31
Ene
2010
09:00
CIENCIA DE PEGA // MIGUEL ÁNGEL SABADELL
Walter J. Levy, director del Laboratorio de Parapsicología de Durham (EEUU), era considerado como uno de los mejores parapsicólogos del momento. Durante cinco años había obtenido resultados positivos estudiando los poderes psicoquinéticos de las ratas. Pero en 1974 los investigadores Levin, Davis y Kennedy descubrieron que había manipulado sus resultados. Los trabajos del psicólogo británico Samuel G. Soal con el psíquico Basil Shackleton fueron la prueba definitiva de la existencia de la percepción extrasensorial hasta 1978, cuando la estadística Betty Markwick demostró que Soal había falseado los resultados.
El estudio que hizo el parapsicólogo W. H. C. Tenhaeff con Gérard Croiset marcó un hito en el uso de psíquicos en la resolución de casos criminales. En 1981 el periodista holandés Piet Hein Hoebens probó que Tenhaeff fabricaba dos versiones de los hechos: una más o menos ajustada a la realidad y poco convincente de las dotes de Croiset para los Países Bajos y otra totalmente exagerada para el extranjero.
En los 60 Nina Kulagina fue famosa por ver con las yemas de los dedos, la llamada Percepción Dermoóptica. Con una venda en los ojos era capaz de distinguir colores, dibujos e incluso podía leer. En realidad usaba una antigua treta de los ilusionistas: la visualización nasal. Quien se ponga una venda en los ojos descubrirá que puede ver perfectamente a través de dos orificios que toda venda deja junto a la nariz. Los parapsicólogos olvidaron que los mentalistas son capaces de ver teniendo sobre los ojos monedas, después algodones y finalmente una venda. Kuda Bux, el hombre con visión de rayos X, asombró a magos y extraños en condiciones imposibles de visión. Era tal su fama que un día las bailarinas se negaron a cambiarse porque se encontraba en el camerino contiguo.
Sirvan estos ejemplos para que hagamos caso de las palabras del mago-mentalista John Booth: “No cometamos esa estupidez tan de moda de ver evidencia de fenómenos paranormales en lo que no podemos explicar”. Para algunos eso es extremadamente sencillo.
29
Ene
2010
09:00
EL JUEGO DE LA CIENCIA // CARLO FRABETTI
* Escritor y matemático
Llevo más de medio siglo escribiendo a máquina. De mi primera Olivetti a mis ordenadores actuales, las máquinas han cambiado mucho, pero los teclados siguen siendo prácticamente iguales y, aunque nunca estudié mecanografía, la larga práctica hace que mis dedos encuentren las teclas de forma instantánea y sin ayuda de los ojos. Pero si tuviera que dibujar el teclado o recitar las letras por el orden en que aparecen en él, las vacilaciones y los errores serían continuos (lo digo en condicional, pero en realidad me consta que es así porque he hecho la prueba, e invito a los lectores a intentarlo). En mi mente está grabado el teclado con la suficiente precisión como para manejarlo a ciegas; pero mi conciencia no tiene acceso directo e inmediato a esa información que he utilizado decenas de miles de veces.
Si el psicoanálisis vio en los procesos inconscientes el lado oscuro de la mente, el desván o el sótano de lo reprimido y lo inconfesable, la neurofisiología y la psicología experimental actuales ven en ellos los cimientos y la infraestructura del edificio mental. Los millones de bits de información que a cada instante manejamos de forma consciente constituyen una pequeña fracción de toda la información que tenemos que procesar sin descanso por el mero hecho de estar en el mundo y responder a sus estímulos. Y esto no sólo vale para las acciones automáticas, como escribir a máquina o la no menos compleja tarea de caminar sin perder el equilibrio, sino también para la reflexión y la toma de decisiones.
