Público
OPINIÓN

La ciencia es la única noticia

 

El poder de la intuición

30 Abr 2009
09:00 
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EL ELECTRÓN LIBRE // MANUEL LOZANO LEYVA

* Catedrático de Física Atómica Molecular y Nuclear en la Universidad de Sevilla.

En la Grecia clásica, entre mucha retórica y lógica elegante, de vez en cuando surgían intuiciones como las de Leucipo y Demócrito. Alrededor del 400 a.C., estos dos pensadores decían cosas tan fascinantes como que la sustancia oculta en todos los objetos consistía en una conjunción de átomos y vacío que no tenía principio ni fin: no se creaban ni se destruían. Casi todos los escritos de Demócrito se perdieron en el primer incendio de la infausta biblioteca de Alejandría, en el 48 d.C., cuando César organizó magistralmente una retirada quemando sus propios barcos. Pero, afortunadamente, un poeta romano, Lucrecio, pudo componer un maravilloso poema titulado Sobre la naturaleza de las cosas, De rerum natura, basado en los escritos de los discípulos del insigne atomista.

Aparte del impresionante poder de su ritmo, sintaxis e imágenes, los once mil seiscientos trece (sí, 11.613) versos del poema nos han llegado completos, y representan la exposición de una física total que trataba de explicar los fenómenos naturales a partir de la interacción de los átomos. Éstos tenían muy pocas propiedades, como tamaño y forma, y la manera de interaccionar entre sí era colisionando cuando se encontraban en su eterno movimiento en un vacío infinito. El atomismo no necesita intervención divina alguna, en el origen, en el diseño o en los procesos, de manera que tanto la diversidad como la evolución de las cosas se explican por el agrupamiento eventual de los átomos.

Se pueden encontrar asombrosas analogías entre el atomismo clásico y la ciencia moderna, como el papel tan predominante que Demócrito le daba a las vibraciones atómicas al igual que hacen físicos y químicos de hoy día, pero la osadía de los antiguos filósofos era desmesurada. Por ejemplo, consideraban que la fe en los dioses y la superstición era debida a las pasiones animales desatadas por movimientos correlacionados de átomos tan desconocidos como los que provocaban las tormentas y los terremotos. De los sentidos, la alegría, el amor y los sueños también eran responsables los átomos. Y la acidez estaba causada por átomos en forma de aguja y el color blanco por átomos de superficie suave.

Veintitrés siglos hicieron falta para poner de manifiesto la realidad de los átomos. Y fue gracias a la experimentación, es decir, a la transformación de la filosofía en ciencia. El poder de la intuición puede radicar en idear una meta, jamás en trazar y mucho menos recorrer el camino para alcanzarla.

El rincón de pensar

29 Abr 2009
09:00 
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ORÍGENES // JOSÉ MARÍA BERMÚDEZ DE CASTRO

 

* Director del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana, Burgos.

 

Hace algo más de treinta años, cuando me tocó realizar el servicio militar obligatorio, España se encontraba en los albores de la naciente democracia. Sin embargo, una buena parte del ejército todavía se resistía a aceptar la nueva situación. No es de extrañar que mi modo de pensar antes, durante y después de terminar aquel paréntesis de mi vida fuera anti-militarista. Han pasado los años y ese pensamiento “en contra” ha desaparecido y se ha transformado en un análisis racional y objetivo, dirigido por mi condición de bio-antropólogo de la prehistoria. 

 

Podría parecer que el asunto de esta columna no tiene nada que ver con la temática de la evolución humana. Pero veremos que no es así. La Base militar de Castrillo del Val, en Burgos, apenas dista tres kilómetros de la Sierra de Atapuerca. De hecho, varios de los yacimientos más importantes, como el de Gran Dolina, han tenido una protección privilegiada gracias a que se localizan en el área de maniobras de la Base. Durante la primera etapa del proyecto de excavaciones en estos yacimientos, allá por los años ochenta y primeros noventa, nuestro presupuesto era más bien escaso. Por ese motivo, solicitábamos ayuda logística al coronel de la Base para realizar algunos trabajos de cierta envergadura, previos a la intervención en los niveles arqueológicos. Ningún problema. Todo eran facilidades y ayuda desinteresada. Así nació y se consolidó una amistad con algunos de los militares de la Base, que permanecieron allí destinados durante varios años y fueron ascendiendo en el escalafón.

