Público
OPINIÓN

La ciencia es la única noticia

 

Europa 3.0

30 Sep 2008
09:00 
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 VIDA 3.0 // JUAN VARELA

* Autor del blog ‘Periodistas21’

Europa quiere liderar la web 3.0. “La internet de las cosas”, llama la Comisión Europea, en una acepción ya un poco desfasada, a las tecnologías que permiten a diversos aparatos conectarse e interactuar a través de las redes de telecomunicaciones. Es la internet que permitirá tener una identidad digital en un escenario de conectividad ubicua para acceder a tecnologías abiertas con todo tipo de contenidos y aplicaciones. Como dice la comisaria europea Viviane Reading, “la Web 3.0 significa la posibilidad de hacer negocios, divertirse o crear redes sociales en cualquier momento o en cualquier lugar, sin discontinuidad, mediante redes rápidas, fiables y seguras”. Para ello es necesario ampliar el servicio universal de acceso a internet a través de banda ancha por canales fijos y móviles, para que llegue a todos los ciudadanos sin distinción de dónde viven y con la suficiente velocidad, calidad y fiabilidad. Pero la brecha digital que persiste en Europa y España debe espabilar. La Comisión ha publicado un índice de eficacia de la banda ancha, para comparar la competencia, cobertura, velocidad y calidad del acceso a internet. Tiene en cuenta el contexto socioeconómico, los servicios avanzados ofrecidos, la velocidad, precio, competencia y cobertura en áreas rurales. España vuelve a estar alejada de los países más avanzados, por el precio y penetración de la banda ancha (19,1 líneas por cada 100 habitantes, por debajo de la media europea), la falta de servicios avanzados y un contexto socioeconómico con pocos ordenadores en los hogares: sólo un 44,6% están conectados, según el INE. Otra vez los organismos internacionales denuncian las deficiencias de la banda ancha española, lastrada por la posición de dominio de Telefónica, los problemas para las canalizaciones de nuevas líneas y la falta de inversión de las operadoras.

El informe de la Comisión Europea publicado ayer sigue a varias iniciativas del Parlamento Europeo para aprovechar el dividendo digital resultante de la liberación de frecuencias cuando se consume el apagón analógico de la televisión (2010 en España). Ese espacio permitirá ampliar los servicios inalámbricos de la sociedad de la información, para lo que el Parlamento y la Comisión quieren reforzar su uso en una Europa digital única, ampliar la competencia, reducir los precios y proteger la identidad de los usuarios. Después de los obstáculos legales en el despliegue de las redes de nueva generación, el Ministerio de Industria creó la semana pasada una comisión para “detectar y reducir los posibles inhibidores” de un tejido imprescindible para la Europa 3.0. Los indicadores siguen siendo malos. Banda ancha, más servicios y mayor cultura tecnológica siguen siendo el lastre de la sociedad de la información en España que el anunciado Plan AvanzaDos debería ayudar a superar.

Sábato y la ciencia

29 Sep 2008
09:00 
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VENTANA DE OTROS OJOS // MIGUEL DELIBES DE CASTRO

* Profesor de investigación del CSIC

Ernesto Sábato, argentino, es universalmente conocido por su obra literaria, principalmente sus novelas (El túnel, Abbadón el exterminador) y ensayos. Pero también ha sido un controvertido activista político. Comunista en su juventud, decepcionado por Stalin más tarde, crítico con el peronismo, presidente de la comisión que evaluó los crímenes contra los derechos humanos por la dictadura militar de su país (el Informe Sábato), confeso “anarcocristiano” ya mayor… En realidad, toda su existencia parece vivida muy aprisa, está llena de cosas. Entre las que menos se conocen, se cuenta haber sido un científico activo.

Doctor en física por la Universidad de La Plata, Sábato obtuvo en 1938 una beca para trabajar en el Laboratorio Curie de París. Allí, cuenta él mismo, se sumergía por la mañana entre aparatos en el laboratorio y anochecía en los bares entre surrealistas delirantes, “heraldos del caos y la desmesura”. Llamó a aquel periodo “tiempo de antagonismos”, aludiendo al conflicto entre las concepciones artística y científica de la realidad. No pudo aguantarlo. Movido por “una inercia que mi alma rechazaba”, pasó de París al Instituto Tecnológico de Massachussets, y más tarde, brevemente, fue profesor de mecánica cuántica en Argentina. Pero acabó dejando la ciencia para dedicarse de lleno a la literatura, pues en la primera se encontraba, de nuevo en sus palabras, “vacío de sentido”.

