Público
OPINIÓN

La ciencia es la única noticia

 

Cerebro pensante

23 Dic 2009
09:00 
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ORÍGENES // JOSÉ MARÍA BERMÚDEZ DE CASTRO

* Director del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana, Burgos

El cerebro es un órgano que me produce una enorme fascinación. Es una lástima que los estudiosos de la evolución del cerebro de los homínidos solo cuenten con los moldes internos que se pueden extraer de los cráneos fósiles o con las imágenes digitales que se pueden obtener de ellos mediante tomografía computerizada. El cerebro de los chimpancés es el mejor modelo que tenemos para propósitos comparativos. Nuestro antecesor común con estos primates tenía, como ellos, un cerebro de unos 350 centímetros cúbicos. El cerebro humano es casi cuatro veces más grande que el de un chimpancé, si bien no todas las regiones de nuestro cerebro han aumentado su tamaño en la misma proporción. Algunas han multiplicado su volumen por seis, mientras que otras apenas lo han duplicado.

Por otro lado, y esto es quizá lo más interesante, nuestro cerebro se desarrolla con una gran lentitud en comparación con el cerebro de los chimpancés o con el de cualquier otro primate. Aunque nacemos con un número impresionante de neuronas y con un cerebro casi tan grande como el de un chimpancé adulto, tardamos varios años en poder caminar y movernos con agilidad y aún tenemos que esperar a los 18 años para, una vez superada la adolescencia, tener un cerebro preparado para hacer frente a cualquier eventualidad.

En este aspecto reside el gran éxito de nuestra especie y, de manera paradójica, el mayor peligro para nuestra supervivencia desde muchos puntos de vista. El lento desarrollo de nuestro cerebro, o lo que es lo mismo la astronómica cantidad de conexiones neuronales que podemos llegar a tener, se produce durante un largo periodo de tiempo. Con este cerebro podemos pensar y reflexionar. En cierta ocasión le preguntaron a un buen amigo mío sobre sus creencias religiosas, dada su condición de científico: ¿es usted creyente?, le inquirieron; a lo que él respondió, “no, soy pensante”. Por supuesto, la pregunta y su correspondiente respuesta tienen un trasfondo de muchas lecturas. Pero la que más me interesa es la biológico-social.

El proceso de conexión neuronal a lo largo del desarrollo está fuertemente condicionado por el entorno y las circunstancias personales. Nuestra forma de pensar desde luego tiene mucho que ver con las enseñanzas que recibimos durante la infancia o la niñez, tanto de la propia vida como de nuestros educadores. Al final del proceso un cerebro puede acabar muy bien amueblado o muy desestructurado. No somos tan libres como quisiéramos, sino esclavos de un sinfín de circunstancias. Se necesita mucho pensamiento para liberarnos de la rigidez mental que nos imponen todas las culturas y alcanzar la cumbre de la tolerancia.

El papel atenaza al ‘e-book’

22 Dic 2009
09:00 
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VIDA 3.0 // JUAN VARELA

*Autor del blog Periodistas21.com

Los e-book serán una de las estrellas de la navidad. El libro digital arranca tras mucha expectación y poca realidad. Los editores están aferrados a su negocio, temen la piratería y las peticiones de los escritores para aumentar sus derechos de autor. Mientras en Estados Unidos las grandes librerías y buena parte de las editoriales se han lanzado al mercado digital, en España los libros siguen siendo de papel. Y el acceso digital a las bibliotecas, todavía bajísimo.

Cultura rebaja el IVA de los e-book al 4%, el mismo del papel, y cumple una recomendación europea. Al tiempo presenta Enclave, un proyecto que convierte a la Biblioteca Nacional en un portal para la venta de libros online. Desde la Biblioteca Digital Hispánica se pueden comprar ya 629 títulos de 90 editoriales. La mayoría caros y poco atractivos. Pero el Gobierno ha preferido gastar 410.000 euros de dinero de todos en promover el negocio privado en lugar de digitalizar obras de dominio público, lograr un acuerdo sobre obras huérfanas –sin derechos de autor conocidos– y descatalogadas o lanzar un sistema de préstamo digital.

