y a la “reconciliación” con los decepcionados catalanes? Zapatero necesita nuevos guionistas en su Ala Oeste. Y, además, escucharlos.

Cortado para todos

27 dic 2008
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Es pronto para conocer el secreto, pero a día de hoy caben al menos dos posibilidades: o bien Zapatero sirve en la Moncloa una cecina leonesa alucinógena que enamora al visitante o bien el Partido Popular se ha especializado en el difícil arte de pegarse tiros en las rodillas. El caso es que, hace sólo dos semanas, el presidente del Gobierno afrontaba una presión seria en sus propias filas a cuenta del nuevo modelo de financiación autonómica y el cumplimiento de lo pactado en el Estatut de Catalunya.

Hoy, 27 de diciembre, da la impresión de que el problema lo tiene el propio PP, incapaz de articular un discurso coherente entre la dirección nacional y los barones o baronesas territoriales. La penúltima prueba del desconcierto la ofrecía Esteban González Pons, a quien le tocó hacer la guardia navideña como portavoz del PP. “Sé que nos vamos a oponer, aunque todavía no sabemos nada del nuevo modelo”, afirmó categórico. Sonoro regreso al rancio “de qué se trata, que me opongo”.

El Gobierno no lo tenía fácil ni aún lo tiene para resolver lo que Pedro Solbes describió como un “sudokuSDRq, pero se ha entrado ya en la fase caliente de un proceso negociador que terminará bien, mal o regular; lo único seguro es que acabará dejando a más de uno con las vergüenzas al aire. La necesidad de revisar el modelo de financiación es evidente a la vista de datos como el crecimiento de la población, el envejecimiento, la evolución de la renta per cápita por comunidades, los costes en educación, sanidad y servicios sociales, la inmigración, etcétera. Recordar algo tan obvio sólo es necesario cuando algunos se empeñan en explicar estas negociaciones como si vinieran impuestas exclusivamente por la letra del nuevo Estatut de Catalunya.

Volver a pasear los viejos fantasmas de la supuesta “voracidad catalana” o el “chantaje nacionalista” resulta cansino a cualquier oído mínimamente informado, aunque no por su falsedad el mensaje deja de tener eco en amplios sectores de la derecha y de su telaraña mediática. Ese discurso quedó hecho trizas la tarde en que Esperanza Aguirre salió de la Moncloa “encantada” con la receptividad de Zapatero a sus reclamaciones; Francisco Camps intentó dos días después mostrarse menos eufórico, pero también se declaró “muy satisfecho”.

Los compromisos

No se ha manejado una sola cifra. El Gobierno se ha comprometido a poner por escrito la próxima semana las bases sobre las que descansará el nuevo modelo teniendo en cuenta la realidad de las necesidades autonómicas. Lo cual significa no sólo cumplir el compromiso con Catalunya de reducir la clara desproporción entre lo que sus ciudadanos aportan al modelo y lo que reciben, sino también contemplar el aumento de población en Valencia o su dispersión en Galicia o su envejecimiento en Asturias.

Se trata de establecer unos criterios transparentes y actualizados en la llamada nivelación o redistribución de recursos entre las autonomías. Será complejo poner números a esa letra, pero cuesta creer que un responsable autonómico rechace la posibilidad de presumir en su tierra de mejores recursos para la sanidad, la educación o la dependencia. Otra cuestión es lo que cada Gobierno en su autonomía hace con la gestión de ese dinero; si lo derrocha o no; si su déficit tiene justificación. Las culpas se pagan en las urnas.

Ayer, el PP reunió a los responsables económicos de las autonomías que gobierna para intentar poner un poco de orden en ese discurso dinamitado por Aguirre y Camps. Insiste en la obviedad de que hay que garantizar que todos los ciudadanos son iguales ante la ley y en que no aceptará discriminaciones a favor de nadie, aunque sigue sin explicar la fórmula que propone para que esa igualdad sea una realidad económica y social, y no sólo un principio constitucional.

Si las negociaciones siguen avanzando y dan algún fruto, el PP deberá afrontar la difícil tarea de conciliar el interés de los ciudadanos a los que gobierna y el discurso de quienes en sus propias filas, bien acompañados por Rosa Díez y otros espontáneos, reclaman una marcha atrás en el Estado de las autonomías. Los mismos que hace cuatro días celebraban las mil y una bondades de una Constitución que proclama el Estado de las nacionalidades y regiones; los mismos que aborrecen de cualquier reforma de la sacrosanta Carta Magna, abogan con una determinación jacobina por imponer un Estado centralista. No es ya que defiendan el café para todos; es que han decidido que todos nos tomemos un cortado.