Como muchos otros, Sábato lamentaba que la ciencia prescinda de la emoción y la belleza: “El mundo (para el científico) se ha ido transformando paulatinamente de un conjunto de piedras, pájaros, árboles, sonetos de Petrarca, cacerías de zorro y luchas electorales, en un conglomerado de sinuosidades, logaritmos, letras griegas, triángulos y ondas de probabilidad”. La diferencia con otros críticos, sin embargo, es que, al haber estado en los dos lados, él aplaude que la ciencia sea así, pues entiende que de ello obtiene su sentido y razón de ser. Escogió el mundo del arte, mas no porque le pareciera mejor que el científico, simplemente porque se encontraba más a gusto. En un texto que aparece en su libro Uno y el Universo, de 1945, Sábato escribe: “A medida que la ciencia se vuelve más abstracta y en consecuencia más lejana de los problemas, de las preocupaciones, de las palabras, de la vida diaria, su utilidad aumenta en la misma proporción (…). El poder de la ciencia se adquiere gracias a una especie de pacto con el diablo: a costa de una progresiva evanescencia del mundo cotidiano. Llega a ser monarca, pero, cuanto lo logra, su reino es apenas un reino de fantasmas”. Por más que antiguas, todas sus reflexiones son interesantes para cuantos pretendemos que el pensamiento científico
permee la sociedad.

Recuerdos del corazón

28 Sep 2008
09:00 
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CIENCIA DE PEGA // MIGUEL ÁNGEL SABADELL

Demos la bienvenida al Universo de Energía Viva. Como toda gran idea revolucionaria, se puede describir perfectamente en dos palabras, “todo recuerda”. Pero todo, todo. No se rían, porque es cierto. Lo dice Gary E. R. Schwartz, profesor de Psicología y Psiquiatría de la Universidad de Arizona. Y no es para desdeñar con un movimiento de mano lo que afirma todo un doctor por Harvard. Parte de sus inspiradoras ideas le vienen del filósofo australiano David Chalmers, que en su libro La mente consciente argumenta que la conciencia es un fenómeno universal, una propiedad fundamental del cosmos, como la energía o la materia; todo lo que en él existe posee, en cierto grado, conciencia.

Como toda teoría científica debe tener fórmulas, Schwartz le coloca una: E=mcR, esto es, Evolución=memoria x circulación Repitiendo. Esto no lo supera ni el psicomago Alejandro Jodorovsky. Evidentemente, su teoría también realiza predicciones sobre procesos aún no descubiertos. He aquí la lista: los fotones están vivos y evolucionan; electrones y protones resuenan y así almacenan información y energía; desde el agua al ADN, las moléculas están vivas y recogen toda la información de sus vidas; cada célula almacena información de todo lo que entra en contacto con ella; el Sistema Solar, la Galaxia y el Universo son eternos y están vivos, evolucionan; una conciencia creativa ha existido desde la Gran Explosión y aún evoluciona: “Existe un proceso Divino y no puede morir”.

Schwartz envida y lanza un órdago cuando afirma que su hipótesis del recuerdo sistémico predice que los pacientes con trasplantes cardíacos podrían conectar con los recuerdos personales del donante, almacenados en las células del corazón. El libro Un cambio de corazón, de una tal Claire Sylvia, receptora de un trasplante de pulmón y corazón y que tenía recuerdos del donante, le confirma su idea, junto con los 73 casos de memoria celular recogidos por el neuropsicólogo Paul Pearsall. Muy pocos, teniendo en cuenta que se realizan miles de transplantes cada día. Claro que a lo mejor las sucias células del riñón no son tan puras como para almacenarlas.

Y no digo nada con los millones que han recibido alguna válvula de cerdo. Si todo el universo tiene memoria… ¡qué alucinante tener los recuerdos de un cochino! Pero lo más divertido es cuando Schwartz se plantea si un corazón artificial puede hacer lo mismo. No hace falta que conteste, ¿verdad?

El pensamiento fuerte

26 Sep 2008
09:00 
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EL JUEGO DE LA CIENCIA // CARLO FRABETTI*

*Escritor y matemático

Quienes creyeron –o fingieron creer– que entre Darwin, Marx y Freud lo habían explicado todo, se merecían el vapuleo antidogmático de los mal llamados postmodernos (puesto que de “post” tienen muy poco: “Tardomodernos” sería más adecuado, o “neodecadentes”). Pero, en su afán relativizador, los cazadores de dogmas acabaron mordiéndose la cola y, en última instancia, autodevorándose, como la consabida sentencia: “Todas las reglas tienen excepciones” (puesto que dicha afirmación es una regla, también tendrá excepciones y habrá, pues, reglas sin excepciones; por lo tanto, si la afirmación es cierta, entonces es falsa). Si todo es relativo, también lo es el relativismo, luego no todo es relativo…

Una de las más conocidas manifestaciones de la Weltanschauung tardomoderna es el pensamiento débil propugnado por el filósofo italiano Gianni Vattimo. La fórmula es atractiva, pues apela a nuestra tendencia a ponernos al lado del débil frente al fuerte, al que, mediante una metonimia casi automática, identificamos con la prepotencia y la agresión. Pero no hay que confundir la fuerza, que es la capacidad de mover o modificar algo, con el abuso de dicha capacidad. De hecho, el pensamiento más fuerte en sentido literal –el más operativo– del que disponemos es el pensamiento científico, que es a la vez el menos dogmático.