Francia frena el plan de Google de digitalización de libros con una condena por “falsificación de derechos de autor”. Google Books tendrá que dejar de incluir libros franceses en los más de diez millones de títulos ya digitalizados. Su pecado es escanear obras para su buscador y que puedan ser compradas desde sus páginas. Google incluye las obras huérfanas y las descatalogadas. Una iniciativa que muchos consideran monopolística porque el gran buscador se convertiría en comercializador de esas obras gracias a un acuerdo con los editores, todavía a examen judicial en EEUU.

Francia alardea de una batalla ganada y el presidente Sarkozy anuncia más dinero para digitalizar su cultura. Lo mismo se espera en Alemania. En España, por ahora, los editores practican el tancredismo y parecen inclinados a aceptar el trato de 60 dólares por obra digitalizada y el 63% de los beneficios. La Comisión Europea apoya el acuerdo, harta del bloqueo a la digitalización. Por eso ha puesto la revisión de los derechos de autor de los libros entre las prioridades digitales de los próximos años.

Sólo un 1% de las obras de las bibliotecas públicas europeas están digitalizadas y la oferta de e-book es escasísima. En Europeana, la biblioteca europea, un 47% de las obras son francesas. Sólo el 0,6% son españolas, muy por debajo de países como Finlandia, Suecia, Grecia o Eslovenia. Zapatero tendrá que arrear si quiere convertirse en campeón de la nueva economía en su presidencia europea. Y los poderosos editores españoles deben decidir si su enorme negocio se sostendrá en el futuro o compraremos e-book en las librerías extranjeras.

Otra hora

21 Dic 2009
09:00 
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VENTANA DE OTROS OJOS // MIGUEL DELIBES DE CASTRO

*Profesor de Investigación del CSIC

Escribo cuando apenas faltan horas para que termine la Cumbre del Clima en Copenhague y, obviamente, sin saber cómo lo hará. No va bien, es cierto, pero pocas veces este tipo de citas han cuajado antes del ultimísimo momento. Tengo la esperanza de que algo avanzaremos y la seguridad de que será menos de lo deseable. Y tengo, también, la certidumbre de que no es esta, ya, la hora de la ciencia, sino otra hora. La ciencia no es la única ni la principal noticia en Copenhague. Me atrevo a decir que afortunadamente. La ciencia debe aportar conocimiento, pero es la sociedad ilustrada la que debe responsabilizarse de sus decisiones. Ello permite detectar, en momentos como este, la falacia de cuantos argumentaban que aún no había argumentos científicos, como sugiriendo que de contar con evidencias, actuarían de inmediato. La ciencia ha ganado el pulso, hay más evidencia (basada en el conocimiento) de la necesaria, ya no se discute eso, pero quienes aguardaban sin hacer nada o haciendo poco intentan seguir aguardando. El pudoroso velo de la necesidad de ciencia ha caído y podemos mirarnos desnudos en el espejo, constatando una vez más nuestras miserias (léase, cuánto nos cuesta, a los que más tenemos, renunciar a nuestros privilegios).

El conocimiento es una palanca para cambiar el mundo, sin duda, pero el instrumento no presupone cómo ni hacia donde. Lo que la ciencia enseña no es bueno ni malo, mejor ni peor. Se suele pensar que Darwin, hombre religioso en su juventud, habría perdido la fe al descubrir la evolución por selección natural. Él lo contó de otro modo. La perdió al descubrir la malignidad en la naturaleza, incompatible, en su opinión, con la existencia de un misericordioso Dios creador. En parte lo movieron razones familiares (en especial, la pérdida de su hija Annie), pero en parte, también, el estudio de las avispas parasitoides, que ponen sus huevos en presas vivas a las que, tras nacer, la larva devora desde dentro, lenta e inexorablemente. ¿Cómo un buen Dios podría inventar tanta crueldad?

El conocimiento científico nos sirve para constatar que en el mundo hay insectos parasitoides e insectos víctimas, pero no quién debe ganar y mucho menos si actúa correctamente al hacerlo. También han sido sociedades parasitoides y países víctimas los que han discutido en Copenhague y seguirán haciéndolo durante mucho tiempo. El quién tenga razón es un asunto ético, no científico.

Fracaso histórico

19 Dic 2009
14:14 
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DALE LA VUELTA AL MUNDO // JOSÉ ANTONIO HERNÁNDEZ

* Responsable de Justicia Económica de Intermón Oxfam

La ocasión histórica, que juntó un número histórico de presidentes para tratar de frenar el cambio climático que amenaza la supervivencia del planeta, ha acabado con una salida por la tangente también histórica.

