Público
OPINIÓN

La ciencia es la única noticia

 

Defensa del enlace

26 Ene 2010
09:00 
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VIDA 3.0 // JUAN VARELA

*Autor del blog Periodistas21.com

Cobrar por ver. Es lo más parecido a la intención de limitar el hipertexto y privatizar con copyright los enlaces. Cobrar por enlazar es achicar el acceso a la información y privatizar el dominio público ampliado gracias a internet. La lucha de los medios y la industria de los contenidos contra buscadores, agregadores y redes sociales erosiona la libertad de expresión y los derechos ciudadanos. Cuando crece la demanda por el gobierno abierto y el acceso a la información pública, la industria, golpeada por la crisis y apremiada por los desafíos digitales, amenaza el interés público.

El proyecto de ley de economía sostenible permite bloquear enlaces alegando daño patrimonial. Los editores españoles se unen a los grandes grupos de medios contra el acceso a sus contenidos sin permiso –instaurar una licencia económica-, como ya hizo la agencia Associated Press en 2008 El magnate Rupert Murdoch bloquea al agregador británico NewsNow los enlaces a The Times. Francia propone una tasa Google y surgen voces a favor de un impuesto a los enlaces comerciales imitando la tasa Tobin a las transacciones financieras.

El objetivo es cobrar por los enlaces. Es el resultado de la negativa de las empresas de internet a compartir sus beneficios, los problemas del negocio digital y la evidencia de que muchos usuarios se conforman con la cita y nunca llegan a la fuente de la información.

Pero internet no es un medio. Es un espacio público donde los ciudadanos viven, se comunican, informan y comparten. La privatización perjudica a la sociedad. Cualquiera tiene derecho a cobrar por su producto o a reservarlo para sus clientes, pero nadie debería poder limitar el acceso al espacio público. Si no quieren estar, pueden retirar sus contenidos con una simple operación técnica. No lo hacen por la pérdida de visibilidad, audiencia y reputación lograda en buscadores, agregadores y por las citas en las redes sociales.

El enlace no es el contenido. Es el primero de los mitos denunciados ya en 1997 por Tim Berners-Lee, creador de la web. La ley española de propiedad intelectual garantiza la cita y el uso de información de actualidad, como la legislación internacional, pero permite reservar derechos o cobrar. Hacerlo sería un paso atrás en la ampliación de la esfera pública y el derecho a la información, propiedad de los ciudadanos, no de los medios. La disputa económica por el negocio no puede atentar contra el interés público ni expandir el modelo de pago para privatizar lo que es de todos. Los medios deberían preocuparse más de por qué tantos usuarios se conforman con una cita y no olvidar que sus contenidos son también resultado del espacio público.

Censura económica

12 Ene 2010
09:00 
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VIDA 3.0 // JUAN VARELA

*Autor del blog Periodistas21.com

El Ministerio de Cultura cerrará web con enlaces bajo propiedad intelectual con autorización urgente de la Audiencia Nacional. En cuatro días se decidirá su bloqueo. Después, el proceso judicial. Es el resumen de las normas para proteger a la industria del entretenimiento. El Gobierno vuelve a privilegiar derechos económicos frente a libertades individuales. Ya ocurrió con la reforma de la Ley de Propiedad Intelectual y la implantación del canon digital. La Ley de la Sociedad de la Información garantiza los derechos de autor, pero la renuencia de los jueces a ver delito en las descargas impulsa al Ejecutivo a buscar atajos, elevar a fundamental un derecho patrimonial y dotar a la industria de una vía privilegiada, reservada hasta ahora para proteger derechos fundamentales. Se podrán cerrar páginas con ánimo de lucro o cuando los denunciantes aleguen “daño patrimonial”. Se abre la puerta a blindar los enlaces y los contenidos: más negocios exclusivos, bloqueo de la economía y la cultura del enlace, y menos acceso para los ciudadanos.

