Público
OPINIÓN

La ciencia es la única noticia

 

‘Arenario’

28 Feb 2010
10:00 
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El juego de la ciencia // Carlo Frabetti

Parece el título de un libro de poesía, y sin embargo es el de uno de los grandes textos científicos de la antigüedad. Lo recordé hace unas semanas, al dar una charla sobre las relaciones entre literatura y pintura a un auditorio compuesto principalmente por artistas plásticos.

Algunos de los asistentes reaccionaron con sorpresa –incluso con cierto malestar– ante el dato de que el número de cuadros pintables es finito, e incluso se puede calcular (invito a mis sagaces lectores y lectoras a hallar el número de páginas que tendría un catálogo de todos los cuadros posibles). Y con igual sorpresa reaccionaron los contemporáneos de Arquímedes ante su pretensión de calcular el número de granos de arena que cabrían en el universo.

A pesar de sus grandes conocimientos matemáticos, a pesar de su perfecta geometría, los antiguos griegos no disponían un buen sistema de numeración (recordemos que el cero, base de los sistemas posicionales, no se descubrió hasta el siglo V). El número más grande al que habían dado nombre era 10.000, la miríada, y Arquímedes tuvo la idea, genial en su sencillez, de utilizar las sucesivas potencias de 10.000 para expresar números muy grandes: la miríada de miríadas, la miríada de miríadas de miríadas…

Tras calcular que en una cápsula de amapola cabrían del orden de 10.000 granos de arena, y considerando que el universo era una esfera de radio igual a la distancia de la Tierra al Sol, Arquímedes estimó que para llenar el espacio harían falta unas 8.000 miríadas de miríadas de miríadas… de miríadas de granos de arena, con el término repetido quince veces (o sea, un 8 seguido de 63 ceros).

Aristarco, el precursor

Pero ¿cómo podía conocer Arquímedes la distancia de la Tierra al Sol?, se sorprenderán algunos. Y aún se sorprenderán más al saber que en su Arenario –una de las pocas referencias a los trabajos de Aristarco que nos han llegado– expuso el siracusano la teoría heliocéntrica dos mil años antes que Copérnico.

Aristarco de Samos, el más preclaro astrónomo de la antigüedad, afirmó que la Tierra y los demás planetas giraban alrededor del Sol, y basándose en el cálculo de Eratóstenes de la circunferencia terrestre, determinó con aceptable precisión el diámetro de la Luna y su distancia a la Tierra (aunque subestimó el tamaño del Sol y lo que dista de nuestro planeta).

Los cálculos de Aristarco sirvieron de base a los de Arquímedes, y también de inspiración a la fascinante cosmovisión que informa su Arenario. Parece el título de un libro de poesía, y en cierto modo lo es.

La república nuclear

27 Feb 2010
09:00 
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EL ELECTRÓN LIBRE // MANUEL LOZANO LEYVA

* Catedrático de Física atómica, molecular y nuclear en la Universidad de Sevilla

No se alarme el lector, ¡que esto no va de energía nuclear! Trata del núcleo atómico, que no es lo mismo aunque la relación sea obvia. El átomo de los griegos consiste en unos nubarrones electrizados en cuyo centro está el núcleo. Si éste tuviera el tamaño de una perla, el átomo completo tendría el porte de un estadio de fútbol. El núcleo lo componen los neutrones y los protones, o, indistintamente, nucleones. Los primeros son neutros desde el punto de vista eléctrico y los protones son tan positivos como negativos son los electrones de las nubes. Sabemos que las cargas del mismo signo se repelen. ¿Qué mantiene unidos a los protones en tan minúsculo espacio? Lógicamente, una fuerza atractiva muchísimo más intensa que la repulsión eléctrica. Es la fuerza nuclear que si se libera a lo bestia lo hace en plan bomba atómica y si lo hace educadamente, o sea controlada a placer, nos puede reportar alegrías (y grandes broncas).

