Vende tu coche, guarda tu carnet de conducir

Fundación Vida Sostenible

Cada vez más personas están viendo una magnífica oportunidad para hacer su vida más sencilla y autosuficiente de un plumazo: prescindir del coche en propiedad. Tal medida parece radical, pero lo cierto es que pueden ponerla en práctica muchas más personas de lo que parece. La principal ventaja de dejar de lado el coche en propiedad es que se ahorra mucho dinero.

¿De cuánto dinero estamos hablando? El coche es el segundo gasto en importancia de las familias, no muy por detrás de la hipoteca de la vivienda. Todo incluido, un automóvil en propiedad viene a salir de media por unos 5.000 € al año. Los estudios muestran que, por debajo de los 6.000 km recorridos al año con el vehículo, ¡sale más barato usar taxis para nuestros desplazamientos!

La otra ventaja general es la despreocupación por seguros, averías, aparcamientos, ITVs, precio de la gasolina y otras pejigueras habituales. El aparcamiento, sobre todo, es un serio dolor de cabeza para los conductores. Las ciudades se están dando cuenta de que poner bajos precios o ningún precio a los espacios de aparcamiento se convierte en un serio problema a corto plazo. El espacio público se satura y pierde calidad porque tiene que dejar sitio a muchos vehículos que sólo están en movimiento y prestando servicio el 5% del tiempo: el resto del día ocupan un espacio valioso. En consecuencia los ayuntamientos, en todo el mundo, están subiendo los precios por aparcar o incluso prohibiendo hacerlo, así como están aumentando el tamaño de las zonas peatonales. En general, usar el coche en la ciudad se está volviendo cada vez más caro y más difícil, con las múltiples limitaciones y prohibiciones que establecen las ciudades al tráfico.

Prescindir del coche no es fácil, sin embargo. Parece lo más natural del mundo tenerlo, y desprenderse del vehículo parece una decisión importante. ¿Podemos dejar a un lado nuestro coche? Hace diez años la respuesta probablemente sería “no”. Por entonces, la alternativa era el coche en propiedad o el transporte público. Y el argumento principal para usar el coche era que se ganaba bastante tiempo y comodidad en comparación con el autobús o el metro. Incluso contando con los frecuentes atascos, en general el coche salía ganando en comparación con el transporte público. Pero ahora a los dos viejos actores, el transporte privado y el transporte público, se ha unido uno nuevo: el transporte semipúblico o coche compartido.

Un coche pasa aparcado la mayor parte de su existencia. De ahí surge la sencilla idea del coche compartido: un sólo coche, gracias a las nuevas tecnologías de comunicación, puede perfectamente dar servicio a diez o más personas  como mínimo. Esa es la idea: pasar de propietario de un solo vehículo a usuario de muchos. Sales a la calle, localizas el coche más próximo disponible, lo utilizas, lo dejas y te despreocupas de todo lo demás.

En la ciudad de Madrid, se ha pasado de cero en 2015 a tres servicios de coche eléctrico compartido con más de 1.500 vehículos en 2018. Este rápido crecimiento va a continuar porque el coche en propiedad (que además es diésel o de gasolina en un 99,9%) es cada vez más caro y difícil de usar en la ciudad, mientras que el coche compartido eléctrico ya es competitivo en precio y es bienvenido al espacio urbano. A razón de algo más de 20 céntimos por minuto (la tarifa más habitual) el eléctrico compartido sale a cuenta, y cada vez más.

Muchas personas mantienen su coche en propiedad y usan el compartido ocasionalmente. Pero ya se está viendo una tendencia, todavía tímida, a sencillamente prescindir del coche propio y usar únicamente los sistemas compartidos para trayectos urbanos. Los trayectos largos, de los que hacemos pocos al año, se solucionan con cualquier empresa de alquiler o  carsharing. Con un smartphone en la mano, el acceso a todos estos vehículos es muy rápido y cómodo. Cambiar el coche en propiedad por el compartido puede mejorar nuestra economía… y el aire de nuestras ciudades.