La protesta internauta sólo ha servido para perfeccionar las herramientas de la Ley de Economía Sostenible (LES) y dotar a la Comisión de Propiedad Intelectual de un procedimiento abusivo y desigual. La solución, si el Parlamento o el Constitucional no lo remedian, puede conducir a una censura económica de Internet. Vuelven a perder los ciudadanos frente a los poderes económicos.

El Gobierno cede ante la industria y sacrifica la sostenibilidad de una economía digital basada en el enlace y el intercambio. Por el camino quedan las manipulaciones de un negocio agotado que ve perder valor a los contenidos masificados y la copia mientras aumenta en la música en directo, las ediciones y los formatos especiales, las nuevas vías de acceso (VOD, streaming, etc.) o el 3D.

Se pierde otra ocasión para revisar la propiedad intelectual en la era digital: garantías y alternativas para los autores, y mayor acceso y libertad para los consumidores. Sobre todo cuando España estrena presidencia europea con este debate abierto y cuando la LES pregona un “nuevo patrón de crecimiento”. Una ciudadanía digital con más protección de la cultura común y del dominio público, desarrollo de los derechos abiertos y copyleft, simplificación de la gestión de los derechos y avance en la digitalización y el acceso a los contenidos públicos. El reduccionismo del mal llamado gratis total nos castiga a todos. Uno se pregunta si los políticos no tienen ideas sobre las nuevas necesidades y derechos, están dominados por el poder económico o viven alejados de la realidad. Sólo así se entiende una ceguera sobre el futuro superable con innovación y consenso para aumentar los derechos de todos.

El papel atenaza al ‘e-book’

22 Dic 2009
09:00 
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VIDA 3.0 // JUAN VARELA

*Autor del blog Periodistas21.com

Los e-book serán una de las estrellas de la navidad. El libro digital arranca tras mucha expectación y poca realidad. Los editores están aferrados a su negocio, temen la piratería y las peticiones de los escritores para aumentar sus derechos de autor. Mientras en Estados Unidos las grandes librerías y buena parte de las editoriales se han lanzado al mercado digital, en España los libros siguen siendo de papel. Y el acceso digital a las bibliotecas, todavía bajísimo.

Cultura rebaja el IVA de los e-book al 4%, el mismo del papel, y cumple una recomendación europea. Al tiempo presenta Enclave, un proyecto que convierte a la Biblioteca Nacional en un portal para la venta de libros online. Desde la Biblioteca Digital Hispánica se pueden comprar ya 629 títulos de 90 editoriales. La mayoría caros y poco atractivos. Pero el Gobierno ha preferido gastar 410.000 euros de dinero de todos en promover el negocio privado en lugar de digitalizar obras de dominio público, lograr un acuerdo sobre obras huérfanas –sin derechos de autor conocidos– y descatalogadas o lanzar un sistema de préstamo digital.

Francia frena el plan de Google de digitalización de libros con una condena por “falsificación de derechos de autor”. Google Books tendrá que dejar de incluir libros franceses en los más de diez millones de títulos ya digitalizados. Su pecado es escanear obras para su buscador y que puedan ser compradas desde sus páginas. Google incluye las obras huérfanas y las descatalogadas. Una iniciativa que muchos consideran monopolística porque el gran buscador se convertiría en comercializador de esas obras gracias a un acuerdo con los editores, todavía a examen judicial en EEUU.

Francia alardea de una batalla ganada y el presidente Sarkozy anuncia más dinero para digitalizar su cultura. Lo mismo se espera en Alemania. En España, por ahora, los editores practican el tancredismo y parecen inclinados a aceptar el trato de 60 dólares por obra digitalizada y el 63% de los beneficios. La Comisión Europea apoya el acuerdo, harta del bloqueo a la digitalización. Por eso ha puesto la revisión de los derechos de autor de los libros entre las prioridades digitales de los próximos años.

