Jane Goodall

29 Abr 2011
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VENTANA DE OTROS OJOS // MIGUEL DELIBES DE CASTRO

* Profesor de investigación del CSIC

He tenido la fortuna, por una invitación de Caja Canarias, de coincidir en Tenerife con Jane Goodall. Es frágil y delicada como un pájaro. Sonríe dulcemente y se toma a broma su brazo derecho escayolado: “No puedo firmar mis libros, así que estampo la huella digital entintada, como una analfabeta”. La anécdota muestra su coraje y su carisma. Los jóvenes, sobre todo los jóvenes, rompieron a aplaudir en cuanto la vieron, y tras su intervención hicieron largas colas para que esta incansable mujer, cercana a los ochenta años, les firmara libros o accediera a fotografiarse con ellos. Estaban emocionados ante una embajadora de la paz de Naciones Unidas que transmite serenidad y coherencia en todos sus actos. Jane Goodall es quizá la científica más conocida del mundo, gracias a sus estudios sobre los chimpancés de la reserva de Gombe, junto al lago Tanganica, que prosiguen 50 años después de su llegada. Los primatólogos más adustos la criticaron, pues llegaba a hacerse amiga de los individuos que estudiaba.

En Tenerife volvió a contarlo: le bastaba mirar a los ojos de los chimpancés para verificar lo parecidos que eran a nosotros, cada cual con su personalidad, sus filias, sus fobias. Eso parecía alejado de la objetividad que cabe esperar de la ciencia, pero a los jóvenes naturalistas de campo de los setenta nos encantaba.

La evidencia de la destrucción del medio y la extinción de especies convirtió a Jane en una activista, que en la actualidad viaja 300 días por año dando charlas y presentando libros y películas. Pidió que cada día dedicáramos unos instantes a analizar las consecuencias de nuestras acciones sobre los demás y sobre la Tierra. Cuando ella lo hizo, por ejemplo (va por Frabetti), decidió que no podía comer carne, pese a lo que le gustaba. Los animales sufren en el establo, alimentarlos destruye bosques o deja con hambre a otras personas, es necesario mucho agua… También optó por consumir alimentos locales; ¿saben cuánta distancia recorre un tomate antes de ser vendido en el mercado de Chicago? ¡2.500 kilómetros de gasolina y contaminación!

En su charla había demandado frugalidad y cuando llegó la hora de la cena Jane mojó los labios en un vaso de vino (canario, por supuesto), probó un poco de queso y algún fruto seco, y se retiró a descansar. Eso sí, antes reclamó de las autoridades atención para la Casa Amarilla del Puerto de la Cruz, primer centro primatológico creado en el mundo, en 1913, hoy en ruinas.


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