¡No más plancha, por favor!

Fundación Vida Sostenible

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“La arruga es bella” es, tal vez, uno de los eslóganes más famosos de la historia del lino textil y corresponde a la firma Adolfo Domínguez. Uno de los materiales predilectos del diseñador desde sus orígenes.

Con razón, o sin ella, hay tanta ropa que cuelga en mi armario llena de arrugas que me resisto a plancharla. No puedo con ello, por más que intento.

A mi madre, como a muchos, les resulta relajante… ¡no lo puedo entender! Particularmente a mí me desespera, me acalora (y qué decir en verano), termino quemando prendas, si no mis propias manos. Voy a decir en mi favor que no soy precisamente patosa ni torpe; pero ¡la plancha me supera!

Había dicho hace unos años que “Ir por la vida con la ropa planchada, para mi gusto, es cosa del pasado.” Sigo pensando lo mismo, aunque en muchas ocasiones mi actividad profesional me demande ir bien vestida… voy con arrugas en la ropa. Por cierto, aquellas que el paso del tiempo no perdonan en la piel también las llevo orgullosa.

Más allá de esta elección personal, la actividad de planchar implica un gasto de energía, de tiempo y calor añadido en verano.

La ropa en general no hace falta plancharla para verse bien. De hecho, una vez lavadas y puestas a secar con cierta habilidad las prendas quedan sin arrugas. Esto es suficiente.

Mira a tu alrededor por la calle ¿cuánto puede notarse una ropa planchada o sin planchar? Te levantas del transporte por el que te mueves y has quedado igual que todos.

Experimenta el siguiente truco cuando quieras estirar, alisar una prenda: colócala de la mejor manera posible en una percha y métela al cuarto de baño mientras te das una ducha.

Cecilia Barrera

 

Para saber más:

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