Público
OPINIÓN

La ciencia es la única noticia

 

Las vacaciones del científico

31 Jul 2008
09:00 
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EL ELECTRÓN LIBRE // MANUEL LOZANO LEYVA

* Catedrático de física atómica molecular y nuclear de la Universidad de Sevilla

Los jóvenes que dirigen y mandan en este periódico nos comunicaron con alborozo que en agosto no teníamos que escribir estas columnas, o sea, que nos daban vacaciones. La cuestión es: ¿los científicos disfrutan de vacaciones o trabajan de otra manera? A muchos compañeros míos, y desde luego a mí, cuando alguien cercano nos reprende el remoloneo excesivo en siestas y despertares nos defendemos diciendo que estamos trabajando. Por ejemplo, no me cabe duda que si al socio de la columna de los viernes, il signore Frabetti, le pillaran frito en mitad de su jornada, clamaría a modo de excusa que un matemático durmiendo y un matemático pensando son indistinguibles. El colega de la columna del lunes, el de apellido célebre e ilustre, me contó en una ocasión algo delicioso de su insigne padre. Escribían un libro al alimón y don Miguel menospreció algo de lo que había escrito su hijo. Éste protestó quejándose amargamente de que aquello le había costado horas de sueño. El padre, hombre ya mayor víctima de duermevelas artríticos y pesadillas estériles, mostró su nostalgia exclamando: “¡Oh, dulces insomnios creativos!”.

Don Bermúdez de Castro, el de los martes, tuvo a bien mostrarnos a los demás y los aludidos jóvenes los yacimientos de Atapuerca. Entre las múltiples fascinaciones que nos produjo la visita, destacó al menos en mí una en particular. Sentado en una silla de plástico estaba un arqueólogo veterano que nos saludó amable y lacónicamente. Miraba con atención reconcentrada a ratos y distraídamente después, un muro de sedimentos perfectamente regular y plano que no distaba más de un metro de él. Lo observé desde distintos puntos y doy fe que fueron horas el tiempo que permaneció de aquella impertérrita guisa. Aunque tenía un cuaderno sobre sus muslos no vi que en ningún momento anotara algo. Le pregunté a nuestro anfitrión y se encogió de hombros diciendo que estaría ideando algún modelo o estrategia de excavación. O sea, que estaba echando el jornal.

Los científicos, como los literatos y artistas en general, trabajamos en todo momento y de cualquier manera. Distinto es cumplir con los compromisos. Solemos dar clases, seminarios y conferencias, todo lo cual es a fechas fijas y horas determinadas. Rematar los artículos profesionales en cuanto consideramos publicables los resultados obtenidos, es algo a lo que nos presionan sin pudor ni piedad los miembros jóvenes de los equipos de investigación. Solicitar financiación a los organismos públicos rellenando formularios y redactando tediosas memorias hay que terminarlo exactamente cuando dice el BOE. Y el límite de tiempo para entregar esta columna semanal es sagrado. De esto es de lo que nos liberan los zagales de Público, por lo que sean bienvenidas las vacaciones para que los científicos al fin podamos trabajar. 

Evolución biológica y tecnología

30 Jul 2008
09:00 
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ORÍGENES // JOSÉ MARÍA BERMÚDEZ DE CASTRO 

* Director del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana, Burgos.

La tecnología es una adaptación no somática que se originó hace dos millones y medio de años de la mente de ciertos homínidos africanos. Sólo en los últimos cien años la tecnología ha alcanzando un desarrollo extraordinario gracias a la intensa interacción entre los individuos más inteligentes de Homo sapiens. La suma de mentes privilegiadas ha posibilitado este enorme progreso y ha puesto al servicio de la especie herramientas muy poderosas que, en apariencia, posibilitarán nuestra completa adaptación a cualquier cambio que se produzca en el entorno. En otras palabras, Homo sapiens estaría capacitada para superar el destino final de todas las especies del planeta: su extinción. Por el momento todos los indicios sugieren que aún estamos muy lejos de conseguir esta hazaña.

En cualquier caso, la progresión geométrica de los avances de la ciencia y la tecnología han sido extraordinarios, y ya nos planteamos la posibilidad de colonizar otros planetas. A escala evolutiva, sin embargo, dos millones de años es apenas un suspiro del planeta. Los genetistas han confirmado que nuestra distancia biológica con los chimpancés, con quienes compartimos un antecesor común, es muy pequeña. Desde que los homínidos comenzaron a fabricar sus primeras herramientas de piedra, los cambios biológicos han sido de escasa entidad. Bien es verdad que nuestro cerebro ha triplicado su volumen y desarrollado capacidades como la planificación, la estandarización, el simbolismo o el gusto por las artes. Pero no hemos dejado atrás ciertos rasgos heredados de nuestro ancestro común con los chimpancés, como el fuerte componente territorial y jerárquico, que genera un alto grado de tribalidad y agresividad. Nuestro modelo de conducta sexual sigue pautas ancestrales, encubiertas por las normas del entorno social en el que vivimos y nuestro comportamiento fuera de las leyes que nos regulan deja mucho que desear.

