Público
OPINIÓN

La ciencia es la única noticia

 

Poder y placer

15 Ene 2012
09:00 
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ORÍGENES // JOSÉ MARÍA BERMÚDEZ DE CASTRO

* Director del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana, Burgos

No parece fácil conocer las sensaciones de un macho alfa de la especie Pan troglodytes cuando consigue el liderazgo de su grupo. ¿Tal vez su cerebro segrega endorfinas o dopaminas, que le producen placer por el hecho de estar en lo más alto de la jerarquía del grupo? Como no podemos ponernos en la piel de un chimpancé, lo dejaremos en la pura necesidad de una jerarquía natural, que beneficia la supervivencia de la especie.

Todos conocemos por experiencia la euforia y felicidad que nos produce el placer físico, emocional o intelectual. La misma bioquímica es responsable del placer que provoca la sensación de poder. Ahora bien, me gustaría distinguir entre el placer que puede experimentar un líder natural, por el hecho de guiar a los suyos hacia un estado de bienestar o de triunfo, y el placer del poder por el poder. Entre los humanos, la existencia de líderes naturales carentes de ego, guiados por su propia condición genética en beneficio del bien común es poco frecuente. Por el contrario, las sociedades modernas, formadas por un número muy elevado de individuos, casi siempre más inteligentes que los chimpancés y con un elevado grado de autoconsciencia, hemos ideado modelos mucho más sofisticados.

Lo queramos o no, las sociedades actuales modernas están condicionadas por las élites de poder. Las primeras que nos vienen a la cabeza son las económicas y las políticas, pero también están las científicas, culturales, religiosas, etcétera. El entendimiento entre las élites es muy complejo y en muchas ocasiones su desarrollo va unido a una fuerte rivalidad. La integración vertical de estas élites en la sociedad es aún más compleja. Todas son legítimas, pero su poder se retroalimenta y crea una tupida red muy difícil de atravesar. Las élites económicas son casi impenetrables, porque funcionan generalmente en un deseado anonimato. En cambio, las élites políticas están expuestas a la mirada crítica de los poderes mediáticos, sobre todo en las sociedades que se llaman democráticas.

A las élites políticas no les queda más remedio que aparentar su integración vertical en la sociedad, pero en realidad su mayor satisfacción reside en el puro placer de la hegemonía. Ni siquiera es habitual que tales élites sean dirigidas por un líder natural, que también lo es de toda la sociedad a la que representa. Por supuesto, experimentar ese placer bioquímico es legítimo y casi diría que necesario. Pero, como todos los placeres, es efímero y las endorfinas o la serotonina dejan de hacer efecto a medida que la resolución de los problemas sociales es más acuciante. Por fortuna, para el común de los mortales, existen múltiples alternativas para lograr el placer de la felicidad.

Hace medio millón de años

27 Nov 2011
09:00 
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ORÍGENES // JOSÉ MARÍA BERMÚDEZ DE CASTRO

* Director del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana, Burgos

Todas las evidencias apuntan a colonizaciones sucesivas durante el Pleistoceno de nuestra vieja y querida Europa. En la sierra de Atapuerca se tiene constancia nada menos que de cuatro poblaciones de homínidos diferentes. Una de las colonizaciones ocurrió hace aproximadamente 600.000 años. Se trataba de los antecesores de los neandertales. Llegaron con nuevas tecnologías, lo que les permitió alcanzar el paralelo 52 en regiones donde se sitúan actualmente países como Alemania y Polonia. Puede que hibridaran con los homínidos indígenas que poblaban el sur de Europa o que los eliminaran de la mayoría de sus hábitats. Incluso se puede especular con la hipótesis de que estos nuevos colonizadores se encontraran con una Europa vacía, en la que sus escasos habitantes habrían sucumbido a los rigores climáticos.

¿Qué sucedió después de esta nueva invasión, favorecida sin duda por una importante mejoría climática? Las glaciaciones de aquellos tiempos remotos tenían una larga duración en contraste con los relativamente cortos periodos de tiempo de las épocas interglaciares. No obstante, los aproximadamente 20.000 años de una fase interglaciar fueron tiempo suficiente para colonizar un continente, adaptarse a nuevos hábitats, idear nuevas tecnologías como el control del fuego, mejorar las estrategias de caza, etc. Los antecesores de los neandertales tuvieron un enorme éxito adaptativo en Europa, como demuestran las evidencias del registro arqueológico.

