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Mis rollitos chinos

Sorteando los tópicos sobre el país más poblado del mundo

“Para reducir el odio entre Uigures y Han hay que acabar con los prejuicios”

27 feb 2010
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Entrevista a Ilham Tohti, profesor Uigur en la Universidad de las Minorías Étnicas de Pekín 

Ilham Tohti en el comedor de su casas 

El intenso olor a perfume es lo que más sorprende al entrar en el apartamento de Ilham Tohti, profesor Uigur de la Universidad de las Minorías Étnicas de Pekín. A diferencia de los Han (la etnia a la que pertenece el 90% de la población china), los Uigur tienen el hábito de usar perfume, como muchos otros pueblos musulmanes. Los uigur son una etnia de origen turco, con un idioma y una cultura que no tienen nada que ver con la china, que habita en la llamada “Región Autónoma de Xinjiang”, en el extremo noroccidental de China, aunque ellos prefieren llamarla “Turkestán Oriental”.

Tohti es profesor de economía en esta universidad pekinesa y  ha invertido muchos esfuerzos durante los últimos años en promover el entendimiento entre Uigures y Han. La convivencia no es fácil a causa de represión social y cultural que el gobierno chino ejerce sobre los Uigur.

Uno de los principales proyectos liderados por Tohti era un portal de información en Internet dirigido a los más de 9 millones de uigur que hay en el país, Uighurbiz.net. Era muy popular. Demasiado, quizás. El gobierno chino decidió censurarlo poco después de las revueltas que estallaron el 5 de julio en Urumqi, capital de Xinjiang, en las que perecieron casi 200 personas, la mayoría Han. Para su sorpresa, Tohti fue detenido y encarcelado durante casi dos meses, aunque él estaba en Pekín. También le prohibieron dar clases hasta hace poco. 

“Me siento frustrado”, me dijo Tohti el pasado diciembre, cuando le entrevisté en su casa. Llevaba un semestre sin poder dar clases ni dedicarse a Uighurbiz, que aún sigue censurada.

El profesor está convencido de que el gobierno local de Xinjiang fue quién ordenó su detención este verano.  Dos meses antes de las revueltas, Tohti publicó un artículo en Uighurbiz criticando duramente al gobernador de Xinjiang y a todo su equipo  (que es asignado por Pekín). “Ellos han sido los responsables de una política desastrosa a la hora de proteger los derechos y la cultura del pueblo uigur y de promover el entendimiento con los Han”, repite Tohti, mientras su mujer le sirve una taza de té. La pareja es un ejemplo de la diversidad cultural del pueblo Uigur: ella, de tez clara y facciones caucásicas. Él, con su cabello azabache teñido con Henna,  podría colar como pakistaní. Tohti dice él mismo tener antecedentes familiares en la franja de Pakistán fronteriza con Xinjiang.

Después de publicar sus críticas en la web, el gobierno local de XInjiang trató primero de sobornarle: “ Me dijeron que regresara a Xinjiang, que me asegurarían una buena vida para toda mi familia”, recuerda Tohti, encendiendo un cigarrillo. Estamos en el sencillo comedor de su apartamento, una mesa y cuatro sillas junto a una vitrina con vajillas de porcelana barata, al estilo árabe. “Al ver que yo no reaccionaba, optaron por las amenazas, tipo: ten cuidado de no ser atropellado”, añade Tohti. La cosa acabó con su detención, en julio. Las revueltas fueron una excusa para convertirle en un agitador de la violencia Uigur. Según los medios chinos, la chispa que encendió las manifestaciones violentas en Urumqi fue la indignación popular por la muerte de dos trabajadores Uigur en una fábrica de Cantón en una pelea contra trabajadores Han. Uighurbiz difundió ampliamente la noticia, que también corría por SMS.
 
Lo que más le preocupa a Tohti es que le ocurra algo a los colaboradores de la web. Uighurbiz empleaba a 76 personas, dos permanecen detenidas. La mayoría de colaboradores están en Xinjiang, donde Internet y las líneas de teléfono internacionales permanecen suspendidas en muchos lugares desde el pasado julio.