Los vuelos de la tortura

12 dic 2008
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Una de las primeras órdenes dictadas por los hermanos Kennedy en 1961, recién llegados a la Casa Blanca, fue la de asesinar a Fidel Castro. Con un rifle de mira telescópica, por envenenamiento en el desayuno o apuñalado. Los planes aparecen detallados en documentos de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) desclasificados entre 2003 y 2005. Eisenhower había autorizado 170 grandes operaciones encubiertas en ocho años de mandato; los Kennedy pusieron en marcha 163 en dos años y medio. “Operación encubierta” quería decir entonces y ahora “operación ilegal”, ya consistiera en matar a un político, sobornar a otro o derribar un régimen. Punto y aparte. La primera reunión oficial mantenida por Barack Obama el pasado 5 de noviembre, a las pocas horas de ser elegido presidente de Estados Unidos, fue con los responsables de la Seguridad Nacional. Pasarán probablemente 50 años hasta que se desclasifique el acta o la grabación de esa cita en Chicago, donde quizás Obama fuera informado en detalle sobre las operaciones encubiertas ordenadas por George W. Bush.

Lo cierto es que los inquilinos de la Casa Blanca, ya fueran demócratas o republicanos, han mantenido desde finales de los años cuarenta la peligrosa costumbre de utilizar la CIA para controlar palacios y alcantarillas en medio mundo. El respeto a los derechos humanos es algo que no encaja en la filosofía fundacional de la CIA. Por eso tiene prohibido actuar dentro de las fronteras norteamericanas, al menos oficialmente.

A partir del 11 de septiembre de 2001, el enemigo a batir ya no era un barbudo comunista ni un dictadorzuelo latino poco fiable, sino el terrorismo islamista y todo humano viviente mínimamente sospechoso de un parentesco lejano con los talibanes o con Al Qaeda. La Guerra contra el Terror declarada unilateralmente por Bush a raíz del 11-S consistía, entre otras muchas cosas, en aplicar el modelo de las operaciones encubiertas de la CIA al nuevo enemigo y a destajo. Disparar antes de preguntar. Detener primero y torturar hasta arrancar una confesión. Vuelos secretos. Guantánamo.

¡Señor, sí, señor!

El documento desvelado el pasado miércoles en el Congreso por el ministro Moratinos confirma el contenido de los papeles publicados por El País y demuestra lo que todo el mundo sabía: Aznar dio luz verde en enero de 2002 al aterrizaje en España de aviones norteamericanos que podían transportar a prisioneros detenidos ilegalmente en cualquier otro país. Añadió Moratinos que, a día de hoy, no hay pruebas de que las aeronaves del Pentágono o de la CIA que efectuaron escalas en aeropuertos españoles entre 2002 y 2006 llevaran dentro a secuestrados camino de Guantánamo. El ministro incluso justificó la autorización otorgada por Aznar bajo el paraguas de la OTAN y la ONU con motivo de la Operación Libertad Duradera contra los talibanes de Afganistán.

Ese último punto de la intervención de Moratinos dejó en el Congreso un aroma a pasteleo difícilmente justificable. A quien realmente perjudica el escándalo de los vuelos secretos es al Gobierno de Zapatero, que nunca autorizó las ilegalidades de Bush, pero que aparenta haber hecho la vista gorda a las escalas efectuadas durante su mandato. Por mucho que insista Moratinos, quizás con el objetivo único de no envenenar la relación con la Administración de Barack Obama, ni la ONU ni la OTAN arroparon nunca actuaciones contrarias al derecho internacional. Los documentos desaparecidos en Exteriores y hallados en el archivo del Comité Permanente Hispano-Norteamericano, ubicado en el Ministerio de Defensa, constatan los cabezazos de Aznar y de su ministro Piqué ante la petición concreta de Estados Unidos para que España colaborase en el objetivo ilegal de Guantánamo, cárcel repleta de individuos encerrados sin pruebas, sin asistencia legal, sin juicio previo y sometidos a torturas.

Aznar ya fue juzgado políticamente con la derrota electoral del PP y su apellido aparecerá en la ilustre compañía de Bush, Rumsfeld o Cheney cuando se desclasifiquen los documentos de la guerra sucia contra el terrorismo islamista. Si hubo o no responsabilidades penales lo decidirá la Audiencia Nacional. Entre tanto, los deseos de una gran amistad con Obama no deberían impedir que el Gobierno revise el Tratado Hispano-Norteamericano. Hoy no hay forma de controlar lo que la CIA transporta en sus aviones.