Así pues, nos enfrentamos a una clara disociación entre biología y tecnología. La evolución biológica ha seguido sus propias pautas, que incluyen posibles saltos cualitativos, como sugería en el siglo pasado el biólogo evolucionista Stephen Jay Gould. La mente de Homo sapiens puede considerarse como una rápida adaptación biológica, sin duda influida y acelerada por su mutua interacción con la tecnología. Pero está última ha puesto un ritmo infernal que la biología no puede seguir. Nos seguimos comportando como lo que somos, primates con un elevado grado de encefalización y conciencia individual, pero provistos de una sofisticada tecnología al servicio de nuestros intereses económicos, territoriales y tribales. Aún carecemos de una conciencia global y social, que pueda velar por el interés de todos los individuos de la especie.

El fin de la cultura encuadernada

29 Jul 2008
09:00 
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VIDA 3.0 // JUAN VARELA

* Director del blog ‘Periodistas21’

La revolución digital llega a libros, editores y escritores. Tras las noticias, la música o el cine, el big bang digital comienza a alcanzar a los libros cuando sólo un 9% se venden en España en formato digital y las entrevistas literarias rebosan diatribas apocalípticas sobre el fin de la lectura y la literatura.

El texto ya no es sólo letra. Es una acción, un enlace a otros contenidos, una clave informática y hermenéutica, un elemento de la multimedia. El texto ya no es fin. Es parte del proceso y del código digital. El texto ya no es propiedad sólo de sus autores. También de sus lectores, comentaristas, remezcladores y fans. Somos una sociedad de autores donde el libro y el texto ya no son un objeto (producto) y un fin en sí mismos, sino parte de la cadena de la creación, la comunicación, el conocimiento y la literatura. El texto y los libros son ahora abiertos, conectados, sociales y multimedia. Esa es la gran revolución del texto y el libro. La preocupación por el libro digital está animada por Google Books, el gran proyecto de biblioteca digital mundial; la aparición de Kindle, enésimo intento de iPod de los libros, y los temores de editores y escritores de que su tiempo se acaba.

La revolución del texto digital no está en que un libro no sea las 49 páginas de la definición tradicional de la Unesco, ni en su acceso en pantalla, del cacharro donde se lea o de que los lectores y los agregadores sociales sean mejor filtro que los malos editores que han saturado el mercado hasta lo inabarcable: en 2006 sólo se vendieron el 68% de los libros editados y muchos títulos no llegan jamás al escaparate de una librería. Tampoco en la obsoleta indagación sobre las viejas habilidades y concentración lectora de los escolares.

La revolución digital es un seísmo cultural e histórico como el que la imprenta provocó a la cultura oral. Acaba con medio milenio de cultura del libro y su asociación con la autoría individual, la propiedad intelectual, la obra completa y perfecta al ser encuadernada y comercializada como obra finita. El texto digital es dialógico, dinámico, social, enlazado, abierto y maleable. La obra es movimiento y proceso, como soñaron tantos vanguardistas. La economía de la atención es una cultura de bits y de trozos, fragmentada, sin el recogimiento del papel, pero también de búsqueda, de evaluación individual y social, y de comunicación. Las obras vuelven a ser, como en los viejos tiempos, comentadas y compartidas.

Cultura abierta. Esa es la revolución, no el fin del libro ni las cuitas de autores y editores. La muerte del autor anunciada por Roland Barthes si los escritores no conciben otras obras para nuevos lectores.

Todo el mundo es bueno

28 Jul 2008
09:00 
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Ventana de otros ojos// Miguel Delibes de Castro

* Profesor de investigación del CSIC

¿Cómo lo canta Sabina? “No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca jamás sucedió”. Sospecho que los humanos tenemos una profunda añoranza, no sé si buena o mala, del paraíso (por eso lo hemos inventado). Me refiero a ese tiempo y lugar donde, en palabras del profeta Isaías, “el lobo morará con el cordero y el leopardo dormirá con el cabrito”, al tiempo que “el león, como el buey, pacerá hierba”. A todos nos resultan simpáticas las imágenes de feliz armonía entre un gato y un ratón, por ejemplo, y preferimos no pensar que si el gato está tan tranquilo es porque antes se ha saciado con otros ratones (u otra comida viva, o que fue viva). Los circos utilizan a veces como atracción esas extrañas familiaridades, pero el maestro fue un avispado empresario americano llamado Barnum, que a finales del XIX ganó mucho dinero mostrando en una gran jaula a depredadores que no cazaban conviviendo con presas que no huían, como prueba (tramposa) de la falsedad de la lucha por la vida darwiniana.

