Público
OPINIÓN

La ciencia es la única noticia

 

Los dos errores de Einstein

27 Feb 2009
09:00 
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EL JUEGO DE LA CIENCIA // CARLO FRABETTI

* Escritor y matemático

Cuando Einstein se dio cuenta de que, según su primera formulación de la relatividad general, el universo tenía que estar expandiéndose o contrayéndose, introdujo en las ecuaciones un factor de corrección –la denominada “constante cosmológica”– para eliminar el supuesto error, pues daba por sentado, como todos en aquel momento, que el universo era estático. Cuando se descubrió que el universo se expandía y que, por tanto, las predicciones de la relatividad eran correctas, Einstein dijo abochornado que la constante cosmológica había sido el mayor error de su vida. Pero si levantara la cabeza tal vez dijera que su mayor error fue precisamente descartar como errónea la constante cosmológica, pues podría ser una forma de expresar esa misteriosa energía oscura que, según hoy sabemos, hace que el universo se expanda de forma acelerada.

La historia de la ciencia está llena de este tipo de “metaerrores” –erróneas descalificaciones de supuestos errores–, e incluso se podría decir que prácticamente todos los descubrimientos revolucionarios inducen en algunas personas e instituciones –cuando no en todo el mundo– el metaerror de considerarlos erróneos. La teoría heliocéntrica de Copérnico, confirmada por Galileo hace exactamente cuatrocientos años, y la evolución de las especies a partir de la selección natural, de cuyo descubridor estamos celebrando el segundo centenario, son tal vez los más clamorosos ejemplos de formidables aciertos científicos rechazados en su momento como errores inadmisibles.

En cualquier caso, aunque su equiparación con la energía oscura resultara ser un espejismo, como opinan algunos físicos, ya nadie pensará en la constante cosmológica como el gran error de Einstein; entre otras cosas, porque hay un candidato mucho mejor, un “error” más pertinaz y menos fecundo: las “variables ocultas” que en vano buscó durante treinta años para refutar el indeterminismo cuántico. Pero ¿podemos afirmar que Einstein se equivocó al intentar demostrar que Dios no juega a los dados? En absoluto: al seguir los dictados de su intuición, hizo lo que tenía que hacer, aunque al parecer no llegara a ninguna parte. Si el joven Einstein les hubiera contado a sus amigos que, cual héroe becqueriano, se pasaba las horas muertas persiguiendo mentalmente un rayo de luz, habrían dudado de su cordura. Y sin embargo esta persecución obsesiva lo llevó a la sublime meta de la relatividad, es decir, a la refundación de la física. Adónde podría haberlo llevado con el tiempo la búsqueda de las variables ocultas, nadie lo sabe. Todavía.

El teorema más bello

26 Feb 2009
09:00 
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EL ELECTRÓN LIBRE // MANUEL LOZANO LEYVA

* Catedrático de Física Atómica Molecular y Nuclear en la Universidad de Sevilla

Muestre el lector una copa a otra persona. Pídale que cierre los ojos, gire la copa y pregúntele después si nota alguna diferencia. Le dirá que no. La razón es que la copa es invariante (se queda igual o al menos su cambio es indistinguible) bajo una transformación (el giro) de simetría (igualdad en torno a un eje). Ahora piense el lector en el caos universal posterior al Big Bang, la formación de galaxias, los cataclismos estelares, el viento azotando un bosque, las olas del mar, el desarrollo de un embrión, la naturaleza al fin. Lo que tienen en común todos los escenarios anteriores es el cambio, la alteración, la evolución. ¿Hay algo en nuestro universo que no varíe con el tiempo? Sí, son las llamadas constantes del movimiento, unas pocas magnitudes que permanecen tan inalteradas desde el comienzo del propio tiempo que bien puede decirse que definen nuestro universo. Si alguna tuviera un valor distinto del que tiene o dependiera del tiempo, por poco que fuera, nuestro universo sería completamente diferente. El lector conoce algunas de estas cantidades: la energía, la carga del electrón, la intensidad de la gravedad, etc. Encontrar y manejar esas constantes es explorar la intimidad más secreta de la naturaleza y, pasmosamente, tienen que ver con las simetrías. Aunque esta sutil y estrecha relación se fue averiguando poco a poco, quien la formuló en un contundente teorema fue una mujer singular.

