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La cumbre de la calle

25 Nov 2015
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Alba Zaragoza De Vincenzo

 

Tras tantos meses de espera, advertencias, informes y publicaciones, especulaciones, reuniones y pre-cumbres, por fin ha llegado. La cumbre del clima, también conocida como la COP 21, que se celebra este año en París del 30 de noviembre al 11 de diciembre, es, hasta donde una puede recordar, el evento medioambiental más esperado de las últimas décadas. No sólo porque la comunidad científica haya reconocido por fin el origen antropológico del cambio climático sino porque parece que los políticos van a tomar medidas reales para frenar las ineludibles consecuencias del paso del hombre por el planeta Tierra, dentro de un marco y unas medidas vinculantes.

A la luz de los recientes ataques terroristas en París el 13 de Noviembre, el Gobierno francés ha decidido prohibir las manifestaciones y la gran Marcha Mundial por el Clima que se habían organizado en los días anteriores y posteriores a la conferencia. Estas manifestaciones, organizadas por varias ONG, reciben el nombre de, como apuntaba Cristina Villanueva en las III Jornadas Internacionales de Periodismo Ambiental, el pasado 17 y 18 de Junio, la “cumbre de la calle”. Hay que tener en cuenta que un medio de comunicación se enfrenta, realmente, a dos cumbres: la cumbre política y la cumbre de la opinión pública, de la calle. En estas mismas jornadas, Rémi Barroux, periodista en Le Monde, indicaba que las manifestaciones y la movilización pública de este tipo de eventos ejercen una gran presión exterior y tienen una gran capacidad y repercusión. Finalmente el público es quien decide y puede ejercer mayor impacto sobre las decisiones que se tomen y, para los periodistas, es mucho más fácil recabar testimonios y poder documentar este tipo de encuentros para que no se queden en simples mítines diplomáticos y acuerdos.

Si bien es cierto que en esta cumbre se espera una concentración masiva de gente cabe preguntarse si debemos sucumbir al terror y al miedo de lo que pueda volver a ocurrir, cancelar las marchas por el clima, en este caso, y, por ende, cualquier evento o encuentro masivo que se pueda llegar a organizar, o si debemos tolerar esta prohibición de un derecho vital y constitucional como es el derecho de expresión. La cumbre de la calle es, a fin de cuentas, un medio más para llegar al mismo propósito que tenemos todos los ciudadanos: que la clase política sea consciente de nuestra movilización e implicación por una causa y sepa cuál es nuestra opinión.

Sin esta cumbre de la calle me adentro en la COP 21, en la cual tengo, o ya no sé si decir tenía, muchas esperanzas depositadas, con un sabor agridulce, y con el recuerdo de como acabaron todas las cumbres anteriores: con casi 200 estados luchando por sus propios intereses nacionales, chocando entre ellos y sin llegar a ningún acuerdo por el clima, por el medio ambiente, por nuestro planeta, sus habitantes, y por las futuras generaciones.
 


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