Sólo un 1% de las obras de las bibliotecas públicas europeas están digitalizadas y la oferta de e-book es escasísima. En Europeana, la biblioteca europea, un 47% de las obras son francesas. Sólo el 0,6% son españolas, muy por debajo de países como Finlandia, Suecia, Grecia o Eslovenia. Zapatero tendrá que arrear si quiere convertirse en campeón de la nueva economía en su presidencia europea. Y los poderosos editores españoles deben decidir si su enorme negocio se sostendrá en el futuro o compraremos e-book en las librerías extranjeras.

No es gratis

08 Dic 2009
09:00 
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VIDA 3.0 // JUAN VARELA

Autor del blog Periodistas21

No es gratis. Ni la cultura, ni el entretenimiento, ni Internet. No es gratis crear, producir contenidos o información, ni defender derechos y libertades fundamentales. No es una pugna entre perseguidores de gangas y autores explotados. Es un debate sobre los contenidos en un sistema digital, de conexión permanente, con coste cero de la copia, donde los usuarios comparten criterios y obras gracias a las herramientas digitales. Un nuevo sistema donde la cultura y la industria de masas están en crisis.

La respuesta no es limitar derechos ni sostener lo obsoleto. Está en crear una sociedad del conocimiento que suceda a la del consumo. Es el espíritu de la revuelta contra la idea de autorizar la desconexión administrativa de quienes infrinjan derechos de propiedad intelectual. Es penoso e inútil escuchar la letanía de quejas de autores y de empresas del entretenimiento contra sus mejores clientes. Y a los políticos usarlo como propaganda.

La propuesta para cambiar la ley nace muerta. La condenan su mala redacción, la reacción de los ciudadanos y la ruptura del consenso previo. El presidente ya ha dado marcha atrás. ¿Por qué esta crisis cuando la ley ya permitía la persecución civil de las descargas no autorizadas y la retirada de los enlaces?

El sistema está averiado. Empezaremos a arreglarlo cuando se discuta sobre una base común. Nadie niega los derechos de los autores, aunque muchos se hayan aficionado a las descargas gratis. La economía de la abundancia y la gran disponibilidad de contenidos empuja a consumir mucho y valorar poco. La propia industria incita ese ansia consumista. Proteger las obras y sus usos –comercial, privado, educativo, etc.– y no la copia cuando esta pierde su valor y es omnipresente. Reconocer el derecho de cita, enlace y de remezcla connaturales a la cultura digital. Ampliar el acceso a las obras de dominio público y a los contenidos financiados con fondos públicos. Ampliar las licencias libres y flexibles de propiedad intelectual. No extender exageradamente los derechos de autor y simplificar su gestión. Garantizar la copia privada, compensada por el canon digital. Y ampliar el acceso a los contenidos a través de nuevas herramientas eficientes y donde creadores, distribuidores y público puedan reconstruir un consenso –un mercado– beneficioso para todos.

Europa no logra acuerdos sobre obras huérfanas, mercado único de contenidos, bibliotecas y archivos, ciencia e investigación abiertas, acceso a la información pública, estándar de libro electrónico, etc. Mientras, muchos se quejan del dominio de los grandes de Internet. Limitar el acceso y castigar a los consumidores no es la solución. Menos la de un gobierno defensor de una nueva economía.

Comprar conectados

01 Dic 2009
09:00 
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VIDA 3.0 // JUAN VARELA

Autor del blog Periodistas21

Agitar, agitar para encontrar la mejor oferta. Es el gesto repetido por los usuarios de una aplicación para móviles que permite encontrar las mejores promociones y descuentos en la cercanía del aparato. Teléfonos inteligentes, conexión a internet y geolocalización, instrumentos aprovechados ya por algunas marcas para atraer a los clientes. Acostumbrados a las avalanchas a la puerta de las rebajas resulta extraño ver a los consumidores enfrascados en sus móviles. Pero las gangas, los chollos y las novedades comienzan a estar en el ciberespacio antes de que las tiendas tengan tiempo de cambiar sus escaparates. Un nuevo desafío para el comercio y herramientas más útiles para los clientes.