Lacan, siguiendo a Freud (y dejándolo atrás en algunos aspectos), dijo que el inconsciente está articulado como un lenguaje; un lenguaje que en gran medida no podemos o no queremos oír y que nos da órdenes secretas sin que nos demos cuenta; según esta teoría, el inconsciente sería un “ello”, un yo otro con sus propios y oscuros designios. Mientras que lo inconsciente –el conjunto de los procesos no conscientes– es más bien una enorme prótesis o “extensión de memoria” que procesa silenciosamente la enorme cantidad de información que no cabe en la pequeña pantalla de la conciencia: un complemento más que un contrapunto. ¿Son incompatibles ambas visiones? A veces los resultados experimentales refuerzan las especulaciones previas y otras veces las echan por tierra; en este caso, se podría decir que las acorralan. Tal vez haya procesos inconscientes inconfesables; pero la hipótesis de un mr. Hyde agazapado en las cloacas de la mente está perdiendo fuerza.
28
Ene
2010
22:03
JUAN VARELA
Autor del blog Periodistas21.com
Un iPhone para repantigarse en el sofá y consumir contenidos digitales. Hojear un e-book, un diario o actualizar Facebook o Twitter. Con música y sin el enanismo de la pantalla de un teléfono. Es el iPad: portátil, no móvil. Si no necesitas ordenador para trabajar es el aparato del ocio total. Apple diseña la convergencia: una pantalla de mano, con teclado virtual para las redes sociales y la ruta sencilla de sus aplicaciones para llegar a contenidos con un dedo. El chisme es para los fanáticos del iPhone, los hiperconectados al ultraportátil y quienes esperan la puerta mágica de la multimedia, sin complicación. Es para ver y consumir. Pagas, pero todo está a un toque.
Steve Jobs defiende el gusto. La tecnología debe ser bella. En su equipo, el marketing aviva el cerebro de los ingenieros. Con el iPhone acabó el aburrimiento en los móviles y el iPad quiere hacer sexy el ordenador, liberarlo del teclado y su molesto recuerdo a trabajo y texto.
Los lectores de libros digitales –muchos leen en el iPhone– son el primer test con el lanzamiento de iBookstore. En Amazon miran su Kindle como a una modosa ama de casa frente a este deseo que viste piel de tiburón. Los medios lo ven como una máquina para fundir tarjetas de crédito. Confían en repetir el éxito de iTunes. Conseguir más porcentaje (70%) y mejor precio que en Kindle. Pero la información está lejos del interfaz visual y táctil necesario. Muchos dudan de entregar su distribución a Apple cuando mucha gente paga por una de sus aplicaciones y poca por el contenido. Pero la innovación llega de fuera y aprieta.
28
Ene
2010
09:00
EL ELECTRÓN LIBRE // MANUEL LOZANO LEYVA
* Catedrático de Física atómica, molecular y nuclear en la Universidad de Sevilla
Nada ha sucedido recientemente en este país más pasmoso, por chusco, que el alboroto municipal generado por las candidaturas a acoger el almacén temporal centralizado (ATC) de residuos radiactivos. Una señora decía que ella era diabética y que “esas cosas” le sentaban fatal. Un joven clamaba enardecido que la salud de sus hijas era más importante que el dinero que llevara el ATC. Obviamente, nadie le había explicado a la señora la absoluta imposibilidad de que su dolencia se viera afectada ni al joven que la probabilidad de que la salud de sus hijas las alterara el ATC es entre un millón y mil millones de veces menor de que sufrieran un accidente de tráfico o pillaran una enfermedad grave. Infinidad de dirigentes de los partidos políticos se confiesan (o no, según les vaya en el momento de hacer declaraciones) confusos ante la energía nuclear, pero no dudan en amenazar con la expulsión a los alcaldes que se manifiesten a favor de acoger el ATC en su pueblo. La más gloriosa declaración ha sido la que sostenía solemnemente que Castilla La Mancha ya había dado muestras de su solidaridad en el asunto nuclear. Si se piensa bien, ¿qué diablos querría decir quien la hizo? España lleva casi cuarenta años fabricando electricidad con centrales nucleares sin haber producido ningún afectado, o sea, cero heridos y muertos. ¿Dónde está la desgracia a compartir solidariamente entre la ciudadanía? El ATC holandés que se toma como modelo está en un parque industrial, es amarillo chillón y está bien rotulado (no se oculta). Su ubicación la decidió el ministerio correspondiente y no conlleva compensación alguna para los pueblos vecinos. ¿Están locos o son tontos estos holandeses?
