Público
OPINIÓN

La ciencia es la única noticia

 

Recóndita armonía

30 May 2008
19:28 
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EL JUEGO DE LA CIENCIA // CARLO FRABETTI

Escritor y matemático

En 1630, Rubens, que a la sazón era un viudo de 53 años, se casó en segundas nupcias con una jovencita de 16. Poco después pintó El Jardín del Amor, un imponente lienzo de unos dos metros de alto por tres de ancho en el que un grupo de damas y caballeros lujosamente ataviados, rodeados de sonrosados angelotes, componen una bucólica escena de felicidad conyugal. Hay algo turbador en el cuadro, pues todos los caballeros se parecen al propio Rubens y todas las damas tienen las facciones de su joven esposa, como si de una fiesta de clones se tratara. Y hay otro detalle que en su día me llamó poderosamente la atención (hasta el punto de dedicarle una novela) y que nunca ha dejado de intrigarme: las cabezas de las siete damas parecen dispuestas como notas en una partitura. Y no solo lo parecen, como comprobé a partir de una reproducción del cuadro, sino que encajan perfectamente en un pentagrama y forman una armoniosa secuencia de notas (si-fa fa-si-si si-la) que, al tocarla en un teclado, me recordó inmediatamente a Vivaldi.

No he podido comprobar si esa secuencia aparece en alguna de las obras de Vivaldi (compuso más de 500 conciertos, así que sería como buscar una aguja en un pajar). ¿Pudo el maestro veneciano inspirarse en la melodía oculta en el cuadro de Rubens? ¿Pueden los músicos, de forma consciente o inconsciente, reproducir en sus composiciones pautas pictóricas? ¿O existen pautas previas que tanto los músicos como los pintores adoptan y adaptan sin darse cuenta?

En la antigua China llamaban ‘li’ al estudio de los diseños recurrentes que la naturaleza repite en los lugares más insospechados, y que a pesar de su aparente desconexión responden a mecanismos estructurantes similares. A primera vista puede sorprendernos que la disposición de los nervios de una hoja se parezca al diagrama de nuestro aparato circulatorio, pero la semejanza no es nada misteriosa, puesto que ambos sistemas optimizan la distribución de fluidos en el interior de sendos organismos simétricos.

¿Es trasplantable el concepto de ‘li’ al terreno del arte? Peter Rubens y Antonio Vivaldi fueron casi contemporáneos, y entre ellos se dieron notables coincidencias: ambos murieron a los 63 años, fueron sumamente prolíficos y vitales hasta el final, y los dos se enamoraron de sendas jovencitas que podrían haber sido sus nietas. A Vivaldi lo llamaban il Prete Rosso. Una simple metátesis convierte Peter en Prete, y Rubens significa rojo. In nomen omen (el nombre marca el destino), dice un antiguo proverbio latino.

Las cazadoras de estrellas

29 May 2008
09:00 
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EL ELECTRÓN LIBRE // MANUEL LOZANO LEYVA

* Catedrático de física atómica molecular y nuclear, Universidad de Sevilla

Uno de los campos de la ciencia donde las mujeres han desempeñado un papel más ingrato, desconocido y decisivo ha sido la astronomía. El asunto comenzó en tiempos modernos (siglo XVIII) con Caroline Herschel, madre de todas las astrónomas y hermana de William Herschel, padre de la astronomía moderna. El papel de Caroline en las noches de observación de su hermano se limitaba a darle de comer, por tener él las manos ocupadas manteniendo ajustado el telescopio. Estaban muy unidos y él agradecía la compañía de su hermana, haciéndola partícipe de sus habilidades y descubrimientos. Muerto William, Caroline continuó observando y completando su catálogo de nebulosas y cúmulos estelares. Lo hizo tan espléndidamente que la Astronomical Society le concedió su medalla de oro.

Siendo la astronomía una actividad fundamentalmente nocturna, ¡cómo se iba a permitir a una dama pasar las noches fuera de casa y en compañía de extraños! Caroline fue una privilegiada, porque pudo hacer observaciones por ella misma, pero las mujeres estaban vetadas en los observatorios. Sin embargo, ocurrió algo inesperado. A principios del siglo XX, se vio que lo más interesante que se podía hacer en astronomía era analizar la luz emitida por las estrellas. Espectrómetros, el principal instrumento para ello, los había muy refinados, pero ordenadores no existían. Si se quería encontrar algo importante, había que analizar infinidad de estrellas, y eso era rutinario y tedioso al máximo, labor impropia de un científico. Se organizaron una especie de talleres a modo de los de modistas, donde trabajaban excéntricas mujeres que habían estudiado física y matemáticas, y deseaban acercarse a la astronomía. Su tarea era escrutar las fotos y espectros tomados por los señores astrónomos de noche. Lo hacían sometidas al estricto control de una gobernanta, y bajo la supervisión esporádica y displicente del astrónomo. El horario era eterno e inflexible, y no podían ni hablar. Muchas de aquellas mujeres no sólo eran pacientes, sino también muy inteligentes.