 

La mañana que conocimos el triste accidente del Yak 42 los co-directores de Atapuerca realizamos una llamada urgente a uno de nuestros mejores amigos de la Base, el entonces teniente coronel Vicente Aymerich. Supimos que él estaba bien, pero que habían fallecido varios de sus compañeros y conocidos nuestros por su colaboración directa en las excavaciones. Les dedicamos unos párrafos en el libro de memorias que escribíamos en ese momento, porque formaban parte de nuestra historia.

 

Varios años más tarde, aquel terrible suceso vuelve a ser noticia por el juicio que debería esclarecer toda la verdad de lo sucedido e impartir justicia. Es muy probable que los responsables militares acaben por algún tiempo en “el rincón de pensar” para reflexionar sobre lo que nunca debió suceder. Sin embargo, muchos pensamos que la justicia no alcanzará a los máximos responsables de la tragedia. La democracia es sin duda la mejor de las formas de gobierno. Pero, a pesar de su larga trayectoria de varios milenios, aún tiene mucho camino que recorrer para acercarse a su verdadero ideal.

Sociedad abierta contra la crisis

28 Abr 2009
09:00 
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VIDA 3.0 // JUAN VARELA

* Autor del blog Periodistas21.com

Pocas cosas hacen tanta falta en una crisis como aumentar las oportunidades, ampliar el acceso a los recursos, generar confianza, reducir costes y potenciar la innovación. En la economía digital hay soluciones para que España no siga siendo un gran solar. Lo defienden políticos, expertos e instituciones. Pero la realidad desmiente las promesas cuando se gastan tantos esfuerzos en televisión y móviles, sectores de gran crecimiento, y se sostiene una esclerosis de los derechos de autor para viejos negocios mientras escasean oportunidades para innovadores en una sociedad más abierta, transparente, responsable y menos burocratizada.

Necesitamos un acceso a la información, la cultura y las comunicaciones más libre y barato. Una sociedad en red donde empresas, ciudadanos y organismos se relacionen con tecnología, sin colas ni papeleo. Donde el acceso abierto a la investigación, la ciencia y la cultura sea el bien público a proteger y los impuestos aumenten el dominio público de los ciudadanos en lugar de los negocios de algunos. Donde el diseño abierto y participativo de la tecnología se expanda a la economía, la política, la investigación, los medios o la Administración.

En la realidad crece el proteccionismo de los grandes negocios y surgen barreras a la competencia y los consumidores pese a las promesas de los planes europeos, nacionales y autonómicos. La Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT) reconoce que la banda ancha es más cara que la media europea por falta de competencia e inversión. La televisión pública quiere financiarse con un impuesto sobre telecomunicaciones y los gobiernos español y europeo amenazan con extender el control administrativo sobre Internet. Estado y autonomías gastarán este año tanto en la televisión pública como el Plan Avanza en impulsar las tecnologías de la información: 555 millones de euros sólo para RTVE frente a 175 millones para digitalizar la justicia, la sanidad, la educación o los ayuntamientos.

Corremos el peligro de mantener con dinero público y más leyes una burbuja que estallará como la financiera y el ladrillazo. Un futuro donde el dividendo digital producto del apagón analógico se desvanezca sin beneficiar a una sociedad más desarrollada ni a una economía más justa y distribuida, con menos poder para gobiernos y empresas y más para los ciudadanos. No es problema de dinero, es cuestión de cultura, de confianza, de participación. Es cuestión de ampliar las oportunidades entre iguales, no de proteger a quienes tienen ya más poder en el mercado y la sociedad. Es cuestión de democracia.

Isótopos chivatos

27 Abr 2009
09:00 
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VENTANA DE OTROS OJOS // MIGUEL DELIBES DE CASTRO

* Profesor de investigación del CSIC

Dentro del mundo de las plantas existen al menos tres vías o procedimientos distintos para fotosintetizar compuestos orgánicos. Las dos principales permiten diferenciar entre unas especies de plantas llamadas por los fisiólogos C3 y otras que son C4. La proporción en que se fija en los tejidos el isótopo más pesado del carbono (el carbono 13) difiere entre las plantas C3 y C4, hasta el punto de que, usando un espectrómetro de masas, cualquier pequeña muestra puede asignarse con facilidad a uno u otro tipo. Esa firma o marca isotópica se refleja en los azúcares de las plantas, y más tarde, si son utilizados para producirlo, en el alcohol que se obtiene al fermentar dichos azúcares. En definitiva, a menudo es posible saber qué clase de plantas (o qué mezcla de ellas) ha sido empleada para fabricar las bebidas alcohólicas que consumimos.