El comercio electrónico crece. Comienza a ser uno de los indicadores a los que se agarra la esperanza en la crisis. En España comenzó a crecer antes de las rebajas de verano. Muchos consumidores ven más fácil, rápido y barato comprar on-line. Los norteamericanos acaban de celebrar su Black Friday –el mayor día de compras–, donde Internet, los móviles y las redes sociales han sido el gran escaparate virtual para atraer clientes con ofertas, promociones y los últimos lanzamientos. Aplicaciones de móvil, marketing por SMS y muchas, muchas recomendaciones y ofertas en nuevas plataformas como Twitter o en redes sociales como Facebook son las nuevas estrellas para ciberconsumidores que buscan chollos o son buscadores empedernidos y comparan precios, descuentos y nuevos productos. Aunque acaben comprando ante el mostrador.

Boca a boca, marcas amigas, geolocalización, mapas y realidad aumentada son el nuevo escaparatismo del marketing directo o social. Clientes que buscan y marcas o comercios que responden en tiempo real a las demandas. El mostrador está en el ciberespacio y los dependientes se convierten en asesores personales en las redes sociales. Los consumidores buscan las recomendaciones y consejos de otros para encaminarse a sus objetivos más preciados.

La brecha entre comercio electrónico y tradicional se achica. Los comerciantes norteamericanos esperaban sostener sus ventas del año pasado en la semana de Acción de Gracias y Black Friday, pero el comercio electrónico ha aumentado esos días por encima del 10% frente a un 3% en todo noviembre. Los grandes del comercio electrónico como Amazon o Apple aumentaron en un tercio las visitas a sus webs, acompañados por grandes cadenas como Walmart. Aquí la Navidad anuncia un aumento de la oferta y más opciones de pago como el móvil. Las grandes superficies y los bancos apuestan como nunca por Internet y los nuevos espacios donde nunca se cuelga el cartel de cerrado.

Hiperrealidad

17 Nov 2009
09:00 
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VIDA 3.0 // JUAN VARELA

*Autor del blog Periodistas21.com

Apuntas con el móvil y en la pantalla se despliega toda la información del alrededor: cómo se llama la calle, qué hay en el edificio de enfrente, dónde tomar el café o comer la pizza más cercana. Un clic y puedes encontrar a quienes tuitean y a qué distancia. Dónde están los cajeros automáticos, las farmacias, qué fotos de tu alrededor están subidas a internet o los pisos en venta. Es el poder de la realidad aumentada en una de sus aplicaciones más sencillas y populares. No hacen falta aquellos viejos cascos de las películas y todavía no se ha llegado a la realidad aumentada espacial, la que permite convertir lo que ves en una enorme pantalla táctil.

Aplicaciones como Layar o Wikitude –disponibles en iPhone o móviles con sistema operativo Android- permiten navegar por la realidad y etiquetarla, crear marcas o publicar información sobre lo circundante. Fue el sueño de los videojuegos, pero las guías de ocio y servicios se han adelantado. Eso sí, Avatar, la película de James Cameron, lanza un juego que permite mover una figura virtual con la webcam de tu ordenador.

Pero no es un juego. La realidad aumentada superpone información digital a la realidad. Las aplicaciones más populares son el resultado de integrar algunas de las tecnologías con mayor futuro: móviles, banda ancha, cloud computing, geolocalización y mapas digitales. Con ellas el usuario está permanentemente informado de qué le rodea. Por eso es importante que esta nueva consciencia ambiente no quede sólo en manos de la publicidad y el marketing.