Los descubrimientos de las astrónomas de día fueron impresionantes. Henrietta Leavitt encontró la relación entre la luminosidad y el periodo de las estrellas variables; o sea, la manera más fiable de medir distancias. Gracias a ello, se pudo saber que los pilares de nuestro universo no son las estrellas, sino las galaxias. Annie Cannon, que clasificó el espectro de más de 200.000 estrellas durante 50 años, es considerada la fundadora de la astrofísica. Lo grotesco del machismo se reflejó en que la regla mnemotécnica que dieron los astrónomos para la clasificación de estrellas (OBAFGKM) fue: “¡Oh, Be A Fine Girl, Kiss Me!”. Sea esta columna un sencillo homenaje a aquellas excelsas cazadoras de estrellas.

‘Elvis’, la Pelvis (I)

28 May 2008
09:00 
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ORÍGENES // JOSÉ MARÍA BERMÚDEZ DE CASTRO

* Director del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana, en Burgos

Con su gran sentido del humor e imaginación, el paleoantropólogo Ignacio Martínez bautizó con el nombre de Elvis a uno de los fósiles más importantes de los recuperados en el yacimiento de la Sima de los Huesos de la Sierra de Atapuerca. La que hasta ahora sigue siendo la pelvis más completa del registro fósil apareció en 1997 y aportó una información fundamental al conocimiento de la biología de los homínidos. La pelvis es uno de los elementos esqueléticos más interesantes de nuestra especie y de las especies de homínidos que nos han precedido durante los últimos siete millones de años, tras nuestra separación del linaje de los chimpancés. La peculiar forma de nuestra pelvis nos permite caminar erguidos sobre las dos piernas. Es por ello que las investigaciones sobre la mecánica biológica de la pelvis representa uno de los temas más apasionantes de la evolución humana. Además, la morfología de la pelvis condiciona todo el proceso del parto en los mamíferos placentados. Nuestra singularidad como primates bípedos dio lugar a un cambio muy llamativo en la forma de la pelvis y, como consecuencia, en la estrategia del proceso del parto. El hecho de que el registro fósil de los homínidos cuente con muy pocos ejemplares de pelvis fósiles le dio un valor añadido al descubrimiento realizado en la Sima de los Huesos.

La pelvis Elvis perteneció a un homínido masculino. No caben dudas al respecto, puesto que las diferencias morfológicas entre las pelvis masculinas y femeninas son muy evidentes. Las adaptaciones para facilitar el proceso del parto son las responsables de estas diferencias. Entre otras muchas enseñanzas, la pelvis de Atapuerca nos reveló que el cuerpo de las especies de homínidos que nos han precedido tenían, en términos relativos, un cuerpo notablemente más ancho que el de nuestra especie. La anchura de Elvis es casi diez centímetros mayor que la de un hombre actual de 180 centímetros de estatura, la misma que debió alcanzar nuestro homínido de Atapuerca. Con esta anchura corporal, se puede estimar que el peso normal de un ejemplar masculino de Homo heidelbergensis estaría en torno a los 100 kilogramos; es decir, unos 20 kilogramos más de masa muscular que un atleta de Homo sapiens.

Capacitados con una inteligencia operativa muy notable, una fuerte cohesión social, una capacidad de comunicación avanzada y provistos de armas de piedra y madera (como demuestra el hallazgo de lanzas de madera de pino en un yacimiento alemán), los cazadores y recolectores europeos del Pleistoceno medio debieron de ser temibles predadores. La fuerza y la inteligencia se combinaron de manera eficaz en esta especie, que sobrevivió en Europa durante medio millón de años en las duras condiciones de alternancia climática entre interminables periodos glaciales e interglaciales.

Banda ancha estrecha

27 May 2008
09:00 
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JUAN VARELA // VIDA 3.0

*  Director del blog Periodistas21.com

La banda ancha es estrecha en España. Llega a poca gente, es lenta, cara y crece poco. La OCDE da otro capón a un país líder sólo en televisión por Internet. Para muchos la sociedad de la información acaba en los canales de pago. ¿Principales problemas? La pesada herencia del monopolio de Telefónica, escasa inversión, y barreras políticas y administrativas para conseguir licencias, abrir una zanja o llegar a edificios y zonas donde el acceso a la sociedad de la información todavía no es un servicio de primera necesidad.

En España había 18 líneas de banda ancha por cada cien habitantes en 2007 (18,6 en marzo de 2008) frente a una media de 20 en la OCDE, cinco puntos por debajo de Francia o Gran Bretaña y a más de 15 de Dinamarca. El ADSL es el acceso principal y la fibra óptica sólo llega al 0,1% de los ciudadanos (únicamente once países tienen más del 1%). El cable alcanza al 3,5%. Y crecemos menos: un 2,9% entre 2006 y 2007 frente a un 3% de media.

