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Cartas de los lectores

Un espacio público para dejar oír tu voz

3 de octubre

03 oct 2008
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Que se sepa la verdad
Mi padre era José Gordillo Galea, muy conocido entre los tranviarios como “el maestro”. Su daño a la sociedad fue querer enseñar a leer y escribir a todo el que no sabía. Sería muy largo escribir todo lo que mi padre me enseñó. Él estaba entusiasmado con los principios del anarquismo. Por esta razón dejó de estudiar Arquitectura y se metió a currante, a tranviario. En 1927 conoció a su mujer, mi madre, que era de un pueblo cercano al suyo.
Yo creo que llevo en mi sangre las ideas de mi padre. Con este pensamiento y leyendo en Público sobre lo que desea hacer el juez Garzón, quiero decir que me parece correcto, totalmente justo y le animo a que, con la colaboración de todos, se sepa la verdad.
Mis padres, buscando la forma de protegernos del peligro que suponían esas opiniones políticas, trasladaron a toda la familia a Almendralejo. Cuando se dieron cuenta de que estaban controlándole e investigando sus antecedentes, nos volvimos a Sevilla, donde nos repartimos entre los familiares que teníamos allí. Al final volvió a entrar en los tranvías y nos fuimos a vivir a la Puebla del Río.
Mi padre, tan querido por tantos compañeros tranviarios, murió el 19 de enero de 1949 en el hospital de Dos Hermanas (Sevilla), donde llevaban a los tuberculosos. A mi padre lo habían echado de su puesto de trabajo porque descubrieron que estaba afiliado al anarquismo.
Justo antes de morir, mi padre me dijo: “Hijo, si quieres ser feliz, no le hagas daño a nadie, y así sobrarán los Guardias Civiles, los carceleros y abogados chupatintas”. Me dio un abrazo y murió con su ideal.
José Luis Gordillo Leal / Sevilla

Vade retro
Yo quiero apostatar de la Iglesia católica. No quiero seguir perteneciendo a un club que contraviene los reglamentos de su principal fundador.
Una sociedad cuyas jerarquías rara vez se posicionan de lado del humilde y el oprimido.
Con unos representantes, sus obispos, que esgrimen una doble moral decimonónica capaz de sobrellevar, con esquizofrénico ademán, la condena a la homosexualidad y las practicas de pederastia.
Una institución que no acepta que se saque a los muertos de la siniestra tumba que les preparó su asesino, aunque solo sea para darles “cristiana” sepultura.
Una organización que ha actuado sectariamente, y pretende seguir haciéndolo, sujetando con mano de hierro las riendas de la educación y la moral de este país.
Un lobby masculino que ha reprimido y satanizado a la mujer y que incluso, durante mucho tiempo, les ha negado hasta el alma.
Y ahora va la Justicia y me dice que no sirve de nada.
Que no me van a borrar de la lista por mucho que apostate o que blasfeme. Que la “Santa Madre Iglesia”, donde mis padres decidieron afiliarme sin preguntar mi opinión, tiene derecho a no darme de baja.
Tienen derecho a contarme entre sus acólitos, al menos numéricamente. A engrosar sus filas a la hora de recibir aportaciones económicas en base al número de socios que posee. A engordar las cifras para su propia conveniencia.
En ese caso ya me perdonarán, pero, ante tamaño atropello, no nos va a quedar más remedio que casarnos con alguien de nuestro mismo sexo, o algún anatema parecido, para que nos excomulguen por herejes y poder liberarnos de esta tiranía.
Antonio Martín / Zaragoza

El mejor de los mundos
Se puede decir que el 2 de octubre vino cargado de noticias; inquietantes, absurdas y divertidas noticias.
El paro bate récords, los españoles estamos desasosegados por la situación económica y España no asistirá a la minicumbre europea en la que se tratará la crisis. Claro, España tiene el mejor sistema financiero del mundo y no tenemos necesidad de perder el tiempo con nuestros socios comunitarios en algo en lo que vamos viento en popa. Es que los europeos no le han visto el culo a un pollo y nosotros estamos hartos de verlo.
El Senado norteamericano aprueba por fin el plan de Bush, con lo que ya podrán pagar las liquidaciones de sus ejecutivos. Que los niños de África se mueran a cada minuto pase, pero ni un día más sin pagar el finiquito a esos gurús de la economía que han llevado a la bancarrota a ocho millones de norteamericanos. Faltaría más.
El príncipe Felipe recuerda a los exiliados en México y los inmigrantes tendrán que esperar cinco años para traer a sus padres. ¿No son un poco contradictorias estas dos actitudes? En fin, las autoridades sabrán mejor que nosotros de exilios pasados y migraciones presentes.
También me ha gustado mucho la confesión de Federico Trillo: Hernando y López no son nuestros. Claro que no. Esos señores son sólo de ellos mismos.
Bueno, como se puede comprobar, todo va aclarándose a medida que pasan los días. Así da gusto. Si no fuera porque el domingo me mordí la lengua comiendo pistachos y aún tengo una molestia bastante desagradable, diría que vivimos en el mejor de los mundos.
Mario López Sellés / Madrid

Cuando acabe el hambre
A veces he pensado qué se pensará de nosotros en el futuro, cuando por fin se haya logrado vencer la pesadilla del hambre y de la pobreza que impone un sistema económico tan injusto como el nuestro.
No tengo duda de que ese día llegará tarde o temprano y que los que vivimos hoy y vemos los cayucos que llegan a nuestras costas, que sabemos que muchos no llegan, que sabemos que esta crisis va a significar hambre y muerte entre los desheredados del planeta; seremos juzgados como los alemanes que vivieron en la Alemania nazi.
Dirán de nosotros que lo sabíamos, que lo veíamos por la tele y que no hicimos nada. Dirán que nuestros gobiernos decidieron apoyar a los banqueros arruinados en lugar de ayudar a los que nacieron en un lugar equivocado; y dirán que nosotros apoyamos esa política con nuestros votos.
Antonio de la Rosa Botaya / Badalona