En España hay centenares de expertos independientes en energía nuclear. Me refiero a personal del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, del Centro de Investigaciones Tecnológicas y Medioambientales, del Consejo de Seguridad Nuclear y de multitud de universidades. ¿Han llamado los alcaldes a alguno de ellos para que les explique a los vecinos las virtudes, inconvenientes y supuestos riesgos de un ATC? Sospecho (sostengo) que no. ¿Han preguntado sobre la solvencia profesional de los forasteros que vociferan en las plazas de sus pueblos? Sinceramente creo que en estas circunstancias es simplemente imposible ejercer la democracia.
El verdadero debate respecto a los residuos nucleares no es su sencillo, pasivo e inocuo almacenamiento, sino si procesarlos o no para reciclarlos. Pero para qué enredar más si nadie me va a hacer caso. Además, la columna se ha acabado
27
Ene
2010
09:00
ORÍGENES // JOSÉ MARÍA BERMÚDEZ DE CASTRO
* Director del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana, Burgos
Para caminar sobre las dos piernas se necesita una pelvis como la nuestra, con el hueso íleon (ala ilíaca) ancho y bajo, que ocupa la región trasera y lateral de nuestra cadera. En los mamíferos cuadrúpedos, el hueso íleon es largo y estrecho y ocupa únicamente la región trasera de la pelvis. En los seres humanos y en todos nuestros ancestros bípedos los tres músculos glúteos, menor, mediano y mayor, se insertan en un área muy extensa, lateral y trasera, lo que nos permite no sólo la capacidad de impulsarnos hacia delante, sino la de evitar caernos al levantar las piernas de manera alternativa al caminar o correr. Los músculos glúteos menor y mediano ocupan una posición lateral en la cadera y, junto al músculo tensor de la fascia lata, se ponen en tensión cuando extendemos hacia delante una de las piernas para caminar o correr y evitan que nos caigamos.
El estudio del anatomista Owen Lovejoy nos ha permitido saber que los ardipitecos tenían una pelvis cuya anatomía resulta intermedia entre la nuestra y las de otros primates cuadrúpedos. El hueso íleon era ancho y bajo, así que la anatomía ósea esencial para ser bípedos y caminar erguidos estaba ya presente en los ardipitecos. Sin embargo, los huesos isquion y pubis no habían perdido totalmente su morfología de primate originalmente cuadrúpedo y trepador. En esa región se insertarían los potentes músculos que les permitiría trepar con agilidad. Un verdadero mosaico de caracteres que hacen de la pelvis de los ardipitecos una verdadera joya de la paleontología, para comprender cómo se pudieron lograr los cambios anatómicos que permiten la bipedestación.
Por otro lado, el estudio del pie de los ardipitecos también ha resultado sorprendente. Su anatomía es única entre los primates vivos y extinguidos y diferente a la de los chimpancés. Tenían dedos largos, pero los cuatros primeros eran fuertes y resistentes para facilitar la postura bípeda y la acción de palanca de todo el pie al caminar o correr. Además, el quinto dedo podía oponerse a los demás dedos para agarrar con fuerza, lo que permite suponer que los ardipitecos trepaban con gran agilidad. Parece que los ardipitecos combinaban los dos tipos de locomoción, bípeda y trepadora, de acuerdo con el hábitat de bosque que frecuentaban. Nuestro antecesor común con los chimpancés pudo tener un pie muy parecido al de los ardipitecos, suficientemente flexible para trepar y suficientemente rígido y resistente para correr. Ciertamente, todo un alarde de la evolución. La buena noticia es que nos acercamos cada vez más al momento de la bifurcación del linaje humano y el de los chimpancés.