Sin embargo, las fases glaciales fueron muy duras como para permitir que las tribus europeas del Pleistoceno medio se mantuvieran unidas mediante lazos duraderos. En estos periodos muchos de los grupos humanos desaparecieron, otros emigraron hacia refugios cálidos en zonas bajas y próximas a la costa. Otros, en fin, ocupaban las penínsulas europeas y tuvieron mayor fortuna. En definitiva, la gran variación que hoy encontramos en la población europea de esta época es fruto de su fragmentación debido a las duras condiciones ambientales. Ahora pensamos que no todas las tribus de la especie pudieron dar origen a los neandertales. Los viejos modelos de una progresiva “neandertalización” de toda la población europea del Pleistoceno medio no se sostienen y dejan paso a la idea de que tan sólo una parte de esa población dio origen a los neandertales.

Los homínidos hallados en la Sima de los Huesos de Atapuerca podrían ser buenos candidatos (aunque no los únicos) a juzgar por todas sus características, especialmente las observadas en los dientes. Pero, siguiendo las ideas del paleoantropólogo Ian Tattersall, también podemos hipotetizar que estos homínidos pudieron ser primos hermanos de los neandertales y tal vez una especie diferente, pendiente de ser nombrada. Un reto más para el Equipo Investigador de Atapuerca.

Evolución humana en España

10 Jul 2011
08:00 
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ORÍGENES // JOSÉ MARÍA BERMÚDEZ DE CASTRO

* Director del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana, Burgos

El 5 de noviembre de 2010 se constituyó de manera oficial la nueva Sociedad Europa para el Estudio de la Evolución Humana (ESHE), cuyo primer congreso tendrá lugar en la ciudad alemana de Leipzig entre los días 23 y 24 de septiembre de este año. La noticia, en sí misma, no tendría mayor trascendencia de no ser por dos motivos históricos muy relevantes para este ámbito científico.

En primer lugar, la enorme influencia científica anglosajona ha sido decisiva en el liderazgo de Estados Unidos en el ámbito de la prehistoria durante los últimos 50 años. Un hecho que no deja de ser curioso, puesto que los yacimientos más arcaicos del continente americano no superan la antigüedad de la cueva de Altamira. Pero poderoso caballero es Don Dinero. De modo que si un científico de cualquier país quería presentar sus trabajos de investigación ante sus colegas de todo el mundo, la mejor oportunidad (que no la única) era acudir a los congresos anuales de la Sociedad Americana correspondiente. El dispendio económico que le supone a un europeo viajar a Estados Unidos para presentar sus trabajos ya no será necesario.

La ESHE ha nacido con una fuerza que no podíamos ni imaginar. La organización del primer congreso ha quedado desbordada. Ya era hora de que los europeos nos pusiéramos de acuerdo en reunirnos para debatir sobre los proyectos que desarrollamos en nuestro territorio o fuera de él, en lugar de cruzar el Atlántico, soportar el jet-lag y atiborrarnos de calorías en los establecimientos de comida rápida.

Por otro lado, si bien la iniciativa de constituir la ESHE ha partido de instituciones alemanas (Instituto Max Planck e Instituto Senckenberg), el proyecto cuenta asimismo con el liderazgo de la Universidad de Leiden (Países Bajos) y del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana de Burgos. Todos sabemos que Alemania es la locomotora económica de Europa, por lo que el influyente Instituto Max Planck está en disposición de proponer este tipo de iniciativas.

Sin embargo, los alemanes saben que España tiene un potencial enorme, tanto en yacimientos como en equipos humanos. Además, disponemos de varios centros de investigación de carácter internacional dedicados por entero a la prehistoria y la evolución humana. De hecho, España ya se encuentra en segundo lugar del mundo en cuanto al número de publicaciones científicas en estos ámbitos de la ciencia. Es deseable que la crisis económica no de al traste con el esfuerzo realizado durante estos últimos años.

Cada vez más cerca

26 Jun 2011
09:00 
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ORÍGENES // JOSÉ MARÍA BERMÚDEZ DE CASTRO

* Director del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana, Burgos

El estudio de nuestros orígenes resulta tan apasionante que los especialistas aguzan el ingenio con el objetivo de obtener información inverosímil de un puñado de fósiles. Desde hace tiempo se viene aplicando la información que proporciona la relación isotópica del estroncio (Sr87/Sr86) en estudios de hidrogeología, climatología, geocronología, etcétera. Este método también ha sido utilizado en la determinación de la dieta de nuestros antepasados, puesto que la relación Sr87/Sr86 es variable en las aguas que discurren en sustratos geológicos determinados, así como en las plantas y animales que consumen esa agua. El pasado 2 de junio se publicó un artículo en la revista Nature, liderado por la investigadora Sandi Copeland, en el que aplicaba este método al comportamiento de los australopitecos y parántropos de los yacimientos surafricanos de Swartkrans y Sterkfontein, cuya antigüedad se estima entre 3,5 y 1,8 millones de años.

