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Mis rollitos chinos

Sorteando los tópicos sobre el país más poblado del mundo

Pekín express

21 mar 2009
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perro transportista

Comer perro es típico en diversas regiones de China, como en la frontera con Corea del Norte, en la provincia de Guangxi y en algunos lugares de Cantón, donde “se comen todo lo que tenga cuatro patas, menos las mesas”, dicen algunos por aquí.

Pero en Pekín no es muy habitual ver comer carne de perro. Al contrario, los pekineses tienen un gran afecto  por sus chuchos, a los que sacan a pasear por las calles atestadas de coches, o por el pequeño jardín que suele haber en el centro de cada complejo de apartamentos. A los pekineses les encantan los chuchos pequeños y feos, una mezcla del clásico pekinés con una especie de perro-rata, de hocico afilado y patas cortas . Encima de ser feos, y de correr el riesgo de ser pisados, han de aguantar ir vestidos con camisetas deportivas, abrigos o calcetines de lana, como los perros de algunos de mis vecinos.

Lo que no había visto nunca todavía era a un chucho pekinés haciendo de transportista. Y me lo encontré el pasado jueves en Xiangying, en un pueblo de agricultores de trigo, a unos 120 kilómetros de Pekín. Si sus compatriotas de la capital le vieran, ladrarían a gusto.

pekines de pueblo

Manzanitas caramelizadas para digerir el pato

17 mar 2009
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Me encanta la comida china. De hecho, siempre digo que si tuviera que escoger qué es lo que más me gusta de este país, lo tendría claro: los chinos y la comida. El paisaje, las ciudades, los monumentos… digamos que se los han cargado un pocBingtanghuluo. Una Revolución cultural y treinta años de industrialización desenfrenada pueden acabar con el patrimonio cultural y el medioambiente de cualquier país.

Pero a lo que íbamos. Soy una fan de la comida china, siempre y cuando ésta sea… salada. Llegué la conclusión de que los dulces chinos no me gustan ayer por la noche, cuando me decidí a probar por primera vez después de más de dos años aquí, las bingtang hu lu : una especie de pinchos de fruta caramelizada, recubiertas de semillas de sésamo, muy típicos de Pekín en invierno. Los hay de mandarina, fresón, plátano, caquis, uva. .. pero el tradicional está hecho de una especie de manzana silvestre, que sólo la he visto aquí. En castellano creo que se llama “espino” , “azarolla” , “zarza”… En inglés es “hawthorns”. En cada pinchito de bambú deben venir unas ocho manzanitas de éstas. Ayer me comí un pincho entero, ale, todas las manzanitas de golpe, pá dentro. En China dicen que este fruto, llamado shānzhā (山楂), ayuda a hacer la digestión. Cómo antes me había zampado un número bastante elevado de tortitas rellenas de pato laqueado y unas navajitas chinas salteadas con jengibre y cebollino, no vi motivo para cortarme. El resultado no fue el esperado. Hoy me encuentro en un estado febril, con un sudor frío y una acidez estomacal que ni medio litro de Coca Cola han conseguido eliminar. Y cuando mi mente recuerda la imagen de la vendedora de bingtang hu lu de ayer, me mareo y hasta revivo los peores ratos en el comedor del cole, cuando hacía 4º de EGB.

Para los que no tengáis un estómago sensible a la acidez, y algún día os dejéis caer por Pekín, recomiendo la experiencia de degustar las bingtang hulu, es una experiencia divertida: los trozos de caramelo van cayendo mientras tratas de pegar bocado a una manzanita, ácida por dentro, dulce por fuera… Las manos se te pringan, los labios se te pegan, encartonados de azúcar y glucosa, los dedos se te quedaran enganchados a la billetera cuando vayas a pagar. Vale la pena. Es un postre sin riesgo de melamina y con una bonita leyenda detrás:

Se cree por aquí que las bingtang hulu fueron inventadas durante el reino del emperador Guangzong (1147 – 1200 dC), de la dinastía Song. Un día, una de sus concubinas favoritas, Huang Guifei, perdió el apetito sin razón aparente y los costosos remedios a base de hierbas que le ofrecían los médicos de la corte no le servían de nada. Fue un doctor de la calle quién dio con la solución, recetándole que comiera unos cuantos espinos hervidos a fuego lento con azúcar antes de cada ágape. Huang Guifei recuperó el apetito al día siguiente y desde entonces empezaron a aparecer los vendedores ambulantes, que ofrecen por la calle estas manzanitas chinas caramelizadas insertadas en un bastoncillo de bambú.

Aquí unas fotos de la fruta en cuestión:

 

El espino se utiliza también en infusiones, jarabes, confituras y licores. Es una fruta muy valorada en la medicina tradicional china, que la considera apropiada para tratar:

- Problemas de indigestión

- Estimula la digestión

- Baja los niveles de colesterol

- Baja la presión de la sangre

- Fortalece músculos del corazón

Tíbet: ¿50 años de represión o de reformas democráticas (como dicen en Pekín)?