La ciencia no pretende enunciar verdades absolutas y definitivas, sino solo conclusiones provisionales; nos propone modelos parciales continuamente sometidos a revisión, y en ello reside su enorme fuerza transformadora. Nada que ver con las teorías sociopolíticas o psicológicas que pretenden explicarlo todo a partir de unos cuantos principios generales, teorías que los tardomodernos y los relativistas culturales han criticado con sobrada razón.

Con razón, pero cayendo a menudo en el error contrario: como no es posible explicarlo todo, no se puede explicar nada; como intentan imponernos formas de pensar rígidas y coercitivas, no hay que aceptar ninguna disciplina mental. Al igual que los surrealistas (también ellos hijos pródigos de Marx y de Freud), algunos tardomodernos pretenden librarse de todas las ataduras, de todas las reglas; pero, al contrario que los surrealistas, no quieren admitir que eso solo es posible en el inaprensible mundo de los sueños, en un paraíso trivial y regresivo en el que el pensamiento confunde la independencia con la incontinencia y, para sentirse más libre, acaba aleteando en el vacío, como la paloma de Kant.

Un regalo republicano

25 Sep 2008
09:00 
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EL ELECTRÓN LIBRE // MANUEL LOZANO LEYVA

* Catedrático de física atómica molecular y nuclear de la Universidad de Sevilla

Soy renuente a aceptar invitaciones a cursos de verano, pero una catedrática de la Universidad de Barcelona, a la que no conocía, me hizo una oferta que no pude rechazar: impartir una clase de física a los cincuenta estudiantes más brillantes de España que iban a entrar en la universidad. La selección la hacía un funcionario con una regla: trazaba la raya límite tras el quincuagésimo mejor expediente del país. Durante una semana, un conjunto de profesores de diversas especialidades les dan clase a los elegidos. En las horas libres, hay un intenso y envidiable programa cultural. Es un regalo que el Estado, a través de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, les hace a esos chavales. El curso se llama Aula de Verano Ortega y Gasset y hunde sus raíces en la Segunda República.

El palacio de la Magdalena siempre me ha gustado, por más que su historia la considere malhadada. Se lo regaló la ciudad de Santander a Alfonso XIII para beneficiarse del veraneo de la corte y, no mucho más tarde, se lo vendió su hijo Juan a la ciudad de Santander por una escalofriante cantidad. Pero en un bello ínterin, el ínclito ministro republicano de Instrucción Pública don Fernando de los Ríos lo utilizó como Universidad de Verano. Tras disfrutar del entorno, fui al aula del evento y me presenté a la directora. Mi clase sería la segunda. Me senté a esperar mi turno y me fijé en la audiencia. Mientras la catedrática catalana hacía una introducción impecable y sin concesiones fáciles al discurso, me fijé en los cincuenta jóvenes, porque desde mi posición los veía a todos. Comprobé, como me habían dicho los organizadores, que dominaban abrumadoramente las muchachas (estaban muy contentos porque ese año había muchos chicos); traté, sin éxito alguno, de identificar sus procedencias geográficas (este asunto contaba tan poco en la selección que, según supe, había dos compañeras de clase del mismo instituto de Albacete). Observando aquellos rostros uno a uno sentí el primer nudo en la garganta. Había gafas, piercings, granos, pelos cortos y melenas, pero una mirada seria y brillante era común a todos. Durante la clase de mi colega, un bioquímico, no paré de pensar en lo que representaban aquellos mozalbetes. Sus gestos y actitudes reflejaban no sólo una inteligencia brillante, quizá en parte heredada, sino también mucho tesón, muchos sueños e incluso mucha soledad. Esto por parte de ellos; por la nuestra consideraba que quizá fueran los representantes de nuestro mejor patrimonio.

Por mi oficio estoy acostumbrado a dar clases y charlas, pero cuando me enfrenté a aquella audiencia tuve que tomar mucho aire. Temí no estar a la altura del bello regalo republicano. Ahora, al comienzo de curso en la universidad, recuerdo a aquellos cincuenta jóvenes con infinita ternura.