Cartas de los lectores

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14 de agosto

14 Ago 2009
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Paraísos fiscales
Que los países del G-20 estén realizando esfuerzos para luchar contra la evasión de impuestos es, sin duda, una noticia de la que todos nos debemos alegrar.
Que los paraísos fiscales manejen, aproximadamente, el 13% de la riqueza mundial es una aberración y un fraude intolerable a las diferentes sociedades afectadas.
Que los gobiernos actuales –muchos de ellos democráticos– consientan que exista una lista negra de 43 países que se prestan al juego sucio del lavado de dinero, escamoteo y fraude, nos da una idea del camino a recorrer para conseguir una sociedad más solidaria y justa.
Que muchos de estos defraudadores pasen por honestos empresarios o ciudadanos patriotas nos demuestra la farsa y el engaño de esta sociedad.
Pedro Serrano Martínez / Valladolid

La inmunidad del PP
El PP pretende hacernos creer que sólo ellos saben cómo salir de una crisis económica mundial, que sólo ellos podrán acabar con el terrorismo, que la corrupción no existe entre los suyos y que el Estado de Derecho y la democracia ni existen ni funcionan cuando otros ocupan el poder.
Los mensajes del PP son claros y contundentes: el Gobierno de Zapatero tiene la culpa de todo y todo vale para ganar unas elecciones. La infamia y la mentira son el único proyecto de esta oposición que quiere que sus miembros sean intocables ante la ley.
Esta oposición ha hecho de la calumnia y de la injuria su única arma para desgastar al Gobierno que hemos elegido la mayoría de los españoles en las urnas, y su perversión es tal que no les importa dañar nuestro sistema democrático con declaraciones incendiarias que no materializan en acciones ante la Justicia.
La inviolabilidad y la inmunidad de nuestros políticos le está saliendo demasiado caras a la credibilidad de nuestra democracia y de sus instituciones.
Alberto Ríos / Madrid

¿Es rentable la corrupción?
Supongo que será rentable para los corruptos porque cada vez hay más en nuestro país, pero que le sea rentable a los políticos que meten la mano donde no deben es lo que más me preocupa.
El apoyo político a los supuestos corruptos es señal de que tenemos una sociedad demasiado tolerante con los ladrones de guante blanco y que valoran más a los que se enriquecen en pocos años a costa de los sufridos ciudadanos.
La corrupción es prima hermana de los grandes especuladores y estos, a la vez, se aprovechan de las leyes del liberalismo salvaje y del todo vale con tal de ganar dinero, pero sus consecuencias las estamos pagando ahora los que menos poder adquisitivo tenemos, mientras que las bolsas de todo el mundo están subiendo sus beneficios y los jefes de las grandes empresas y sus ejecutivos se suben aún más su sueldos –escandalosos, por cierto– en los tiempos que estamos viviendo.
Joaquín García Mayo / Alburquerque (Badajoz)

Señoritos y nobles
Quisiera hacer un sucinto relato de lo que ha sido la pintoresca Justicia de este país en los últimos cien años –dictaduras incluidas–. Hasta bien entrado el siglo XX, cuando se pudo erradicar de ciertas zonas de Andalucía y Extremadura el famoso derecho de pernada, el sistema caía inexorable encima de un fugitivo llamado El Lute que, como luego vimos, no era más que un ladrón de gallinas con muy mala suerte y ganas de libertad. Por el camino, las grandes estafas como las de Sofico Renta o Matesa dejaban poco más que unos meses en la cárcel a sus protagonistas, honorables ciudadanos, y como siempre, los estafados, trabajadores sin más. Eso sí, las cárceles abarrotadas de presos políticos y ladrones que, en su gran mayoría, eran pobres con problemas para llevar comida a casa.
Si Javier Arenas se refería a esta situación, no la veo por ningún lado. Más bien veo una pataleta monumental, porque lentamente se van nivelando los platillos de la balanza de la Justicia.
¿Qué las cosas iban a seguir igual que hace cien años? Su discurso, además de retórico, denota que no están acostumbrados a que les lean la cartilla –consecuencia directa de vicios propios de señoritos y nobles venidos a menos–,
pero habría que decirle a Arenas que la democracia es lo que tiene.
Francisco Javier España /  Madrid

Aconfesionalidad es laicidad
Algunos se hacen cruces porque el Gobierno, después de 30 años, se ha decidido a cumplir con la Constitución y va a hacer desaparecer de los locales e instituciones públicas signos religiosos. Hoy, las cruces, como antes también el yugo y las flechas. Son los que todavía no se han querido enterar de que España nunca –ni con las expulsiones masivas de minorías, ni con la hoguera o el paredón de fusilamiento– fue un país católico, por lo menos de forma unánime, y que la democracia no es el imperio ideológico de la mayoría, sino el respeto de los derechos de las minorías –como empiezan ya a serlo también los católicos–. Hoy, todavía, intentan mantener la religión politizada de la dictadura, pretendiendo que la aconfesionalidad del Estado no sea sinónimo de laicidad. ¡Qué cruz!
Alfredo Díaz / Madrid

Libertades
Si nos tienen que explicar lo que son las libertades, malo, porque nos las deben de estar recortando.
Si, al parecer, las únicas libertades verdaderas que vamos a tener son para asentir todo lo que digan quienes mandan, malo, eso es totalitarismo. La libertad de conciencia, aneja al ejercicio de muchas profesiones en las que de oficio se han de oír muchas cosas y se han de tomar decisiones, está reconocida en todos los países civilizados y en todo el ámbito de nuestra cultura occidental. La libertad ha de ser para todos o para nadie. Mal vamos si estas cosas se han de explicar, se han de exigir o se han de pelear.
Mónica Serra / Barcelona

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