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El azúcar no es un demonio, pero sí un incordio

18 Oct 2016
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Hay dos tiendas en la calle Mayor de Madrid, en el número 2 y el 10, La Mallorquina y El Riojano, que venden dulces y pasteles. En realidad son las mejores pastelerías del Foro. Tiene un surtido clásico impresionante, desde cruasanes atiborrados de mantequilla a huesos de santo, pasando por rosquillas de San Isidro (cuatro variedades), torrijas, bartolillos, marron glacé, etc. Un verdadero lujo, un paraíso.

Estas dos famosas pastelerías son también una ventana al pasado, cuando el azúcar era algo apetecible y sano, que se comía de cuando en cuando con gran placer y sin ningún remordimiento, desde luego.

Hoy tenemos el azúcar convertido un monstruo maligno. Produce caries, diabetes, obesidad, enfermedades cardiovasculares, seguramente cáncer. Es una sustancia diabólica que ingerimos a razón de 40 o 50 kilos al año, tanto de manera visible (el sobrecito de azúcar del café) como invisible (la salsa ketchup, el pan de molde o los guisantes de lata).

Hace unas semanas salieron a la luz (¡más de medio siglo después!) las maquinaciones de la industria azucarera para demonizar la grasa (ya saben, origen de todos los males para la salud) y exonerar de paso al azúcar, que multiplicó sus ventas a partir de entonces.

Al final, ¿qué hemos conseguido? Pues una dieta “occidental” disparatada, con enormes consumos de azúcar químicamente puro (sacarosa) introducido en toda clase de alimentos, desde la salsa de tomate a los cereales de desayuno. La sacarosa pura  (alfa-D-Glucopiranosil – (1→2) – beta-D-Fructofuranósido) es un producto industrial como otro cualquiera. No es lo mismo que la miel, ni el dulzor de la fruta, ni el azúcar de caña o moreno, aunque a veces se aduce que “todo es azúcar”. Carece de las saludables propiedades de la miel, el azúcar de caña o la fruta. Pero tampoco es un veneno. Lo que no parece razonable es meternos para el cuerpo 40 o 50 kilos de alfa-D-Glucopiranosil – (1→2) – beta-D-Fructofuranósido año tras año, eso no puede ser bueno.

¿Qué podemos hacer? Ahí van tres buenas prácticas fáciles de llevar a cabo, que te alejarán del consumo excesivo de azúcar y mejorarán tu salud.

Paradójicamente, la principal recomendación es disfrutar de las cosas dulces. Pasteles, bizcochos, rosquillas, mermeladas. Si las haces en casa, mejor todavía, pero es más sencillo recurrir a las buenas pastelerías. Compra dulces de calidad y disfrútalos, sin exagerar.

La segunda principal recomendación es cocinar. Aunque parezca increíble, las bandejas de guisantes con jamón listas para calentar y comer tienen grandes cantidades de azúcar, y lo mismo sucede en la mayor parte de los alimentos precocinados. Así que, hazte la salsa de tomate tú mismo, y usa avena en vez de cereales de desayuno.

La tercera buena práctica es muy difícil de seguir, pero no imposible. Reduce tu desaforado consumo de bebidas dulces. Para los que están enganchados, debe ser como dejar de fumar, más o menos. Pero se puede hacer. Igual que se puede dejar de fumar y luego contarle a todo el mundo lo bien que se siente uno después.

Jesús Alonso Millán


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