Cannino

Festival de Cannes 2009

dia 5 – la vorágine nos arrastra

18 May 2009
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Los Domingos son complicados para trabajar, sobre todo en las horas punta de alfombra roja: fotógrafos profesionales, fotógrafos advenedizos, familias enteras que observan la jugada desde sillas plegables, policía, coches oficiales, ejército, jovenzuelos y jovenzuelas con trajes de noche que te imploran una invitación para la sala Lumiere (les da igual que sea para un largo filipino de 220 minutos). A esto súmenle un buen globo de bochorno y entenderán por qué los Domingos, en esta ciudad, recorrer 100 metros a pie puede ser un poema. En el interior del mercado (a partir de ahora Marche) también canta a Domingo en las ojeras y voces de ultratumba de aquellos que, sin haber perdonado la noche del Sábado, llevan al pie del cañón desde las 9 en punto.

Apunten el nombre de Emmanuelle Mouret, un extraterrestre en toda regla: actor, guionista y realizador que milita sin complejos de ninguna clase en  un tipo de comedia tan anacrónica como efectiva. Lo suyo no es la humorada gruesa (es imposible escuchar un solo cagamento en sus películas), pero tampoco cae en la sofisticación artificiosa ni en la comedia de réplicas y contrarréplicas ingeniosas, es otra cosa. No se por qué viéndolo (y sin que tengan el mínimo parecido físico) constantemente me viene a la mente el maestro Peter Sellers, de hecho no  resulta difícil imaginarse a Mouret  haciéndose cargo (y sin temblarle el pulso) de  algún trocito suelto de aquel puzzle delirante que fue el “Casino Royale” de 1967.

En el mercado se presentaba hoy su última película, recién salida del horno, “Fais-moi plaisir”, de hecho antes de la proyección el distribuidor nos advierte que vamos a ver la primera copia de 35mm que sale del laboratorio, ni siquiera lleva el rollo final de créditos. Pues eso.

Es difícil contar la película sin que parezca una estupidez, llevo media hora intentando resumirla y todo suena bastante chorras. Pero forma parte de la idiosincrasia de Mouret, él se zambulle en el delirio y lo improbable desde el minuto 2 y el resto va incluido en el paquete. En fin, vamos a ello: un joven y atolondrado inventor (el propio Mouret) conoce a una chica en un café y la seduce casi de modo accidental. La hermosa joven le deja una nota con su dirección y le emplaza para un encuentro amoroso en el Palacio del Elíseo. Porque la muchacha, por azar, resulta ser (!) la hija del presidente de la República.

Lo ven? suena a mamarrachada, y quizás lo sea, pero no imaginan el soplo de aire fresco que supone en una mañana de Domingo recibir  90 minutos de slapstick, gestos, exageraciones, puertas que se abren y se cierran, equívocos y personajes deliciosamente bobalicones.   


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