16 de febrero
Los enemigos del PP
María Dolores de Cospedal ha hablado de acoso y derribo contra el PP y añadió: “No vamos a consentir ni tolerar que se nos implique en ninguna campaña ilícita, de financiación ilegal o de corrupción, porque el PP no reconoce absolutamente, como partido, ninguna responsabilidad en los asuntos que están apareciendo estos días en diversos medios de comunicación”.
Cuando no habían pasado ni 24 horas de estas declaraciones nos encontramos con la dimisión/cese del alcalde de Boadilla, con la renuncia inesperada del consejero de deportes de la Comunidad de Madrid y el cese del gerente del Mercado Puerta de Toledo y ex alcalde de Majadahonda. Así, de golpe, hemos pasado del acoso y derribo y el no reconozco nada a la dimisión generosa de quienes se declaran inocentes y aún así reuncian a sus cargos para salvar al partido de sus enemigos. La cuestión es: ¿quiénes son los enemigos?
A Mariano Rajoy le falta todo lo que le sobra a Esperanza Aguirre: le faltan agallas para dar el puñetazo en la mesa, para ejercer su autoridad y librarse de quienes quieren sentarse en su silla, aunque sea a costa de cargarse el partido o hundirse con él. El temporal que azota Génova ha pillado a Mariano sin chaleco y sin bote salvavidas porque el enemigo ya se los ha adjudicado para el día del hundimiento. En el PP hay un suicida, y Mariano, o no se entera, o simplemente se cree el Mesías que espera, resignado e impasible, la traición de Judas.
Alberto Ríos Mosteiro /Madrid
Para deprimirse
A medida que se agranda la brecha entre la destrucción y la creación de puestos de trabajo, se alargan las colas a las puertas de las oficinas estatales de empleo y de las agencias de empleo temporal. Es curioso observar cómo llegan en aluvión los currículos a las empresas que en época de bonanza han tenido dificultad para encontrar personas dispuestas a trabajar en sus instalaciones. Así, son numerosas las peticiones de trabajo en funerarias, o en obradores de pastelería que trabajan en horarios de madrugada.
En medio de la tempestad destructiva de puestos de trabajo, de descenso de abonados a la Seguridad Social, los psicólogos están que no paran. El estrés, el miedo a perder el trabajo, y sus consiguientes y nefastos efectos colaterales, han disparado los desequilibrios psicológicos hasta límites insospechados.
Lo malo sería que no lográsemos alcanzar las cotas de crecimiento que teníamos antes de entrar en la caída libre provocada por la crisis. Eso sí que me asusta, y sería motivo para deprimirse.
Juan Carlos Pérez /Bormujos (Sevilla)
El bolsillo
de los españoles
Sólo hay dos maneras de saldar las deudas: por el trabajo y por el ahorro. Ni lo uno ni lo otro se viene fomentado en este país. La prudencia en el gasto hace tiempo que brilla por su ausencia. Por parte del Estado, el endeudarse hasta los dientes es público y notorio. Las familias tampoco han dudado en tirar de tarjeta de crédito, aun advirtiendo peligrar su puesto de trabajo.
Quizás han hecho caso a un Gobierno que negaba la crisis cuando la recesión estaba servida y otros países ya habían tomado medidas. Con dar migajas sociales a palo seco, el bolsillo de los españoles no sale del desplome. Hace falta crear empleo, algo que en España escasea –por cierto, más que en otros países de la Unión Europea–, a la par que crece la ociosidad y la suerte se antepone a la ocupación. Y seguirá escaseando mientras no se reforme la política de empleo y el mercado laboral.
Hemos estado perdiendo competitividad y la autoestima del mundo obrero. A cambio, cosechamos riadas de débitos. Con la soga al cuello es difícil centrarse y mejorar la productividad, máxime cuando se tienen otros hábitos de derroche, cuando nadie se fía de nadie y el borreguismo se premia antes que la formación laboral. Es evidente que aquellos países que cuentan con una población más formada tienen una tasa de paro menor y consiguen antes entrar en el mercado de trabajo. En mi opinión, han de propiciarse políticas de Estado consensuadas con todos los agentes políticos, económicos y sociales del país para aumentar el empleo en España.
Víctor Corcoba
A propósito de Darwin
La ciencia es una cosa, y la religión es otra ¿por qué ese afán de algunos en mezclarlas? Nada es tan sencillo como parece, Darwin no se levantó un día de 1859 enfadado con su párroco y escribió El origen de las especies. Estuvo cinco años viajando alrededor del mundo, observando, anotando, estudiando y trabajando para redactar la que sería su obra maestra, marcar un antes y un después en la historia de la Humanidad y verter un poco de luz sobre el miedo y la oscuridad.
Crean o no en un ser superior, pero no cuestionen algo que es científicamente verdad. Ustedes mismos se toman una aspirina cuando les duele la cabeza, pues la evolución y la aspirina fueron descubiertas por el mismo método, el científico. Tampoco se alarmen por descender del mono, lo que tendría que inquietarles es todo lo que nos parecemos a un guisante.
Porque ahí tienen el ejemplo más claro del origen común, el código genético: las mismas tres bases nitrogenadas (componentes del ADN), GGT, codifican para el aminoácido (componente de las proteínas) glicina, tanto en un guisante como en una bacteria, en una vaca o en el propio ser humano.
Esto indica que hubo una vez que todos –el guisante, la bacteria, la vaca y el humano– fuimos uno, y a partir de ahí evolucionó todo lo demás. Es el mismo principio por el que tanto un rascacielos de Manhattan como una chabola de las tribus de la Amazonia tienen puertas cuadradas.
Julio Rodríguez /Santiago de Compostela