La realidad aumentada expande el ciberespacio a la vida real a través de los datos vinculados, así llamados por Tim Berners-Lee porque conectan los datos con los objetos reales, la promesa de la web 3.0. Pero como el propio creador de la web ha explicado, los datos son lo más importante para que ciudadanos, empresas, etc. puedan usarlos y aumentar el valor de lo que vemos a través del objetivo de nuestro móvil. Un ejemplo podría ser una capa para Layar que permite a los americanos ver el dinero que el gobierno Obama ha gastado en proyectos de recuperación económica. Datos + gobierno abierto + tecnología = más transparencia, mejor política. Imagina la utilidad de estas aplicaciones para evitar la corrupción, conocer en qué se gasta el dinero público o qué sabe el gobierno de tu vida.

La realidad aumentada puede no ser la maldición de la hiperrealidad denunciada por Jean Baudrillard: el imperio del simulacro, antes dominado por la visión de los medios y ahora inmerso en la web 2.0. Ojalá instituciones y gobiernos devuelvan a los ciudadanos el acceso a sus datos en lugar de seguir gastando millones en propaganda y webs inútiles. Permitirá cambiar la hiperrealidad por una realidad más conectada, transparente y útil.

Televisión multiplataforma

03 Nov 2009
09:00 
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VIDA 3.0 // JUAN VARELA

*Autor del blog Periodistas21.com

Las televisiones ya son multiplataforma. Objetivo: ocupar todas las pantallas cuando el 45% de la audiencia está en la TDT y cuatro de cada diez internautas ven vídeo en la Web. La televisión analógica llega a un tercio de los telespectadores y otro 21% la ve a través de las plataformas de pago (satélite, cable y ADSL). Por eso las televisiones encabezan la carrera por la convergencia. Mientras los diarios y otros medios debaten cómo rentabilizar sus contenidos en Internet, las televisiones siguen apostando por la gratuidad para aumentar sus GRPs, el impacto y rentabilidad de la publicidad, a pesar de la caída de los precios de los anuncios. Y además preparan sus opciones de pago por visión gracias a la TDT y a la televisión en los móviles. Con estas estrategias intentan aumentar su facturación y sostener unas audiencias menguadas por la fragmentación.

Las cadenas quieren estar donde está la audiencia en la era del acceso, cuando los contenidos se demandan en tiempo real y en todas las plataformas. Así intentan superar una crisis que hunde sus beneficios hasta una cuarta parte de los que lograban hace un año. La pelea por el público segmentado en los canales temáticos y por los usuarios únicos en Internet se suma a la vieja dependencia de los audímetros.

La televisión digital es terriblemente parecida a la analógica. Triunfan los mismos contenidos –deporte y series, principalmente– y se ven a las mismas horas por culpa de una parrilla sin mayor elección para el espectador y condicionada por la simultaneidad de los anuncios. La publicidad manda. En los canales temáticos de la TDT los únicos ganadores son niños y jóvenes por la programación especializada, además de los tertulianos que ven multiplicadas sus apariciones para hacer la televisión más fácil y barata: hablar de política y de famosos.

En Internet el directo, el vídeo bajo demanda y la participación son los principales motores de crecimiento de unas web que en el caso de RTVE o Telecinco casi han duplicado su tráfico en un año. Los directos de grandes acontecimientos, la oferta de programas completos como capítulos de series y también la radio, en el caso de aquellos medios que comparten propiedad, son la mejor apuesta para mantener a los usuarios más tiempo en la web.

La participación y la integración de redes sociales como Facebook o Twitter  despierta en algunos la sensación de que la red social está colonizando la televisión hasta el punto de que en un futuro estas plataformas podrían ser imprescindibles para el triunfo de las cadenas y programas. Siempre se ha hablado de la tele, ahora estar en boca de todos en cualquier lugar es la única forma de sobrevivir en el mercado de la convergencia.