10 mar 2009
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Mao Zedong, Dalai Lama y Panche nPara visitar una de las exposiciones más concurridas de Pekín estos días no hay que pagar entrada, pero sí hace faltar pasar por un riguroso control de seguridad, incluyendo el cacheo y el detector de rayos-X. Bajo el nombre “50 aniversario de las Reformas Democráticas en Tíbet”, la exposición reúne decenas de fotografías y montajes audiovisuales que, según su patrocinador – el gobierno chino – muestran el desarrollo social y económico logrado en Tíbet durante los últimos 50 años liderados por el Partido Comunista.

Sin embargo, las extremas medidas de seguridad en la entrada y la cantidad de agentes que deambulan por la sala con cara de aburridos denotan que la exposición, inaugurada hace dos semanas, puede despertar hostilidades.

Para los tibetanos, este mes es para conmemorar el 50 aniversario del levantamiento popular que forzó el exilio del Dalai Lama y el primer año de las revueltas violentas en Lhasa, que desencadenaron en una brutal represión china sobre Tíbet.“Hasta hoy no sabía nada de lo que ocurría en Tíbet antes de 1959”, dice Zhang Zhenjie, un jubilado de 67 años, mientras contempla las copias de varios instrumentos de tortura utilizados en las cárceles tibetanas en los años 50.

Todo el material expuesto sirve para argumentar la versión oficial de lo que era Tíbet antes de ser “liberado” por China: un reino feudal y primitivo, sometido a la miseria y al autoritarismo religioso del Dalai Lama. En un momento de máxima tensión en Tíbet, donde el ejército se encarga de suprimir cualquier intento de revuelta, Pekín ha optado por un enorme despliegue de propaganda– que incluye desde exposiciones y artículos de prensa, a la proyección de documentales sobre Tíbet en las salas de cine – para ganarse el apoyo popular y fomentar el patriotismo.

En estos momentos, Tíbet y las regiones tibetanas de China, concentradas en las provincias de Sichuan, Gansu y Qinghai, viven una especie de “estado de excepción” no oficial, gracias al mayor despliegue del ejército chino desde el terremoto de Sichuan, en mayo del año pasado. El acceso a decenas de pueblos y monasterios tibetanos ha sido bloqueado y la población autóctona vive sometida a un estricto control policial. En especial, los monjes, acusados de iniciar las revueltas del año pasado. El gobierno chino de Tíbet admitió ayer que se han intensificado las patrullas en la región y las fronteras con Nepal e India para evitar “posibles revueltas incitadas por los seguidores del Dalai Lama y por grupos de occidentales que apoyan en la independencia de Tíbet”, según el diario China Daily.

“Nos hemos pasado todo el día con la policía”, explica por teléfono Ylenia, una periodista italiana, desde Xining, capital de Qinghai. Después de estar retenida durante horas en un control de policía en la carretera, Ylenia logró llegar hasta el monasterio de Longwu, hogar de 400 lamas tibetanos, a unas 4 horas de coche desde Xining. En un cuarto de hora, la policía entró a buscarla y la sacó del monasterio. Las restricciones a la prensa extranjera para acceder a las regiones tibetanas hacen muy complicado dar una visión ajustada de lo que ocurre en Tíbet.

Hace diez días, un monje tibetano de Lithang, en Sichuan, salió a la calle ondeando una bandera tibetana y gritando consignas a favor del Dalai Lama, y después intentó quemarse a lo bonzo, según las organizaciones protibetanas en el exilio. A su acto de protesta se sumó una manifestación de un millar de monjes, pero la agencia de noticias Xinhua, sólo admitió el ingreso de un monje con quemaduras en el hospital. Las diferencias de información entre Pekín y el exilio tibetano – con intereses opuestos – saltó a la vista el año pasado, tras las revueltas de Lhasa: según el gobierno chino, en los asaltos murieron 19 ciudadanos chinos, uno policía. Según las organizaciones tibetanas en el exilio, más de 200 tibetanos murieron durante la represión policial posterior a las revueltas, y más de 1200 permanecen desaparecidos.

Al margen del contacto con vendedores ambulantes de artesanías, el conocimiento de los chinos sobre los problemas de la población tibetana es escaso. La prensa china está censurada y no puede publicar algo que pueda poner en duda la política de Pekín para Tibet. La exposición incluye fotografías de la construcción de la “autopista de la Amistad”, la primera autopista de Tíbet, de escuelas y bloques de apartamentos modernos levantados con dinero de Pekín, y tablas que indican el aumento de la productividad en el campo durante los últimos 50 años. “La situación de los tibetanos seguirá desarrollándose gradualmente”, dice convencido un matrimonio pekinés, que visita la exposición.

En una vitrina cercana se expone una copia del famoso “Artículo 17”, un acuerdo firmado entre Mao Zedong y el Dalai Lama en 1951, en el China se comprometía a respectar la cultura y las formas de gobierno tradicionales de Tíbet. Pero el acuerdo nunca se respetó. Y tras ocho años de represión religiosa y la colectivización forzada de las tierras, que hundió a la población autóctona en la pobreza, Tíbet explotó.