Milagros

08 May 2011
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EL JUEGO DE LA CIENCIA // CARLO FRABETTI

* Escritor y matemático

Juan Pablo II acaba de ser beatificado, y el principal argumento para subirlo a los altares (o acercarlo a ellos, pues la beatificación es el paso previo a la canonización, que a buen seguro no tardará en llegar) ha sido su supuesta curación milagrosa de una monja aquejada de párkinson.

En principio, la religión no tiene por qué entrar en conflicto con la ciencia: son trenes que marchan por distintos raíles –la fe y la razón– y no tienen por qué chocar. A no ser que uno de los dos trenes descarrile e invada la otra vía. Y eso es lo que hace la religión al proclamar que una supuesta curación milagrosa está avalada por irrefutables pruebas médicas. Quienes tachamos de pseudociencia la homeopatía o la astrología, ¿no deberíamos aplicar el mismo calificativo a estos milagros con certificado médico?

Se podría argumentar que creer en los milagros es cuestión de fe; pero en ese caso sobra la pamema del “abogado del diablo” y las pruebas científicas. El Papa, que para eso tiene línea directa con el Espíritu Santo, no tiene más que informar a sus fieles de que Wojtila o Escrivá de Balaguer están en el cielo sin lugar a dudas y, por tanto, pueden ser objetos de devoción y lícitos destinatarios de jaculatorias y oraciones. Nada que objetar desde el punto de vista de la ciencia, que, sencillamente, se mantiene al margen de este tipo de creencias. Pero cuando se afirma públicamente que se ha producido un fenómeno inexplicable desde el punto de vista científico, hay que demostrarlo. O, cuando menos, hay que darle a la ciencia la posibilidad de comprobar si, efectivamente, es incapaz de explicar el supuesto fenómeno sobrenatural.

Como señala Paul Kurtz, las pseudociencias se caracterizan porque:
-No utilizan métodos experimentales rigurosos en sus investigaciones.
-Carecen de un armazón conceptual contrastable.
-Afirman haber alcanzado resultados positivos aunque sus pruebas sean altamente cuestionables y sus generalizaciones no hayan sido corroboradas por investigadores imparciales.

En este sentido, los supuestos milagros con certificado médico son tan pseudocientíficos como la “probada eficacia” de la homeopatía o los “asombrosos aciertos” de la astrología. Y quienes nos indignamos ante la presencia de videntes en la televisión o de productos homeopáticos en las farmacias no deberíamos permanecer indiferentes ante los abusos de una religión que no quiere darse por enterada de que ya no puede invadir impunemente los dominios de la razón.


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