El estroncio tiene propiedades parecidas a las del calcio, elemento que utilizamos los vertebrados para la construcción de nuestro esqueleto, incluidos los dientes. Es por ello que incorporamos los isótopos del estroncio a los huesos y a los dientes en la misma proporción que se encuentra en el entorno en el que vivimos. El esmalte tiene la particularidad de que mantiene esa proporción en su estructura desde que la adquiere durante el desarrollo hasta su muerte. Si analizamos la relación isotópica de Sr87/Sr86 en el esmalte de un vertebrado que vive en un lugar determinado, esa relación debe coincidir con la del sustrato geológico y las aguas que discurren por su lugar de residencia. Si no es así, el animal seguramente habrá nacido y crecido en un lugar diferente.

Sandi Copeland y su equipo analizaron la proporción de Sr87/Sr86 en el esmalte de los dientes de nuestros ancestros y la compararon con la de los hábitats donde se supone habían desarrollado su existencia. Curiosamente, los machos de australopitecos y parántropos tenían una relación de isótopos del estroncio similar a la del entorno, pero no así las hembras, que obviamente procedían de un lugar diferente. Como sucede en los chimpancés, las hembras de estas especies ancestrales abandonaban los grupos donde habían nacido para reproducirse en otros diferentes. Una estrategia que permitía evitar la endogamia. Para los neandertales se ha propuesto un comportamiento similar, en base a los datos que ofrece el yacimiento asturiano de El Sidrón. La ciencia nos ofrece cada vez más evidencias de nuestra similitud etológica con los simios antropoideos. Nos comportamos como lo que somos: simios con un cerebro muy grande.

Norte de África

20 Mar 2011
09:00 
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ORÍGENES // JOSÉ MARÍA BERMÚDEZ DE CASTRO

* Director del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana, Burgos

Durante las últimas semanas nos llegan a diario noticias inquietantes sobre los países del norte de África. La inestabilidad en estas regiones tiene una repercusión directa y muy importante para el continente europeo. Estamos muy cerca, apenas separados por varios cientos de millas marinas. Pero, ¿cuál fue la relación de la poblaciones del Pleistoceno a un lado y a otro del Mediterráneo?

En alguna ocasión se ha hablado de la posibilidad de una colonización del continente europeo a través del Estrecho de Gibraltar. Pero nunca se ha podido aportar prueba alguna para sostener esta hipótesis; es más, todas las evidencias sugieren que la evolución humana en el norte de África no tuvo nada que ver con la que sucedía al otro lado del mar. Hasta la llegada de los tiempos históricos el Mediterráneo no fue el medio de conexión entre todos los pueblos de la región, sino una barrera infranqueable.

El norte de África fue colonizado por el género Homo hace al menos dos millones de años, prácticamente desde su origen en el este del continente. Así lo testimonian varios yacimientos de Túnez (Wadi Saura), Argelia (Ain Hanech) y Marruecos (Tardiguet-er Rahla y Douar-Doum), en los que se han hallado millares de herramientas de confección muy arcaica y donde algún día aparecerán fósiles humanos. La falta de yacimientos de esta época en otros países, como Libia, puede tener más relación con la inestabilidad política y la ausencia de investigaciones que con las posibilidades reales de su existencia.

La progresiva expansión del desierto del Sahara durante el Pleistoceno dejó aislado el norte de África de los centros principales de la evolución humana durante milenios. Las regiones costeras de Argelia y Marruecos están plagadas de yacimientos fabulosos, como los de Sidi Abderrahaman, Thomas Quarry, Rabat y Salé (Marruecos) o el de Tighenif (Argelia), excavado en los años 1960 por el geólogo francés Camille Arambourg. En este yacimiento, que tiene unos 700.000 años de antigüedad, se encontraron varios fósiles humanos, atribuidos en principio a la especie Homo mauritanicus. Por aquello de que Europa empieza en los Pirineos, algunos colegas han querido mezclar en la misma especie a estos fósiles con los de Atapuerca (Homo antecessor). Pero las diferencias son tan obvias que su hipótesis no se sostiene. Los homínidos de Europa y los del norte de África estaban muy próximos, pero su evolución fue totalmente independiente durante todo el Pleistoceno.