Vivir en el enlace

06 Oct 2009
09:00 
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VIDA 3.0 // JUAN VARELA

* Autor del Blog Periodistas 21

Gordon Bell graba cada momento de su vida, su actividad en Internet, sus documentos y las personas con las que se relaciona. Aumentan las restricciones impuestas a las estrellas del deporte en el uso de redes sociales. Un profesor es despedido en Euskadi por utilizar un blog como eje de sus clases. El diario The Washington Post reclama a sus periodistas respeto a los criterios profesionales en su identidad digital y contención para no amenazar la objetividad del diario. Los usuarios de las nuevas tecnologías crean una vida aumentada, narrada en directo y distribuida para relacionarse con otros. Los principios, valores e instituciones tradicionales se queman como papel fotográfico sobreexpuesto.

La identidad se convierte en un objeto de dominio público, un segundo ser diseñado para mejorar el real. La privacidad compartida permite difundir ese ser perfeccionado a los demás con las nuevas herramientas sociales. La cultura doma a la naturaleza en la personalidad y la ilustrada noción kantiana del deber se pliega al placer. El primer mandamiento es disfrutar de uno mismo y compartirlo.

La transparencia es el nuevo dogma. Pero el mundo y la sociedad siguen fundados sobre reglas y jerarquías donde sólo unos pocos tienen acceso a la información de los demás. El registro y la publicación de los datos de la vida en red crea una democratización de la información peligrosa para algunos. Facilita la aparición de un Gran Hermano o de un sinopticón, un sistema donde todos se vigilan. Son los peligros de la memoria extendida de los lifebits de Bell, cuya intención es crear una e-memoria descargable como un archivo de ordenador. Su objetivo es añadir metadatos a la vida para mejorarla, de la salud a lo profesional. Una biografía para la vida como un archivo digital –la propuesta del genetista Craig Venter– para buscar, etiquetar, publicar y utilizar esa información. Como hacen ahora los usuarios y las herramientas de Internet con los contenidos digitales.

Muchos usuarios de redes sociales narran su vida y se relacionan con otros a través de contactos, enlaces y documentos compartidos. La cultura del enlace –el hipertexto– es la base de la reputación, sustituye a la objetividad –reclamada por el Post a sus periodistas– y crea nuevas esferas donde la necesidad de coincidir en tiempo y lugar para relacionarse cede ante la asincronía y la globalidad digital. Las herramientas de las redes sociales y los móviles son las nuevas plataformas de la identidad. Nos falta conocer los criterios y las herramientas de la ingeniería de los enlaces para usar los metadatos y evitar las pesadillas totalitarias del ciberpunk.

Cibervoluntarios

29 Sep 2009
09:00 
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VIDA 3.0 // JUAN VARELA

* Autor del Blog Periodistas 21

Félix quiere ayudar. Y no está dispuesto a que sus problemas de salud lo impidan. Buscó y encontró una fórmula sencilla y adecuada para sus conocimientos y sus gustos. En Internet ayuda a varias ONG con traducciones, a actualizar información sobre proyectos y actividades solidarias, hace carteles, sube fotos, vídeos y todo tipo de contenidos. Félix dedica sus esfuerzos y la actividad que tantos hacen en muchas redes sociales y en otros instrumentos de la Web 2.0 a la solidaridad. Es uno de los más de tres mil microvoluntarios que la Fundación Bip Bip ha conseguido reunir en una página que recoge pequeñas tareas de ayuda a las asociaciones de solidaridad que los microvoluntarios realizan desde su ordenador o su móvil. Son microtareas, fáciles de hacer, sin demasiado esfuerzo, pero contribuyen a mejorar la acción de las organizaciones solidarias.

Félix es el microvoluntario más activo. Ronda los 500 puntos de karma, recibidos por los usuarios cuando realizan sus tareas, una jerarquía de reputación igual a la de tantas redes sociales y webs de crowdsourcing y participación. El perfil de los microvoluntarios es el de personas activas en Internet, “solidario, totalmente desinteresado (hasta el punto que muchas veces no se conoce el nombre) y con gran compromiso social”, según los responsables de esta iniciativa.
Los microvoluntarios también pueden ser empresas. Con esta opción las ONG reciben ayuda de especialistas –especialmente del sector tecnológico– que realizan esas pequeñas tareas desde sus propios puestos de trabajo, a menudo cambiando el café por un rato de cibersolidaridad.