Una “Ley de la Pureza” emitida en Baviera nada menos que en 1516 establecía que los únicos ingredientes legales en la fabricación de cerveza eran la cebada malteada, el lúpulo y el agua. Entonces no sabían que las levaduras provocaban la fermentación, y por tanto no las incorporaban a la mezcla (se limitaban a esperar que se infectara naturalmente). Aún hoy, las cerveceras alemanas deben respetar aquella vieja ley bávara, con la única novedad de admitir la adición de levaduras. Como otros muchos cereales, la cebada es una planta C3, y los otros dos ingredientes permitidos (lúpulo y levaduras) al margen del agua, aportan el mismo perfil isotópico. Por tanto, si acaso estuvieran utilizándose azúcares procedentes de plantas C4, el espectrómetro lo detectaría. ¿Ocurre con frecuencia?

Según un estudio de hace pocos años, las cervezas europeas, en líneas generales, se ajustan a la norma. La mayoría de las cervezas americanas y asiáticas, en cambio, no han sido fabricadas exclusivamente con cebada, sino también con azúcares de plantas C4, seguramente caña y maíz, que fermentan con más rapidez y generan más alcohol. En Brasil, por ejemplo, 28 de las 31 marcas de cerveza analizadas incluían carbono C4, llegando a representar en promedio casi el 50% del total. Eso sí, para los no demasiado puristas, hay alguna ventaja. Las cervezas heterodoxas suelen ser más baratas, reflejando probablemente la mayor facilidad de su fabricación. Además, en el caso de las brasileñas, garantizo que están ricas. Tal vez nos den gato por liebre, o eso pensaría un muniqués, pero el gato se deja beber.

La mentirosa NASA

26 Abr 2009
09:00 
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CIENCIA DE PEGA // MIGUEL ÁNGEL SABADELL

Edgar D. Mitchell es un hombre peculiar. Piloto del Apolo 14, la tercera misión que puso un hombre en la Luna, doctor en aeronáutica y astronáutica por el prestigioso Instituto de Tecnología de Massachusetts, es también fundador del excéntrico Instituto de Ciencia Noéticas, que estudia la meditación, la curación a distancia, la precognición…

Esta semana, la CNN ha desempolvado antiguas entrevistas a este astronauta sobre lo mala malísima que es la NASA, pues, desde que se creó hace 50 años, está colaborando con el encubrimiento más grande de la historia: hay vida en el universo y los extraterrestres vienen a este pequeño planeta a tomarse unas cañas. Alguien debería decirle a la CNN que el cuento de los ovnis ya no es noticia. No lo es ni para aquellos que se dedican a vender misterios. La ufología tuvo su momento y hoy no es más que una de las muchas payasadas que hemos creado los seres humanos. Su lugar está junto a las brujas voladoras del XVIII y los espíritus mueve-mesas del XIX.

Pero lo curioso es lo socorrido que es eso de acusar a la NASA. En más de una ocasión, he tenido que escuchar que la agencia espacial norteamericana sabe, oculta, tiene pruebas, engaña… En el imaginario colectivo la NASA, debe ser algo así como la CIA de la ciencia. Supongo que para la mayoría de la gente las más de 17.000 personas que trabajan para ella –sin incluir a quienes lo hacen para las empresas subcontratadas para sus proyectos– son como los hombres de negro. ¿Se imaginan ustedes el esfuerzo que debe hacer la Administración norteamericana para tener controlada a toda la gente que “sabe algo” de sus más secretísimos secretos? Ya no hablo de los científicos, ingenieros y demás técnicos que estudian tecnología extraterrestre, ni de la pobre soldadesca que vigila sus secretas instalaciones, ni de sus respectivas esposas, esposos, novias, novios, amantes, amiguetes de farra… Es que tendrían que vigilar hasta a quien pasa el mocho por los laboratorios. ¿O es que creemos que nadie limpia esos sitios? No me extraña que no encuentren a Bin Laden: tienen a la CIA y la NSA al completo controlando a los chicos de la NASA.