Público
OPINIÓN

La ciencia es la única noticia

 

La venganza de la abundancia

31 Mar 2009
09:00 
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VIDA 3.0 // JUAN VARELA

* Autor del blog Periodistas21.com

¿Es el fin del gratis total en Internet? Te cobran si quieres música sin anuncios, crecen en los móviles las aplicaciones de pago por contenidos, gigantes como Google cierran servicios y nuevas estrellas como Twitter o Spotify rebosan anuncios si no pagas. El derrumbe de la publicidad por la crisis hace temer un nuevo pinchazo de la burbuja y muchos se preguntan si el futuro de los medios y la tecnología volverá a ser de pago y resonará de nuevo el viejo grito de el contenido es el rey.

Tranquilos. La gratuidad no es una característica esencial del mercado digital. La abundancia, sí. Y el mundo digital crece. ¿Qué mejor que una crisis económica para la economía de lo gratis? Menos dinero = más valor para lo gratuito.

Sufrimos la venganza de la abundancia, no la crisis de lo gratis. La explosión de servicios y contenidos digitales ha erosionado su valor. Todo está a un clic. Pocos son capaces de cobrar por lo que otros dan gratis. La maldición ha caído sobre los medios, la tecnología, los contenidos y el propio mercado financiero con sus derivados, el crédito fácil para redistribuir el riesgo.

Hasta los móviles, tótem del ciberconsumo, regalan música y permiten llamadas gratuitas o a cambio de publicidad. Los defensores de la vuelta al pago en Internet olvidan que hay más contenidos gratis que nunca, de más creadores -y muchos profesionales, como las televisiones-, con más redes de distribución, agregadores y filtros, y con barreras de acceso tan bajas que constantemente surgen nuevos proyectos y servicios. Muchos no conseguirán dinero para crecer por falta de interés, suerte o mercado. Otros, sí.

Una parte de su negocio será gratis, crece el modelo freemium: mucho gratis de baja rentabilidad, poco de pago con altos beneficios. Los viejos medios y tecnologías pueden olvidarse. Su problema no es la gratuidad, sino su incapacidad para rentabilizar su actividad. Un día fueron vacas lecheras –en terminología marketing– y hoy son perros, productos de bajo beneficio que lastran a las empresas. Es el mal de los diarios, atrapados en su producto y negocio tradicional. Pero otros sabrán sumarse al éxito del agua embotellada: cobrar por lo que otros dan gratis mejorando su envase, su disponibilidad y distribución, su imagen y su valor. El contexto es el rey, no el contenido.

El pene del pato

30 Mar 2009
09:00 
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VENTANA DE OTROS OJOS // MIGUEL DELIBES DE CASTRO

*Profesor de Investigación del CSIC

Con ocasión de una memorable excursión a Atapuerca, a la que se han referido previamente otros compañeros de sección, alguna de nuestras “jefas” del periódico mencionó que los titulares con términos sexuales explícitos, como pene, coito o vagina, eran garantía de éxito digital. No me extrañaría, por tanto, que esta semana fuera mi particular salto a la fama.

La mayoría de las aves no tienen pene, no se sabe muy bien por qué. El avestruz sí lo posee y mide unos 20 cm, lo que no está nada mal, incluso teniendo en cuenta que los machos de esa especie superan con holgura los 100 kilos. Lo sorprendente es que semejante falo queda en ridículo ante el que luce un pequeño pato 200 veces menor, la malvasía argentina (Oxyura vittata). El pene de la malvasía tiene forma de sacacorchos y extendido mide más de 40 cm, lo que supone tanto como el resto del cuerpo. Tan notable descubrimiento mereció una comunicación breve en la revista Nature hace pocos años. ¿Qué presión de selección puede haber favorecido la evolución de un órgano tan desmesurado? Lo ignoramos, pero podemos especular acerca de ello.