Los microvoluntarios no son los únicos internautas solidarios. Millones de personas en todo el mundo participan en proyectos para ayudar en todo tipo de tareas. En España otra de las iniciativas pioneras es la de la Fundación Cibervoluntarios, creada en 2001 para ayudar a superar la brecha digital a los colectivos más olvidados por la sociedad de la información.

¿Funciona la cibersolidaridad? Félix lamenta que a pesar de funcionar como una red social, la comunicación entre microvoluntarios es escasa. La respuesta de las ONG es desigual. “La mayoría te tratan bien y agradecen la ayuda. Otras, en cambio, te ignoran bastante y no puedes cumplir con las tareas por falta de comunicación por su parte”, se queja Félix. Pero no se desaniman. Son parte de un movimiento que combina solidaridad, participación en redes sociales y pasión por la tecnología. Como el resto de los usuarios de la web prefieren los microformatos, las pequeñas tareas y objetivos a las grandes. Pero la red y la participación son su poder.

La era del acceso

22 Sep 2009
09:00 
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VIDA 3.0 // JUAN VARELA

* Autor del Blog Periodistas 21

Vivimos repletos de contenidos y servicios en Internet: la nube o cloud computing. Los más populares son gratuitos como los álbumes de fotos, vídeo, o los editores de documentos y blogs. Otros son de pago, como la mayoría del software como servicio. El streaming desplaza a las descargas para consumir música o televisión (Spotify, Hulu, webs de las televisiones, etc.). El flujo social y la plataforma de acceso definen qué contenidos y cómo son consumidos por los usuarios digitales.

El problema ya no es llegar a los contenidos y disponer de software, sino encontrar lo más valioso y útil. La abundancia sustituye a la escasez como ley del mercado digital y gestionar los contenidos requiere una economía de la afectividad donde los usuarios valoran lo que reciben y están dispuestos a compartir.

‘Level 26’ es una serie de libros sobre la caza de un asesino en serie por un agente del FBI. La obra de Anthony E. Zuiker, creador de CSI, es también una película y una web donde los usuarios forman una red social a través de códigos para encontrar datos sobre la trama, leer blogs sobre casos reales, etc. Su autor lo llama una diginovela, pero está convencido de que si las series de televisión no hacen algo parecido en los próximos años fracasarán.

La afectividad requiere usuarios activos y comprometidos con causas que puedan compartir. Es la forma de evitar la llamada tragedia de los comunes, los recursos malgastados cuando son de todos. Para evitar su colapso conviene oír consejos como los de Jared Diamond: crear grupos cuyos miembros se comunican en busca de intereses comunes y son capaces de producir recursos y gestionarlos de común acuerdo. Podría ser una definición de los bienes procomunes en la era de las redes sociales.

El método sirve para divertirse, pero también hacer más eficientes los recursos e intercambiar ideas, contenidos o criterios. Con ese principio funcionan proyectos como Spotify al proveer de música lo más barata posible (derechos de streaming) a los usuarios utilizando recursos de sus propios ordenadores (lecciones del P2P) con un modelo de negocio freemium (en parte gratis) para que los consumidores intensivos paguen. O Apps.gov, una iniciativa de la Casa Blanca para aumentar la productividad, colaboración y eficiencia de los recursos, las administraciones y los contenidos públicos con el empleo del cloud computing.

En la era del acceso los ciudadanos necesitan bienes comunes (procomunes) con los que no depender sólo de empresas. Es hora de aumentar el servicio público para crear un nuevo estado de bienestar digital no limitado por el servicio público de radiotelevisión.

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