La situación más estable de dos nucleones es estando situados en la misma órbita y viajando el uno al encuentro del otro. Chocarán, claro. En cuanto lo hacen, se colocan en otra órbita igual que la anterior pero orientada un cierto ángulo con la primera. Chocan otra vez y ambos se van a otra órbita orientada de distinta manera. No pueden situarse en otra superior o inferior, porque estarán ocupadas por otras parejas enfrascadas en el mismo baile. Salvo que estén en la superficie del núcleo, naturalmente, lo cual hace que ésta sea difusa y no abrupta. Estos choques, orientaciones y reorientaciones lo hace cada pareja de nucleones más de mil trillones de veces por segundo. ¿No es una danza fantástica? Así están emparejados los nucleones. Es muy original porque, además, lo normal es que los neutrones se emparejen entre sí y los protones también. Hasta hace muy poco no se están descubriendo parejas heterosexuales… perdón, un protón y un neutrón emparejados. Esta es la armonía nuclear, la cual no es monárquica en el sentido de que no tiene ningún centro como el Sol en el sistema solar o el núcleo en el átomo. Aquí, cada nucleón se mueve al dictado de los demás, a modo de república popular.

De vez en cuando, algunos núcleos estallan largando pelotazos como obuses, partículas delicadas y elusivas o resplandores. Es la radioactividad alfa, beta y gamma. Esa es otra historia tan bella y apasionante (e inquietante) como la anterior. Si el lector encuentra raro y desaforado este alegato a favor del núcleo atómico, que disculpe al autor que apela a don Antonio Machado: “A las palabras de amor les sienta bien su poquito de exageración”.

Proyecto Gran Simio

21 Feb 2010
09:00 
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ORÍGENES // JOSÉ MARÍA BERMÚDEZ DE CASTRO

En las últimas semanas he tenido ocasión de conocer más de cerca los ideales y objetivos de personas que defienden un hermoso proyecto en favor de los pocos homínidos que nos quedan vivos en el planeta. El 25 de junio del 2008 se aprobó por parte de la Comisión del Medio Ambiente del Congreso la proposición no de ley en defensa de los grandes simios y en apoyo del Proyecto Gran Simio. Sin embargo, esa propuesta parece seguir por ahora en el limbo de los proyectos olvidados. Puedo entender que en el momento actual interesen otras cuestiones de no poca envergadura, ante la situación económica que atravesamos. Pero no es una excusa aceptable.

Si se me permite la frivolidad, no deja de resultar curioso e interesante que una especie del grupo de los grandes simios antropoideos estemos preocupados por legislar sobre otras especies muy próximas en nuestra genealogía. Quizá hasta nos da un poco de vergüenza que se nos tome a chirigota. ¿No es así? Al fin y al cabo no pocos siguen en la idea de nuestra gran superioridad sobre todas las demás especies, a las que podemos manipular, maltratar o aniquilar a nuestro antojo. Pero no por ello se deben dar las batallas por perdidas.

El conocimiento de nosotros mismos, de nuestros orígenes y de nuestra evolución como especie biológica pasa necesariamente por la información que nos ofrecen otros homínidos vivos. Ellos son una referencia y un modelo imprescindible en todos los estudios que se realizan sobre el ser humano. Solo por este hecho deberíamos proteger su hábitat natural y respetar su libertad. Las diferencias genéticas que nos separan de los homínidos actuales son mínimas. Esa diferencia apenas llega al 1% en el caso de los chimpancés y sólo al 2% con respecto a los gorilas. Compartimos con ellos y otros homínidos una larga historia evolutiva de varios millones de años. ¿Por qué hacer desaparecer sin escrúpulos a las especies que nos quedan de nuestra propia familia evolutiva? ¿Qué podemos ganar con ello y cuánto podemos perder si ellas desaparecen?

Claro que la historia de Homo sapiens está plagada de genocidios. La paleontología y la genética están de acuerdo en situar el origen de nuestra especie en África, hace unos 200.000 años. Para llegar a ocupar todo el planeta tuvimos que liquidar a otras especies próximas, incluidos los neandertales. Se trataba de competir con otras especies que compartían con Homo sapiens un nicho ecológico similar y tuvimos que eliminarlas. Pero este no es el caso de los simios antropoideos. Su extinción sería solo el capricho de una especie, a la que todavía le queda mucho para ostentar el título de sapiens que nos pusimos a nosotros mismos.

Internet de peaje

20 Feb 2010
21:00 
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JUAN VARELA, AUTOR DEL BLOG PERIODISTAS21.COM

El Gobierno quiere convertir su presidencia europea en motor de las tecnologías de la información. Tanto que el ministro de Industria está dispuesto a limitar la neutralidad de la Red, la garantía para no discriminar servicios y contenidos en Internet. Más banda ancha y mejores precios para los ciudadanos a cambio de limitar la competencia. El objetivo es incluirlo en la próxima Declaración de Granada con el refuerzo de la propiedad intelectual. Los reguladores discuten este año la neutralidad en varias reuniones ya previstas con asistencia de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones. Internet de peaje para navegantes y empresas.

