¿Eres de los que no tienen tiempo para nada?

Fundación Vida Sostenible

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Laura Vanderkam, norteamericana, autora de libros, conferenciante por todo su extenso país y madre de cuatro hijos, era la candidata perfecta para el puesto de persona agobiada por el trepidante de ritmo de la vida moderna, que apenas nos deja un minuto libre. Mrs. Vanderkam tomó papel y lápiz, investigó su vida cotidiana minuciosamente durante un año entero y llegó a la sorprendente conclusión de que la mayoría de las personas que se quejan de no tener tiempo (a los que se podría llamar “pobres de tiempo”) mienten.

Esto no se aplicaba a algunos de nuestros bisabuelos, amarrados por jornadas laborales de hasta 16 horas diarias sin festivos, o a algunas personas de nuestro tiempo que encarnan tareas tan complejas y diversas que están al límite de sus fuerzas y de su disponibilidad. Pero la mayoría de nuestros coetáneos creen erróneamente que están más ocupados de lo que realmente están y que tienen menos tiempo libre del que realmente tienen.

Cada uno es como es, pero el problema es que la creencia de que llevamos un “agobiante ritmo” nos obliga a llevar una vida cara, insana y contaminante, es decir insostenible. Por ejemplo:

No tenemos tiempo para cocinar, luego compramos comida preparada. Este tipo de comida es sabrosa y gustosa porque está diseñada para encandilar a nuestras papilas gustativas, pero resulta cara, es insaludable por estar repleta de grasillas dudosas, azúcar y aditivos y produce gran cantidad de residuos, principalmente cajas de cartón y de plástico.

No podemos perder un minuto, luego usamos el coche para ahorrar uno o dos cuartos de hora en el transporte, en vez de ir en metro, tren o autobús leyendo una novela. Teniendo en cuenta la frecuencia de atascos (creados porque un millón de personas creen que no pueden perder un minuto en el transporte y por eso utilizan su coche privado) la ganancia de tiempo es marginal y dudosa.

Parte del problema está en una serie de actividades innecesarias que nos creemos obligados a llevar a cabo, y que consumen inútilmente nuestro tiempo. La lista es muy larga, cada uno puede hacer la suya. Desde llevar a los niños a un colegio lejano en vez de dejar que vayan caminando al de su barrio, a planchar cuidadosamente todas las piezas de ropa en vez de despreocuparnos del apresto de las telas, pasando por dedicar grandes esfuerzos a procurar que los suelos y la vajilla brillen, hacer cinco comidas diarias, etc.

Para averiguar si realmente andamos mal de tiempo o si solamente lo creemos así erróneamente, hay que coger papel y lápiz o una App apropiada y anotar nuestra actividad real durante un cierto período de tiempo. Enseguida verás aparecer apreciables bloques de tiempo durante los cuales no hace falta hacer nada. La idea es ensanchar y consolidar estos bloques eliminando actividades absurdas y disfrutarlos al máximo. Verás cómo tu vida cambia: podrás disfrutar cocinando y leyendo novelas en el metro, por ejemplo.

Jesús Alonso Millán

Fundación Vida Sostenible