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Cartas de los lectores

Un espacio público para dejar oír tu voz

2 de julio

02 jul 2008
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Protocolo de Kioto
La economía española emite un 50% más de CO2 que en 1990, cuando sólo debe aumentar las emisiones en el 15% sobre aquella fecha. Andalucía, La Rioja, Madrid, Canarias, Murcia y Baleares presentan aumentos de CO2 muy por encima de la media, superiores al 75 por ciento.
Según un exhaustivo estudio de la ONU, en 2006 el numero calculado de piezas flotantes por milla cuadrada (2,6 km2) en los océanos era de 46.000, la mayoría de ellas bolsas de plástico. Tal área es equivalente al estado entero de Texas, y va aumentando rápidamente.
En otros países (incluso no firmantes de Kioto) han eliminado parcialmente o totalmente las bolsas de plástico. No es difícil hacerlo, pero hay que hacer el esfuerzo (por ejemplo, usando bolsas de compra reutilizables, etc.). En España, en cambio, me parece que ni siquiera estamos por tal tarea.
¿Y la jornada partida, que sólo existe en España? ¿No gastamos el doble de energía con esta costumbre única en el mundo de ir y volver del trabajo o de la escuela dos veces al día? Ya sé que es duro cambiar las viejas costumbres, pero hay pocas opciones.
Richard M. McBride / Valencia

Ser músico en Barcelona
Soy el guitarrista que tocaba los domingos por la noche en el Bar Pastis acompañando a Philippe Bot, elogiado por Joan de Sagarra en La Vanguardia. Estos conciertos ya no se repetirán gracias a la política que lleva a cabo el Ayuntamiento.
¿Dónde estarían Joan Vinyals, Toti Soler, Ovidi Montllor, etc., si no se hubiesen hecho a sí mismos en salas pequeñas? ¿Qué escena musical habrá en Barcelona en unos años?
No promocionen la escena local si no quieren, pero no nos impidan trabajar, pues nos vamos con la música a otros lares. Ustedes se lo pierden.
Esta carta tiene el apoyo del bar Pastis y de sus músicos. Recientemente, el bar Monasterio ha suspendido también su programación por causas burocráticas.
El 9 de julio, los nuevos y los veteranos del Pastis hacemos un concierto-protesta en Luz de Gas. Están todos invitados.
Aleix Vila Canela / Barcelona

La enseña nacional
Ganar la Eurocopa ha tenido un beneficioso efecto colateral, que es de esperar se asiente y perdure en el tiempo. Me estoy refiriendo al uso masivo que se ha hecho de la bandera nacional, a las expresiones espontáneas de vivas a España o a la recuperación de canciones donde se esgrime con orgullo la condición de español.
Yo, particularmente, me considero español por accidente y no me tengo por un patriota al uso. Pero ello no es óbice para considerar muy perjudicial para la convivencia de mis conciudadanos que los grandes símbolos de este país fuesen patrimonializados, al menos hasta ahora, por la derecha política, religiosa y sociológica que los utilizaba para dividir a los ciudadanos en buenos y malos o patriotas y antipatriotas en función de que sus comportamientos, actitudes, principios o valores, tan constitucionales como los suyos propios, fueran, sin embargo, distintos.
Espero que hayamos aprendido la lección y que en lo sucesivo no se haga un uso partidista de los símbolos de todos y que el PP, para no andarnos con circunloquios, no vuelva a sacar a las calles la enseña nacional para apoyar con ella sus ideas, que sólo son suyas, o que no vuelva a sonar el himno nacional al finalizar sus manifestaciones.
Vuelvo a la Eurocopa y a la enseña nacional. Algo muy importante podíamos haber aprendido. Hagamos un uso adecuado de los grandes símbolos de la nación. Envolverte en la bandera porque ha ganado un gran torneo el equipo nacional de tu país es correcto.
Envolverte en la misma bandera para manifestarte por tus ideas, que no son compartidas por gran parte de la ciudadanía, no sólo es hacer un mal uso de la enseña nacional, sino que es sumamente antipatriota por el desprecio que significa hacia las ideas de los demás. Y, sin embargo y paradójicamente, los que así actúan son los que creen tener el privilegio de extender los certificados de patriotismo. La expresión de “patriotismo de hojalata” para definir este fenómeno fue muy criticada en su día por sus destinatarios que llamaron “bobo solemne” a su autor. Pienso, por el contrario, que fue muy acertada.
Gerardo Rivas Rico / Madrid

Por todas partes
España, campeona de Europa. Hemos podido. El júbilo culmina en un éxtasis de alegría sin límite. Las banderas de nuestra patria ondean por doquier. Las gentes corren entonando cánticos y buscando la complicidad de sus vecinos. Y ahora, ¿qué? Pasó el subidón y la vida continúa, salvo que ahora somos los mejores y nos sentimos orgullosos por ello. Hemos sido capaces de demostrar a Europa que corriendo tras un balón nadie gana a nuestros chicos, que los nuestros saben sudar la camiseta y juegan con clase.
Sin embargo, ocurre un no sé qué… es una extraña sensación, algo que podría asemejarse a lo que siente el incauto recién timado, o el que vislumbra lo etéreo, lo artificial, lo efímero de su actual estado de satisfacción. Pero este es un déjà vu que pasa fugaz y uno sigue durmiendo el sueño de Matrix.
El fútbol ha vuelto a cumplir con su cometido: afianzar valores inculcados que debieran sernos ajenos, tales como el patriotismo o la competitividad y, sobre todo, ha logrado enajenarnos en otra maravillosa maniobra de distracción diseñada para Matrix, como si de un frío y sabroso helado de chocolate se tratase.
César Pérez Navarro / Córdoba

Horarios comerciales
Los consumidores y usuarios podemos hacer nuestras compras de lunes a sábado hasta últimas horas de la tarde sin necesidad de que se amplíen los horarios comerciales. Esta ampliación va en grave perjuicio de los pequeños y medianos comerciantes y de su trabajadores.
En esto de los horarios comerciales, como en tantas otras cosas, la verdadera libertad no está en el imperio de la ley del más fuerte.
Juan Jiménez y Rafaela Hernández / Madrid