Han sido 24 horas de caos, desorden y desconcierto. La mañana de ayer comenzó con el discurso oficial del primer ministro chino, Wen Jiabao, que no dijo nada nuevo.  Lula aseguró que “necesitamos un milagro”, en un discurso lleno de sinceridad. Y hablaba a continuación Obama, ¿traería el milagro?

El presidente de EEUU dijo que no venía a hablar, sino a actuar, pero su discurso no aportó nada nuevo. Cada cual seguía en su trinchera. ¿Y la UE? El primer ministro sueco y el presidente de la Comisión Europea, Durao, Barroso dejaron claro,que también ellos se mantenían en su posición. Nadie pestañeaba, pero esto no era no es una partida de póker. Esto va del salvar el planeta.

Tras el plenario comenzó la locura de reuniones bilaterales, la filtración de documentos (hasta seis en pocas horas), amenazas serias de colapso, noticias sobre la marcha de líderes y desmentidos. Al final, EEUU, China, India, Suráfrica y Brasil han llegado a un acuerdo al quefinalmente se ha sumado el plenario. Un acuerdo insuficiente, que ni recoge metas, que no aclara de donde vendrá el dinero que promete y que pospone hasta el próximo año un acuerdo legalmente vinculante. El mismo Obama ha reconocido que hay que ir más allá en el futuro.

Mientras espero más noticias sobre la cumbre y el acuerdo, leo que Aminatu Haidar está ya en su casa. Felicidades hoy a ella. Pienso: si entre todos estos líderes tuvieran una pizca de la determinación y el coraje de esta mujer, otro sería el resultado al que habrían llegado aquí.

El péndulo de Foucault

19 Dic 2009
14:06 
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EL JUEGO DE LA CIENCIA // CARLO FRABETTI

* Escritor y matemático

En la genealogía de los grandes descubrimientos, no es infrecuente que una idea luminosa nazca de la hibridación de dos ideas anteriores aparentemente desconectadas. El reloj de sol, conocido desde hace milenios, utiliza la propia rotación de la Tierra para medir el paso del tiempo. Los relojes mecánicos, como vimos en la columna anterior (El Abraham de los péndulos), se basan en la isocronía del péndulo (el hecho de que su período de oscilación solo dependa de la longitud del brazo), descubierta por Galileo a finales del siglo XVI. Pero hay un fascinante y gigantesco “reloj” que asocia ambos recursos cronométricos, que en principio nada tienen que ver:  el movimiento del péndulo y la rotación de la Tierra.

En 1851, el físico francés Bernard Foucault colgó de la cúpula del Panteón de París una esfera metálica de 28 kilogramos con un cable de 67 metros. Debido a la gran longitud de su brazo, el enorme péndulo oscilaba con irreal lentitud: unos 17 segundos para completar una oscilación. Pero lo que maravilló a los asistentes al experimento fue que el plano de oscilación giraba lenta pero perceptiblemente en el sentido de las agujas del reloj, hasta dar una vuelta completa en algo más de 32 horas. En realidad, el plano de oscilación del péndulo permanecía fijo: la que giraba era la Tierra. Si imaginamos el péndulo situado en el Polo Norte, es fácil visualizar el planeta girando en sentido antihorario y el plano de oscilación dando una vuelta completa (aparente) en 24 horas.

A medida que disminuye la latitud, aumenta el tiempo que tarda el plano de oscilación en dar una vuelta completa, por lo que el péndulo de Foucault, además de demostrar la rotación de la Tierra por medios mecánicos e independientes de las observaciones astronómicas, permite determinar la latitud sin mirar al cielo: como es fácil demostrar, el seno de la latitud se obtiene dividiendo 24 horas por el tiempo que tarda el plano de oscilación en dar una vuelta completa. En el caso de París, 24/32 = 0,75, lo que corresponde a una latitud de unos 49º. En el ecuador la latitud es 0º, y el tiempo de rotación del plano de oscilación se vuelve infinito, que es una forma de decir que no se desplaza. Como dijo un lector (ver blog), si la lámpara oscilante de Galileo merece ser considerada el Abraham de los péndulos, el péndulo de Foucault, por su demostración experimental de la rotación de la Tierra, bien podría denominarse, parafraseando a Mark Twain, el Galileo de los péndulos.