 Las revueltas de Urumqi han servido al menos para que Pekín envíe por primera vez una delegación oficial a investigar lo sucedido y tratar de comprender los problemas que sufre XInjiang, fronteriza con diversas repúblicas de Asia Central, entre ellas, Afganistán. La delegación estuvo formada por unos 500 funcionarios y expertos, pero Tohti no cree que la visita sirviera de mucho. Algunos de ellos le contactaron para decirle que se sentían  “frustrados” de no poder hacer nada para cambiar las cosas, y que parte del viaje se habían dedicado a cenar y a emborracharse con los políticos locales. “El sistema está demasiado centralizado y burocratizado para poder cambiar las cosas”, dice Tohti. Está convencido de que será la sociedad civil la que liderará el mejor entendimiento entre uigures y han, y no los políticos. Cada vez hay más académicos, intelectuales y ONGS llevadas por Han se interesan por los problemas de Xinjiang, muchos de ellos sacados a relucir por Uighurbiz.net:  Por ejemplo, la elevada tasa de desempleo entre los uigur por culpa de la discriminación frente a los inmigrantes Han, que ya se han convertido en la mayoría de la población de la región.  “El PIB de Xinjiang crece cada año pero los uigures no se benefician”, se lamenta Tohti. La mayor parte de las empresas y negocios de Xinjiang, región rica en gas y petróleo, son explotados por Han.

Otro problema grave en Xinjiang es la situación precaria de las zonas rurales. Casi el 90% de la población uigur es campesina. Según Tohti, los uigur tienen derecho a cultivar terrenos más pequeños y de peor calidad que en el resto de China,  donde la tierra es propiedad del Estado.

La web de Tohti también había empezado a informar de la rápida expansión del SIDA entre los uigur, uno de los grupos sociales más afectados por esta enfermedad en el gigante asiático. La proximidad de Xinjiang con Afganistán es una de las razones de que los Uigur estén involucrados en el tráfico de droga e inyección de heroína.

 “Para reducir el odio entre Uigures y Han hay que acabar con los prejuicios”, dice Tohti, encendiendo otro cigarrillo. La desconfianza mutua entre ambas étnicas nace de la política hacia las minorías étnicas que promueve el gobierno chino, “totalmente incoherente”, según Tohti. Por un lado, Pekín asegura dar un trato preferencial hacia los uigur (por ejemplo, dando ventajas a los estudiantes uigur en las escuelas). Por otro lado, lleva a cabo una represión cultural y religiosa con el fin de diluir la identidad nacional uigur. [ocurre lo mismo con los tibetanos].
La propaganda oficial consigue que la población Han crea que los Uigur gozan de más privilegios y ayudas que ellos, y “encima” se quejan de estar discriminados y se rebelan contra China, explica Tohti.  Los estigmas contra los Uigur han empeorado tras las revueltas de julio en Urumqi y los atentados mortales cometidos por rebeldes separatistas contra puestos de policía en Xinjiang poco antes de los JJOO de Pekín.  “Ahora cualquier delincuente uigur es visto como un terrorista”, añade Tohti, dando una última calada al cigarrillo. Xinjiang es la región de China que concentra más condenas a muerte y sentencias de cárcel por “subversión al poder del estado”,  según la ONG de derechos humanos norteamericana, Dui Hua.

Tohti no defiende el separatismo, pero quiere que los uigur se beneficien en la práctica del mismo progreso en libertades políticas y derechos civiles que vive el resto de la población china. Para ello, los uigures deben conocer cuáles son sus derechos, “alguien les debe informar”, recuerda Tohti. Éste era uno de los propósitos de su web. “Tenemos que exigir nosotros mismo nuestros derechos por la vía legal. Pero si no lo conseguimos, habrá que pensar otras maneras”, añade.

Pekín margina al cantonés

01 feb 2010
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El bullicio de decenas de voces hablando en cantonés es lo que más llama la atención en los restaurantes de dim-sum de Cantón, capital de la provincia china de Guangdong. Sin embargo, los tonos estridentes que caracterizan a este dialecto del chino, incomprensibles para un pekinés que sólo hable mandarín, desaparecen  al entrar en el campus de la universidad Jinan, en pleno centro de la ciudad. La política lingüística del gobierno chino impone el mandarín como lengua de enseñanza  en todas las  escuelas secundarias  y universidades del país, sin tener en cuenta que el cantonés continúa siendo la  lengua materna de más de 80 millones de personas, incluyendo la mayoría de habitantes de Guangdong, Hong Kong y de las comunidades chinas más numerosas en el exterior.
“La situación del cantonés en Guangdong es preocupante”, alerta Wu Wei, director del Instituto de Dialectos Chinos de la universidad Jinan, uno de los centros de estudios lingüísticos más reconocidos del país. La situación ha empeorado durante las últimas tres décadas con la llegada de millones de inmigrantes de todo el país para encontrar trabajo en  esta rica provincia industrial del sur de China,  conocida como “la fábrica del mundo”.