Entre Lennon y Serrat

14 nov 2008

Se llama Philip Falcone. Tiene 45 años, una lesión de rodilla de cuando jugaba al hockey profesional y un cerdo llamado Pickles con el que comparte apartamento en Manhattan. Es uno de los cinco “amos del universo” que han multiplicado en los últimos años sus ya imponentes fortunas a base de manejar hedge funds, fondos de alto riesgo que apuestan por la caída de valores bursátiles ligados a las subprime y a otros productos derivados, opacos y desregulados. Fan declarado de John Lennon, cree en el karma y en la energía positiva y lleva el corte de pelo y las gafas redondas del difunto beattle. Quizás hoy, sábado, 15 de noviembre, Falcone se afeite tarareando a Lennon con alguna pequeña variación: “La vida es aquello que te va sucediendo mientras el G-20 se empeña en hacer planes para otra cosa”.

Advertencias o amenazas

Ni Falcone ni los otros cuatro jinetes del apocalipsis (Kenneth Griffin, James Simons, John Paulson y George Soros) parecen excesivamente preocupados por lo que pueda salir esta noche (hora española) del National Building Museum de Washington, donde se reúnen los líderes de las mayores potencias del mundo y de los países emergentes para analizar el origen de la crisis financiera global y establecer los principios comunes que permitan solucionarla y evitar nuevos colapsos en el futuro.

Por si a Zapatero, a Lula, a Gordon Brown o a cualquier otro socialdemócrata se le ocurriera llegar demasiado lejos en sus hipotéticas pretensiones de refundar el capitalismo, Falcone y sus cuatro colegas en el arte de la especulación lanzaron anteayer unas cuantas advertencias que sonaban a amenazas: primero, ellos no son culpables de nada; segundo, que nadie se pase de la raya en la regulación y vigilancia de los mercados financieros porque su negocio corre peligro; y tercero, si su negocio corre peligro, las cosas les irán muy mal a los millones de inversores de todo el mundo que han colocado la pasta en las mismas cestas.

Orgullosos del desastre

Aquí nadie se arrepiente de nada. Pero no ya los magos de las finanzas, sino tampoco los políticos que desde distintos rincones del mundo les facilitaron el suculento ejercicio. En vísperas de la cumbre que hoy se celebra, dos de los tres protagonistas de la vergonzante foto de las Azores, George W. Bush y José María Aznar, han lanzado mensajes dignos de un programa de humor negro. El casi ex presidente de Estados Unidos mostró una intensa emoción al desvelar que se equivocó al proclamar que quería a Bin Laden “vivo o muerto”. Se arrepiente de lo dicho, no de lo hecho. Ni de los miles de vidas que han costado sus decisiones de cowboy ni de su entrega absoluta a los principios del neoliberalismo ultraconservador. Bush sostiene que el capitalismo es poco menos que el paraíso y que ni se plantea “reinventarlo”. Menos mal que a partir del 20 de enero se dedicará a escribir un libro en el que, sin la menor duda, justificará todos los disparates de su presidencia. Sólo faltaba que las soluciones a la crisis dependieran de este genio.

Aznar, por su parte, ha debido de pensar que la autodefensa de Bush resultaba un poco endeble, así que envió ayer una carta a Le Figaro para defender la “herencia de libertad” que su amigo americano ha “regalado” al mundo.

No hacían falta tales advertencias, pronósticos y golpes de pecho para intuir lo que en realidad importa de la cumbre que hoy se celebra en Washington. Efectivamente, como dice Solbes, uno no se desayuna un café con churros y por la tarde refunda el capitalismo. Lo trascendente de la presencia de España radica exactamente en eso: formar parte del núcleo que a partir de hoy creará grupos de trabajo para concretar nuevas  medidas de regulación del sistema financiero. Las propuestas que Zapatero leerá durante ocho minutos recogen principios generales compartidos con la Unión Europea. No hay un discurso ideológico de defensa de la socialdemocracia frente al neoliberalismo. No considera que sea momento ni lugar. Quizás dentro de cien días, en la siguiente cumbre a la que ya asista Obama, del que también se espera más de lo que podrá dar.

Si hubiera que apostar por un resultado de la cumbre de Washington, sería lo más parecido a aquella canción de Serrat: “Un marco previo que garantice unas premisas mínimas que faciliten crear los resortes que impulsen un punto de partida sólido y capaz, de este a oeste y de sur a norte…”