El claustro de la Universidad de Erlangen, Baviera, tomó una resolución en 1898 que más que progresista bien podía tildarse de revolucionaria: admitiría estudiantes mujeres. En el texto de la disposición se dejaba sentado el riesgo que suponía la medida de “destrozar todo orden académico”, pero aun así, se consideraba conveniente dar el paso adelante y que fuera lo que Dios quisiera. Ahora bien, las muchachas a las que les diera por la extravagancia de ir a la universidad, tendrían que demostrar fehacientemente sus habilidades, contar con el permiso por escrito del profesor de la clase a la que quisieran asistir y, por descontado, no tendrían derecho a examen ni título alguno. El curso 1899 contó con una matrícula de casi mil estudiantes de los cuales sólo uno era mujer. Para mayor excentricidad, la mozuela estudiaba matemáticas. Se llamaba Emmy Amalie Noether e invito al lector a que indague sobre su vida y carácter. Le animo con la siguiente cita: “En el reino del álgebra, en el que los mejores matemáticos han trabajado durante siglos, ella descubrió métodos que han probado su enorme importancia… La matemática pura es, a su manera, la poesía de las ideas lógicas… En este esfuerzo hacia la belleza lógica se descubren fórmulas espirituales necesarias para conseguir una penetración más profunda en las leyes de la naturaleza.” El autor es Albert Einstein y se refiere a Emmy Noether y su teorema, sin duda, el más bello de la ciencia.

La antigüedad de los homininos

25 Feb 2009
09:00 
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Orígenes// José María Bermúdez de Castro

* Director del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana, Burgos

Uno de los aspectos fundamentales en las investigaciones sobre nuestros orígenes es el control del tiempo. Durante las oportunidades que tenemos de mostrar y explicar los yacimientos de Atapuerca, no se nos escapa la cara a la vez de asombro, incredulidad e inquietud de los visitantes cuando hablamos de los seres humanos que allí vivieron hace al menos un millón y medio de años. Es normal que estas cifras sean difíciles de asumir, porque nuestra referencias habituales son el centenar de años que con suerte podemos llegar a vivir y las explicaciones de la historia más reciente de la humanidad. Dos o tres mil años de historias sobre egipcios, griegos, romanos o incluso sobre la China de Marco Polo resultan asequibles al entrenamiento que ha recibido nuestro cerebro.

Pero hablar de millones de años es mucho más difícil de cuantificar en nuestra imaginación. Cierto es que ya nos hemos habituado a la popularidad de los dinosaurios, que incluso mezclamos con la historia evolutiva de los humanos. Hace unos 65 millones de años que desaparecieron los grandes dinosaurios, por lo que hablar de seis millones de evolución humana es casi un suspiro del planeta, que ha superado una historia de 4.540 millones de años.

Pero, ¿cómo podemos saber la edad de los fósiles? ¿Estamos seguros o hacemos cálculos aproximados? Parece cosa de magia, pero detrás de un dato tan importante hay decenas de años de investigaciones, desde que se encontraron los primeros fósiles humanos y Darwin y Wallace presentaron en 1859 su teoría sobre el origen de las especies en la Sociedad Linneana de Londres. Cuando damos una cifra nunca escondemos que los datos tienen un error que también se cuantifica y que todavía es elevado. Pero también es cierto que los métodos empleados y las técnicas que se utilizan son cada día más fiables. Es más, en la determinación de la edad de un determinado nivel geológico, de un yacimiento o de un fósil humano se emplean todos los métodos disponibles y luego se cruzan los datos para alcanzar la máxima fiabilidad posible.

Algunos de los métodos que se utilizan son relativos. Sabemos que los eventos geológicos y biológicos han sucedido en un orden determinado. De ese modo, podemos ordenarlos de manera relativa de más antiguo a más moderno. Si somos capaces de inferir la ocurrencia de esos eventos en nuestras investigaciones de campo estaremos en disposición de correlacionar unos yacimientos con otros y situarlos en una escala de tiempo relativo. De momento no tendremos cifras. Para conseguirlas usaremos métodos de datación numéricos, que nos permitirán obtener valores concretos. La combinación de los métodos relativos y los numéricos es la base del marco cronológico necesario para estudiar evolución. En próximas columnas hablaremos de estos métodos, y esperamos convencer a los más escépticos.

Convergencia TV

24 Feb 2009
09:00 
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VIDA 3.0 // JUAN VARELA

* Autor del blog Periodistas21.com

Todo es televisión. En la tele, en Internet, en los móviles. Cadenas nacionales, autonómicas, locales, temáticas, vídeo en Internet. Televisión privada, pública, programas profesionales y productoras grandes y pequeñas, vídeos de usuarios y de aficionados. El big bang de la televisión y la imagen lo ha llenado todo en muy pocos años. La aparición de YouTube inauguró la era del vídeo en Internet, participativo y omnipresente. La frontera del apagón analógico con la conversión a la TDT espera en 2010 a los beneficiados por la reforma televisiva de 2005, cuando el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero acabó con el statu quo de la televisión con nuevas cadenas privadas, la reforma de la televisión estatal y el reparto de licencias autonómicas y municipales. Ahora que la televisión es omnipresente y la convergencia con los móviles e Internet que vuelve a abrir aquello que se llamó el melón televisivo. Esta vez para que los dueños de la tele recuperen el control.

