Cannino

Festival de Cannes 2009

Día 8 – Un día de furia

21 May 2009
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Hay días jodidos para el autoestima. Cuando toca cumplir con varias horas de reuniones, visitas, intercambios de tarjetas y esperas en el hall uno puede llegar a sentirse un Kentucky de esos sin patas ni cabeza

Hoy, recta final del mercado, ha sido one of these days.

Salgo del apartamento temprano y dispuesto a comerme la jornada sin titubeos. Al encontrarme de cara con un sol agresivo y cegador tengo la sensación de escuchar en la lejanía  los clarines que me adjudican el peor toro de la tarde.

Hay reuniones rápidas e indoloras, otras se dan casi como un reencuentro amistoso, aunque siempre puede estar parapetado en cualquier esquina el desubicado o la desubicada que intente poner a prueba los límites de tu cortesía.

Afortunadamente una visita en el momento oportuno al Nordisk Film puede restituir tu fe en la humanidad. Las oficinas nacionales para la promoción del cine de Dinamarca, Suecia, Finlandia, Islandia y Noruega conviven en una armonía a prueba de anticristos, en un apartamento poco amplio pero acogedor. En el non plus ultra del buen rollo tienen una terraza al mar que utilizan para reuniones y visitas. Es inevitable por puro contraste no sentirse algo Curro Jiménez entre ellos.

Está habiendo serios problemas de acceso al Palais Stephanie, una sala anexa al hotel Noga Hilton que por alguna extraña razón necesita unos diez agentes de seguridad para 400 butacas. Se reparten entre la entrada a la sala, el acceso al recinto y un piso intemedio. Vacilan de pinganillo, se miran unos a otros, bromean… no hay control de bolsas ni de metales, y tampoco es que te aguanten la puerta o te indiquen “entre por aquí” o “entre por allí”. Simplemente están y poco más. 

En un brote de ansiedad me detengo en la FNAC a ver cds (las dos tiendas de discos que funcionaban en Cannes han echado la persiana recientemente). Me llevo alguna cosa de oferta y en las cajas me encuentro con Ricardo Aldarondo, buenísima gente, critico de Rockdelux y miembro del equipo de San Sebastian (ups, qué mal suena esto ultimo, no?). Y lo que tenia que suceder sucede de modo inevitable, Ricardo (el miembro, el crítico) me echa mano a los cds con afán inquisidor y en décimas de segundo, sin dejarme tiempo a reaccionar, me espeta: “Estás comprando el de Ride a estas alturas?, todavía estamos asi?”

Touché, maldita sea…

Esto se desmorona, el calor reblandece los cerebros y debilita los cuerpos. Dos ejemplos: en la sala Debussy presentan una película sobre la situación de la comunidad gay en el marco de la ortodoxia judía. Sus responsables se dirigen al respetable en inglés. De repente un energúmeno entre el publico empieza a chillar que estamos en francia (hasta ahí llegamos, señor) y reclama que hablen en francés. Abucheo generalizado.

Entre tanto en la sala Arcades hay una cola impresionante para ver “I love you Philip Morris”, peli cosecha Sundance en la que se narran algunas aventuras tan improbables como el romance entre dos personajes interpretados por Ewan McGregor y el gran Jim Carrey. Una bimbo cuerda Paris Hilton espera al sol, se ha traído puestas sus mejores galas. Lo que ha olvidado en casa son los 20 kilos necesarios para no parecer la cuñada de  Jack Skellington. La cola apenas avanza y en un momento dado la joven se desploma.

Corrillo.

Ambulancia.

Telón.

Aplausos.


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