En países como el nuestro, donde la mayoría de la población es urbana y tiene una noción idealizada de la naturaleza, esa impresión de que en ella “todo el mundo es bueno” (me resisto a escribirlo como Summers en el título de su película), y animales silvestres y humanos podemos convivir sin ningún problema, tiende a reforzarse. Recuerdo otra imagen idílica que gozó de justa fama hace unos años: Un policía islandés detenía el tráfico urbano para que, en fila india, atravesara la calle una familia de patitos. Era enternecedora, ciertamente, pero reconocerán conmigo que poco práctica. Si el hecho ocurriera a menudo tendríamos que suprimir el tráfico o suprimir los patos. Nos guste o no, los pueblos y ciudades no son un lugar idóneo para la mayoría de las especies, que antes o después crean problemas y lo acaban pagando (a menudo con la vida).

De igual modo, nosotros creamos problemas a la fauna silvestre cuando invadimos sus dominios. Es tiempo de vacaciones, y cientos de miles, si no millones, de personas atienden a los reclamos del país del oso, el cañón de las águilas, o el mundo del lobo, y se desparraman por los rincones más recónditos de nuestra geografía. No sugiero que no lo hagan, entre otras cosas porque a mí me gusta hacerlo, pero sí pondría dos condiciones: A los usuarios, que cumplan todas las normas (incluido el silencio), y a las autoridades que no faciliten demasiado las cosas, si no quieren matar a la gallina de los huevos de oro. Porque es agradable imaginar que vivimos en el edén descrito por Isaías, pero no existe. ¡Feliz verano!

Correo en el siglo XVI

27 Jul 2008
09:02 
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Ciencia de pega// Miguel Ángel Sabadell

Johann Heidenberg, más conocido como Johannes Trithemius o Tritemio, escribió en 1500 una obra, Steganographia (publicada en 1606) que le ha dado la fama de ser una de las figuras más prominentes del ocultismo –Álex de la Iglesia hizo uso de él en El día de la bestia–. En él afirmaba poder enviar mensajes todo lo lejos que se quisiera en menos de un día sin usar cartas ni mensajeros, sino con espíritus: una gran parte del libro está dedicada a invocaciones, además de listar sus nombres y rangos, números, subordinados, horas del día, planetas y constelaciones a los que están asociados.

Dividido en tres libros, los dos primeros cuentan la manera de conseguir su ayuda. El método es bastante tonto: escribes la carta, recitando el ritual apropiado invocas al ángel –por ejemplo, Padiel aporsy mesarpon omeuas peludyn malpreaxo- y el espíritu-cartero aparecerá y llevará el mensaje al destinatario, que lo recibirá si usa la invocación oportuna. El libro III es sutilmente diferente: ya no es fundamental la invocación sino el cálculo de las cuestiones astrológicas del ángel y del momento en que se realiza: hay 28 inteligencias planetarias, cuatro por cada uno de los siete planetas. No es de extrañar que semejante texto entrase de cabeza en el Índice de los Libros Prohibidos de la Iglesia Católica.

Pero para tristeza de ocultistas, la Steganographia es un libro escrito en clave. En el mismo 1606 se imprimía Clavis Steganographiae, cuyo autor pudo ser Tritemio o alguien cercano a él. En él se explicaba cómo descifrar los libros I y II. Los encantamientos son, en realidad, instrucciones encriptadas para ocultar mensajes en cartas-tapadera. Sin embargo, Clavis no dice nada del Libro III. De las 180 páginas de la edición de 1608, sólo 21 pertenecen a esa parte.

El misterio se mantuvo durante 500 años. En 1993, el lingüista Thomas Ernst rompía la cifra, pero al publicarlo en la desconocida revista holandesa Daphnis su trabajo pasó desapercibido. Tres años más tarde, el matemático Jim Reeds hacía lo propio de manera totalmente independiente, llegando a la misma conclusión. En esencia, la técnica de Tritemio era una versión primitiva de la Enigma, la máquina alemana de cifrar mensajes durante la II Guerra Mundial y, que para romper, los británicos tuvieron que inventar su propia máquina, La Bomba de Alan Turing.

Así Tritemio consiguió, y aún consigue, convencer de que con su libro se puede contactar con los espíritus.