Cannino

Festival de Cannes 2009

Día 10 – Vuelos de Enlace

23 May 2009
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15.56, aeropuerto de Barajas.

Y es lo que tiene la vida de provincias, estas esperas de tres, cuatro, cinco horas en alguna terminal de Madrid o Barcelona. Si alguna vez llega a hacerse realidad la teletransportación seguro que a los de provincias nos tocará  chuparnos igualmente algún enlace en una especie de terminal virtual.

Parece mentira pero esto se ha terminado, llegan las primeras incredulidades ante los premios más tempraneros y el cansancio acumulado se te viene encima como un cobertor mojado.

Al atardecer nos acercamos a la playa para ver a Gravenhurst. Ha sido una sorpresa encontrarse este concierto en medio del programa del festival, precisamente el único día que podemos sentarnos a tomar una cerveza y solazarnos ligeramente.

El nos es, yo mismo más Eulalia Iglesias y Violeta Kovacsis (Cahiers du Cinema España) y Sergio Wolf (director del Festival de Cine Independiente de Buenos Aires). A Wolf lo llevamos medio engañado, cree que vamos a sentarnos en alguna terracita para simplemente dedicarnos al dolce fare niente. Para más INRI la actuación resulta un peñazo de proporciones considerables.  Sale solo Nick Talbot al escenario, sin músicos, con su guitarra y uno de esos endemoniados pedales de efectos que ahora todo el mundo usa. Insoportable. Aún en el marco de la playa, con la caída del sol, la brisa, el mar, las tumbonas y demás, resulta un adoquín de actuación, cada canción se hace más larga que la previa y todos nos sentimos medio culpables por haberle fastidiado a Sergio su último atardecer de este año en la Croisette.

Cena de confraternización, los arriba mencionados más otros Cahieristas (son ciento y la madre!), algún crítico de otros medios (Sara Brito, la indispensable firma guanche que ustedes pueden leer en este mismo medio) ,  festivaleros despistados y hasta algún programador de filmoteca,  es decir, fauna variopinta pero española en definitiva.Empiezan las listas de rigor con servilletas que van circulando por la mesa  y en las que se apunta lo mejor del festival. Tarantino va muy arriba. Propongo hacer  las listas de los peor, que resultan más gratas y simpáticas, siempre conducen a la risotada y al “pedimos otra botella?”. Manu Yañez dice que no quiere saber nada de listas negativas (es piadoso como un joven Ingalls) pero como en el resto de la mesa abunda el cabronismo en breves minutos hay una relación de títulos que ocupa varias columnas.

Me guardo los resultados de la lista negra porque en el fondo yo también llevo un Michael Landon escondido en mi interior.

El festival acaba como empezó, es curioso, pero en una suerte de moebio chismoso en el vuelo de regreso va Eugenia Silva, la modelo (es modelo, no? bueno, me suena que sí, ¿no es la de aquella portada de hace como mes y pico en la que salía desnuda con un deportista y fue polémica? Sí, Eugenia Silva, no?).

Bueno, eso, Eugenia Silva, que es alta alta y lleva unas pintas como de heavy ochentero que le hubiesen dado un lugar de honor en la historia del videocilp si hubiese tenido 18 años cuando “Living on a prayer” o “Sweet child of mine”.

Qué les estaba diciendo?

Ah, sí, muy alta y viaja en Business. No como Jaydy Michell que iba en turista.

Flashback a la noche anterior.  

Intentamos sin éxito colarnos en la fiesta de la Quincena de Realizadores. Es en el ático del Noga Hilton y para muchos el único sarao que pisamos durante el festival. El año pasado Lisandro Alonso y Albert Serra mano a mano consiguieron meternos dentro a unos diez, la capacidad de convicción de Lisandro es sorprendente, sobre todo cuando usa un inglés medio anárquico pero muy efectivo. Este año está solo Albert y le es imposible, incluso gente con invitación se queda fuera porque la dirección del hotel no quiere más de un número de individuos circulando  por allí. Bueno, da igual, iba a ser un coñazo, así que nos vamos a tomar una cerveza a la calle en plan botellón.

Me siento bien rodeado de amigos, todos agotados pero con una hermandad muy como de servicio militar que nos hace darnos abrazos cada dos minutos sin que venga muy a cuento, mucho “tíoooo, eres grande”, “tía, lo conseguimos”. Bueno, ya saben cómo va el cantar.

Vemos pasar a Haneke y es altísimo, da un poco de miedo.  Con un traje muy feo. Aunque sin duda el traje más nefasto que vi nunca por estos pagos fue el que llevaba Edward Norton hace como cuatro años, a todas luces por encima de su talla y rematado con unas botas camperas muy de delito.

Creen que alguna vez llegarán a encontrarse Edward Norton y Eugenia Silva? 


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