Después de tanta exuberancia las grandes televisiones se lanzan a aumentar su audiencia y su dominio a través de cualquier pantalla. Han aceptado las leyes de la convergencia y en lugar de perseguir a sus fans se dedican a fortalecerse y hacer negocio en Internet. Nada de caer en el error de la música. Si los periódicos buscan desesperados su momento iTunes, la fórmula que les permita volver a cobrar por sus contenidos en la web, las televisiones saben que la publicidad irá con ellas a todas las pantallas y que también se puede expandir la televisión de pago en la Red.

Hulu es la gran apuesta de las grandes cadenas norteamericanas para organizar el caos del vídeo en Internet y ofrecer sus programas en una buena plataforma donde publicidad  y televidentes estén cómodos. Ahora los gigantes del cable quieren expandir su negocio con vídeo bajo demanda en Internet y móviles para sus suscriptores: una sola suscripción para acceder al contenido con varias pantallas. Y YouTube empieza a comercializar descargas.

RTVE, Telecinco, Antena 3 o La Sexta relanzan sus portales y contenidos en Internet para ser líderes de la convergencia y ya sirven millones de vídeos sobre todo a los televidentes más jóvenes e intensivos, muy apetitosos para una publicidad que se encoge con la crisis.

En España la televisión lo llenó todo. Muchos se lanzaron a la carrera de abrir nuevos canales. Pero ahora llega el momento de reordenarse. El gobierno ha abierto la puerta con una reforma para permitir mayor concentración: un mismo accionista puede tener el 25% de varias cadenas si no superan el 27% de audiencia. Un tranquilizante para la televisión privada mientras el telestado del bienestar se mantiene con la generosa saturación de televisión estatal y autonómica.

Formalidad en la ciencia

23 Feb 2009
09:00 
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VENTANA DE OTROS OJOS // MIGUEL DELIBES DE CASTRO

* Profesor de investigación del CSIC

La actividad científica requiere no sólo enfrentarse a la realidad con una forma de pensar, o un método, determinado, sino también aceptar algunas formalidades a la hora de comunicar los hallazgos. Se trata de acumular saber, y para que el conjunto sea comprensible y manejable, hay que sumar los ingredientes de una forma pactada. Eso quiere decir que uno puede haber hecho todo, o casi todo, bien, haber logrado nuevos conocimientos, pero perder su paternidad por transmitirlos de una forma inadecuada. El caso del naturalista aragonés Félix de Azara, al que a veces se ha considerado exageradamente como el Darwin español, es paradigmático.

Azara era militar del Cuerpo de Ingenieros. En 1781, estando en San Sebastián, recibió una noche la orden de partir inmediatamente para Lisboa, donde debía iniciar una misión. Dejó sus pertenencias en la ciudad vasca, adonde esperaba volver pronto, y partió. De Portugal lo mandarían al Río de la Plata para “fijar conjuntamente con los comisarios portugueses la línea de demarcación de las posesiones respectivas”. Pero los portugueses no tenían prisa, ni ganas, en poner en marcha la Comisión, y Azara no volvió a España, y aún así sin haber culminado su tarea, hasta 20 años después.

En ese plazo, desde su base en Asunción, y en palabras de uno de sus editores, Azara “emprendió y terminó la descripción y delineación de un país de más de quinientas leguas de largo y trescientas de ancho (…), observó al hombre salvaje con más cuidado que nadie antes, y él solo, sin ayuda de observaciones, colecciones, ni libros, hizo progresar inmensamente la historia natural de los animales”. Entre otras cosas, Azara describió pormenorizadamente 448 especies de aves (aunque en ocasiones creyó distintas especies al macho y la hembra), pero usó las denominaciones locales y no juzgó necesaria la formalidad de darles un nombre científico en latín y designar un tipo. Tampoco tenía, cuando escribió, medios para saber si estaban descritas o no.

Ni Cuvier ni Geoffroy Saint-Hilaire, con los que trató en Francia, le asesoraron en defensa de sus hallazgos. De los páxaros descritos por Azara, 153 eran especies nuevas para la ciencia, y todas llevan hoy, tras su nombre en latín, el de su descubridor. ¿Azara, piensan ustedes? No, Vieillot. Louis Jean Pierre Vieillot fue encargado de supervisar las ilustraciones del libro de Azara y conoció de esta forma sus descripciones. No comentó nada, pero identificó las que eran nuevas y las redescribió y denominó de acuerdo con las normas. Seguramente Vieillot no fue demasiado honesto, pero cumplió los requisitos formales de la ciencia. Oficialmente se le considera como uno de los ornitólogos más prolíficos de la historia a la hora de describir nuevas especies.