Los precios son altos. La banda ancha cuesta a un español casi el 3% de su renta mientras que en 20 de los 30 países de la OCDE es menos del 2%. España tiene algunas de las ofertas más baratas, pero a cambio de menor calidad de conexión. La cuota mensual media es de algo más de 13 euros a un precio por megabit de 1,44 euros para una oferta de velocidad lenta, algo más de 10 megas la más rápida. Justo para la tele.

Malos datos como los revelados hace unos días por la Comisión Europea. Estamos por debajo de la media europea en internautas (44% frente a 51%) y sigue el retraso en tecnologías de la información cuando Telefónica todavía controla el 56% de la banda ancha.

La política de redes de nueva generación de la CMT confía en la inversión de las telefónicas: cada operador tenderá sus redes de fibra, mantiene las obligaciones de Telefónica de dar acceso a la vieja red de cobre y entona el adiós a la España única en la sociedad de la información. Las administraciones públicas sólo pueden ser gestoras del dominio público o subvencionar los mercados poco lucrativos para las empresas. El servicio universal de banda ancha garantizado por la Ley de Impulso a la Sociedad de la Información no será igual para todos.

La OCDE dice que “la banda ancha no sólo juega un papel crítico en la economía, sino que conecta consumidores, negocios, gobiernos y facilita la interacción social”. Es una de las claves de la sociedad de la información y los obstáculos de los viejos monopolios, políticos y administrativos lastran el futuro del país y sus ciudadanos. España sigue entre los cinco peores países en inversión en tecnologías de la comunicación. Es hora de atajar un atraso que viaja a la lentitud de nuestro ADSL.

No es eso, no es eso

26 May 2008
09:08 
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VENTANA DE OTROS OJOS// MIGUEL DELIBES DE CASTRO

Volando sobre la cuenca amazónica, en algunos días claros, pueden verse grandes extensiones deforestadas, como trazadas a cuchillo, y enormes humaredas que se alzan desde ellas miles de metros, alcanzando la altura del avión. Evidentemente, no son obra de modestos campesinos que intenten abrir una chacra donde cultivar o apacentar unos cebúes, sino iniciativas a gran escala, con importante respaldo económico. Años atrás, cuando uno inquiría le explicaban que la crisis de las vacas locas en Europa había producido un alza llamativa en los precios de los piensos, de forma que los terratenientes sustituían los árboles por soja, muy rentable. Ya entonces, esa relación entre la encefalopatía espongiforme y la destrucción del bosque tropical forzaba a reflexionar sobre la pequeñez del mundo y las insólitas conexiones entre problemas distantes.

En este 2008 he visto de nuevo desde el aire grandes parcelas de suelo amazónico desnudo, pero cuando he comentado algo acerca de la demanda de piensos, me han corregido: “No, no; pero el pienso ya no interesa tanto a los países ricos; ahora demandan biocombustibles, y se destruye la selva para producirlos”. La información me produjo, a la par, perplejidad y tristeza.

Durante mucho tiempo, la mayoría de los naturalistas hemos defendido la obtención de energía a partir de la biomasa vegetal, por diversos métodos, como una alternativa deseable a los combustibles fósiles. Pero no necesito decirles que no imaginábamos que para eso hubiera que destruir la selva. Hace algún tiempo, el americano Stuart Pimm hizo las cuentas del rendimiento del capital natural. Entiéndanme bien. No calculó cuánta naturaleza existe (el capital), sino cuánta se produce cada año (los intereses). Eso es tanto como decir la cantidad que podemos utilizar los seres vivos, humanos incluidos, sin dañar el capital. De entre sus muchas estimaciones, una resulta especialmente pertinente aquí: Los campos de cultivo del mundo producen anualmente alrededor de 26.000 millones de toneladas de biomasa vegetal, y los humanos comemos solamente mil millones. ¿Adonde va el resto? Una parte relevante (alrededor de 1.800 millones de toneladas) nutre al ganado, y alguna sirve como abono o, desde luego, como alimento de la fauna silvestre (plagas incluidas). Pero el resto, la inmensa mayoría, es basura que se pierde. Esa es, precisamente, la biomasa que debemos usar para obtener energía.

Ya sé que, técnica y económicamente, es difícil. Pero habrá que intentarlo. Concentrar la producción de materia vegetal de alta calidad es más rentable que colectar biomasa dispersa y heterogénea. Pero un buen fin, como son los biocombustibles, no justifica cualquier medio para obtenerlo. Ni destruir hábitats valiosos ni retirar alimentos humanos está justificado. En la asunción de ese compromiso se juegan los productores de biocombustibles su credibilidad ante la sociedad.

* Profesor de investigación del CSIC