Las malvasías son promiscuas y forman grupos en la época de celo. Podría ocurrir que los machos mostraran colectivamente sus penes y las hembras seleccionaran como pareja a los que los tienen mayores, por identificarlos como los mejores padres potenciales. Si así ocurriera, tal como enunció Darwin al referirse a la selección sexual, bastaría el mayor aprecio femenino para que los ejemplares con penes más largos dejaran más descendencia, y el tamaño del pene creciera de generación en generación. Ahora bien, ¿es necesario invocar la selección sexual? Hay más posibilidades. Kevin McCracken y sus colegas se dieron cuenta de que el pene de la malvasía, espinoso en la base, era suave y con forma de escobillón en el extremo, como uno de esos cepillos de limpiar botellas. Ellos piensan que tal vez el macho, al comienzo de la cópula, agite su pene en el oviducto de la hembra y lo limpie así del semen dejado previamente por otros consortes. Eliminando espermatozoides ajenos, el macho aumentaría sus posibilidades de ser padre de la futura descendencia. Y si los penes-escobillones más grandes limpiaran mejor, sus propietarios dejarían más hijos, y el tamaño del pene aumentaría. “Pero esto tendrá un límite, ¿no?”, imagino que piensan preocupadas las malvasías hembra.

No sólo se vive una vez

29 Mar 2009
09:00 
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CIENCIA DE PEGA // MIGUEL ÁNGEL SABADELL

Al contrario de lo que cantaban Azúcar Moreno, según el Bhagavad Gita, escrito hace 2.500 años, “lo eterno en el hombre no puede morir”. La reencarnación es una forma extrema de dualismo; el espíritu siempre es el mismo y muda de cuerpo con el tiempo: “Como un hombre deja sus viejos vestidos y se pone otros nuevos, así el Espíritu deja su cuerpo mortal y se viste con uno nuevo”. Para un reencarnacionista la personalidad no reside en ningún punto del cerebro, ni siquiera necesita un tipo particular de cuerpo con el que estar conectado con esta vida material.

Si semejante afirmación contradice todo lo que conocemos por la ciencia no debe asustarnos. ¿Quién va a tener razón, un científico de mente minúscula o un texto sagrado de más de dos milenios? Tampoco es de extrañar que muchos encuentren esta creencia menos exagerada que la resurrección de la carne del final de los tiempos católicos, donde un poderoso ser supremo es capaz de reconfigurar los cuerpos de los muertos extrayendo los aminoácidos originales de a-saber-dónde-están, ya sea en el interior de gusanos, cipreses, hierbas varias o, en el peor de los casos, del cuerpo de algún otro ser humano que se comió el solomillo de la ternera que se comió la hierba que crecía donde alguien enterró a su padre en la Edad Media.

Es obvio que para un reencarnacionista los padres no aportan otra cosa que el cuerpo, la cáscara, luego, en puridad, uno no debería sentir demasiado apego por ellos. ¿Cómo el alma escoge el cuerpo? Sencillo: aquél que se ajusta más a sus necesidades. Así, si un niño desarrolla gusto por la música no es porque lo haya mamado en su casa, sino porque en una vida pasada fue músico y escogió ese cuerpo y esa familia en consonancia. Uno se pregunta qué estaba buscando el alma del monstruo de Amstetten.

Personalmente, ante semejante despliegue de eternidades varias me quedo con Feuerbach cuando dijo que es sabio “quien no encuentra nada en la muerte salvo muerte. Para la persona inteligente la vida es su propio fin; por esa razón, no es una preparación para nada”.

El lado oscuro de la fuerza

27 Mar 2009
09:00 
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EL JUEGO DE LA CIENCIA // CARLO FRABETTI

* Escritor y matemático

Si la expansión del universo se debiera únicamente a la gran explosión inicial conocida como Big Bang, la atracción gravitatoria entre las galaxias las iría frenando en su alejamiento mutuo, igual que la gravedad de la Tierra frena las piedras que se alejan de la superficie por la explosión de un barreno. Pero el universo se expande de forma acelerada, es decir, cada vez más deprisa, y para ello es necesario que haya una fuerza dispersora que actúa incesantemente. Y además esa fuerza tiene que ser superior a la gravedad, pues de lo contrario quedaría neutralizada por ella. En el caso límite de que ambas fuerzas fueran iguales, el universo se expandiría con velocidad uniforme; en el caso de que la gravedad fuera superior, la velocidad de expansión iría disminuyendo, aunque a un ritmo menor que si no existiera la fuerza de dispersión.

