Opinion · Ciudadano autosuficiente

Puede que no sea tan malo que tu coche tenga más de diez años

Un coche anticuado consume más combustible y emite más contaminantes que uno nuevo, es más peligroso y protege menos a sus ocupantes en caso de accidente. Pero ahora mismo puede que tenga alguna cosa positiva: te permite (usándolo lo menos posible y con la máxima precaución) esperar un poco y no cometer el error de comprarte un coche de motor de combustión, o peor todavía, un coche de combustión en su versión diésel.

En enero de 2018, según ANFAC, se vendieron algo más de 100.000 turismos en España, y de ellos menos de 7.000 eran híbridos o eléctricos. Más de 52.000 eran coches de gasolina, y unos 42.000 diésel. Los que se compraron un coche diésel en enero de 2018 es muy posible que sigan usándolo en 2025, dentro de siete años. Y aquí empiezan los problemas.

En 2025 es muy probable que casi todas las ciudades grandes ya hayan prohibido de manera radical la entrada de coches diésel en su calles. Recientemente París dio 2024 como el año de prohibición de los diésel y Copenhage baraja ¡2019! con el mismo fin. Todo apunta en la misma dirección: dentro de muy pocos años los diésel no podrán circular por las ciudades, y menos por sus centros urbanos.

La prohibición es una parte más de la infinidad de restricciones que se avecinan para los coches de motor térmico. Tasas de congestión (pagar por entrar en la ciudad, y no una cantidad pequeña), zonas restringidas a residentes, pagar por aparcar, horarios y zonas limitadas, etc, etc.

Sin contar que todas estas medidas se aplicarán de continuo, pero que los protocolos de medidas para reducir la contaminación son cada vez más duros. Ahora son medidas tímidas (reducción de velocidad, restricción de aparcamiento, etc.) que se aplican en casos de extrema densidad de contaminantes (varias estaciones que repitan concentraciones superiores a los 200 microgramos de NOx durante varias horas o días). El año que viene y los siguientes las medidas van a ser mucho más tajantes: prohibición de circulación lisa y llana, y los protocolos de medidas anticontaminación se aplicarán con mucha más frecuencia. Así que el propietario de un diésel que lo quiera conducir por la ciudad tiene que contar con que, en invierno, no podrá usar su coche un día de cada tres.

Es verdad que las carreteras siguen estando libres para el tráfico de cualquier clase (siempre que haya pasado la ITV), pero también es cierto que en 2025 varios países ya habrán prohibido o estarán a punto de prohibir la fabricación y venta de coches de motor térmico, empezando por los diésel. Es decir, millones de coches quedarán automáticamente descatalogados, y el mantenimiento y las reparaciones se harán más difíciles.

¿Qué podemos hacer, si tenemos un coche térmico relativamente nuevo? No es tan fácil como enviarlo a la chatarra y comprarnos un modelo de emisión cero. Lo que sí podemos hacer es usarlo lo menos posible, y sustituirlo progresivamente por otros tipos de transporte. También usarlo en modo conducción economizadora y en general evitar molestar a nuestros vecinos con nuestros humos todo lo posible. Pero si estás planteando comprar un coche nuevo, evita la trampa del diésel y del coche de motor de combustión en general.