Un cuento de nunca acabar

Jordi Borja

En un artículo anterior les conté un cuento sin final. Vamos a intentar proponerles  algunos finales o escenarios posibles.

El más verosímil, con los datos existentes, es de entrada una santa alianza conservadora entre las principales facciones gobernantes  de la corte. Pueden constituir bloque supuestamente sólido, unidos por el espanto como dijo Borges. Pueden contar con el apoyo de los brazos ancestrales del poder imperial: la Iglesia, el Ejército y los altos cuerpos burocráticos y la cobertura del marco legal existente. Pueden “justificar” la operación como respuesta a fuerzas “disolventes”, “antisistema”, que suponen una amenaza para el Estado de Derecho y la unidad y estabilidad de la Nación. Este “frente nacional” excitaría emociones primarias, miedo al cambio y a la aventura, mantenimiento del orden ante posibles escenarios de violencia, exaltación rancia de la unidad de destino Las amenazas para el sistema proceden de la emergencia de nuevas fuerzas políticas que quieren liquidar la Corte y los movimientos secesionistas de territorios potentes pero que se consideran  históricamente maltratados.

Es posible que inicialmente el “nuevo-viejo gobierno propusiera la política de la zanahoria y el bastón. Es decir: acciones asistenciales, reformas cosméticas  y represión de los intentos rebeldes. Se mantiene aparentemente la forma de Imperio filantrópico, basado en una legalidad teóricamente aceptada por el pueblo pero  con el inconveniente que los actores están muy deslegitimados. Es el Ogro filantrópico hobbesiano y recreado por Octavio Paz que deviene brutal para compensar su debilidad. Este “frente nacional” difícilmente mantendrá las formas democráticas. El descrédito de la elites gobernantes de la Corte son  las más vulnerable por su mayor visibilidad. La indignación del pueblo frente a los privilegios, la corrupción,  abuso, la injusticia y el engaño generan  un ambiente de “desobediencia civil”. Cuando el pueblo siente que los poderes políticos no son legítimos sus decisiones no se tienen en cuenta, no se les obedece y a las leyes que aplican tampoco. El castillo de naipes del poder formal se disuelve. El Imperio debe cambiar mucho para que nada cambie. En una situación de crisis-caos creada por el mismo Imperio éste no contaba además con la emergencia de nuevas fuerzas y líderes políticos que aparecen como alternativas reales. El rey está desnudo y parece posible movilizar al pueblo para cambiar el sistema de corte o casta en lenguaje actual. Estas nuevas fuerzas  no pretenden entrar en la corte  existente, pretenden crear uno nuevo.

Hay otra salida, o plan B,  por parte de la oligarquía o cúpula del poder socio-economico, político-militar-burocràtico-judicial y mediático. Se substituye al emperador envejecido por un nuevo emperador, joven sin pasado y quizás sin futuro, pero ahora presente, débil pero necesario. Se constata que la elite gobernante está amortizada, es un lastre. Se programa una operación de acoso y derribo de las partes podridas más visibles de las facciones políticas que ya no sirven o en todo caso no están capacitadas para ocupar el protagonismo en el escenario de la corte. Utilizan además los argumentos críticos propios de las  nuevas fuerzas políticas como la corrupción y el sentimiento de desconfianza y menosprecio que predomina entre la población. Utilizan obviamente a los aparatos del Estado, como la Judicatura, los organismos anticorrupción y tributarios,  los servicios secretos, los cuerpos armados y también  los poderes mediáticos y religiosos para acentuar la devaluación de los “políticos”.Se multiplican y se acumulan en poco tiempo las denuncias por corrupción, no porque éstas sean mayores que en el pasado, sino porque ahora se hacen públicas las que antes se dejaban en la oscuridad de las cloacas. Estas operaciones se dirigen casi exclusivamente contra los cortesanos que se han alternado en los distintos niveles de  gobierno, mientras que se protegen la los poderes empresariales y financieros, donde más corrupción hay y no se mira.

El emperador nombra un nuevo gobierno con una imagen radicalmente distinta. Es probable que los nuevos gobernantes sean “expertos”,  “objetivos”, conectados internacionalmente y utilicen conceptos “naturalizados”.  Sus decisiones no están sometidas a debate. Las facciones políticas en unos casos se renuevan mediante operaciones cosméticas y se integran en la nueva corte, a veces en la elite, más frecuentemente  en zonas menos visibles o se limitan  a apoyos serviles, a la pasividad o a la oposición blanda. Se reducen las competencias de las  instituciones de base representativa, previamente fragmentadas y depuradas  y se criminalizan las resistencias sociales y de los pueblos o tribus. Una vez utilizadas, a pesar suyo, las nuevas fuerzas políticas que habían emergido, poseedores de un fuerte apoyo popular se “satanizan”, se las acusa de ser  elementos  disolventes y destructores de la convivencia, contrarias al progreso y a la civilización. Se las limita sus posibilidades de acción, se las disuelve y si es necesario se las reprime. El viejo gobierno gris negro les había dejado en herencia una panoplia de normas y medidas suficientes para reprimir a la mayoría de la ciudadanía.

Hay un  tercer escenario posible y de carácter democrático. Podría llamarse segunda transición, alternativa democrática o propuesta ciudadana o republicana (con o sin monarquía). Obviamente sería el escenario más deseable para los intereses y las aspiraciones de las mayorías sociales y del reconocimiento de los pueblos y tribus del imperio. Se trataría de que se diera un proceso social y político que diera lugar a una convergencia de fuerzas políticas nuevas o renovadas. Este proceso seguramente debería basarse en un marco legal básico y en momentos de desobediencia civil legítima.  Probablemente debería construirse desde la base de los pueblos y tribus, desde las ciudades  y los territorios, que den lugar a elecciones y ocupaciones de instituciones electivas y se multipliquen las asambleas ciudadanas en pueblos y barrios. La culminación del proceso sería la construcción de un bloque con vocación electoral mayoritaria  que no solo pudiera gobernar sino que además tuviera fuerza en las bases de la sociedad organizada y en los territorios para imponerse a los poderes fácticos.

Este escenario se llama una revolución democrática. Si el país del cuento se considera a sí mismo democrático entonces podemos denominar este escenario de “democratización de la democracia”. O si lo prefieren se trata de entender la democracia como un proceso que avanza por los carriles de la libertad y de la igualdad. Pero no puede ser democracia un sistema autoreproductivo basado en normas procedimentales que solo pueden modificarse si lo quieren los que las han creado, adaptado e interpretado. Es un fraude a la democracia.