Los cosmólogos atribuyen esa fuerza contraria a la gravedad a la denominada “energía oscura”, que, según la teoría estándar, impregna todo el espacio y constituye las tres cuartas partes de la masa total del universo (recordemos que la energía tiene su equivalente en masa, de acuerdo con la famosa fórmula E=mc2). Esta energía oscura sería una propiedad intrínseca del espacio, constante y homogénea. Y al ser antigravitatoria, uniforme e invariable, la energía oscura ha sido equiparada a la constante cosmológica propuesta por Einstein en 1917 para explicar que el universo, que entonces se creía estático, no se contrajera a causa de la gravedad.

Pero algunos astrofísicos creen que la energía oscura podría variar con el tiempo y no ser del todo homogénea, y han propuesto teorías alternativas. Como la de la “quintaesencia” y la “energía fantasma” (que a veces se confunde con la energía oscura, pero que no es lo mismo), de las que hablaremos en otra ocasión. En cualquier caso, el destino final del universo continúa siendo una incógnita. Si su expansión siguiera acelerándose indefinidamente, la energía oscura acabaría destruyendo todos los objetos celestes y los propios átomos: es el final hipotético conocido como Big Rip (gran desgarramiento). Pero es muy arriesgado extrapolar las observaciones actuales tanto en el espacio como en el tiempo. La gravedad podría comportarse de otra manera a una escala superior a la de los supercúmulos galácticos. Y la energía oscura podría convertirse en atracción, con lo que el final del universo (Big Crunch) sería tan brusco e inextenso como el de esta columna: un punto.

Caín, Abel y los gemelos de Einstein

26 Mar 2009
09:00 
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EL ELECTRÓN LIBRE // MANUEL LOZANO LEYVA

* Catedrático de Física Atómica Molecular y Nuclear en la Universidad de Sevilla

De los hermanos célebres de la historia, los más interesantes, por paradójicos, quizá sean los imaginarios. Al matar Caín a Abel mermó la humanidad en un cuarto. Como condenarlo a muerte era peliagudo, Dios le impuso la pena de errar fugitivo pero con una señal para que no lo matara quienquiera que lo hallase. ¿Quién se lo iba a topar si era el hijo único del primer hombre y la primera mujer? En su vagabundeo, Caín conoció a su mujer. ¿De dónde salió ésta? ¿Qué papel tuvo el incesto en nuestros orígenes? El autor del Génesis no explica nada de esto y, en opinión de los creyentes, ni falta que hace.

Cuando un protón acelerado por las galaxias choca con el núcleo de una molécula de las capas altas de la atmósfera origina una ducha de miles de millones de partículas. Las más famosas que llegan a la superficie son los muones, una especie de electrones pesados. Se detectan a buen ritmo en cualquier laboratorio de física nuclear. Lo fascinante del asunto es que los muones no deberían llegar a nosotros. Tienen una vida media de unas dos millonésimas de segundo. En ese tiempo, aunque fueran a la velocidad de la luz (la llamaremos c), no podrían recorrer más que unos 600 metros. La atmósfera tiene unos 20 kilómetros. ¿Por qué llegan? Si en lugar de aplicar lo de velocidad igual a espacio partido por tiempo consideramos la relatividad de Einstein, todo cuadra, pero ello implica que para los muones el tiempo transcurre más lentamente que para nosotros, o sea, que los segundos son para ellos más duraderos por el hecho de ir a velocidad próxima a c. Se ideó un experimento imaginario para demostrar que esto era absurdo.

Dos hermanos gemelos se despiden en una base espacial. Uno de ellos parte hacia el planeta de una estrella cercana en una nave que alcanzará velocidades cercanas a c. Al regresar, el viajero ha envejecido unos años y encuentra a su hermano anciano decrépito. ¿Dónde está la paradoja? El viaje se puede plantear de otra forma: el astronauta queda en reposo en su nave y es la Tierra la que viaja. ¿Por qué no es él y no su hermano el que envejece? La respuesta es sencilla. Las fórmulas de la relatividad sirven para movimientos no acelerados y la nave ha de acelerarse y frenar, si no ya me dirán. ¿No explica la relatividad tan poco de los gemelos como la Biblia sobre Caín y Abel? No: la clave está en los muones. La Biblia puede obviar la explicación de sus hipótesis; la ciencia formular paradojas, pero lo sólido es el experimento real.