En la mira de las operadoras están el audiovisual y la convergencia con la televisión (YouTube o el iPlayer de la BBC), el streaming de música (Yes.fm, Spotify), la telefonía gratuita en Internet (Skype), además de las plataformas móviles y aplicaciones como las de iPhone, que permiten el acceso directo a contenidos y servicios.

Las telecos quieren dinero y blindaje de sus inversiones en redes de nueva generación y banda ancha móvil. Se quejan de que sólo ellas invierten mientras buscadores y redes sociales se adueñan de los nuevos negocios. Olvidan que disfrutan del dominio público y que, gracias a Internet, crecen los abonados de banda ancha y el consumo en los móviles.

Los ciudadanos y el acceso a la sociedad de la información importan sólo como consumidores. Las telefónicas buscan nuevas ofertas cuando se especula con el fin de la rentabilidad de las tarifas planas, que estos años han multiplicado el negocio.
El ministro Sebastián abre juego. Apoya las demandas de las telefónicas para crear un mercado único y aumentar el poder de las empresas europeas. A cambio, banda ancha de un mega para todos y la promesa de servicios de mayor calidad.

Las telecos ofrecen una especie de discriminación positiva: el abonado paga por mejores servicios, y las empresas de Internet, para mejorar su oferta. Una opción que se abre camino en Europa y que los grandes de internet consideran aceptar. ¿Surgirán en el futuro nuevos Google, YouTube o Facebook? Sin dinero, difícil. Menos competencia. Internet en parcelas para ciudadanos premium.

Antártida global

20 Feb 2010
09:00 
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VENTANA DE OTROS OJOS // MIGUEL DELIBES DE CASTRO

* Profesor de investigación del CSIC

Como el resto del planeta, la Antártida y las islas subantárticas se están calentando. Ello abre la posibilidad de que sean colonizadas por especies que hasta ahora no podían vivir allí. En otros tiempos, los recién llegados habrían sido, con toda probabilidad, propágulos transportados por el viento o las aguas, o quizás viajeros en un tronco de deriva o en las patas o el pico de algún ave, y seguramente procederían de áreas cercanas. Hoy, en cambio, en la aldea global, es más fácil que lleguen con los humanos y procedan de cualquier sitio.

Normalmente detectamos las invasiones que han tenido éxito, pero es mucho más difícil medir la frecuencia e intensidad de los intentos de invasión, que llaman los estudiosos presión de propágulos. Jennifer Lee y Steven Chown se han dedicado a cuantificar las semillas de especies exóticas que inadvertidamente eran introducidas en la Antártida cada campaña de campo tan sólo por los miembros del Programa Antártico Nacional Surafricano (Ecological Applications 19, 2009). Para ello, han revisado una muestra al azar de los contenedores de material y de las ropas y calzado de los técnicos e investigadores. Utilizando unos aspiradores, y rebuscando en las partes conocidas por ocultar más restos (bolsillos, costuras, interior del calzado), recogieron todas las muestras orgánicas posibles.

Pese a que la limpieza rigurosa del material es exigible antes de viajar a la Antártida, detectaron fragmentos de invertebrados, materia orgánica, porciones de plantas y, sobre todo, semillas. En 193 piezas de carga había 800 semillas correspondientes a plantas de 22 familias y 57 géneros, mientras que en 933 ropas o calzados de 127 viajeros hallaron 606 semillas de 20 familias y 70 géneros. Son números muy relevantes. Parte de esas semillas foráneas ya se conocían como especies invasoras antárticas, pero otras no lo eran aún y muchas, probablemente, no lo serán nunca. Aún así, la vigente prohibición de introducir plantas y animales en la Antártida es violada sin querer por los propios programas que velan por la integridad del territorio. ¿Cómo mejorar las medidas para mitigarlo? Esterilizar el material a elevadas temperaturas ayudaría, pues impide la posterior germinación, pero genera un curioso conflicto: la sofisticada ropa técnica imprescindible en aquellas latitudes pierde sus virtudes con el calor. Los australianos lo hacen de otro modo: la ropa de fuera, al menos cuando es de riesgo, no puede viajar a la Antártida; allí te prestarán la necesaria.