Según Wu, el cantonés continúa siendo una lengua viva, “pero el mandarín se está expandiendo mucho más rápido de lo esperado, incluso en Hong Kong”. En el Instituto todos hablan  mandarín, ya que la mayoría de los profesores, como Wu, no son cantoneses. Que no haya expertos locales en un centro de este nivel es un indicador de cómo el régimen chino se empeña en controlar directamente todo lo relacionado con el desarrollo de culturas e identidades autóctonas,  para asegurar que nada ponga en peligro la integridad de un país tan grande. Y en Guangdong, limitar el uso del cantonés tiene una importancia especial: “Pekín   ve el cantonés como un transmisor de la cultura y los valores democráticos de Hong Kong”, explica por teléfono Joseph Cheng, experto en política china de la City University of Hong Kong, a dos horas de tren de Cantón.
“Los cantoneses son más abiertos y críticos que en el resto de China”, opina Li Zhigang, profesor de urbanismo en la universidad Sun Yat-sen de Cantón. La prensa cantonesa tiene fama de ser la más crítica con el gobierno de Pekín de todo el país, con la ventaja que puede ser leída por millones de ciudadanos, ya que el mandarín y el cantonés comparten los mismos caracteres escritos, aunque se pronuncien de forma totalmente distinta. “Aquí nadie ve la televisión pública  [CCTV, principal organismo de propaganda del Partido comunista],  sino los programas y teleseries de Hong Kong”, añade Li, originario de Hebei, en el interior de China.  Li llegó a Cantón hace cuatro años y  colabora en diversos proyectos de desarrollo urbanístico de la provincia, que cada año recibe a  millones de inmigrantes de todo el país.portada del Nanfang Zhoumo, uno de los diarios más criticos con el gobierno chino, se edita en Cantón

“Hay barrios en Cantón donde sólo se oye mandarín”, admite Li.  Uno de los mejores ejemplos es Shenzhen, la metrópolis levantada por el gobierno chino hace 30 años  para introducir el capitalismo, en la frontera con Hong Kong. A diferencia de Cantón, la mayoría de los  habitantes de Shenzhen son inmigrantes o hijos de inmigrantes que no hablan cantonés en casa.
El número cada vez mayor de inmigrantes que no aprenderán nunca el dialecto local  en el trabajo ni en la escuela empieza a preocupar a los cantoneses. Algunos colegios han asignado un día de la semana para enseñar en cantonés, saltándose la normativa oficial, y las televisiones emiten  programas para promocionar la cultura cantonesa.  Sin embargo, “la mayoría de cantoneses aceptan que el mandarín es necesario para encontrar trabajo e impulsar el desarrollo económico”, dice Cheng. Según el experto hongkonés, ser pragmático es un rasgo muy arraigado a la cultura china, sobre todo a la cantonesa. “Por eso no se quejan abiertamente a las autoridades”, dice Cheng. Este pragmatismo tuvo el efecto contrario en los años 80, cuando en Pekín se puso de moda hablar con acento cantonés o utilizar expresiones propias de Guangdong, de donde salían los primeros empresarios en beneficiarse del  boom económico chino. Hoy el mandarín es el idioma de  los nuevos ricos chinos,  magnates de la inmobiliaria y de la construcción de las grandes ciudades de la costa Este.
“La situación del cantonés llama la atención porque lo hablan millones de personas, pero en China hay muchos dialectos que están a punto de desaparecer”, dice Wu. El profesor evita  criticar directamente la política lingüística del gobierno por miedo a perder su puesto,  pero admite que los políticos no se han dado cuenta de que fomentar el bilingüismo “ayudaría a  preservar mejor el cantonés y a enriquecer una sociedad”.